14/2/12

Fidel y Niemeyer: Manos de arquitectos

Oswaldo Guayasamín
Las manos de Fidel
Jeidi Suaréz García

Miro sus manos delgadas, casi las palpo con mis ojos. Percibo las mismas manos que pintó Oswaldo Guayasamín, esas también acariciadas por la lluvia durante aquel memorable discurso en la Plaza de la Revolución. Las contemplo más allá de la imagen real y en medio de la abstracción descubro los dedos finos, alargados, testigos fieles de innumerables reflexiones.

Entonces imagino cuánto se parecerán estas, las manos de Fidel Castro a las de Oscar Niemeyer el reconocido arquitecto brasileño que ha dejado sus huellas en todo el mundo. Mi comparación surge al presenciar el diálogo entre Fidel Castro y Marilia Guimaraes, esposa de Niemeyer durante el encuentro que sostuvo el Comandante de la Revolución Cubana con los intelectuales.

Marilia manifiesta el interés del reconocido arquitecto por conocer el estado de salud del líder cubano. En medio de su conversación yo contrastaba la vida de ambos y percibía cuánto pueden parecerse si se valora la magnitud de las obras construidas por ambos y su repercusión para la humanidad. Niemeyer, uno de los principales responsables de la planificación y construcción de la ciudad de Brasilia marcó con su impronta el movimiento moderno en Latinoamérica. Así desde el pabellón brasileño para la Feria Mundial de Nueva York o la residencia Peixoto hasta la edificación de una serie de edificios en los suburbios de esa ciudad destacan entre los numerosos frutos del trazado de sus manos.

Fidel, diseñador de la mayor revolución social de todos los tiempos, cuyas transformaciones priorizan la educación y la cultura de las masas, protagonista de la obra socialista que ha resistido más de 50 años de bloqueo económico y financiero, construye cada día con sus manos la historia de una Isla resistente que en medio del Mar Caribe vislumbra el futuro de la humanidad.

Pese al criterio de los más escépticos las manos de Fidel, son manos de arquitecto. Las de quien pintó escuelas en la Ciénaga de Zapata y calculó el área de tantos hospitales, las que dieron vida a los Círculos Infantiles y Hogares de Ancianos. No se equivocaría jamás Guayasamín al pintar las manos de un arquitecto de sueños.
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