5/1/12

¿Y si ocupásemos el lenguaje?


H. Samy Alim

El pasado mes de octubre, poco después de despegar en el aeropuerto de San Francisco, mi avión sobrevoló los puertos que el movimiento Ocupemos Oakland ayudó a cerrar y me condujo a Alemania, donde los manifestantes de Ocupemos Berlín habían paralizado el tráfico. Pero el movimiento no sólo ha transformado el espacio público, también ha transformado el discurso.

Ocupar

Hoy es casi imposible escuchar esta palabra y no pensar en el Occupy Movement . [1] Incluso un experto tan distinguido como el lexicógrafo y columnista Ben Zimmer lo admitió esta semana: “Ocupar (occupy), dijo, es la clara favorita en la elección de la “palabra del año” por parte de la American Dialect Society (Sociedad dialectal usamericana ) .

Por el momento, ya ha logrado cambiar los términos del debate al desplazar del centro de atención expresiones como “techo de la deuda” y “crisis presupuestaria” para sustituirlas por “desigualdad” y “codicia”. Este cambio discursivo ha puesto a Washington en aprietos a la hora de seguir ofreciendo razones espurias para justificar la catástrofe financiera y las desigualdades a las que se ha enfrentado y que ha mantenido.

Para la mayor parte de los ciudadanos ha quedado clara la ironía de un movimiento social progresista que utiliza el verbo “ocupar” para reformular el pensamiento usamericano en lo relativo a la democracia y la igualdad. Al fin y al cabo, en general suelen ser las naciones, los ejércitos y la policía quienes ocupan, habitualmente por la fuerza. Y, en esto, USA ha sido el líder indiscutible. El gobierno usamericano está ahora dando por finalizada su ocupación de Iraq nueve años después de haber invadido ese país, mientras que todavía permanece en Afganistán y mantiene destacamentos de tropas en docenas de países del mundo, todo lo cual no oscurece el hecho de que USA surgió de una ocupación –gradual y devastadoramente feroz– que extinguió poblaciones nativas enteras en miles de kilómetros cuadrados de su territorio .

Dread Scott y Kyle Goen

Y, sin embargo, en muy poco tiempo este movimiento ha cambiado nuestra manera de pensar sobre la ocupación. A principios de septiembre, “ocupar” aludía en este país a incursiones militares. Ahora significa protesta política con carácter progresista. Ya no se refiere al poderío militar, sino al hecho de enfrentarse a la injusticia, la desigualdad y los abusos de poder. Es mucho más que simplemente ocupar un espacio: es transformar ese espacio. En este sentido, Occupy Wall Street ha ocupado el lenguaje, se ha apropiado del verbo “ocupar”. Y lo más importante es que personas de orígenes étnicos, culturas y lenguas disímiles han participado en esta ocupación lingüística, que se distingue de las ocupaciones anteriores en que ha nacido para incluir a todos, no sólo a los más fuertes o violentos. Como bien lo han explicado Geoff Nunberg –durante mucho tiempo director de uso lingüístico del American Heritage Dictionary – y otros eruditos, el uso más antiguo en inglés del verbo ocupar vinculado a la protesta se remonta a las descripciones que hacían los medios anglófonos de las manifestaciones italianas que tuvieron lugar en la década de 1920, cuando los trabajadores “ocupaban” fábricas hasta que se atendían sus reivindicaciones. Se trata de un significado muy distante de otros que tuvo el mismo verbo en tiempos más pretéritos. De hecho, el Oxford English Dictionary definió en el pasado que “ocupar” significaba “tener relaciones sexuales con alguien”. ¿Se imagina el lector las reacciones que podría haber concitado en aquel entonces un enunciado como “Occupy Wall Street”? El pasado octubre Ben Zimmer, que también dirige el Comité de Neologismos de la American Dialect Society , señaló en el programa radiofónico “On the Media” que el significado de ocupar y sus derivados han cambiado de manera espectacular desde su llegada a la lengua inglesa en el siglo XIV. “Ocupar se ha usado casi siempre como verbo transitivo”, dijo. “Se trata de un verbo cuya acción recae sobre un objeto: se ocupa un lugar o un espacio. Pero luego pasó a usarse como un llamamiento sin objeto, como una incitación a tomar parte en lo que ahora llamamos Occupy Protests (protestas ocupadoras). Hoy se usa como un morfema modificador de sustantivos tales como ‘protesta o ‘movimiento’. Es un uso muy flexible que está llenando muchos huecos gramaticales en el lenguaje.”

¿Qué pasaría si transformásemos de nuevo el significado del verbo ocupar? En concreto, ¿qué pasaría si nos tomásemos la ocupación del lenguaje como algo más que el lenguaje del movimiento okupa y empezásemos a considerarla como un movimiento en sí mismo, el Occupy Language Movement (movimiento ocupador del lenguaje)? ¿Qué clase de asuntos abordaría la ocupación del lenguaje? ¿Cómo sería el lenguaje una vez arrebatado de las manos de sus autoproclamados “amos” actuales? Podríamos empezar planteando estas preguntas desde la perspectiva de la raza y la discriminación para tratar de promover la imparcialidad y la igualdad en esos ámbito .


Orlando Arenas, Ernesto Yerena, Ricardo Lopez, Sandra Castro

La ocupación del lenguaje podría inspirarse de la manera en que el Occupy Movement ha redefinido el verbo “ocupar”: nos ha enseñado que es posible dar significado a las palabras y que los discursos no son algo inmutable. Asimismo, la ocupación del lenguaje podría inspirarse de la manera en que los movimientos indígenas rechazan el uso que se le suele dar al lenguaje: los indígenas nos han enseñado a ser conscientes de que el lenguaje otorga poderes pero también oprime; de que el lenguaje unifica pero también aísla. En primer lugar, la ocupación del lenguaje podría llevar a cabo un ejercicio de introspección. En una entrevista reciente, Julián Padilla, del People of Color Working Group(Grupo de trabajo de personas que no son de raza blanca, creado en el movimiento Occupy Wall street) [2], logró que el movimiento Occupy revisase sus opciones lingüísticas: Ocupar significa conquistar un espacio y creo que un grupo anticapitalista que ocupa el espacio de Wall Street ha demostrado su poder, pero me gustaría que el movimiento neoyorquino cambiara su nombre a “Decolonise Wall Street” (Descolonicemos Wall Street) para que tenga en cuenta la historia, el imperialismo, a las personas que no son de raza blanca y las críticas indígenas. Ocupar el espacio no es algo intrínsecamente malo, todo depende de quién lo haga, cómo y por qué. Cuando los colonizadores blancos ocupan un territorio no sólo duermen en él durante la noche, sino que lo saquean y lo destruyen. Cuando los pueblos nativos ocuparon la isla de Alcatraz lo hicieron como (un acto de) protesta. Este cambio lingüístico puede recordar a los usamericanos que la mayoría de ese 99% se ha beneficiado de la ocupación de territorios nativos. La ocupación del lenguaje también podría respaldar la campaña para hacer que los medios de comunicación dejen de utilizar la palabra “ilegal” cuando aluden a inmigrantes “indocumentados”. Desde el punto de vista de la campaña, la lengua inglesa sólo califica de ilegales a los objetos inanimados y las acciones; por lo tanto, el uso del binomio “inmigrantes ilegales” para referirse a seres humanos los deshumaniza. El libro de estilo del New York Times pide ahora a los autores que eviten términos como “inmigrante ilegal” e “indocumentado”, pero no dice nada sobre “inmigrantes ilegales”. Sin embargo, el editor de normas lingüísticas del periódico, Philip B. Corbett, incidió sobre esto en fechas recientes al afirmar que el binomio “inmigrantes ilegales” adopta un “tono innecesariamente peyorativo” y “es de sabios evitarlo”. El lenguaje peyorativo y discriminatorio puede tener consecuencias en la vida real. En este caso, los activistas observan con inquietud la coincidencia entre el uso cada vez más frecuente del apelativo “inmigrantes ilegales” y el incremento de los crímenes motivados por el odio contra todos los latinos. Por muy difícil que sea demostrar la relación causa-efecto, el National Institute for Latino Policy ha señalado que las estadísticas anuales del FBI sobre crímenes motivados por el odio de origen étnico muestran que los latinos constituyeron los dos tercios de esas víctimas en 2010. Cuando a alguien se lo describe repetidamente como algo, el lenguaje prepara silenciosamente el terreno para la acción violenta.

Melanie Cervantes

Pero la ocupación del lenguaje no sólo ha de preocuparse por las palabras que utilizamos; también debe trabajar para eliminar el racismo y la discriminación en el habla diaria. En el ámbito jurídico, la cadena CNN informó recientemente que, según el Departamento de Justicia de USA, el tristemente célebre sheriff de Arizona Joe Arpaio, entre otros delitos, ha discriminado a “presos latinoamericanos con insuficiente conocimiento del inglés castigándolos y negándoles servicios esenciales”. En la educación, como bien ha señalado la antropóloga lingüística Ana Celia Zentella, la hostilidad hacia quienes hablan “inglés con un acento” (asiáticos, latinos y usamericanos de origen africano) sigue siendo un problema. En la vivienda, hace mucho tiempo que la National Fair Housing Alliance (Alianza nacional para una vivienda justa) ha reconocido que los “acentos” tienen un papel importante en la discriminación en la vivienda . En el mercado laboral, la discriminación debida a la lengua se mezcla con cuestiones de raza, identidad étnica, clase y origen nacional y dificulta que los aspirantes bien calificados a un trabajo que hablan con un “acento” reciban un trato igualitario. Ante una discriminación tan extendida de origen lingüístico, la ocupación del lenguaje puede ser un movimiento crítico y progresista que denuncie la manera en que el lenguaje se utiliza como medida de control social, político y económico. Si ocupamos el lenguaje podremos arrojar luz sobre cómo se utilizan las instituciones educativas, políticas y sociales para marginar todavía más a los grupos oprimidos; podremos oponernos a las prácticas colonizadoras del lenguaje, que elevan la categoría de unas lenguas sobre otras; podremos oponernos a los intentos por definir a personas con términos arraigados en estereotipos negativos y podremos empezar a reformular el discurso público, tanto sobre nuestras comunidades como sobre el papel central del lenguaje en el racismo y la discriminación. Tal como ha demostrado el movimiento de los indignados de todo el planeta (entre ellos el Occupy), las palabras pueden poner en marcha a naciones enteras, incluso al mundo. La ocupación del lenguaje, concebida como movimiento, debería apelar al poder de las palabras para transformar nuestra manera de concebir el pasado, de actuar en el presente y de prever el futuro.

Notas

[1] Se trata del equivalente en América del Norte del movimiento de los indignados europeos, a su vez inspirados en las revoluciones árabes norteafricanas, todo ello a lo largo de 2011. (NdelT)
[2] Eufemismo políticamente correcto muy en boga en las sociedades británica y usamericana, que siguen discriminando a los seres humanos de acuerdo con sus características raciales. Fernando Navarro, en su Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina (McGraw-Hill-Interamericana, Madrid 2005), dice lo siguiente: “Las expresiones colored people y the Colored (o coloured y the Coloured) son eufemismos frecuentes que están entrando también en nuestro idioma con la forma ‘personas de color’. Dado que no existen personas incoloras ni conozco ninguna persona que no tenga color, considero preferible evitar este eufemismo siempre que sea posible. Para terminar de complicar la cosa, algunos anglohablantes usan colored para referirse a cualquier persona que no sea de raza blanca (sobre todo en el inglés británico), otros lo usan en sentido más restringido para referirse exclusivamente a las de raza negra (sobre todo en el inglés norteamericano) y otros lo usan para referirse a la población mestiza o mulata (sobre todo en el inglés surafricano).” (NdelT)
http://opinionator.blogs.nytimes.com/2011/12/21/what-if-we-occupied-language/#h%5B%5D
 Traducido por Manuel Talens
http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6539