4/2/12

Algunas novedades gramaticales y ortográficas de la lengua castellana (+ Video)

La Real Academia Española (RAE) ha publicado en todos los países que hablan la lengua española o castellana las nuevas reglas de ortografía. A raíz de esta publicación se han producido múltiples discusiones y debates, y hasta en nuestro blog "La  Página de Omar Montilla" hemos abordado superficialmente la discusión  publicando un artículo sobre el tema.

En esta ocasión tenemos el agrado de presentar a un especialista sobre el tema, y es el profesor costarricense Cristian Fallas Alvarado, quien es filólogo y profesor universitario. Se ha dedicado a la investigación, la colaboración en proyectos lingüísticos y la corrección de textos. También ha colaborado en la traducción (de inglés al español) de algunos textos médicos y ha dado algunos cursos por Internet. Ha trabajado con la Academia Costarricense de la Lengua y la Real Academia Española en la revisión de la «Nueva gramática de la lengua española» (volúmenes de morfología y sintaxis), la «Ortografía de la lengua española», la «Nueva gramática básica de la lengua española», la «Ortografía básica de la lengua española» y la actualización del «Diccionario panhispánico de dudas».

 Especial para Gramscimanía
Cristian Fallas Alvarado                     

Oración principal y oración subordinada según la «Nueva gramática»

Cuando se explica la subordinación, se diferencian la oración principal y la subordinada, lo cual es totalmente común. El problema radica en la delimitación de esas oraciones. En Quiero que me ayude la subordinada está subrayada y tiene un uso sustantivo: se puede sustituir por un pronombre (Quiero eso) y también puede coordinarse con un elemento nominal (Quiero su opinión y que me ayude). Su estructura es la de un grupo conjuntivo (conjunción + término): que + me ayude. También, como las demás subordinadas sustantivas, es argumental (requerida por el significado del verbo), no adjunta.
Video: Mesa Redonda sobre la nueva Ortografía

A veces se explica que, en el primer ejemplo, la oración principal es Quiero, lo cual es tan poco justificado como separar eso y su opinión de Quiero en los ejemplos Quiero eso y Quiero su opinión. Más bien, el pronombre y el grupo nominal son requeridos por el verbo: ambos forman una oración. No hay razón para que cambie el análisis si, en vez de un grupo nominal o un pronombre, aparece una oración subordinada

Ciertamente, hay una oración principal (con azul), que tiene dentro otra oración (incrustada y subrayada) y que está constituida por el enunciado completo: Quiero que me ayude. La oración principal es el enunciado anterior, y la subordinada (con función de complemento directo) está dentro de ella.

Ese análisis no solo es válido para las subordinadas sustantivas, sino también para las subordinadas de relativo, como Los lápices que compré son muy baratos. La oración de relativo, subrayada, está dentro del grupo nominal los lápices que compré. Se analiza, por consiguiente, como cualquier otro modificador: los lápices comprados, los lápices negros, los lápices de madera, etc. El sujeto es Los lápices que compré, grupo nominal constituido por un núcleo (el sustantivo lápices), un modificador (la oración de relativo restrictiva o especificativa que compré) y un determinante (el artículo definido los). Aplicando este análisis, se puede concluir que el antecedente del pronombre relativo que es solamente el sustantivo lápices (no los lápices).

También se incluyen entre las oraciones subordinadas de relativo las encabezadas por los adverbios donde, como y cuando (con antecedente expreso o incorporado), que antes oscilaban entre las subordinadas adverbiales o circunstanciales y las de relativo o adjetivas. Cuando el antecedente no se expresa, sino que que está incorporado o implícito, estas subordinadas equivalen a grupos preposicionales o adverbiales y funcionan como complementos de lugar, modo y tiempo; por ejemplo, en El niño se asustó cuando oyó semejante estruendo la subordinada de relativo, subrayada, funciona como complemento circunstancial (adjunto) de tiempo de se asustó. Equivale a un grupo preposicional: El niño se asustó en el momento en que oyó semejante estruendo; El niño se asustó en ese momento.

Por el contrario, en el resto de las oraciones subordinadas, llamadas tradicionalmente adverbiales (causales, finales, condicionales, ilativas, etc.), la subordinada (con rojo) se identifica separadamente de la principal (con azul): Lo llamé muy temprano para que estuviera listo; Redacté este informe porque me lo solicitaron; Si acepta las condiciones, puede firmar el contrato inmediatamente; etc.

Desde mi punto de vista, no es muy importante separar siempre la oración principal, ya que puede causar mucha confusión o incluso puede cuestionarse, especialmente en el caso de algunas subordinadas adverbiales. Tampoco creo que sea necesario para comprender este tema. Me parece mucho más relevante establecer de cuál elemento sintáctico depende cada subordinada.

Mientras que las causales y las finales pueden ser internas al predicado y, por tanto, constituir complementos de un verbo o grupo verbal, las condicionales, las concesivas y las ilativas no; por ejemplo, en Lo llamé muy temprano para que estuviera listo la subordinada, subrayada, constituye un complemento de finalidad del grupo verbal lo llamé muy temprano; su análisis sería igual a para eso en Lo llamé para eso. También en Redacté este informe porque me lo solicitaron la subordinada es un complemento de causa del grupo verbal redacté este informe; su análisis sería igual a por eso en Redacté este informe por eso. Como se ve, el análisis puede asimilarse al de las oraciones simples. En cambio, en las ilativas, concesivas y condicionales no hay modificación de un predicado; es decir, estas oraciones no son complementos de ningún verbo o grupo verbal. En estos tres últimos casos parece mucho más lógico separar la oración principal que en los otros dos.

Por otra parte, se suman ciertos problemas, como la estructura y la función de algunas de estas oraciones, que pueden considerarse grupos preposicionales o conjuntivos; en otros casos, como en las ilativas, concesivas y condicionales, no es posible establecer una relación con ningún adverbio o complemento circunstancial, ya que no hay adverbios ni complementos de ilación, concesión o condición; incluso se cuestiona si algunas de estas oraciones, como las ilativas, son subordinadas o coordinadas.

Por todo lo mencionado se optó en las tres versiones de la Nueva gramática por el término construcción para referirse a estas y otras estructuras sintácticas (las llamadas tradicionalmente adverbiales): construcciones finales, construcciones causales, construcciones comparativas, construcciones ilativas, etc.

Clases de palabras o partes de la oración según la «Nueva gramática»

Actualmente, se considera que las clases de palabras, partes de la oración o categorías gramaticales son el sustantivo, el adjetivo, el determinante, el pronombre, el verbo, el adverbio, la preposición, la conjunción y la interjección.

Lo anterior no quiere decir que el artículo ha dejado de existir o que tiene otro nombre. Simplemente forma parte de los determinantes. A esta categoría pertenecen también algunos de los demostrativos, cuantificadores, indefinidos, posesivos, interrogativos, exclamativos y relativos. Como se puede ver, los que antes eran llamados adjetivos determinativos ahora pasan a formar parte de los determinantes.

También conviene aclarar que estas categorías gramaticales pertenecen a la sintaxis, no a la morfología, como a veces se ha dicho. La morfología solamente abarca la estructura y la formación de las palabras (morfemas, raíces, afijos, género, número, conjugaciones, etc.).

Complementos con «para» según la «Nueva gramática»

Tradicionalmente, se han considerado complementos indirectos los grupos preposicionales con para: Traje un espejo para María.

Muchas veces se ha mostrado esta relación, que solo es aparente, como se verá a continuación:
Traje un espejo para María = Le traje un espejo

De acuerdo con la equivalencia anterior, para María es sustituido por le.

En español, efectivamente, los pronombres de dativo son le (singular) y les (plural):
Le daré un anillo.
Les entregamos las cartas.
Le comuniqué mi decisión.
Les informé que no asistiría a la celebración.

En estos ejemplos hay un verbo transitivo (con rojo), un complemento directo (con azul) y un complemento indirecto (con verde).

 Ahora bien, si el pronombre singular le se inserta en la oración del primer párrafo, el resultado es el siguiente:
Traje un espejo para María.
Le traje un espejo para María.
Como se puede ver, el pronombre le no se refiere a María, sino a otra persona. No obstante, si se cambia la preposición para por a, el resultado es Le traje un espejo a María. En este ejemplo el pronombre le sí se refiere a María. Por consiguiente, se puede concluir que el complemento indirecto siempre debe construirse con la preposición a y este puede coaparecer en una oración con el pronombre de dativo correspondiente.

Por otro lado, dado que los complementos con para no se ajustan a esa correferencia, se puede concluir que no son indirectos, sino circunstanciales (o adjuntos) de destinatario o beneficiario.

Finalmente, nótese que estos complementos pueden coaparecer en el ejemplo:
Le traje a Juan un espejo para María.

Numerales cardinales en aposición

En un programa de televisión en el que participaban dos colegios se explicó que la construcción la página veintiuno presenta una falta de concordancia. Supuestamente, la forma concordada y la única aceptable es la página veintiuna.

De acuerdo con la explicación dada en el programa, la palabra veintiuno es un determinante que debe concordar en género y número con el sustantivo al que modifica.

Si lo anterior fuera cierto, también el ejemplo considerado correcto tendría una falta de concordancia, puesto que página es un sustantivo singular y veintiuna es un numeral que indica pluralidad. Tendría que decirse, según esto, las páginas veintiuna.

Aunque es posible la concordancia en género: la página veintiuna, similar a la que se presenta con un numeral ordinal: la página segunda / la segunda página, la página vigésima / la vigésima página, no es la más común. En este caso, el cardinal se asemeja a un ordinal; pero nótese que, mientras son posibles la segunda página y la vigésima página, no son posibles *la dos página ni *la veinte página. Sí son posibles los cardinales antepuestos cuando se habla de aniversarios: el treinta aniversario.

Los numerales cardinales son determinantes únicamente cuando se anteponen al sustantivo: una página, dos páginas; un libro, dos libros; veintiún libros, veintiuna páginas; etc. En estos casos hay plena concordancia:
una (femenino e indica unidad) página (femenino singular)
un (masculino e indica unidad) libro (masculino singular)
veintiún (masculino e indica pluralidad) libros (masculino plural)
veintiuna (femenino e indica pluralidad) páginas (femenino plural)

En el caso de la página veintiuno, el numeral no es un determinante ni un adjetivo, ya que no se presenta la concordancia anterior. Más bien, esto nos indica que el numeral es un sustantivo en aposición al sustantivo página. Esta estructura es similar a la que se obtiene en el número veintiuno, donde el numeral es un sustantivo en aposición al sustantivo número. Incluso es posible interponer el sustantivo número entre página y veintiuno: la página número veintiuno. Si se elide el sustantivo nuclear página, se dirá comúnmente la veintiuno (la veintiuna). Estas estructuras son las que se presentan en aposiciones especificativas como el día martes, la letra a, etc.

En los ejemplos anteriores el numeral es masculino y singular porque constituye el nombre del número correspondiente: el nombre de 21 es veintiuno, así como el nombre de 1 es uno; el de 2, dos; etc.

Por otra parte, nótese que, si se usa el numeral simple uno, lo normal es la página uno y no la página una. Si se elide el núcleo, se dirá la uno, no la una. No hay razón para que los demás numerales compuestos con uno cambien: la página veintiuno / treinta y uno / ciento uno / mil uno... En otras aposiciones se presenta la misma solución: la posición 1 / 21, la opción 1 / 21, la canción 1 / 21, que se leen normalmente así: la posición uno / veintiuno, la opción uno / veintiuno, la canción uno / veintiuno.

Finalmente, cabe mencionar que tanto el Diccionario panhispánico de dudas  como la Nueva gramática de la lengua española (versión en dos volúmenes y versión manual) explican este tipo de estructuras, que son gramaticales y correctas.

Verbos pronominales según la «Nueva gramática»

Hay verbos que se conjugan siempre con un pronombre reflexivo átono, como arrepentirse: me arrepiento, te arrepientes, te arrepentís, se arrepiente, etc. Otros se construyen con este tipo de pronombres en ciertas ocasiones: despertar / despertarse, levantar / levantarse, preocupar / preocuparse, etc.

En estos casos el pronombre átono concuerda en número y persona con el sujeto: Yo (primera persona singular) me (primera persona singular) arrepiento; pero no desempeña ninguna función sintáctica, es decir, no es argumental, sino que es un morfema que forma parte del verbo (el infinitivo incluye el pronombre: arrepentirse, despertarse, levantarse, preocuparse, etc.). Este se denomina, por tanto, pronominal y es intransitivo. De hecho, muchísimos verbos transitivos se convierten en intransitivos cuando se usan como pronominales.

No debe confundirse esta construcción con las oraciones transitivas reflexivas, como (Yo) me bañé temprano. En ellas el pronombre átono sí es argumental y desempeña la función de complemento directo; además, el verbo tiene interpretación activa: X bañó a Y. El verbo sigue siendo bañar, no bañarse. En las reflexivas el sujeto y el complemento coinciden, lo cual quiere decir que X baña a X (= la persona que baña y la persona bañada son la misma). Esta interpretación no es posible con los verbos pronominales.
También, en las oraciones transitivas reflexivas, es posible duplicar el complemento directo (con la preposición a): Me baño a mí mismo, lo cual no es posible con los verbos pronominales: *Me preocupo a mí mismo; *Me levanto a mí mismo; *Me despierto a mí mismo; etc. Algunos de estos, en cambio, pueden combinarse con grupos sintácticos encabezados por la preposición por: Me levanté por mí mismo; Se despertó por sí solo.

Compárense las construcciones siguientes:
Juan despertó a su hija (verbo transitivo: despertar)
Su hija se despertó (verbo pronominal: despertarse)
Juan levantó a su hijo (verbo transitivo: levantar)
Su hijo se levantó (verbo pronominal: levantarse)
Juan preocupó a su madre (verbo transitivo: preocupar)
Su madre se preocupó (verbo pronominal: preocuparse)

Los verbos pronominales que expresan cambios de estado (físico o anímico, de lugar o posición, de consistencia, de reacción, etc.), como los mencionados en los ejemplos anteriores y la gran mayoría de los que existen en español, forman oraciones o construcciones medias, que se distinguen por que el sujeto no es agente (no tiene control sobre lo que expresa el verbo), sino que experimenta un proceso (le ocurre algo).

Otros ejemplos de oraciones medias con verbos pronominales:
La puerta se cerró.
La ropa no se ha secado.
Esas camisas se destiñen fácilmente.
El tren se volcó.

Si el contexto permite interpretar que hay un agente controlador de lo que expresa el verbo, la oración se considera pasiva refleja: La puerta se cerró para evitar el ruido. En este ejemplo se entiende que alguien (agente) cerró la puerta para evitar el ruido.

También se consideran medias las oraciones construidas con verbos intransitivos no pronominales de cambios de estado, como Juan engordó; Su situación no mejora; Hemos envejecido.

Determinantes, adjetivos y pronombres según la «Nueva gramática»

Actualmente, se diferencian los determinantes de los adjetivos y los pronombres. Esto quiere decir que son tres categorías gramaticales distintas.

Los determinantes constituyen una clase cerrada de palabras, es decir, no surgen determinantes como surgen adjetivos o sustantivos en cualquier momento. Se caracterizan por que siempre preceden al sustantivo o al grupo nominal (sustantivo + modificadores y complementos) y permiten que estos constituyan expresiones referenciales y sean argumentos (constituyentes sintácticos requeridos), específicamente sujetos preverbales.

En estos ejemplos se nota que los determinantes permiten que el grupo nominal funcione como sujeto preverbal:
*Casa es muy antigua
La / Esta / Nuestra / Una casa es muy antigua

En estos otros ejemplos se nota que los determinantes modifican grupos nominales (encorchetados):
la / esta / una [bella casa]
la / esta / una [bella casa antigua]
la / esta / una [bella casa antigua de tu padre]
la / esta / una [bella casa antigua que se quemó el mes pasado]

Como se puede ver, los determinantes no modifican solamente a los sustantivos, sino también a elementos mayores. Los determinantes y los grupos nominales que los siguen también forman grupos nominales: [la / esta / una bella casa], etc.

Si el determinante se pospone al sustantivo, cambia su categoría gramatical y se comporta como un adjetivo; si el determinante no está seguido de un sustantivo, pero este se sobrentiende, aquel se considera pronombre.
1. Esta casa es muy antigua (determinante)
2. La casa esta es muy antigua (determinante-adjetivo)
3. Esta es muy antigua (pronombre)
4. Su casa es muy antigua (determinante)
5. La casa suya es muy antigua (determinante-adjetivo)
6. Esta casa suya es muy antigua (determinante-adjetivo)
7. Esos libros son míos (determinante-adjetivo)
8. Muchas casas son antiguas (determinante)
9. Las dificultades fueron muchas (adjetivo)
10. Muchos no llegaron a tiempo (pronombre)
11. Algunas personas se resintieron (determinante)
12. Algunas se resintieron (pronombre)
13. ¡Qué personaje! (determinante)
14. ¿Cuáles canciones te gustan más? (determinante)
15. ¿Cuáles te gustan más? (pronombre)
16. «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme [...]» (determinante)

También se admite otro análisis, más moderno, para los ejemplos 3, 10, 12 y 15. Se puede considerar que las palabras subrayadas siguen siendo determinantes y que el elemento nominal es elíptico (recuperable): Esta [casa] es muy antigua; Muchos [invitados] no llegaron a tiempo; Algunas [personas] se resintieron; ¿Cuáles [canciones] te gustan más? A pesar de esto, en la Nueva gramática básica se opta generalmente por la opción explicada al principio.

Video de la mesa redonda sobre la nueva «Ortografía» (CSIC)

En la mesa redonda participaron Salvador Gutiérrez Ordóñez, académico coordinador de la Ortografía; Elena Hernández Gómez, jefa del equipo de redacción de la obra y del Departamento de «Español al día»; Leonardo Gómez Torrego, filólogo e investigador del CSIC; Pilar García Mouton, filóloga e investigadora del CSIC, y Álex Grijelmo García, presidente de la Agencia Efe.



El prefijo «ex-»

Como se explica en la Ortografía (2010), los prefijos se escriben unidos a la base si esta es univerbal y separados si es pluriverbal.

Puesto que, en lo relativo a la escritura de los prefijos, ex- representa el cambio más importante de la Ortografía, se agrupan seguidamente algunos consejos útiles para resolver los casos más dudosos cuando se emplea este prefijo; sin embargo, también se pueden aplicar con otros que se combinan de manera semejante, como cuasi-, (p)seudo- o super-, teniendo en cuenta el sentido de cada uno y las posibles bases que admiten.

Para comprobar cuál es la base del prefijo cuando lo sigue la combinación «sustantivo + adjetivo/complemento», pueden tenerse en cuenta los dos criterios siguientes:

1. Si se puede suprimir el adjetivo o el complemento y el sustantivo conserva el sentido o la referencia original, la base es univerbal (el sustantivo): exministro de Cultura, exjugador uruguayo, examigo de la familia, expresidente ejecutivo del banco, exgerente general de la institución, exjefe del Departamento de Recursos Humanos. En todos los casos se pueden suprimir los modificadores destacados en negrita y la referencia original se conserva: el exministro, el exjugador, el examigo, el expresidente [del banco], el exgerente [de la institución], el exjefe.

Por consiguiente, se puede realizar el siguiente análisis: los adjetivos o complementos de Cultura, uruguayo, de la familia, ejecutivo [del banco], general [de la institución] y del Departamento de Recursos Humanos modifican a los sustantivos prefijados exministro, exjugador, examigo, expresidente, exgerente, exjefe, respectivamente.

2. Si se puede cambiar el adjetivo o el complemento por otro modificador, como otro adjetivo o un participio, y la referencia original se mantiene, también la base es univerbal (el sustantivo): el exministro ausente, el exjugador citado, el examigo invitado, el expresidente homenajeado, el exgerente sancionado, el exjefe presente. También las bases univerbales se pueden combinar con otros determinantes y la referencia sigue intacta: este exministro, aquel exjugador, mi examigo, etc. A este grupo pertenece la mayoría de los sustantivos que designan cargos, profesiones, oficios, parentescos o relaciones sociales.

Por el contrario, cuando este prefijo toma como bases grupos nominales completos (bases pluriverbales), como en ex chico de los recados, ex niños rebeldes, ex hombre de confianza, ex ciudadano de segunda clase o ex jefe de Estado, se escribe separado. Nótense los resultados de aplicar los criterios mencionados:
- En esos casos no se puede realizar el análisis anterior: los adjetivos o complementos de los recados, rebeldes, de confianza, de segunda clase y de Estado no modifican a los sustantivos prefijados *exchico, *exniños, *exhombre, *exciudadano, *exjefe, respectivamente.
- Lógicamente, tampoco se pueden elidir los modificadores y mantener la referencia original: *exchico, *exniños, *exhombre, *exciudadano, *exjefe.
- No se mantiene el sentido original si se recurre a sustituciones como las anteriores o a la combinación con otros determinantes: *el exchico citado, *los exniños presentes, *el exhombre mencionado, *el exciudadano ausente, *el exjefe homenajeado; *este exchico, *nuestros exniños, *aquel exjefe, etc. Deben mencionarse obligatoriamente los grupos sintácticos completos: el ex chico de los recados citado, los ex niños rebeldes presentes, el ex hombre de confianza mencionado, el ex ciudadano de segunda clase ausente, el ex jefe de Estado homenajeado.

Por último, si entre el prefijo ex- y el sustantivo se interpone un adjetivo, el prefijo se escribe separado y la base se considera, por tanto, pluriverbal: ex mejor amigo, ex malos compañeros, etc.

Supresión de tildes en la «Ortografía» (2010)

Amplío un poco lo explicado sobre las tildes en la entrada anterior de este blog debido a las dudas de algunas personas. También creo conveniente explicar en qué nos basamos quienes colaboramos en la nueva Ortografía.

A. La conjunción o no se tilda en ningún caso.

Ténganse en cuenta los siguientes casos:
1. 1 o 2
2. n o s
3. + o –
4. 1 O
5. 10 O
6. 10 O o 20 H

En el ejemplo 1 la conjunción está separada de los números que coordina y su tamaño es diferente; por tanto, no puede confundirse con el cero (O).

En el ejemplo 2 deben emplearse otros recursos con función diacrítica, como la cursiva: n o s, o las comillas: «n» o «s». Lo mismo se puede hacer en el ejemplo 3.

Por ese afán de encontrar confusiones, desde hace un tiempo se ha extendido el uso de la tilde a casos como peras ó manzanas, libros ó discos, etc., lo cual no se ha explicado nunca en los manuales de ortografía.

En los ejemplos 4, 5 y 6 se emplea el símbolo del oxígeno: O. Se podría aducir que puede confundirse con el cero (0), pero no por eso se va a tildar ese símbolo. Los símbolos de los elementos químicos son invariables y se separan con un espacio de la cifra que los precede. Nótese que los espacios, la forma y el tamaño establecen la diferencia:
- 1 O = un oxígeno
- 10 O = diez oxígenos
- 10 O o 20 H = diez oxígenos o veinte hidrógenos

También se puede argumentar que a veces se confunden el cero y la conjunción o cuando aparecen juntos números y letras, como en algunos códigos: 12301oqO. Efectivamente, puede darse esa confusión, pero no corresponde a la ortografía dar solución a esos casos.

Por último, conviene recordar que, según el tipo de letra empleado o en textos manuscritos, pueden confundirse la ele minúscula (l), la i mayúscula (I) y el número uno (1), o incluso se pueden confundir con el símbolo l 'litro(s)', pero esto también tiene solución.

B. Se recomienda no tildar el adverbio solo en ningún caso.

Desde 1959 se permite no tildar el adverbio solo, excepto que se produzca ambigüedad. En la nueva Ortografía se recomienda no tildarlo nunca.

Los casos de ambigüedad con solo se pueden evitar como cualquier otro de los tantos que pueden presentarse en la lengua. La ambigüedad está relacionada con el contexto, el orden de las palabras o la puntuación, pero no con la tilde, que solo marca la vocal perteneciente a la sílaba tónica de una palabra. Además, hay sinónimos que pueden sustituir a ese adverbio: solamente y únicamente.

Si se escribe la oración Juan siempre fue triste, algunas personas pueden considerarla ambigua porque el verbo fue puede corresponder al pretérito perfecto simple de ir o al de ser, pero esto no quiere decir que sea necesario tildar alguno para diferenciarlo del otro. Algo semejante ocurre si se escribe Di lo que nos indicaron, donde di puede corresponder al pretérito perfecto simple de dar o al imperativo de decir, y en ningún caso se requiere la tilde. Esas oraciones aparecerán en un contexto determinado que eliminará la ambigüedad.

Un caso como Solo Juan se sentía mejor tiene una interpretación: Solamente Juan se sentía mejor. Si se pretende decir que Juan, estando solo, se sentía mejor, debe escribirse una coma después de Solo: Solo, Juan se sentía mejor. Si estuviera intercalado, el adjetivo estaría encerrado entre comas: Juan, solo, se sentía mejor. Si empleamos un gerundio, se requiere la misma puntuación: Estando solo, Juan se sentía mejor; Juan, estando solo, se sentía mejor.

Otros casos, como Solo tomo café solo, se pueden resolver de la misma forma. En los siguientes ejemplos se incluyen los sentidos equivalentes al lado derecho:
- Solo tomo café solo = Solamente tomo café solo
- Solo, tomo café solo = Estando solo, tomo café solo
- Solo, tomo café solamente = Estando solo, tomo café solamente

También existe otra posibilidad para el primer ejemplo: Solo tomo café solo = Solamente cuando estoy solo tomo café, cuya ambigüedad no se resuelve tildando el adverbio (Sólo tomo café solo) ni sustituyéndolo por solamente, ya que se produce porque el adjetivo solo puede referirse al sujeto (yo) o al sustantivo café. Compárese con Solo tomo café endulzado y Solo tomo café sentado, en cuyos casos no hay ambigüedad. Lo que ocurre es que los adverbios de foco (como solo, solamente o únicamente) pueden incidir a distancia sobre otras palabras: en Solamente tomo café solo el adverbio puede incidir sobre el adjetivo y la oración equivale a Solamente solo tomo café. Esto mismo se puede pensar si se emplea solo al inicio de la oración: Solo tomo café solo.

Como puede verse, la tilde tampoco es una solución para todos los casos, como algunos creen. El problema principal de los ejemplos propuestos es la redacción, que implica puntuar adecuadamente y también escoger las palabras y ordenarlas de manera conveniente. Aun así, de nuevo, hay que insistir en que es fundamental el contexto (lingüístico o extralingüístico). Si estoy en una cafetería y le digo a alguien Solo tomo café solo, se entenderá lo que quiero decir a pesar de la repetición nada recomendable de la palabra solo.

C. Se recomienda no tildar los demostrativos en ningún caso.

También desde 1959 se permite no tildar los demostrativos este, ese, aquel, con sus femeninos y plurales, excepto que se produzca ambigüedad. En la nueva Ortografía se recomienda no tildarlos nunca.

Si los casos ambiguos con solo tienen solución, igualmente la tienen los poquísimos casos que pueden presentarse con los demostrativos mencionados. De nuevo, la tilde no se justifica porque, si preceden o no a un sustantivo, los demostrativos (adjetivos o pronombres) se pronuncian siempre igual: la sílaba tónica es la misma en cada caso (siempre este tiene tónica la primera sílaba, y aquella siempre tiene tónica la segunda sílaba, por ejemplo).

Los casos que a veces se mencionan tienen problemas de redacción o de orden sintáctico, como Cuando estos regalos compran, aquellos libros leen. En este ejemplo, según se creía y todavía creen algunos, es necesaria la tilde para deshacer la ambigüedad: Cuando éstos regalos compran, aquéllos libros leen. El ejemplo, entonces, equivale a Cuando estos compran regalos, aquellos leen libros, que no es ambigua.

Como se puede ver, la solución está en cambiar el orden de las palabras. Si fuera necesaria la tilde para desambiguar el ejemplo anterior, también la necesitaríamos en estos otros y no se ha usado:
- Cuando unos regalos compran, otros libros leen
- Cuando algunos regalos compran, otros libros leen
- Cuando muchos regalos compran, pocos libros leen

Todos esos ejemplos tienen las siguientes equivalencias:
- Cuando unos compran regalos, otros leen libros / Cuando compran unos regalos, leen otros libros
- Cuando algunos compran regalos, otros leen libros / Cuando compran algunos regalos, leen otros libros
- Cuando muchos compran regalos, pocos leen libros / Cuando compran muchos regalos, leen pocos libros

Por otra parte, según las teorías gramaticales actuales, no es necesario diferenciar entre adjetivos demostrativos y pronombres demostrativos, sino que basta con llamarlos determinantes demostrativos. A veces aparecerá expreso un sustantivo y a veces no: este libro, este _. Si se adopta esta teoría, ni siquiera se justifica la oposición adjetivo/pronombre, que se ha empleado para tildar estas palabras.

D. Se elimina la tilde de palabras como guion, ion, etc.

La secuencia de vocal abierta y vocal cerrada átona forma diptongo desde el punto de vista ortográfico, al igual que la secuencia de dos vocales cerradas distintas, lo cual no indica que todos los hablantes siempre pronuncian esas secuencias en una sola sílaba; igualmente, la secuencia de dos vocales abiertas forma hiato ortográfico, pero no todos los hablantes la pronunciarán siempre en dos sílabas. Lo mismo ocurre con los triptongos.

Ortográficamente, los diptongos, los hiatos y los triptongos son convenciones, que sirven para establecer normas y uniformar la acentuación. Esto nos guía para saber cuándo se tildan o no las palabras. Precisamente por esta razón consideramos que la combinación ui forma diptongo ortográfico: cui-da-do, cui-dar, flui-do, fluir, hui-da, huir, in-clui-do, in-fluir, rui-do, etc., aunque no todos los hablantes la pronuncien en una sola sílaba. Algunos dirán in-clu-i-do (dividido en cuatro sílabas) y otros dirán in-clui-do (dividido en tres sílabas), pero todos escribimos incluido y no incluído. También consideramos que hay hiatos ortográficos en a-cor-de-ón o le-ón, aunque muchas personas los pronuncien como diptongos: a-cor-deón, león.

Como ya se explicó, nuestra ortografía dispone de dos normas generales: vocal abierta y vocal cerrada átona (o viceversa) forman diptongo ortográfico: ca-mión, cie-lo, lai-co, pei-ne, pien-so, etc.; y dos vocales cerradas distintas también forman diptongo: ciu-dad, cui-dar, etc.

Si se aplican esas convenciones, palabras como fio, guion o ion son monosílabas, ya que aparece una vocal abierta (o) y una vocal cerrada átona (i). Lógicamente, algunas personas pronunciarán un diptongo y otras pronunciarán un hiato en cada caso, pero todos escribiremos fio, guion, ion. También pasa lo mismo con león: independientemente de que se pronuncie en una sílaba o en dos, se escribirá león por la convención de que dos vocales abiertas forman hiato ortográfico.

La tilde no indica división silábica, sino tonicidad, y, en todos esos casos, el acento prosódico recae siempre en la vocal abierta del diptongo o, cuando aparecen dos vocales cerradas distintas, recae siempre o mayoritariamente en la segunda de ellas; es decir, en la palabra guion, el acento recae en la vocal o, independientemente de que unos la pronuncien en una sílaba o en dos. Lo mismo ocurre en incluido: aunque existen las pronunciaciones in-clu-i-do e in-clui-do, el acento recae en la segunda i.

Por tanto, cuando las personas aprendan español, pronunciarán o silabearán las palabras como las oigan: gui-on o guion, in-clu-i-do o in-clui-do, etc., pero las escribirán siempre igual: guion, incluido, etc. Se deja claro, en consecuencia, que a nadie se le está pidiendo silabear de otra forma.

Esta aplicación de las normas generales también evita que haya una serie de excepciones bastante larga: cié, ció, crié, crió, fié, fió, fluí, fluís, frió, fruí, fruís, guié, guió, guión, huí, huís, ión, lié, lió, muón, pié, pió, pión, prión, pué, puó, rió, ruán, Ruán, rué, ruó, Sión, trié, trió, truhán. También hay que sumar las formas del voseo: criá, fiá, guiá, etc.; criás, fiás, guiás, etc.; criés, fiés, guiés, etc.

Si se considera, por convención ortográfica, que forman diptongo tanto la secuencia de vocal abierta y vocal cerrada átona (o viceversa) como la secuencia de dos vocales cerradas distintas, todas las palabras mencionadas en el párrafo anterior serían monosílabas; además, el acento siempre recae en la vocal abierta o, si ambas vocales son cerradas, recae en la segunda, por lo cual la tilde es innecesaria: cie, cio, crie, crio, fie, fio, flui, fluis, frio, frui, fruis, guie, guio, guion, hui, huis, ion, lie, lio, muon, pie, pio, pion, prion, pue, puo, rio, ruan, Ruan, rue, ruo, Sion, trie, trio, truhan. Las formas del voseo pasan a escribirse cria, fia, guia, etc.; crias, fias, guias, etc.; cries, fies, guies, etc.

No pueden confundirse, por ejemplo, pie (forma verbal) y pie (sustantivo) porque aparecerán en contextos muy distintos, ni tampoco podrán confundirse hui (forma verbal) y huy (interjección que también puede escribirse uy) porque, además de aparecer en contextos diferentes, también tienen grafías y acentos distintos.

Lo mismo vale para los triptongos. Por convención ortográfica, se considera que los triptongos están formados por la secuencia de vocal abierta precedida y seguida por vocal cerrada átona: confiáis, desviéis, miau, etc. Si se aplica esa norma general, las palabras criáis, fiáis, fiéis, guiáis, liéis, piáis, etc., se consideran monosílabas, y la tilde sobra porque, en estos casos, siempre el acento recae en la vocal abierta, lo cual es independiente de que las personas pronuncien esas secuencias en una sílaba o en dos: criais, fiais, fieis, guiais, lieis, piais, etc.

En conclusión: se aplican las normas generales de acentuación que todos conocemos y se eliminan varias decenas de excepciones. Cada quien seguirá silabeando como siempre lo ha hecho.