6/2/12

El clamor del ser: Alain Badiou

En el presente texto se expondrán algunos puntos relacionados con la propuesta ontológica de Gilles Deleuze desde la interpretación de Alain Badiou, quienes mantuvieron un contacto epistolario profundo y frecuente. Badiou comenta que su motivo para escribir el presente texto fue la petición de Benoît Chantre en nombre de Ediciones Hachette, de que escribiera un ensayo sobre el pensamiento de Deleuze, sin embargo afirma Alain que “no se tratará para mí de reseñar lo que ha pensado. Se trata más bien de acabar lo inacabables: una amistad conflictiva que, en cierto sentido, jamás tuvo lugar” [1]

Se puede decir en relación al pensamiento político de Deleuze, que se encuentra a la vez una postura radical y moderada, solitaria y sociable, vitalista y democrática, pues se preocupa por el respeto y la afirmación de las diferencias. Se muestra a favor de una “deconstrucción moderna” debido a que “realiza una crítica decisiva de la representación, sustituye la búsqueda de la verdad por la lógica del sentido, combate los ideales trascendentales en nombre de la inmanencia creadora de vida”. [2] Deleuze busca desplegar y reflejar el deseo de lo múltiple, de mestizaje y de la coexistencia de universos sin regla común.

En relación al concepto de lo Uno, afirma que no existe lo Uno ni lo Múltiple, pues ambos conceptos no pueden explicar la confusión del mundo. El mundo no se encuentra en movimiento ni en el régimen de lo estable, por lo que se debe de renunciar a la concepción del Ser según lo Uno y lo Múltiple. De esta manera se puede decir que la repetición es un concepto ontológico fundamental, pues dicha repetición está más allá de la permanencia del Uno y de la semejanza de lo múltiple. El Uno  más bien se debe de entender con el nombre de “Uno-todo”.

El Ser, afirma Deleuze, es el único acontecimiento en el que todos los acontecimientos se comunican, por lo tanto se puede decir que el ser es el sentido. El Ser es el Uno en cuanto un acontecimiento para todos, esto es, un solo ser para lo imposible, lo posible y lo real, llegar a este “un solo” es el trasfondo real de lo que se puede denominar como deseo, pues “todo viene siempre de más lejos, y es más: todo está ahí, en los recursos infinitos e inhumanos del Uno”.[3]

El ser humano está atravesado por una actualización del Uno-todo, esto se ve concretamente en el momento en el que el hombre tiene la necesidad d elegir, pues dicha elección pone en juego la existencia de quien elige, de manera que al momento en el que el hombre elige algo se elige a sí mismo, esto significa que el hombre es elegido actualizando el Uno-todo. Por lo tanto, el verdadero Ser se encuentra mediante el proceso en el que el individuo “alcance el punto donde se ve poseído por su determinación pre-individual, y en consecuencia en la potencia del Uno-todo”,[4] de esta manera se puede decir que se debe de sobrepasar el propio límite del individuo, por esto se afirma que el valor del Ser es neutro en cuanto actualidad y obtiene una jerarquía desde el punto de vista de la potencia.

Por otro lado, los conceptos no han de hacer referencia a objetos concretos en el caso del cine, pues “en su contenido, éstos no tienen nada que ver con un dato concreto sino con otros conceptos”.[5] De esta manera la teoría del cine no es sobre el cine, sino sobre los conceptos que el cine promueve. Por lo tanto la filosofía de Deleuze ha de resultar sistemática y abstracta.

En la pre-comprensión ontológica del ser se encuentre el Ser en tanto Uno, pues se trata de pensar bajo la presión de casos innumerables y azarosos. De esta manera la filosofía de Deleuze no se ha de tornar en absoluto crítica, sino que busca que el ser llegue a inclinarse y a pronunciarse en el pensamiento del observante. De esta manera se puede decir que Deleuze identifica la filosofía con la ontología, pues afirma “de Parménides hasta Heidegger es la misma voz la que resuena […] una sola voz forma el clamor del ser”.[6] Pues es por medio de la voz de la filosofía por medio de la cual el ser se asoma o se muestra. Cuando el Ser se presenta como pensamiento en la filosofía, se presenta como un pensamiento de diferencia e identificación de diferencias que concibe varios sentidos formalmente distinto. Sin embargo, lo importante para Deleuze no es la distinción formal de lo múltiple, sino que lo importante es que todos los casos “se refieran a un solo designado, ontológicamente uno”.[7] Por lo tanto toda proposición filosófica es determinada también como una proposición ontológica, pues es la misma cosa la que pasa y la que se dice.

Se puede decir que el Uno en relación al Ser se funda en la separación  de los términos en forma radical, esto explica a la actividad de separación como potencia del ser, sin embargo la no relación es todavía una relación y una relación más profunda. Heidegger interpreta la unidad del ser como convergencia hermenéutica, no ve como resultado de la unidad ontológica un armonía o una comunicación, sino que únicamente ve una “no-relación” absoluta. Sin embargo, “para Deleuze, Heidegger no mantiene hasta las últimas consecuencias la tesis fundamental del Ser en tanto Uno. Y no la mantiene, justamente, porque no asume las consecuencias de la univocidad del Ser”,[8]esto a razón de que Deleuze no puede consentir la variedad que Heidegger propone.

Cuando Deleuze se refiere a la univocidad del ser, no se refiere a que el ser sea numéricamente uno, ni al ser en relación a lo uno como identidad. Más bien se afirma que la potencia del Uno significa que los entes son múltiples y diferentes, disyuntivos y divergentes, pues existe la existencia de múltiples formas del Ser. Es en la potencia donde se encuentran las múltiples formas del Uno, pues “el Ser se dice en un solo y mismo sentido de todas las formas […] los atributos inmanentes del Ser, que expresan su infinita potencia en tanto Uno, son formalmente distintos, pero todos iguales y ontológicamente uno”.[9] Las múltiples acepciones del ser son distinciones formales. En cada forma del Ser se pueden dar diferencias individuantes, que se han de entender como entes. Para Deleuze, los entes son grados locales de intensidad o reflexiones de la potencia que se encuentran constantemente móviles y son enteramente singulares, “y como la potencia es sólo un nombre del Ser, los entes no son sino modalidades expresivas del Uno. De ahí que la distinción numérica entre entes resulte una distinción modal, y nunca real”.[10]

La univocidad del Ser no se refiere únicamente a lo designado por la diversidad de sentido de los entes, más bien se refiere a que la univocidad exige que el sentido sea, para todos los entes que se encuentran distintos, ontológicamente idénticos, esto es que la univocidad del Ser se ha de decir de un mismo sentido acerca de todo lo cual se dice.

Bibliografía

Alain Badiou, Deleuze: El clamor del Ser, Ediciones Manantial, Buenos Aires, Argentina, 2ª reimp., 2002, 141 págs.

Notas

[1] Alain Badiou, Deleuze: El clamor del Ser, Ediciones Manantial, Buenos Aires, Argentina, 2ª reimp., 2002, p. 19
[2]  Ibídem, p. 21
[3]  Ibídem, p. 25
[4]  Ibídem, p. 26
[5]  Ibídem, p. 31
[6]  Ibídem, p. 36
[7]  Ibídem, p. 37
[8]  Ibídem, p. 41
[9]  Ibídem, p. 43
[10]  Ibídem, p. 43