15/2/12

La Tasa Tobin sí es (parte de) la solución

Gonzalo Fanjul

"Mucho ruido y pocas nueces". Así despachaba Javier Ayuso en su blog Economismo la idea de introducir una Tasa a las Transacciones Financieras (alias Tobin o Robin Hood) en los países de la Eurozona. La sentencia ha sido dictada por un grupo de economistas citados por el blog (publicado en este mismo periódico), que rechazaban en bloque la idea por utópica o inconveniente.

Cierto que, de los cinco comentaristas, dos trabajan para el Citibank y el BBVA, y otro es director de estudios financieros en la Fundación de Cajas de Ahorro, lo que equivale a preguntarle a las raposas por la posibilidad de proteger mejor el gallinero. 

Los otros dos economistas simplemente estaban en desacuerdo; se ve que no dio tiempo a consultar a nadie más. Y es raro, porque la medida ha sido apoyada públicamente por más de 1.000 economistas de 53 países, incluyendo a los premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz, entre una larga lista de profesores de algunas de las universidades más prestigiosas del mundo. De hecho, una rara coalición entre académicos y activistas sociales ha conseguido llevar esta idea más lejos de lo que ha llegado nunca: hasta las puertas de las mismísimas instituciones de Europa, donde nueve Estados miembros (España incluida) se han declarado ya a favor de implantar este pequeño impuesto (aunque la batalla por el uso de esos recursos aún está por llegar).

A diferencia del escepticismo de nuestros vecinos de blog, los defensores de esta tasa creen que su implantación tendría un doble beneficio: incrementar los recursos públicos (hasta 300.000 millones de euros anuales en caso de aprobarse globalmente) y reducir el estímulo a las piruetas financieras que están en el corazón del origen de la crisis. Como señalaba Joseph Stiglitz en una entrevista realizada en medio de la crisis financiera: "El retorno social de las operaciones de corto plazo es muy pequeño. Genera una volatilidad extrema y un exceso de operaciones. Así que todo lo que desincentive este cortoplacismo debe ser apoyado. ¿Alguien cree seriamente que obtenemos algo del tipo de operaciones de microsegundo que estamos viendo en este momento?".

La pregunta clave es si esta medida supone una amenaza para el crecimiento y la inversión, como sugieren sus detractores. Precisamente esta semana los prestigiosos economistas Stephany Griffith-Jones y Avinash Persaud han presentado un estudio que utiliza como base la propuesta de TTF realizada por la Comisión Europea. En él argumentan que, al contrario de las estimaciones de la propia Comisión (que calculaba un pequeño coste para el crecimiento del -0,1%), la tasa a la transacciones financieras puede suponer un empuje del 0,25% para el crecimiento de la Unión Europea, derivado en parte de su contribución a la reducción del riesgo de una nueva crisis. Este tesis se vería corroborada por la experiencia de aquellos países que ya aplican una TTF (como Corea del Sur, Hong Kong, India, Brasil, Taiwan, Sudáfrica y Suiza) y que han experimentado fuertes niveles de inversión y crecimiento en los últimos años.

Más aún, el estudio ataca directamente el principal reproche de los analistas de Economismo, que arguyen que una medida de este tipo solo es útil y viable si se aplica globalmente; lo demás es una invitación a la fuga de capitales. Frente a esto, Griffith-Jones y Persaud hacen la siguiente reflexión, utilizando el ejemplo del impuesto sobre la renta de los EEUU: "el fraude estimado ronda el 18-19% del ingreso. (...) Sin embargo, nadie se ha planteado por eso poner fin al conjunto del sistema impositivo: un cumplimiento del 82% es menos bueno de lo que debería ser, pero eso no significa que debamos renunciar a los 2 billones de dólares que recauda el impuesto sobre la renta y gasta el Gobierno de los EEUU".

Dicho de otro modo, una cosa es que la idea sea mala y otra muy diferente que sea difícil de aplicar. Ningún nuevo impuesto a la renta de los individuos y las instituciones más poderosas ha contado nunca con su apoyo entusiasta, y aún así se empezaron a aplicar en algunos países y otros les fueron siguiendo con el tiempo. Si es bueno para los ingresos públicos, la estabilidad de los mercados y el ánimo social, y al menos neutro para la inversión y el crecimiento, ¿por qué no hacer de la Tasa Tobin parte de la solución?
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