14/2/12

Hungría, en la mira

Umberto Mazzei

“Déjenme emitir y controlar el dinero de un país y no me importa quién hace las leyes.”: Mayer Amschel Rothschild, 1790

A las bancas centrales se les dice independientes si obedecen los dictados de la banca internacional. El caso de Hungría es revelador. En el nuevo Parlamento, aprobaron cambios a la Constitución húngara con mayoría calificada. El cambio relevante es la composición del Banco Central de Hungría, que mejora la supervisión del gobierno sobre su propia moneda: el forint.

Se armó el pandemonio en la UE. Al primer ministro, Víctor Orban, lo llamaron déspota nacionalista y antidemocrático, entre peores cosas. Washington habló de “inquietud” por la reforma. París, del “problema con Hungría” por la “deriva nacionalista y autoritaria” del gobierno. Los medios, de “la gran deuda pública de Hungría” (Le Figaro), que es un 80 por ciento del PIB, como Alemania. El FMI, el Banco Mundial y la UE congelaron los préstamos a Hungría. El forint cayó.

Toda la tarde del 18 de enero Hungría estuvo como acusada ante el Parlamento Europeo. Se le critica que mencione a Dios en su Constitución, como si países europeos, como Gran Bretaña (Dieu et mon droit) o extraeuropeos como Estados Unidos (In God we Trust) o musulmanes (en nombre de Alá) no lo mencionasen. Es por pura hipocresía. Lo que molesta es que sea Hungría quien controle su Banco Central.

La situación en esencia es la de exigir al pueblo húngaro, que no usa el euro, la renuncia a ejercer controles, a través de las autoridades que eligió, sobre su banca central. Fue conmovedora la unanimidad de los parlamentarios de la izquierda europea para defender la independencia de las bancas centrales, para dar libertad a los “tecnócratas” impuestos por el sector financiero privado. En su discurso, Daniel Cohn Bendit llegó a advertir contra desviaciones autoritarias estilo Chávez.

También se escuchó al antiguo maoísta, reciclado en neoliberal atlantista y ahora presidente de la Unión Europea, Manuel Barroso, explicando cómo es respetar la democracia, castigar con sanciones financieras y otras más a un Estado miembro de la UE por una Constitución votada en su Parlamento.

La Comisión Europea dio a Hungría un mes para enmendar su Constitución. Los burócratas de Bruselas –que nadie eligió– mandan anular reformas aprobadas por mayoría abrumadora en un Parlamento elegido con voto popular. El partido Jobbik ya prepara un referéndum popular para irse de la UE.

En América latina hay episodios recientes con la independencia de los bancos centrales. Hace dos años Argentina quería usar sus reservas para pagar deuda, pero el presidente del Banco Central, Martín Redrado, prefería pagar intereses a los bancos acreedores. Al final, a pesar del respaldo internacional, tuvo que renunciar.

Estos hechos obligan a recordar la historia de los bancos centrales y su función. La emisión de dinero es una prerrogativa del Estado, que se usa según las necesidades del país. En paralelo hubo la actividad de cambistas, desde mercaderes de schekels para el culto en Jerusalén hasta los banqueros italianos de la Edad Media. Estos últimos dieron a la banca privada su primer formato: guardar el dinero ajeno y emitir certificados de un valor reconocido, que circulaban internacionalmente a cambio del cobro de una comisión.

En 1694, ambos roles se fundieron al crear el Banco de Inglaterra. Fue una sociedad privada, con accionistas secretos, que usó en gran escala la reserva fraccionada, eso quiere decir emitir certificados de crédito sobre un dinero que no se tiene y cobrar intereses sobre ese dinero. Es el modelo de la Reserva Federal de EE.UU., un grupo de bancos privados financia al gobierno de EE.UU. con dinero inventado a cambio de Bonos del Tesoro que pagan intereses.

Ganar dinero emitiendo no tiene ciencia: se crea mucho dinero para hacer burbujas y se vende; se retira dinero para que caigan los precios y se compra. Es la mecánica actual de las finanzas internacionales. Los banqueros lucran con deuda pública y especulación, a expensas de la gente.

La deuda pública de la Eurozona, EE.UU. y Gran Bretaña (2011) suma ya 32 billones, la mitad del Producto Mundial (65 billones) y la causa es un súbito incremento causado por el salvataje de los bancos privados, arruinados en sus especulaciones, con dinero público.

La causa no es el gasto social o el Estado de Bienestar europeo, como sostienen algunos interesados en demolerlo para precarizar más aún el empleo y aumentar ganancias con salarios bajos. El fraude financiero sigue con la inflación de activos en burbujas especulativas para mejorar los balances. El tráfico con los famosos derivativos no disminuye sino que aumenta: de 601 billones en 2010 a 707 billones en 2011, según el BIS de Basilea. Es fácil pronosticar que el 2012 verá crecer la indignación con los indignos.

Umberto Mazzei es Doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia, director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.