22/2/12

Costa Rica: Dominación sin hegemonía (+ Video)

José Merino del Río 

Ni remotamente pretendo ser original.

Hace más de ochenta años un hombre todavía joven, comunista italiano, Antonio Gramsci, "un cerebro que hay que paralizar" como había dicho Mussolini, desde las cárceles del fascismo escribió una de las obras más extraordinarias de la historia del pensamiento revolucionario y del marxismo: Cuadernos de la cárcel.
Video: Paisajes y música de Costa Rica

Por eso Gramsci es un clásico y grave error comete el que pretende apresuradamente enterrar a los clásicos. Siempre resucitan ante la cólera o el asombro de sus enterradores, siempre podemos dialogar con ellos, siempre tienen algo que enseñarnos.

Más en estos tiempos, cuando después de anunciarnos la muerte de las ideologías y el fin de la historia, de tantas traiciones, deserciones y arrepentimientos ideológicos, las viejas y siempre vigentes ideas que nos hablan de verdades y de luchas inagotables salen de nuevo poderosas y airosas de las tormentas de la historia.

Leyendo de nuevo a Gramsci y a otros grandes intelectuales marxistas coetáneos que tratan de comprender lo que pasa en nuestras sociedades capitalistas en crisis, me encontré con esta idea de la dominación sin hegemonía, y me pareció que podía ayudarnos a entender mejor lo que ocurre en Costa Rica.

Después de los años cuarenta y hasta finales del siglo pasado se constituyó en nuestro país un bloque de poder, que construyó su dominación con un amplio consenso de la sociedad, por su capacidad de impulsar en la sociedad políticas en una dirección que no sólo servía a sus intereses, sino que también beneficiaba a amplios sectores de las clases subordinadas. A esa capacidad de gobernar siempre con la fuerza que está implícita en la lógica del sistema, pero sin violencia abierta le llamaba Gramsci hegemonía, que no entendía únicamente como superioridad cultural que conduce al consentimiento político, sino también el momento de la dominación social clasista que siempre acompaña a este consentimiento.

Claro que hay que recordar que esa hegemonía se impuso después de reprimir e ilegalizar durante 27 años al Partido Comunista y a los sectores más organizados y combativos del movimiento obrero y popular, y en el clima de la Guerra Fría y de sus alineamientos.

Fueron largas décadas de dominación con hegemonía.

Colocar fechas fijas es siempre un tanto arbitrario, pero podríamos decir que la crisis de esa hegemonía empezó a agrietarse durante las luchas contra el Combo del ICE. Por primera vez desde la fundación de la Segunda República, un proyecto de ley que había sido aprobado en primer debate con una amplísima mayoría en la Asamblea Legislativa, fue derrotado en las calles por un levantamiento popular que durante 17 días prácticamente paralizó al país. Algo se había roto e iba a ser imposible coserlo en el futuro, a lo sumo tratarían de ponerle remiendos pasajeros.

El bloque en el poder seguía dominando, ganando elecciones e imponiendo sus políticas, pero iría perdiendo lentamente la hegemonía. Vencían pero no convencían. La desconfianza y el descrédito de las instituciones del sistema van a crecer paulatinamente y no van a salir del pozo.

El TLC fue otro hito en ese proceso de descomposición y desgaste. Ganaron recurriendo al terror psicológico, a la mentira, al miedo, en un fraude que se fraguó antes de que la ciudadanía depositara su voto en las urnas. Antes Arias había dado el golpe de la reelección y había ganado una presidencia acompañada de denuncias y sospechas de fraude por parte de un amplio sector de la sociedad.

Hoy dominan sin hegemonía. Ni quieren ni pueden llevar a cabo políticas que beneficien a las mayorías, como se constata con el crecimiento de la desigualdad social, de la pobreza y de la corrupción.

Está abierto desde hace tiempo un período de conflictos y de lucha que se podría prolongar mucho tiempo, ahondando la crisis y el progresivo uso del autoritarismo y de la violencia para mantener la dominación, pero que también podría encontrar salidas para la constitución de un nuevo bloque de poder de signo popular y democrático en capacidad de ganarse la adhesión de las mayorías y abrir otra alternativa para Costa Rica.

Ese terreno es el que estamos pisando, donde el camino de esperanza sólo se puede construir desde una lucha y una voluntad política, con un saber crítico orientado hacia el cambio y capaz de oponerse a la dominación y al saber del antagonista, ese bloque con más grietas cada día y con más tentación de recurrir a la violencia.

José Merino del Río, ex diputado, Presidente del Partido Frente Amplio
http://www.elpais.cr/frontend/noticia_detalle/3/62804