28/2/12

Erich Fromm / Marx y su concepto de hombre

Erich Fromm por Croquera
En la obra, Marx y su concepto de hombre, Erich Fromm presenta la concepción de hombre de la corriente marxista, con su análisis evidencia las concepciones erróneas que se han hecho y muestra lo que en un principio Marx pretendía con su propuesta. La obra en la cual fundamenta su análisis es en manuscritos económico-filosóficos de Karl Marx. La pretensión de Fromm es valorar, dentro de las ideas marxistas, la naturaleza del hombre y su espíritu de independencia. Aunque generalmente se reconoce a Marx como el teórico de la lucha de clases, suele dejarse fuera la concepción que tenía de hombre, sobre el cual concebía como un ser con plena libertad y obstaculizado por el capitalismo para su completa realización como persona.

El punto de partida de Marx para abordar la naturaleza del hombre está en la idea de que el hombre es un ser reconocible y determinable, que el hombre puede definirse como hombre no sólo biológica, anatómica y fisiológicamente sino también psicológicamente. La naturaleza está relacionada con la historia y determinada por ésta. “La historia es la historia de la autorrealización del hombre, no es más que la autocreación del hombre a través de su trabajo y su producción.” (1)

Según el planteamiento de Marx, sólo cuando el hombre es productivamente activo puede encontrar un sentido a su vida y, aunque así goza la vida, no está aferrándose a ella condiciosamente, más aún renuncia a la codicia del tener y se realiza siendo. “El hombre vive sólo en tanto que es productivo, en tanto que capta el mundo que está fuera de él en el acto de expresar sus propias capacidades humanas específicas y de captar el mundo con estas capacidades.” (2)  Sólo a partir de ese proceso productivo el hombre puede realizar su propia esencia y por tanto es parte constitutiva de su ser que se mantenga en esa actividad productiva por medio de la cual se autorrealiza.

Fromm analiza la relación inmediata, natural y necesaria del ser humano con el ser humano, ésta se realiza mediante los sentidos que el hombre tiene, debe conformarse de acuerdo con los objetos exteriores. La relación natural entre los hombres es de hombre a mujer y es sólo el amor lo que hace al hombre creer verdaderamente en la realidad del mundo objetivo exterior. Dicha relación es lo que Marx concibe como la “vida productiva”, vida que crea vida. Y es en la actividad productiva donde se encuentra el carácter de una especie, es decir, la esencia del hombre.

La independencia y la libertad, para Marx, se basa en el acto de autocreación. El fin del socialismo propuesto por Marx era la emancipación de hombre, su autorealización en el proceso de la relación y la unidad productiva con el hombre y la naturaleza. Así que, sólo cuando el hombre alcanza esa emancipación, habrá logrado su independencia pues en la medida que ejercita su naturaleza productiva se va realizando. Afirma Erich Fromm que  “Toda concepción de Marx de la autorrealización del hombre puede entenderse plenamente sólo en relación con su concepto de trabajo.” (3) El trabajo para Marx es una actividad y no una mercancía, es un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso mediante el cual cada hombre realiza, regula y controla su intercambio de materias con la naturaleza.

Fromm concibe el trabajo como “la autoexpresión del hombre, expresión de sus facultades físicas y mentales individuales”, (4) por tanto, no es sólo un medio para lograr un fin, sino un fin en sí, la expresión significativa de la energía humana. Lo que crítica Marx del capitalismo es la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado, sin sentido. Resulta necesario que cada hombre tenga ocupaciones diversas a lo largo de toda su vida y no permanecer en la sumersión a una sola ocupación.

A partir de lo expuesto, Fromm manifiesta la mala interpretación de Marx producida por los comunistas, los socialistas y los opositores capitalistas, Marx sólo quería el mejoramiento económico de la clase trabajadora y quería abolir la propiedad privada para que el obrero pudiera tener lo que ahora tiene el capitalista, sin embargo, por las malas interpretaciones, los sistemas sociales y políticos derivados del Marxismo han dejado al hombre igual y hasta en peores condiciones que cuando pertenecía a la clase obrera capitalista, ha pasado de estar enajenado al patrón industrial capitalista al gobierno absoluto socialista o comunista.

La concepción del socialismo de Marx es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre así mismo, su autorrealización. La enajenación significa para Marx, “que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo permanece ajeno a él.” (5) Se trata de experimentar al mundo y a uno mismo pasiva, receptivamente como sujeto separado del objeto. Significa que adora lo que él mismo ha creado y al hacerlo se transforma en cosa. La enajenación es realizada en el trabajo, en la relación activa del hombre con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo. Enajenarse del trabajo significa que el hombre enajena sus propias facultades creadoras, y los objetos de su trabajo dejan de ser ajenos a él.

La preocupación de Marx es la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas. “En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie.” (6) Y es que el trabajo enajenado arrebata al hombre el objeto de su producción y su propia vida. Cuando el trabajador no participa en la dirección del trabajo, se transforma en una cosa por su dependencia del capital. El hombre enajenado se convierte en esclavo de las cosas y las circunstancias cuando cree haberse convertido en amo de la naturaleza.

Cada hombre está enajenado en relación con los otros y cada uno de los otros está, a su vez, enajenado de la vida humana. “La enajenación conduce a la perversión de todos los valores.” (7) De ahí que por ejemplo, el hombre capitalista suela relacionarse con el mundo poseyéndolo y consumiéndolo, puesto que todos ansían cosas nuevas para poseer las y usarlas.

La concepción del socialismo en Marx se desprende del concepto de hombre, no es una sociedad en la que el individuo esté subordinado al Estado, a la máquina, a la burocracia. “El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza.” (8) Significa que el hombre produce de una forma asociada y no cpompetitiva, el individuo participa activamente en la planeación y en la ejecución de los planes. Y dice Fromm: “El hombre pudiera hacerse independiente, pararse sobre sus propios pies y ser creador y dueño de su propia vida, comenzaría a hacer de la vida su principal ocupación.” (9)

El fin principal del socialismo debe ser, por tanto, el reconocimiento y la realización de las verdaderas necesidades del hombre, que sólo será posible cuando la producción sirva al hombre y el capital deje de crear y explotar las necesidades falsas del hombre. El hombre des-enajenado será aquél que no domina a la naturaleza sino que se identifica con ella, que está vivo y reacciona ante los objetos, de modo que éstos cobran vida para él. “El socialismo significaba el orden social que permite la recuperación del hombre, la identificación entre existencia y esencia, la superación de la separación y el antagonismo entre sujeto y objeto, la humanización de la naturaleza; significaba un mundo en el que el hombre no es ya un extraño entre extraños, sino está en su mundo, donde se siente como en su propia morada.” (10)

César Águila Cázarez

Fuente: FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, pp. 7-93.

Notas

(1)           FROMM, Erich, Marx y su concepto de  hombre, FCE, México, 2001, p. 37.
(2)          Ibid., p. 41.
(3)          Ibid., p. 50.
(4)          Ibid., p. 52.
(5)          Ibid., p. 55.
(6)          Ibid., p. 60.
(7)          Ibid., p. 65.
(8)         Ibid., p. 69.
(9)          Ibid., p. 71.
(10)    Ibid., p. 79.