30/4/12

Apuntes sobre la crisis económica en Antonio Gramsci

María Rosas

“Con Marx, la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos aislados o asociados. Pero las ideas, el espíritu, se realizan, pierden su arbitrariedad, no son ya ficticias abstracciones religiosas o sociológicas. La sustancia que cobran se encuentra en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas y las relaciones de producción y de cambio. La historia como acrecimientos es pura práctica”: Antonio Gramsci

Quisiéramos introducir diciendo que el presente trabajo es tan sólo una aproximación al estudio de la obra de Antonio Gramsci en el que pretendemos hacer algunos señalamientos y aportaciones, para vislumbrar elementos de análisis del actual proscenio como parte de la contribución que dejó el pensamiento del italiano.

[Anteriormente] se señalaba la importancia que tiene la recuperación del marxismo como teoría revolucionaria y de sus continuadores, quienes de conjunto hoy parecen emerger más que nunca dadas las condiciones de la actual crisis económica y de la iniciativa de ofrecer respuestas. La causa de esto es que, contra todo pensamiento que excluía la declinación del sistema dominante, ha sido permanente la vigencia de la tradición marxista en periodos, tanto de estabilidad como de crisis.

Hacia esta vigencia es que nos inclinamos y vemos el trabajo de Gramsci como una importante vía de reflexión, no sin advertir el uso reformista que cierta lectura de la obra ha dejado –sobre todo en lo que se refiere al carácter de las instituciones en los países capitalistas modernos, y la manera en como éstas actúan en el Estado–, pero que no da sentido a la totalidad de la obra gramsciana.

Cabe decir que dicha reapropiación se puede ubicar, primero en manos del Partido Comunista Italiano de Palmiro Togliatti –que tuvo planteamientos claramente reformistas– y en un segundo momento por el eurocomunismo, con fines encaminados a justificar una estrategia abiertamente a favor del sostenimiento del régimen burgués; incorporado en la actualidad como lectura en los medios académicos y utilizado por todo tipo de arribistas y funcionarios gubernamentales. (1) En este sentido –el de la reapropiación–, ha corrido con peor suerte la obra gramsciana, lo que ha ido en detrimento de mantener sus hilos de continuidad con el movimiento revolucionario. Caso que el estalinismo nunca hubiera podido hacer con el trotskismo.

Aunque no desarrollaremos ampliamente este punto, queremos dejar en claro que en Gramsci existen elementos que se pueden incorporar al esquema explicativo de la teoría y programa de la revolución permanente, como conceptos asimilables, pero cuya limitación se encuentra en que está principalmente aplicado al terreno del Estado nacional, entre otros aspectos de franca divergencia entre ambos revolucionarios. (2)

Sobre la economía política en los Cuadernos de la Cárcel

En febrero de 1929, a dos años de su arresto a manos del fascismo, Antonio Gramsci inicia la redacción de los Cuadernos de la Cárcel en Turín. Para considerar dicha elaboración es importante tomar en cuenta el periodo histórico de la primera posguerra que le toca vivir, y que va a estar signado por procesos de guerra, el desarrollo y la crisis del movimiento obrero italiano marcado a partir del “bienio rojo” de 1919-1920, (3) además de una de las más relevantes experiencias históricas como lo fue la Revolución Rusa de 1917 ante la cual toma posición apoyando al sector bolchevique y criticando a quienes serían los representantes de concepciones positivistas y de las deformaciones de la II Internacional, como el caso de Karl Kautsky y Gueorgui Plejánov.

Estos diferentes momentos son los antecedentes de los cuales se derivarán la lucha de masas, –como lo fue el periodo entre 1919 a 1921, en donde hubo importantes huelgas generales, principalmente en Turín, con ocupación de fábricas y de la conformación de consejos obreros (4) – pero también el ascenso del fascismo en Italia y la crisis del Estado.

Lo anterior, establece para este militante e intelectual revolucionario, las directrices de sus análisis, en donde su metodología va estar determinada por la relación indisoluble entre historia y teoría, siendo la política su fundamental eje conductor.

Cabe mencionar, y esto ha sido señalado por muchos, que la complejidad que para el estudio presentan los Cuadernos de la cárcel, se debe no solo a la manera fragmentaria como fueron escritos, sino también a las dificultades impuestas por las condiciones bajo las que realiza su obra y que implicaron no solo el deterioro de la salud del italiano -llevándolo hasta la muerte-, sino el hecho de que su obra estuviera expuesta a la censura bajo la lupa mussoliniana durante los diez años que permanece en prisión. Esta situación influye sobre el carácter complejo y críptico de sus elaboraciones, en las cuales se despliega una gama conceptual diversa sobre su concepción de marxismo, recurriendo a categorías tales como; hegemonía, sociedad civil, sociedad política, americanismo y fordismo, revolución pasiva, bloque histórico, etc., y por lo tanto, a una multitud de ecuaciones que de su pensamiento son resultado.

Abarcar y comprender una obra de largo aliento como lo es el trabajo de Antonio Gramsci es una tarea tan extensa como importante, la cual requiere del estudio a detalle de cada uno de sus planteamientos, ya que sin duda nos permitirán acercarnos a conocer nuestra realidad histórica y lo que ésta nos plantea hoy en día.

En esta ocasión nos interesa rescatar algunos de los aspectos que se desprenden de la relación entre economía y política, como parte de un planteamiento en el que se articulan de manera implícita, el cuestionamiento hacia las instituciones, la pérdida de hegemonía como resultado de alianzas de cúpulas entre clases, así como la respuesta y capacidad de la clase trabajadora para producir correlaciones políticas de fuerza decisivas, como parte de modificaciones caudales que se acumulan en las propias bases de la sociedad durante periodo de crisis.

G. Vacca plantea, que Gramsci –como muchos de su época– no se convierte en un teórico de la crisis económica. Le interesa el estudio de los aparatos de hegemonía ideológica, la cultura, la intelectualidad, etc., sin embargo, todos ellos van de la mano con el desarrollo del capitalismo mundial. Rubén Zardoya, en su artículo “Gramsci y el capitalismo contemporáneo”, afirma que:
[...] en la perspectiva gramsciana –marxista, en general– toda la teoría y la práctica de lucha anticapitalista y de construcción socialista debe partir de un estudio concienzudo del capitalismo en sus determinaciones esenciales y del análisis concreto de las peculiaridades lógicas e históricas en que tiene lugar la acción revo­lucionaria en cada momento y lugar. (5)
Gramsci está consciente de esto, y considera preciso la indagación de algunos sumarios de la obra de Marx, como el caso de la revisión de algunas de las ediciones críticas con las que entonces se contaba de El Capital. Manifiesta así una continuidad que va a expresarse en sus apuntes acerca de las notas sobre economía y sobre la ley de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, reiterando con ello que estamos ante una obra que mantiene en su desarrollo, una aproximación crítica acerca de la economía política marxista.

Relación dialéctica: “política-economía”

Gramsci aseguraba que la crisis política no era resultado de una crisis económica, sin embargo no omite la relación de estos elementos en su obra. En la elaboración del parágrafo 17 del “Cuaderno 13” titulado “Análisis de las situaciones: relaciones de fuerza”, se menciona:

Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan efectos fundamentales; sólo pueden crear un terreno más favorable a la difusión de ciertos modos de pensar, de plantear y resolver las cuestiones que complican todo el desarrollo ulterior de la vida estatal. (6)

Más adelante, estará considerando el factor “tiempo”, en el que los hechos ideológicos caminarán de manera atrasada para las tareas que suponen los resabios de fenómenos económicos, como lo son sin duda las crisis económicas. Tan relevante es tener esto en cuenta, como lo es el hecho de considerar el tipo de capitalismo que estudió y conoció Gramsci y la manera en cómo se presenta actualmente, en donde además la vuelta al estudio sobre la ley de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia que planteaba Marx y que es retomada por Gramsci, obliga a volver la mirada al cruce entre la política, la lucha de clases, periodos de guerras y revoluciones, por una parte, y las oscilaciones y modificaciones que ha tenido la economía.

Creemos que en este tenor de ideas, resulta pertinente considerar las elaboraciones de Trotsky, quien desarrollará cuestiones clave para la comprensión de la anterior ecuación, definiendo la importancia de considerar el impacto político de las crisis; primero, en el sentido de su extensión y el carácter de la dirección política que presentan, y segundo, en prestar atención a los acontecimientos que se manifiestan antes y durante las crisis. Dicho impacto aparecerá en la obra de Gramsci con cierta similitud en cuanto al manejo conceptual y al abordaje sobre la dirección política, pero también ubicará manifestaciones diversas –como pueden ser las guerras– como parte de causas y efectos que se intercalan, y por ello dan razón a que las crisis no pueden explicarse a partir de un “hecho único” que se repite una y otra vez. Dichas manifestaciones serán producto de contradicciones internas en los modos de producción, aunado al hecho de que otra de las contradicciones fundamentales se produce, “mientras que la vida económica tiene como premisa necesaria el internacionalismo, o mejor dicho el cosmopolitismo, la vida estatal se ha desarrollado siempre más en el sentido del “nacionalismo”.(7) De este modo, dichas contradicciones van a exhibir de manera contundente el origen de las crisis en el proceso del conflicto sobre las relaciones respectivas de clase.

Los anteriores factores son imperativos dentro del análisis, ya que –volviendo a las consideraciones de Trotsky– dependiendo de la manera en cómo se presenten, precisarán las condiciones ofensivas o defensivas de la clase trabajadora frente a colapsos económicos, y a cualquier indicio de reanimamiento, alertando además sobre el carácter de superficialidad que esto último pudiera tener según los ritmos e intensidades de las propias condiciones que caracterizan el capitalismo.

La discusión a la que se da paso con esto, va a plantear la problemática de la condición de “equilibrio” en el sistema capitalista. Siguiendo con Trotsky, en un texto de 1926 “Sobre la cuestión de las tendencias en el desarrollo de la economía mundial”, éste expresa una crítica contra quienes aseveraban una “repetición cíclica” y sostenían cierta tendencia a la recuperación de un nuevo desarrollo de la economía. Para el revolucionario ruso, la teoría del desarrollo cíclico explicado por Marx, se presenta según el ritmo interno de una situación histórica general como aspectos cualitativos a manera de ‘impulsos’ dentro de la economía. De tal modo, estos impulsos pueden figurar dialécticamente como un esquema de función dinámica dando pautas para que la economía busque su equilibrio, pero sobre esto agregará también que “el periodo al que se ingresa, periodo de retribuciones por la destrucción y la ruina de la guerra, todo resurgimiento tiene que ser superficial, puesto que será provocado por la especulación, mientras las crisis serán más largas y profundas”. (8)

Se puede hablar entonces de ciertos periodos en los que el capitalismo alcance su estabilización –ampliando forzadamente las fronteras del capital–, pero no de un nuevo equilibrio similar al que caracterizó al capitalismo en su fase de desarrollo orgánico en el siglo XIX (9). La evolución general del capitalismo estará sujeta al conjunto de la situación política, que supone el desarrollo de fenómenos que anteceden y acompañan las crisis. Retornando a Gramsci, la crisis:

No es más que la intensificación cuantitativa de ciertos elementos, no nuevos y originales, pero especialmente la intensificación de ciertos fenómenos, mientras otros que antes aparecían y operaban simultáneamente a los primeros, inmunizándolos, se han vuelto inoperantes o han desaparecido del todo. En suma, el desarrollo del capitalismo ha sido una “crisis continua”…(10)

El motivo es que si bien se produce un juego entre intensificación e inmunización dentro de las contradicciones y combinaciones del sistema económico capitalista, es imperativo tomar en cuenta de la misma forma, el rol de la clase trabajadora en la dinámica de la lucha de clases. Dependerá de condiciones distintas, –desde el punto de vista de la dinámica de la economía, la relación entre Estados, la fuerza militar y la situación de la lucha de clases– el que se generen condiciones para el impulso, o no, de procesos revolucionarios.

El tratamiento hacia el concepto de “ley tendencial” en Gramsci, se expone de conjunto sobre la obra de Marx, incorporándolo como elemento histórico real y no solo metodoló­gico, en donde existen fuerzas que se oponen a la baja de la tasa de ganancia (atenuando su aceleración o incluso frenándolo). De esta manera, actúa en la visión gramsciana como un hilo conductor siendo una referencia para la explicación de aspectos histórico-políticos. En el “Cuaderno 13” sobre el “Análisis de las situaciones: relaciones de fuerza”, en donde refiriéndose al “Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política”, rescata que:

Hay que moverse en el ámbito de dos principios: 1] el de que ninguna sociedad se impone tareas para cuya solución no existan ya las condiciones necesarias y suficientes o que éstas no estén al menos en vías de aparición y de desarrollo; y 2] el de que ninguna sociedad se disuelve y puede ser sustituida si primero no ha desarrollado todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones (controlar la exacta enunciación de estos dos principios). (11)

Estos principios de contenido histórico brindan un mayor margen para concebir los diferentes fenómenos en determinados procesos, señalando el alcance e importancia que éstos pueden llegar a tener políticamente. Incorporando su temporalidad con ritmos diferentes que nos sitúan en la posibilidad de entrever las contradicciones de esas estructuras, pero también de sus fuerzas políticas y de la manera en cómo se desenvuelven. De tal suerte, que la relación entre estos principios se compone en un método de análisis político-histórico, en el que las relaciones internacionales dan causa a las relaciones sociales orgánicas; del mismo modo que la política reacciona sobre la economía.

Americanismo y fordismo

Por otra parte, la intervención del Estado para salvar el capital con una fuerte injerencia en el terreno de la economía (como lo fue en la crisis económica de los años treinta la implementación del New Deal por Roosevelt) se expresó en una serie de contradicciones expresadas en medidas expansionistas estadounidenses caracterizadas por un grado alto en las tendencias militaristas, con el propósito de preservar un sistema moribundo, salvaguardando a su paso la democracia imperialista por medio de regalos a la aristocracia obrera y campesina sólo accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido es una política norteamericana por excelencia, según definía Trotsky en 1939.(12)

En los Cuadernos de la Cárcel, el estudio sobre el americanismo se presenta para Gramsci como uno de los temas centrales. La presentación del “Cuaderno 8”, estructurado en “Ensayos principales” de veintiún puntos, además de “Apéndices”, donde se encuentra como único tema el “Americanismo y fordismo”, nos habla de un interés sobre el tema dados los debates políticos en los años treinta.

Cabe subrayar, como lo indica Donatella Di Benedetto, que se encuentra una clara distinción y posible escisión entre la aplicación irracional de este tipo de políticas por parte de la clase dominante y el elemento objetivamente racional e inherente entre los mecanismos que hacen a la propia dinámica de producción, es decir, el trabajo. Lo cual indica, cambios en la situación objetiva pero también cambios en el punto de vista de la observación subjetiva de Gramsci (13).

Para el italiano la importancia de la implementación del americanismo va a significar no solo la respuesta capitalista más avanzada iniciada en 1929, sino que, tras la búsqueda de premisas materiales para procesos revolucionarios, este viraje ubica al movimiento revolucionario en una situación de reflujo. El panorama que se tenía enfrente, planteaba la necesidad de luchar contra la ideología fascista y su hipótesis de racionalización-reorganización de la producción, dando paso al “corporativismo” a modo de gobernabilidad en ambos terrenos, como la forma italiana de llevar a cabo el “americanismo”.

Esta línea corporativa funcionará como un bloque productivo de conservación de lo existente, y como resultado de las exigencias de una política económica que trastoca la estructura económico-social, en el sentido de la organización de factores de la política industrial; trabajo-capital-organización, junto a la destrucción del sindicalismo, cuyo papel va a dar lugar al fordismo. De esta manera el americanismo y el fordismo son reacciones
europeas al fenómeno norteamericano, dado que se derivan de la necesidad constante de llegar a la organización de una “economía planificada”.(14)

Lo que esto supone, va a establecer una serie de factores que, señala Gramsci, no son solo externos y que establecen una relación entre el fordismo y la revolución pasiva15, esto es: la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y el antagonismo intrínseco entre trabajo asalariado-capital, puesto que el trabajo colectivo reacciona de manera ineficaz a la explo­tación (plusvalía). Por lo tanto este fenómeno económico es hegemónico.

En el “Cuaderno 15” existe una referencia importante sobre este punto en relación a la revolución pasiva, que expone una interpretación de Gramsci de manera diferente a la que había dilucidado el reformismo. Se trata de la acción que ejerce un grupo social sobre otro, alejándose de la función como clase dirigente, para establecer una función de dominio, necesitando para ello el uso de la fuerza político-diplomática y la fuerza militar, que son así elementos claves del sistema dominante.

Para concluir podemos decir que, en términos del entramado “político-económico” sobre el estudio de las crisis económicas en la obra de Gramsci, existen sólidas asociaciones (como lo es el caso del abordaje del americanismo y su relación con la revolución pasiva) que pueden dar lugar a interpretaciones tanto en lógica catastrofista, como en el sentido anticatastrofista de las crisis económicas y de las posibles salidas que se generen ante la situación. Creemos que la importancia debe recaer en el contenido político de dichas asociaciones. Si subrayamos ese carácter político-económico, lo hacemos porque tiene que ver con señalar aquellos aspectos que antes sirvieron para una readecuación reformista del sistema de forma desarticulada en torno a la obra de Gramsci.

Se sostiene así, que la crisis por sí misma no tiene una tendencia hacia la aceleración del fin del sistema productivo y político. La evidencia de esto, es que las crisis pueden ser gobernadas. La revolución pasiva para Gramsci suponía el cese de la lucha orgánica fundamental, sobreponiéndose la fase catastrófica a manera de “revoluciones-restauraciones”, originándose contradicciones sociales y políticas de gobernar, e integrar destruyendo las contradicciones fundamentales evitando su protagonismo, en donde solo el segundo aspecto es realmente válido.

En este sentido, si bien las crisis pueden ser gobernadas por medio de distintas medidas, como en su tiempo fue la implementación del americanismo y del fordismo, el capitalismo da respuestas a sus crisis exponiendo al mismo tiempo sus propias flaquezas, mismas que se perfilan en contradicciones que suscitarán nuevos agentes políticos y económicos.

Actualmente, este escenario se abre de nueva cuenta, a más de un año de crisis financiera global tras la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008, producto de una transmisión violenta a la economía real a una crisis de sobreproducción que golpea al comercio internacional, junto a una política de intervención de rescate financiero (inyección crediticia) y la presencia de la fuerza militar, como valor no solo de la extensión territorial, sino tam­bién como potencial económico, según Gramsci. Hoy esto se expresa con la culminación del golpe militar en Honduras después del proceso de elecciones y la política de Obama al instalar nuevas bases militares estadounidenses en Colombia tras la Cumbre del Unasur en agosto de 2009. Como diría Gramsci, la crisis se manifiesta militarmente.

En este marco, la ley básica de la historia de la humanidad debe inevitablemente tomar el desafio sobre los fenómenos derivados de las contradicciones que se presentan, en el sentido de épocas de crisis, guerras y revoluciones, que a Trotsky más que a Gramsci le tocó conocer.

De esta forma, pensamos que hay marcadas diferencias y concordancias entre Trotsky y Gramsci, puesto que el punto de partida son realidades y etapas distintas, sin embargo, ambos dejan por sentado la viabilidad del terreno para la lucha política en tanto que el capitalismo no se produce de forma circular y el dominio capitalista no está exento de las crisis.

En el texto sobre “La crisis bancaria de Estados Unidos”, Trotsky dirá, que “el crecimiento inminente de la hegemonía norteamericana no significará más que la penetración de todas las contradicciones y malestares de nuestro planeta en los cimientos del capital norteamericano”. Y añade: “Urgidos por incesantes intereses y peligros sociales, los gobiernos irrumpen en el reino económico con medidas de emergencia cuyos resultados, la mayoría de las veces, ni ellos pueden prever”.

Se trata pues, de un conjunto de antagonismos en la economía, es decir, de cuestiones de dependencia y de antagonismos entre Estados. La lucha de clases jugará dadas estas condiciones un factor central en dicho antagonismo, tanto en el terreno económico como en el político.

Bibliografía de consulta

Albamonte, Emilio y Romano, Manolo, “Trotsky y Gramsci. Convergencias y Divergencias” en Estrategia Internacional N°. 19. Revista de teoría y política marxista revolucionaria, Buenos Aires, 2003.
Gramsci, Antonio, Cuadernos de la cárcel, Edición crítica del Instituto Gramsci. Tomo 5, México, Ediciones Era /Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 1975.
Kanoussi, Dora (compiladora), Gramsci en América, II Conferencia Internacional de Estudios Gramscianos, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/ Plaza y Valdes, 2000.
Sacristán, Manuel, El orden y el tiempo, Madrid, Editorial Trotta, 1998.
Trotsky, León, Naturaleza y dinámica del capitalismo en la Economía de Transición, Buenos Aires, CEIP León Trotsky, 1999.
Vacca, Giusseppe, “Gramsci en nuestro tiempo. Hegemonía e interdependencia” en Dialéctica, Núm. 26 (especial) Antonio Gramsci: clásico de la Filosofía Política, México, Universidad Autónoma de Puebla, 1994.

Notas

* El presente artículo es parte de la discusión vertida en el seminario “Vida y Obra de Antonio Gramsci”, una aproximación al estudio de los Cuadernos de la Cárcel impartido en la UACM, por Guisseppe Vacca, quien actualmente preside el Instituto Gramsci de Roma.
(1) Albamonte, Emilio y Manolo Romano, “Trotsky y Gramsci. Convergencias y Divergencias” en Estrategia Internacional N.° 19.
(2) Dentro del bagaje conceptual gramsciano, el concepto de “crisis orgánica”, es comparable al de “ruptura del equilibrio capitalista” que Trotsky desarrolla, pero que expondrá en un nivel internacional.
(3) El Bienio Rojo es conocido como un proceso de insurrección y agitación obrera, en donde se retoma la creación de los consejos obreros. A diferencia del sindicato como medida defensiva de la patronal, el consejo obrero se constituye no solo en un plano económicamente ofensivo, sino que constituye una nueva representatividad revolucionaria desde la fábrica. Tal es el caso de la Fiat, una de las principales industrias automotrices, que para diciembre de 1919 se integra con representantes elegidos por sección. A partir de esta primera acción se incrementa el ritmo de la lucha de clases. Sin embargo, los consejos obreros no son respaldados por el Partido Socialista Italiano (PSI) y quedarán aislados ante la respuesta de empresarios que, después de una huelga patronal, imponen nuevamente su política en la fábrica.
(4) Para diciembre de 1919 se producirán huelgas de solidaridad con los soviets rusos y en respuesta a agresiones a diputados socialistas, además de la aparición de los primeros consejos de fábrica, que para el año siguiente gestarán huelgas generales importantes en Turín, como la del 13 de abril (llegando a sumar entre obreros, braceros y gente de la región, 500,000) y las llamadas “huelgas de septiembre” de 500,000 metalúrgicos que se declaran en huelga en toda Italia. Manuel Sacristán, El orden y el tiempo, 1998, págs. 54-58.
(5) Zardoya Loureda, Ruben: “Gramsci y el capitalismo contemporáneo”. En Dora Kanoussi, Gramsci en América, 2000, págs.194- 195.
(6) Gramsci, Antonio, Cuadernos de la cárcel, Tomo 5, Cuaderno 13, Parágrafo 17, pág. 39.
(7) Ibídem. Cuaderno 15, parágrafo 5, págs.178-179.
(8) Trotsky, León, Naturaleza y dinámica del capitalismo en la Economía de Transición, CEIP León Trotsky, Buenos Aires, 1999.
(9) Ibídem.
(10) Gramsci, Antonio, op. cit., pág. 179.
(11) Ibídem. Cuaderno 13, parágrafo 17, pág. 32.
(12) León Trotsky, op.cit.
(13) Donatella Di Benedetto, “Crisis orgánica y revolución pasiva. Americanismo y Corporativismo”. En Dora Kanoussi, Gramsci en América, 2000. pág.265.
(14) En este punto, Gramsci y Trotsky coincidirán en señalar la ubicación de Norteamérica como potencia, basándose en retomar la productividad del trabajo y de la definición de la relación de fuerzas fundada en el peroodo después de la Primera Guerra Mundial. La categoría de “equilibrio inestable” o “estabilización relativa” del capitalismo, tomada del informe de Trotsky al III Congreso de la Tercera Internacional de 1921 y adoptada por ésta, era un patrimonio del pensamiento de ambos revolucionarios. Albamon­te, Emilio y Manolo Romano: “Trotsky y Gramsci. Convergencias y Divergencias” en Estrategia Internacional N.° 19.
(15) Ibídem. Los autores, exponen que sobre el concepto de “revolución pasiva”, se pueden considerar tres vertientes principales. A saber: la revolución desde arriba (definición de Marx y Engels después del golpe de Luis Bonaparte en Francia en 1851), la revolución permanente de Trotsky (cuyo origen puede rastrearse de igual forma en Marx) y la revolución-restauración, la cual supone una relación con el americanismo y el fordismo, por ser un intento de desarrollo de las fuerzas productivas sobre la base de la estabilización relativa.