3/2/12

La arqueología de la voz de Montserrat Figueras (+ 3 videos)

Antoni Pizà

Hace unos días, un amigo me comentaba que había pasado unas horas “hipnotizado” –ésas fueron sus palabras– leyendo en internet la ingente cantidad de notas necrológicas que se habían publicado sobre la cantante Montserrat Figueras. Había obituarios en catalán, castellano, francés, inglés, italiano –decía– pero también en rumano, polaco, húngaro, japonés y muchísimas otras lenguas. El fallecimiento de Figueras había afectado a un increíble número de aficionados de todo el mundo, según constaba en la web, y las muestras de solidaridad y genuino dolor eran prueba fehaciente de que el arte de esta cantante había llegado, en sus más de cuarenta años de carrera, a mucha, quizás, muchísima gente.

Lea la Nota del Editor 
Videos con la voz de Montserrat Figueras
¿Qué tenía la voz de Figueras que fuese tan apreciada?  Las cualidades de una voz son, como se ha dicho tantas veces, inefables. Podemos describir la tesitura y amplitud, el color y la variedad tímbrica, su potencia y proyección, además de otras características relacionadas con la personificación y la ilustración de las dimensiones psicológicas del texto. La verdad es que la médula de la pregunta se queda frecuentemente en argumentos abstractos o, como mucho, aproximados, pero nunca categóricos.

Con motivo de su fallecimiento, se ha dicho por ejemplo, que Figueras, como cantante, poseía una cierta aureola de espiritualidad, y posiblemente sea así.  Pero ¿qué significa exactamente eso? (Quién no recuerda, en ese sentido, su larga cabellera y sus vestidos holgados como de tapiz medieval o de hippy de California).  Figueras, en todo caso, no fue nunca una cantante “perfecta” en el sentido técnico (aquí también la crítica ha sido prácticamente unánime). Su forte –su secreto, quizás– era su innegable capacidad de comunicación con el público. ¿Y de dónde venía ese talento?

Montserrat Figueras fue una de las pioneras en los años sesenta en la interpretación vocal de la música antigua, es decir, el repertorio anterior al 1800. En aquel entonces, una de las cuestiones que se planteaba era el tipo de voz más adecuado para esa música. En un principio, la mayoría de los cantantes aplicaba a la música antigua la voz de “conservatorio”, por decirlo así. Esa técnica vocal se basaba principalmente en la impostación, o sea la colocación especial de todos los dispositivos que producen la voz (cuerdas vocales, laringe, diafragma, etcétera) y que conducen a la producción de un sonido idóneo para el repertorio que se consideraba válido en el conservatorio: la ópera (principalmente el bel canto) y el Lied (o sea, la canción alemana del siglo XIX). Así, se cantaban incongruentemente las canciones de los peregrinos medievales del monasterio de Montserrat conservadas en el llamado Llibre vermell –cantos anteriores al siglo XIV– con la misma voz impostada con la que se ejecutaban las arias de coloratura (o sea, de gran virtuosismo) de los maestros del bel canto como Bellini y Donizetti y los Lieder de Schubert y Schumann en sus respectivas exploraciones psicológicas de los poemas de Heine y Goethe.

Uno de los méritos de Figueras es que le tocó “inventarse” un tipo de voz apropiado para el Llibre Vermell, las Cantigas de Santa María y otras músicas de los siglos XII-XIV mezclando la impostación del bel canto y el Lied con la voz natural de la música tradicional catalana y las influencias del folk norteamericano de esa época. Es difícil decir si Figueras llegó a esta fórmula vocal intuitivamente o mediante el estudio académico (probablemente a través de ambos canales). Figueras se formó inicialmente en el seno del grupo Ars Musicae de Barcelona. Fundado por Josep Maria Lamaña en 1935, Ars Musicae fue el primer conjunto español dedicado a la música antigua. Durante años su cantante “oficial” fue la soprano Victoria de los Ángeles, quien lógicamente aplicaba su impresionante voz impostada al repertorio medieval y renacentista e incluso a las canciones de raíz popular y de tradición oral. Es de suponer que Figueras, como representante de la nueva hornada de cantantes que trabajó con Ars Musicae, se resistiese a la fórmula de la generación anterior.

Los años sesenta, por supuesto, supusieron un cuestionamiento del orden establecido: los derechos civiles de mujeres y afroamericanos, Vietnam, las rebeliones generacionales, la permisividad con las drogas y la sexualidad… y, particularmente en España, la oposición a Franco, los derechos políticos de las nacionalidades del estado español etcétera. El interés por la música antigua surgió bajo ese mismo espíritu de insubordinación. Muchos jóvenes de esa época vieron en la música antigua una forma de rebelión. ¿Por qué ciertos instrumentos (la tiorba o el sacabuche, por poner unos ejemplos claros) no se enseñaban en los conservatorios?  ¿Por qué no se conocían los compositores anteriores a J. S. Bach? ¿Por qué gran parte de los compositores eran de origen germánico y se eludía, entre muchos otros, el repertorio hispánico? ¿Por qué los músicos clásicos vestían y saludaban al público como criados? ¿Por qué los directores de orquesta tenían una autoridad incuestionada? ¿Por qué no se podía improvisar en el repertorio de concierto? La música antigua ofrecía una respuesta a muchas de esas preguntas. Con el repertorio antiguo no se tenían que respetar ninguna de las fórmulas y estrecheces de la música clásica convencional, y eso la hacía atractiva a los jóvenes de los sesenta.

Figueras llegó a Ars Musicae –conjunto, según parece, donde conoció a su futuro marido y colaborador artístico, Jordi Savall– empapada del ambiente de esa época y allí encontró a un grupo de músicos dispuestos a explorar la terra incognita de la música antigua, incluso a encontrar alternativas a la voz impostada que De los Ángeles aplicaba al repertorio antiguo. Posteriormente, el matrimonio Savall-Figueras finalizó su formación en la Schola Cantorum Basiliensis, conservatorio pionero en la especialización de la música antigua y allí Figueras perfeccionó sus soluciones interpretativas con Kurt Widmer, Thomas Blinkley, Andrea von Rahm y Eva Krasznai. El resultado de su trayectoria formativa dio como resultado una voz espontánea y sincera, comunicativa y espiritual a través de la hábil mezcla del estudio académico y musicológico con la práctica vocal, que combinaba a la vez las técnicas vocales de conservatorio con las modas folk del momento. No sabremos nunca si las canciones casi milenarias del Llibre Vermell o las Cantigas se han de cantar con esta u otra voz, pero lo que queda claro es que la voz “híbrida” de Figueras es más convincente que las voces de ópera que con las que se solían cantar antes de los años sesenta.

Figueras, por otra parte, mantuvo durante toda su vida su inicial espíritu pionero. Con Jordi Savall, la cantante ha sido una precursora de incontables aspectos del panorama musical contemporáneo. Por ejemplo, cuando la pareja estableció su propio sello discográfico, Alia Vox, ya se sospechaba que el mundo de los discos se estaba hundiendo sin remedio y que el posible comprador quería algo más que un CD convencional. Así surgió la idea de hacer disco-libros, lujosamente editados y dedicados a grandes temas monográficos (Jerusalén, la Cataluña milenaria, etcétera), siempre acompañados de sesudos ensayos escritos por grandes especialistas e ilustraciones con colores vistosos, todo –por supuesto– impreso en papel de gran calidad y tapa dura.

Savall y Figueras también fueron pioneros de la world music mezclando tradiciones de Oriente y Occidente. El estudio y la recuperación del repertorio medieval ibérico les ayudó a entender las distintas tradiciones ibéricas, sus religiones, sus lenguas, sus culturas a veces híbridas, a veces más o menos íntegras. En esos proyectos multiculturales incluyeron siempre a músicos de las más variopintas regiones geográficas que tocaban instrumentos “exóticos” a los ojos y oídos de gran parte del público que empezaba a dejarse seducir por los nuevos sonidos.

Finalmente, durante años, la recuperación de la música antigua se había basado exclusivamente en fuentes escritas, legajos de manuscritos o primerizas ediciones guardadas en archivos de luz tenue y paredes húmedas.  Savall y Figueras, contrariamente, empezaron a practicar una especie de interpretación musical en plein air infundida de las tradiciones orales aún conservadas en muchos países (o sea, lo que antes se llamaba folklore), mezclando así lo culto y lo popular. Además, la pareja también añadió un elemento que había desaparecido de los conciertos clásicos: la improvisación. Si la mayoría de sus versiones de la música de la edad media y el renacimiento suenan tan vivas y elocuentes es en gran medida porque el dúo las ha condimentado con melodías improvisadas a las que se suma una instrumentación esplendorosa con abundancia de percusión y sonidos no-instrumentales (las campanas, por ejemplo), nada de lo cual se halla en el texto escrito.

Creo que con motivo de su desaparición el mejor homenaje que le podríamos hacer a Montserrat Figueras es escuchar su último disco que curiosamente se editó justo una semana antes de morir. La Sublime Porte:  Voces de Estambul (1430-1750) es una deliciosa mezcla de las culturas musicales de Oriente y Occidente, de repertorio culto y popular. La fórmula, como de costumbre, irritará a los detractores del matrimonio, pero sin duda también ganará nuevos adeptos y conversos.

Título original: “Arqueología de una voz: Montserrat Figueras”
http://www.fronterad.com/?q=node/4700


Omar Montilla
Nota del Editor

Montserrat Figueras nació en Barcelona [España], el 15 de marzo de 1942 y falleció en Bellaterra, Barcelona, el 23 de noviembre de 2011, víctima de un cáncer.
En 1968 se había casado con Jordi Savall. Sus hijos Arianna y Ferran son también músicos muy conocidos; Arianna Savall es arpista.
Entre 1968 y 1986 la familia residió en Basilea (Suiza). Figueras y Savall fundaron en 1974 el grupo Hespèrion XX, consagrado a la interpretación de la música hispánica y europea anterior a 1800. La pareja ha fundado también el coro La Capella Reial de Catalunya, la orquesta Le Concert des Nations y el sello discográfico Alia Vox. Hespèrion XX pasó a llamarse Hespèrion XXI tras el cambio del siglo.
Poco conocida en Venezuela, Montserrat Figueras deja un gran vacío, pero nos quedan todas sus grabaciones en más de 60 CD. Su trayectoria se ha visto avalada con premios como el Grand Prix de l'Academie du Disque Français. En 2003 recibió el título de Officier de l'Ordre des Arts et des Lettres por parte del Gobierno francés, y en 2011 es galardonada con la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña.
Como muestra de aprecio por esta gran voz, dejo para ustedes estos videos.


En trance y llenos de espiritualidad francamente han sido los mejores del matrimonio Monserrat Figueras-Jordi Savall, que solo han vivido entregados para la música, entendida como una religión artística humanista y universal. Impresionante este video. Los oyen cantar y tocar y seguro estoy que les producirá una emoción difícil de definir, de explicar: Montserrat está excelsa y sublime con su maravillosa voz tan llena de dolor y misterio y qué decir de Jordi Savall y ese instrumento tan arcaico que toca con maestría y pasión


Gracias Monserrat, un breve adiós, pero tu recuerdo vibra con tu voz maravillosa: