17/3/12

Elogio (con reservas) de John Stuart Mill

John Stuart Mill 
por David Levine 
Luis Roca Jusmet

Especial para Gramscimanía
A Mill podemos aplicarle los dos calificativos más denostados para la izquierda y el pensamiento crítico: liberal y utilitarista. El liberalismo ha sido siempre antidemocrático. Burgués y elitista, la base del liberalismo ha sido la defensa de la propiedad privada. Su versión actual, el neoliberalismo, nos conduce al desastre actual. El utilitarismo es una ideología que sólo valora el tener y el consumo. Todo esto son tópicos que contienen alguna verdad, pero no toda. John Stuart Mill es un filósofo complejo aunque claro, que creo que hoy todavía puede enseñarnos algunas cosas interesantes.

Es, efectivamente, un representante de la burguesía ilustrada británica de su época y como tal era colonialista (la democracia sólo para los países civilizados, no para la India) y elitista / excluir analfabetos y gente que vivía de la caridad pública del sufragio, voto cualitativo).

Pero aún así defendió el sufragio femenino, lo que le valió su expulsión del Partido Liberal y su pérdida de condición de parlamentario. Su teoría económica podría de calificarse de socialdemócrata y es incompatible con el neoliberalismo actual. Planteó cuestiones sobre los parlamentarios interesantes: máximo de siete años, voto personal no sujeto al centralismo del partido, condición no privilegiada...).

Su teoría del utilitarismo es la del Principio de la Máxima Felicidad Posible: máxima felicidad para el máximo número de personas. Sienta así las bases de unos principios universales basados en el respeto y la solidaridad con el otro. Entendiendo por Felicidad lo que cada cual entendiera como tal. Claro que Marx tenía razón cuando planteaba que sin condiciones materiales dignas de existencia no hay felicidad posible. Pero el planteamiento como tal es bueno, es la base de los derechos humanos universales. Situa la moral como unas normas hacia el otro, como una ley que es independiente de las creencias y de los valores. Lo que él entendía por utilidad era muy amplio, quería decir lo que nos producía bienestar.

Pero el texto que sí vale la pena recuperar es "Sobre la libertad". Escrito a partir de las reflexiones de Alexis de Tocqueville en las que avisaba del peligro de "la tiranía de la mayoría" en la democracia americana, creo que Mill sienta unos presupuestos que la izquierda debería asumir. Se trata de diferencia lo privado de lo público. Hay un espacio personal para la autonomía, en la que cada uno debe decidir lo que quiere hacer con su vida a partir de sus decisiones. Lo podemos llamar privado. No es la empresa ni la família, esto sería una trampa. Porque aquí hay derechos del otro a respetar. Es la vida de cada cual. El derecho a la eutanasia, a la libertad sexual, al aborto y seguramente a la legalización de las drogas serían sus consecuencias concretas. No es la comunidad la que decide, aquí es la autonomía lo que se debe respetar, hasta un referéndum sería negativo. También hay en Mill una crítica al Estado Paternalista, a lo que luego se ha llamado la biopolítica: la administración institucional de la vida de los ciudadanos. Hay también el tema de las minorías y aquí Mill pensaba en las religiosas. No podemos decidir por mayoría cuando hay dos grupos homogéneos enfrentados con intereses diferentes si se afectan a los derechos de estas minorías.

En todo caso me parece que "Sobre la libertad" es un libro que va mucho más allá del utilitarismo y el liberalismo, es una de las mejores teorías sobre el respeto a la autonomía y a la libertad personal. La libertad no es solo la libertad de elegir en un contexto social pero también es esto. Son las instituciones, los grupos sociales y los otros (es decir el Otro y el otro) los que te permiten o no elegir. También es una capacidad interna, pero esto nos llevaría a Spinoza, que es otro tema, o al Foucault de la última etapa.
  
Me parece interesante dividir entre la ética, la moral y la política. La ética es este espacio simbólico de la libertad personal que defiende Mill, que no tiene porque conducir a un individualismo: es lo que pertenece. En este campo tenemos los valores. La moral, bien formulada por Mill, tiene un sentido normativo práctico: la ley interiorizada que nos permite respetar el espacio del otro. La política es lo que nos compromete con el Otro, es decir la Sociedad y la Justicia. Aquí, señala Mill, tenemos todos una deuda social: es el campo de los deberes, aparte del de los derechos. Hay aquí una consideración que cuestionaría la renta básica: tenemos todos derecho, para ser ciudadanos, a las condiciones materiales básicas, pero esto tiene una contrapartida, que es el trabajo que aportamos.