14/2/12

Crisis económica y de liderazgo en Estados Unidos y Europa: ¿Hacia dónde vamos?

Andrés Solimano

Las economías avanzadas, otrora modelos de prudencia y seriedad macroeconómica y financiera, están en una crisis sin precedentes cuya magnitud se compara con aquella de la década de 1930. Esta crisis es múltiple: de confianza, de excesivo endeudamiento, de sustentabilidad fiscal, de desempleo, de representatividad, liderazgo político y de visión estratégica.

Hoy pasan cosas que antes eran impensables: las agencias clasificadoras de riesgo rebajan el grado creditico “premio” (AAA) de los bonos de Estados Unidos, hasta hace poco, refugio seguro ante cualquier crisis; revisiones estadísticas recientes indican que las cifras del Producto Interno Bruto de EE.UU de los años pasados estaban sobre estimadas, exagerando la recuperación post-crisis del 2007-2009. Aun más dramático, las luchas políticas parroquiales entre republicanos y demócratas estuvieron a punto de llevar a la cesación de pagos del estado norteamericanos, lo que hubiera creado una crisis nacional y global de proporciones insospechadas, al no acordar en forma temprana un aumento al límite de deuda del fisco. En Europa las cosas no están mucho mejor. El viejo continente está embarcado, desde hace más de una década, en el ambicioso proyecto de integración monetaria y política, del Euro y la Unión Europea. Hoy este proyecto está en crisis.

Las bolsas están volátiles y economías periféricas como Grecia, Irlanda, Portugal tienen niveles de deuda que, en sus actuales términos, los mercados descuentan como prácticamente impagables. Estas economías Europeas altamente endeudadas se han embarcado en programas recesivos de ajuste con el FMI --pagando un alto costo social y político interno -- y han debido acudir, para evitar una cesación de pagos, a sucesivos rescates financieras por parte de los gobiernos Europeos apoyados por el Banco Central Europeo. También hay dudas sobre la capacidad de pagos de las deudas de España e Italia. Un rescate financiero de estas economías de significativo tamaño excedería la actual capacidad de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (EFSF en ingles), el fondo de rescate del Euro creado por los países de la Unión Europea.

La crisis de liderazgo

La crisis actual en ambos lados del Atlántico es también una crisis de liderazgo intelectual y político. La clase política en Estados Unidos está, en gran medida, jugando sus cartas con vista a las próximas elecciones presidenciales del 2012. Por ende la elite política norteamericana presta insuficiente atención a los problemas que preocupan hoy a los ciudadanos: como volver a crecer, tener empleo, depender menos del crédito, sanear las finanzas públicas, garantizar la paz en el mundo. Desafortunadamente y como reflejo de lo disfuncional que se ha vuelto el sistema político de EE.UU, la “solución” a la crisis fiscal impuesta por los republicanos y aceptada por el Presidente Barack Obama pone todo el peso del ajuste en la reducción del gasto público y en la compresión de los beneficios sociales de la población pobre. Los legisladores republicanos y la elite económica que los financia y apoya han desarrollado una resistencia pertinaz a subir los impuestos a las familias con ingresos anuales superiores a los 250.000 dólares. Como lo han hecho ver calificados observadores como Paul Krugman y Joseph Stiglitz (ambos premios Nobeles de Economía) esta receta de ajuste fiscal unilateral (nada por el lado de los impuestos) es un ticket para el estancamiento prolongado y para hacer más difícil la reducción del sobre-endeudamiento del estado, las familias y las empresas norteamericanas. Por otra parte, las frustraciones de la población con las deudas, la falta de empleo y la inseguridad económica han hecho surgir una derecha muy radicalizada expresada en el Tea Party con posiciones conservadoras que arrastran al resto del partido republicano.

En Europa, la línea oficial en materias económicas de la EU es la austeridad para defender el Euro y restablecer el equilibrio de las finanzas públicas. Un caso peculiar es el de Reino Unido, país que no está en el área Euro y que bajo el Primer Ministro conservador David Cameron ha centrado sus esfuerzos en la austeridad fiscal, el alza de las matriculas en las universidades inglesas y el ataque al estado de bienestar. Lo anterior ha sido seguido por resistencia social y por recientes estallidos de violencia en Londres, Manchester, Birmingham y otras ciudades inglesas. El camino de la austeridad (que recae principalmente en los sectores medios y populares) en Europa seguramente postergará la recuperación del crecimiento, la reducción del desempleo y amplificará las enormes tensiones sociales que se han incubado en Europa. Políticamente, la mayoría de los países ha hecho un giro electoral a la derecha y van ganado fuerza grupos más extremos que son culturalmente intolerantes, anti-inmigración y xenófobos. Por otro lado el cuerpo social se ha reactivado. El movimiento de los indignados en España, país asolado por una tasa de desempleo promedio de 22 por ciento y de desempleo juvenil mucho más alta, muestra que la gente, antes lo llamábamos las masas, están despertando ante las fuertes tensiones que ocasiona la actual crisis sobre el tejido social, la falta de representatividad del sistema político y las políticas públicas que benefician principalmente a las elites.

La falta de liderazgo intelectual sobre cómo darle una salida a la actual crisis que afecta al corazón del sistema capitalista global no solo se da a nivel de los gobiernos nacionales y mecanismos regionales. Las instituciones financieras globales están también afectadas por una crisis de ideas y de legitimidad. El caso del FMI es sintomático. En Mayo de este año el Fondo enfrentó la renuncia, enviada desde una cárcel en Nueva York, de su máxima autoridad, el Director-Gerente Dominique Strauss-Kahn, por un escándalo de agresión sexual. Una institución así, que además ha sido incapaz de anticipar y solucionar las más de 100 crisis financieras ocurridas en las últimas tres décadas en el mundo en desarrollo y desarrollado, claramente no tiene fuerza intelectual, ni credibilidad moral y técnica para establecer una guía de navegación creíble para guiar una salida a la actual crisis. Sus programas de ajuste en los países de la Europa periférica son bastante tradicionales y hacen recaer el costo de la reestructuración económica en los trabajadores y la clase media, protegiendo a los bancos y las elites que llevaron a las crisis. Una cierta autocritica se ha desarrollado, sin embargo, dentro del FMI: su Oficina Independiente de Evaluación emitió a inicios del 2011 un informe lapidario sobre la incapacidad de la institución de anticipar la crisis financiera del 2008-2009 a pesar de los amplios recursos humanos y financieros a su disposición. Este informe apunta, entre otras causas, a la falta de enfoques analíticos inadecuados y a una cultura interna cerrada a ideas renovadas y autónomas provenientes desde fuera del Fondo. Habría que agregar a este informe que la estructura de poder dominante del Fondo, con EE.UU a la cabeza, hacen difícil esta renovación y autonomía.

Escenarios posibles y riesgos sistémicos

La actual crisis y volatilidad en las economías avanzadas ha creado una situación muy incierta. Varios escenarios son posibles. Un primer escenario posible es la perdida, a mediano plazo, de la hegemonía monetaria y financiera de Estados Unidos. En efecto hoy el dólar es una moneda debilitada por el persistente déficit externo y fiscal de Estados Unidos y por la incertidumbre de los mercados en la capacidad de sus autoridades de enfrentar la actual crisis. Es interesante notar, que casi no existen precedentes históricos en que un país cuya moneda sea la moneda de reserva para las transacciones internacionales sea al mismo tiempo una economía altamente endeudada con el resto del mundo. Por cuánto tiempo mantendrá Estados Unidos el privilegio de poder emitir la moneda con la cual están denominadas sus deudas? Asimismo la reciente degradación del estatus de “acreedor premio” para los bonos del gobierno Estadounidense es otra señal que su hegemonía financiera puede llegar a su fin. También Europa se debate entre la mantención, la desaparición o eventual contracción del área Euro si algunas de sus economías abandonan la moneda común. El fin del Euro, o su reducción a una moneda de escaso alcance, sería un golpe muy fuerte para el proyecto de integración de la Unión Europea y su influencia disminuiría como actor relevante en la escala mundial.

Es probable que las economías de ambos lados del Atlántico terminen en un equilibrio de estancamiento, desempleo, crisis social y parálisis política. Algo similar, en varios aspectos, a Japón en las décadas de los 1990s y 2000s. En Estados Unidos uno de los legados de la crisis del 2008-2009 y de los dos periodos de Busch y sus déficits fiscales es que hay pocos instrumentos para una reactivación creíble. Una política monetaria expansiva con bajas tasas de interés puede evitar una depresión de los precios de activos pero difícilmente será la vía para la recuperación del crecimiento. Por otra parte, los limites fiscales y políticos para una expansión del gasto público también disminuyen el arsenal de instrumentos para reactivar la economía. Un dólar débil que estimule las exportaciones puede ser la única salida para volver a crecer aunque crea otros problemas. En Europa, como ya hemos indicado, las políticas de austeridad y la ausencia de un mecanismo de depreciación del euro tampoco auguran una recuperación económica vigorosa. Asimismo, es difícil que la inversión privada, mágicamente, se reactive en un escenario de débil demanda interna e incertidumbre.

El balance entre economías desarrolladas y mundo en desarrollo

En 1990 el 80 por ciento del PIB mundial lo generaban las economías avanzadas (el 20 por ciento el mundo en desarrollo). En el 2010, dos décadas después, solo el 60 por ciento del producto mundial lo generan las economías avanzadas. En contraste la contribución del mundo en desarrollo casi se ha duplicado, alcanzando el 40 por ciento del producto global. Las proyecciones de la OECD son que para el 2020 el mundo en desarrollo superará en importancia económica (aporte al PIB global) al mundo hoy llamado desarrollado. Este realineamiento de la importancia económica de economías en desarrollo y economías avanzadas es un cambio sistémico de primera magnitud. Este sigue la rápida expansión de China, la India y otros países y regiones en desarrollo en las últimas décadas. La actual crisis de las economías atlánticas solo acentuaran estas tendencias. Nos acercamos así a un mundo multi-polar en lo económico y geopolítico. Es posible que si China declara la convertibilidad internacional de su moneda, el Yuan, empiece a competir con el dólar como monda internacional de reserva en el mediano plazo, compitiendo con el euro (si este aún subsiste) y el yen Japonés. Estas sustituciones de monedas de reserva han ocurrido históricamente, como sucedió en las primeras décadas del siglo XX con la sustitución de la libra esterlina por el dólar. Por otra parte es probable que las exportaciones ya no sigan siendo el motor del crecimiento en China e India, dado el lento crecimiento del mundo desarrollado. Para seguir creciendo China e India requerirán de una expansión del mercado interno y una reducción de la desigualdad para incentivar el gasto genuino (no basado en deuda) de los grupos pobres y medios y así compensar el menor dinamismo exportador.

El potencial del comercio sur-sur ya es una realidad y le permite al mundo emergente seguir creciendo a pesar del estancamiento en el norte. La expansión de las relaciones económicas y la movilidad internacional en el “sur–global” se ha extendido también a la inversión extranjera directa y a las migraciones internacionales. Esto trae cambios geopolíticos y crecientes demandas por una nueva arquitectura institucional y financiera internacional y regional que refleje el cambio en la importancia económica de las economías emergentes. Este mundo en desarrollo y emergente hoy exige una mayor influencia en las decisiones internacionales de diversa índole. Hay importantes desafíos globales pendientes: la reducción de la desigualad económica entre países y al interior de las naciones, la disminución del sobre-endeudamiento global, el restablecimiento de la estabilidad financiera, el cambio climático, la reducción de la pobreza y las hambrunas, el fortalecimiento de la protección y la cohesión social y la democracia global.

El Escenario Internacional y sus efectos sobre Chile

Como puede afectar el actual escenario a la economía Chilena? Estamos los “tigres de América Latina” inmunes y blindados a la turbulencias y los desequilibrios de la economía internacional? No es claro. Cuando caen las bolsas en el mundo también caen en Chile como se ha podido observar recientemente. Esto afecta el ahorro de la población a través del valor de los fondos de las AFP. Chile no pudo evitar el 2009 una recesión al igual que el resto de América Latina y el mundo a pesar de tener ahorros fiscales y usar políticas contra-cíclicas. Por el lado positivo, el país experimenta un crecimiento respetable y cuenta con flexibilidad cambiaria y recursos fiscales aunque esto no es garantía que seamos inmunes a la turbulencia internacional y los graves problemas del mundo capitalista desarrollado. La crisis actual es, en gran medida, la consecuencia de las políticas publicas seguidas en la era neoliberal caracterizadas por la desregulación financiera, la irresponsabilidad fiscal, el sobre-endeudamiento, todo esto acompañado de un poder desproporcionado de las elites financieras y económicas a costa de postergar las necesidades y aspiraciones de las clases medias y trabajadoras y la ampliación de la democracia. Los efectos muy nocivos de este modelo de economía y sociedad los estamos viendo hoy con gran fuerza no solo en el mundo desarrollado sino en otras partes del mundo también.