14/2/12

Democracia cubana

En respuesta al artículo de José Manuel Martín Medem “Cuba sin democracia”

Miguel Manzanera Salavert       

Especial para Gramscimanía
No tengo los conocimientos que José Manuel Martin Medem acredita sobre la República de Cuba, pero creo que los siguientes argumentos no son una exposición de meras impresiones subjetivas. 



He estado en la isla caribeña cuatro veces, como miembro de Sodepaz, ONG de solidaridad que ha realizado varios proyectos económicos en Cuba en la línea de la economía sostenible y ecológica.

Lo primero que voy a decir en su defensa, es que Cuba es uno de los pocos países del mundo que son sostenibles según los criterios de una ONG tan poco sospechosa de izquierdismo, como es ADENA-WWF. Se puede discutir su grado de objetividad, pero los resultados que ofrecen son bastante plausibles; y en caso de que no se reconozcan sus resultados se deben ofrecer estudios alternativos con un grado de fiabilidad similar al menos, y a ser posible mayor.

En segundo lugar, Cuba además ha alcanzado altos niveles de educación y sanidad, comparables a los de cualquier país capitalista hegemónico, desarrollado a base de insostenibilidad e imperialismo. Mientras Cuba consigue niveles de desarrollo humano con un alto grado de eficiencia, con gastos económicos muy inferiores a los gastos de los países capitalistas, éstos derrochan ingentes cantidades de bienes escasos para conseguir que su población alcance el tan deseado desarrollo humano.

En tercer lugar, también Cuba es un país con alto nivel de igualdad y justicia social, no sólo por los índices económicos, sino también en sus relaciones internacionales, como lo muestra su extraordinario nivel de cooperación con los países más necesitados.
 
Todo esto es conocido, pero al parecer es insuficiente para aprobar la política cubana. La crítica se centra en el autoritarismo de Fidel Castro, ocultando u obviando que este hombre es un militar, el comandante de las Fuerzas Armadas Cubanas. Quizás Martín Medem piense que eso no justifica el autoritarismo, y tenga un modelo de ejército alternativo, más democrático que el que se organizó en la Sierra Maestra para derrocar a la dictadura de Batista. Un ejército a lo Pancho Villa, como se suele decir, aunque es de señalar que el general Villa, como el general Zapata, eran militares como otros, por muy revolucionarios que fueran.
 
Es decir, en cuarto lugar, Cuba es un Estado en pie de guerra desde más de 50 años, y no por voluntad de sus dirigentes, sino por la amenaza constante de la agresión imperialista. Que en esas condiciones los cubanos hayan sido capaces de construir un Estado modélico en muchos aspectos, debería despertar nuestra admiración y respeto. Por todos ellos, desde el primero hasta el último.
 
Puede que Martín Medem esté recogiendo las críticas de sus amigos cubanos. La crítica es siempre recomendable. El propio Estado cubano la ha promovido desde hace tiempo, y la crítica contra la burocracia comenzó ya en los años 60 –recuerde la película La muerte de un burócrata de Gutiérrez Alea. Y en todo caso, la burocracia es un fenómeno repetido en los diferentes intentos de construir el socialismo durante el siglo XX. Es una manía echarle la culpa de ese fenómeno a los dirigentes, como en este caso a los hermanos Castro –como en el pasado hizo Trotski respecto de Stalin. Pero es una explicación que no se sostiene si se la analiza con detenimiento. La burocracia es una suerte de clase social que nace como excrecencia del Estado, especialmente por las necesidades militares que nacen de la confrontación con el imperialismo en el llamado socialismo real o socialismo en un solo país.
 
Pero probablemente la burocracia también nacería en situaciones pacíficas, por el mero hecho de que los administradores, imprescindibles en toda sociedad organizada, tienen acceso directo a los bienes comunes. Como dice el refrán castellano: el que parte y reparte se lleva la mejor parte. El problema es tan antiguo que se remonta a periodos de la humanidad que podemos considerar de comunismo primitivo. Una lectura de Claude Levi-Strauss, Las estructuras elementales del parentesco, puede aclararle a Martín Medem este pormenor.
 
El socialismo en un solo país es una aberración, seguramente; pero no excluye que algunos Estados quieran sustraerse al imperialismo capitalista. Los pueblos que lo intentan están en su perfecto derecho. No creo que los cubanos deseen volver a someterse a los EE.UU., y no se les puede poner en manos del imperialismo por un prurito de pureza democrática. A veces los árboles nos impiden ver el bosque.