3/2/12

Colonialismo chileno contra los mapuches

“Si hubiera sido un natural, entonces ¡sí que lo habrían tomado preso y lo habrían azotado!”. Una rápida mirada general al colonialismo chileno contra los mapuches

Claudio Alvarado Lincopi *

Imaginarias intertextualidades entre Marx, Fanon y Carileu

Karl Marx en El Capital analiza la etapa denominada acumulación originaria, que “no es más que el proceso histórico de disociación entre el productor y los medios de producción”(1), es decir cuando las poblaciones rurales son despojadas de sus tierras, las cuales son controladas ahora por nuevos terratenientes, quienes utilizan a los campesinos expropiados como fuerza de trabajo. Este proceso de expropiación, señala Marx, se nos pretende explicar como una anécdota en donde “había, de una parte, una minoría trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más”(2), pero “sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato; la violencia, en una palabra. En la dulce economía política, por el contrario, ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento la ley y el ‘trabajo’, exceptuando siempre, naturalmente, ‘el año en curso’. Pero, en la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos”(3).

Franz Fanon, en su libro Los Condenados de la Tierra, escribe “para el pueblo colonizado, el valor más esencial, por ser el más concreto, es primordialmente la tierra: la tierra que debe asegurar el pan y, por supuesto, la dignidad. Pero esa dignidad no tiene nada que ver con la dignidad de la ‘persona humana’. Esa persona humana ideal de la que jamás ha oído hablar. Lo que el colonizado ha visto en su tierra es que podían arrestarle, golpearle, hacerle morir de hambre hambrearlo impunemente; y ningún profesor de moral, ningún cura, vino jamás a recibir los golpes en su lugar ni a compartir con él su pan”(4)

El longko Lorenzo Carileu, según la trascripción de Aurelio Díaz Meza del trawün de Koz Koz de 1907, señala “una vez Rafael Mera me hizo un cerco en Quilche; quería quitarme un retazo de tierra en que yo tenía un manzanal. Un mocetón me avisó luego y yo fui más tarde con quince mocetones e hice pedazos el cerco. Dos días después, Mera levantó otra vez el cerco y yo volví a hacerlo pedazos y me llevé las varas a pegual hasta bien lejos”.

El longko se dirigió a los órganos del Estado chileno, ahí le dieron un papel, seguro un título de merced, con el cual supuestamente no le podrían usurpar su territorio ya reducido, luego continúa, “yo tenía el papel bien guardado y una vez Rafael Mera me encontró en el camino y me dijo que me iba a quitar con los gendarmes el terreno. Yo saqué el papel y se lo mostré; él entonces leyó el papel, se lo echó al bolsillo, le picó al caballo y arrancó. Yo le seguí, pero él se juntó con unos mozos y me amenazó con el revólver si yo lo seguía. Me dijo que no me entregaba más el papel. ¡Eii! Desde entonces no lo he podido encontrar nunca solo. Ahora me quiere quitar otros terrenos y no me deja trabajar”, luego reclama frente a la justicia chilena, “ya hemos visto que para nosotros, los naturales, no hay Justicia. Vamos a Valdivia, allá estamos diez, quince días, sin poder hablar con nadie porque todos dicen que somos cargosos. Y al último, cuando reclamamos, por más buena voluntad que tenga el caballero Protector de Indígenas o el Promotor Fiscal, todo queda en nada en el juzgado. Nos piden testigos, llevamos los testigos, pagamos intérpretes, fuera de lo que hay que pagarle al secretario y al último dicen que nuestros testigos no sirven. ¡Ni pagando encontramos Justicia nosotros! Ramón Jaramillo me ha quitado muchos terrenos; me mató dos mocetones, me ha quitado animales; ha sembrado barbechos míos; me ha quemado cercos y roces. ¿Qué le han hecho? Si hubiera sido un natural, entonces ¡sí que lo habrían tomado preso y lo habrían azotado!”(5)

Desde la autonomía al colonialismo

La situación mapuche, y si molesta al lector mejor aún, es una situación colonial. Un pueblo-nación, entendiéndolo como una comunidad histórica, sin la posibilidad de la autodeterminación, con un territorio cercado y cruzado por empresas capitalistas, es por donde se le mire un pueblo oprimido, que no puede decidir sobre su territorialidad, y aún más, debe luchar, con consecuencias de muerte y encarcelamiento, por intentar hacer valer su voz sobre su propio territorio. ¿Sobre su propio territorio? Preguntará algún despistado. Hagamos un poco de historia.

Todo militante mapuche sabe que sus abuelos lucharon, hace ya bastante tiempo, por mantener un espacio de control político, económico y cultural, contra la corona española. Corría el año 371 antes del hoy, cuando el imperio español, luego de haber avanzado kilómetros dejando un enorme río de sangre, se vio en la obligación de firmar un tratado de paz con unos indios maloqueros. Obligado después de 100 años de cruda y desgastante guerra contra colonial. Ese tratado dejó firmada la independencia desde el rio Bio-Bio al sur para los mapuche, y si no me cree solo visite, ni más ni menos, “La Gran Colección de tratados de paz, alianza neutralidad, garantía, etc., etc., hechos por los pueblos, reyes y príncipes de España con los pueblos, reyes y príncipes de Europa y otras partes del mundo (1598 – 1700)”. Es decir, en volúmenes que recuerdan tratados internacionales de la corona española, sí, leyó bien, internacionales, no acuerdos entre un Estado y sus indígenas, sino tratados entre pueblos iguales para mantener la paz.

De este hecho histórico para nuestro pueblo, pasaron 250 años de independencia política y jurídica, en donde eran las autoridades tradicionales mapuche, o muchas veces, y por qué esconderlo (¿qué pueblo no tiene problemas internos?), por medio de hechos de violencia, se resolvían los desacuerdos entre mapuche. Así también se mantuvieron grandes rutas comerciales que permitían llevar ganado principalmente, desde Buenos Aires hasta Concepción. En fin, todo un entramado organizativo, que permitió el desarrollo autónomo del pueblo mapuche, con su propia institucionalidad bajo la relación política, económica, cultural y militar de extensas unidades territoriales (wixan mapu).

Pero el tránsito histórico del capitalismo no quedó ahí. Si bien bajo el desarrollo de la primera fase acumulativa del capital se podían permitir extensas zonas que mantenían relaciones sociales no capitalistas (como fue el caso del Wallmapu), con la arremetida industrializadora del siglo XIX, combinada con el desarrollo histórico de los Estados modernos, más una ideología civilizatoria y darwinista, se crearon las condiciones para la segunda arremetida colonizadora. Estados Unidos hizo lo propio en “su” “lejano oeste”, India y África quedaba en manos de la Europa colonizadora y en América Latina se daba paso a lo que Cardoso y Pérez denominan “Colonización de ‘áreas vacias’”(6).

En territorio mapuche, lo anterior significó el avance de las tropas de los ejércitos chileno y argentino, empresas que orquestaron sus oligarquías correspondientes, y que a contrapelo de discursos oficiales, no costó “mucho mosto y poca pólvora”, como versara el militar chileno Cornelio Saavedra, sino que desempeñó un gran papel “la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato”.

La expansión territorial de los Estados y el capital generaron nuevas condiciones materiales y políticas, que afectaron la realidad mapuche. Por un lado, se quedó reducido a un 5% del territorio histórico, provocando así un empobrecimiento endémico, que se tradujo, y hasta el día de hoy, en altas tasas de migración a los centros de irradiación capitalista en busca de trabajo, que la mayoría de las veces fueron y son de los más precarios. Y por otro lado, se eliminó la capacidad de autodeterminación por medio de la instauración de un nuevo régimen político y administrativo.

En otras palabras, el desarrollo histórico que se llevó a cabo durante 250 años, al sur del Bio-Bio, se vio truncado por una invasión militar, con afanes capitalistas y geopolíticos de Estado, provocando nuevos tipos de relaciones sociales, por un lado, a nivel económico, una relación de explotación, entendiendo ésta como la usurpación de la producción de la fuerza de trabajo tanto en el campo, como en la ciudad, por algún propietario de los medios productivos, hecho que no es particular, sino estructural cuando gran parte de la población colonizada es parte, desde distintas modalidades y funciones, de la masa explotada, y por lado, a nivel político, una relación de dominación desde el Estado al pueblo colonizado, en tanto existe un impedimento para efectuar en la práctica los derechos colectivos que, como todo pueblo, tiene derecho a ejercer.

En suma, durante el tercer tercio del siglo XIX y principios del XX, se generó en Wallmapu un proceso de acumulación originaria, diría Marx, que permitió el establecimiento de empresas capitalistas en la zona, y conjunto a ellas, un armazón burocrático de Estado que configuró nuevas correlaciones de fuerzas en favor de la emergente burguesía agraria. En su contraparte, además de aparecer una clase obrera en la “Araucanía”, y otras formas de explotación como el peonaje, los inquilinos, los jornaleros, e incluso colonos pobres que terminaron, la gran mayoría, engrosando las filas de asalariados, se generó una relación de tipo colonial, que hizo de los recientes despojados, un sector social relegado y empobrecido en una estructura social profundamente racista y clasista, que el longko Carileu resume de manera notable cuando dice, en el texto ya citado, “¡Ni pagando encontramos Justicia nosotros! Ramón Jaramillo me ha quitado muchos terrenos; me mató dos mocetones, me ha quitado animales; ha sembrado barbechos míos; me ha quemado cercos y roces. ¿Qué le han hecho? Si hubiera sido un natural, entonces ¡sí que lo habrían tomado preso y lo habrían azotado!”.

Desde lo social a lo social, político y nacional

En las palabras anteriores intentamos establecer un marco general del comienzo de la historia contemporánea del pueblo mapuche. Ahora bien, el desarrollo histórico-político de aquello ha bifurcado por distintas aguas durante el siglo XX, generando experiencias organizativas de toda índole desde 1910 con el surgimiento de la Sociedad Caupolicán, aunque siempre manteniendo una idea de comunidad histórica y/o muchas veces de comunidad de destino. Estas experiencias organizativas al menos hasta la década de 1980 se establecieron mediante cercanías ideológicas o tácticas con la amplia gama política chilena, desde el Partido Conservador hasta el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, cuestión que se ha intentado explicar considerando una perspectiva de pueblo, más que de clase. Ahora bien, esta explicación desconoce el desarrollo histórico interno del pueblo mapuche, que ha permitido la existencia de un proto empresariado, como de una emergente clase media ilustrada, lo que permitiría entender las cercanías con sectores políticos vinculados con el desarrollo capitalista en Chile. Así también desconoce que en momentos que las polaridades ideológicas se han marcado profundamente en la historia política en Chile, la sociedad mapuche ha volcado su politicidad en conjunto con los sectores explotados chilenos, ya que la hegemonía política mapuche conservadora se mantuvo hasta fines de la década del 50’, mientras que en la siguiente década se volcó a la generación de la Reforma Agraria, con ciertos grados de pertinencia histórica al considerar no solo la consigna de “la tierra para quien la trabaja”, sino también “a recuperar la tierra”.

Más allá de lo anterior, bajo la dictadura cívico-militar de Pinochet, ocurrieron sucesos ideológicos profundamente interesantes al interior del movimiento mapuche, en ese contexto liderados por la organización Ad Mapu, que permitieron generar las bases, aún en construcción, del salto desde un movimientos social, a un movimientos social, político con características nacionales, lo cual se valió de la experiencia política acumulada desde 1910, como también, obviamente, de la cotidianidad que ha tenido que vivir la sociedad mapuche desde la invasión colonial.

Este desarrollo ideológico y político permitió posicionar conceptos como el de autodeterminación y territorio, es decir la lucha, bajo esta estrategia, debería apuntar no solo a recuperar la tierra con fines de la superación de la pobreza, sino además para poder generar las bases de la reconstrucción nacional mapuche, bajo una política autónoma. Considerando que durante el siglo XX las vinculaciones con distintos sectores de la política chilena, no había funcionado más que de manera subordinada, y la población mapuche utilizada no más que como electorado, o vista, por algunos sectores de izquierda dogmática, como campesinos o como pequeña burguesía agraria, considerando la pequeña tenencia de tierra que dejó el proceso de reducción.

Este nuevo pensamiento mapuche, como toda corriente política, ha contenido variadas lecturas tácticas de cómo llevar en acción el proceso, desde posicionamientos, al menos discursivos, alejados completamente de la institucionalidad estatal, hasta sectores que por intermedio de aquella institucionalidad, además de instrumentos jurídicos internacionales, pretenden alcanzar mayores grados de participación y resolución política. Las diferencias se expresan también a nivel étnico, cuando existen sectores, minoritarios esperamos muchos, que interpretan a lo winka como el problema, no diferenciando la clase dominante de los oprimidos chilenos. También las diferencias se expresan en torno al espacio de acción político, es decir si solo la ruralidad debe contener al movimiento mapuche, o se debe generar la relación rural-urbano, con fines de ampliar la masa movilizada, además de concebir un territorio más amplio que contenga también las ciudades que se encuentren dentro del Wallmapu.

De esquizofrenia, terrorismo, movimiento social y azotes

Hace algunos días el Ministro del Interior, dando cuenta de su esquizofrenia, que si fuera un mortal cualquiera ya lo tendría confinado en algún psiquiátrico, acusó por los incendios de Carahue a los mapuche. La acusación pone en evidencia varias cuestiones, en primer término, que para los poderosos los mapuche son el nuevo enemigo interno, tal como era la izquierda revolucionaria en los 90’. La cara del poder necesita de “maldadosos”, porque así también continúan justificando su monopolio de la violencia legítima para el control de las plagas subversivas. Más viejo que el hilo negro. También permitió conocer la rapidez de reacción del movimiento de masas mapuche, de sus organizaciones, de su prensa, de sus comentaristas, de sus abogados y dirigentes, bajo un ataque comunicacional y político del poder. Además vuelve a dar cuenta de la solidaridad que mantiene la sociedad chilena de pie, para con el pueblo mapuche. Y quizás lo más importante, ahora existe una base social de contención, que bajo la amenaza esquizofrénica de los señores acomodados de utilizar la ley antiterrorista contra la población mapuche, alzan la voz para dar cuenta de la injusticia.

Por otro lado, el año recién pasado, se señala por algunos, se vivió un nuevo despertar del movimiento social chileno. Sin duda fueron los estudiantes los principales protagonistas, pero lo interesante es que además de problematizar lo estrictamente educacional, se generaron cuestionamientos a la institucionalidad democrática y al neoliberalismo como sistema económico. Si bien esto aún se encuentra en pañales, sectores de la izquierda chilena han comprendido que la situación mapuche no es un problema menor, y que no se resuelve tan solo con devolver algunos pedazos de tierra, sino que el conflicto es también político, y por cierto económico, y no tan solo social. Esperemos que la anhelada interculturalidad, concepto muy nombrado el año recién pasado, se genere desde abajo, ya que sabemos que la única relación intercultural que nos promete el Estado es folclórica y bajo una tolerancia represiva. La interculturalidad debe ser una con contenido político, una relación entre pueblos con plenos derechos colectivos, lo cual no podrá ser jamás un beneplácito del poder, sino más bien se construirá desde abajo y mirándonos las caras.

En fin, ya terminando, traer por tercera vez a nuestro longko Carileu y su profética frase: “Si hubiera sido un natural, entonces ¡sí que lo habrían tomado preso y lo habrían azotado!”. Aunque profética, desafortunadamente se quedó corto nuestro longko con sus palabras, no solo han sido presos, muchos presos, y azotes, muchos azotes, lo que ha dejado la lucha mapuche, sino también muertes e impunidad.

Los allanamientos continúan… proceso en desarrollo.

Notas

(1) Marx, Karl, Capitulo XXIV La llamada acumulación originaria, El Capital, [en línea: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/eccx86s.htm] Consulta: 08 de Enero del 2011
(2) Ibídem.
(3) Ibídem.
(4) Fanon, Franz, Los Condenados de la Tierra, [en línea: http://www.matxingunea.org/media/pdf/ Fanon_Los_condenados_de_la_tierra_def_web_2.pdf] Consulta: 24 de enero de 2012
(5) Díaz Meza, Aurelio, Araucanía: El Último Parlamento Mapuche de Cozcoz, En Revista Chilena de Literatura. Sección Miscelánea, abril 2010, pp. 217 – 218
(6) Cardoso, Ciro y Pérez, Héctor, Historia económica de América Latina. Economías de exportación y desarrollo capitalista, vol. 2, Ed. Crítica, Barcelona, 1987, pp. 63 – 83

Claudio Alvarado Lincopi es dirigente estudiantil mapuche.

Título original: “Una rápida mirada general al colonialismo chileno contra los mapuches”
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