18/1/12

El Perú infinito según José María Arguedas


Jorge Zavaleta Alegre

Muchos son los que aún no han leído a Arguedas y guardan devoción por su vida. Fue un Comunicador de Verdades. Su mundo de Arguedas es un sueño presente de los migrantes del Ande.

José María Arguedas (Andahuaylas, Perú, 18 de enero de 1911 – Lima, 28 de noviembre de 1969), un siglo después de su nacimiento es de los mejores escritores de América Latina que ha contribuido a la necesaria integración social como única posibilidad de ingresar a una civilización global y moderna.

Su obra poética, literaria y antropológica, señalada por la crítica especializada sobre todo internacional, tiene un valor inconmensurable de las culturas y que ha roto con la “utopía arcaica”. La academia, muy cerca de las expresiones populares – artesanos, cantantes, músicos, danzarines, escritores, humoristas, dirigentes vecinales – revela resultados imprevisibles. Inclusive, el mercado encuentra una veta para banalizar la rica creación - como ha ocurrido con otros pensadores – y hablar de la capacidad transformadora de los hombres y mujeres del Ande.

Felizmente, la revolución tecnológica de la comunicación, aprovechada por los sectores populares, hace posible desentrañar varios misterios sobre Arguedas, que junto con Vallejo, Ciro Alegría, Martín Chambi, Mariátegui, Mario Vargas, Manuel Scorza y otros han aportado al conocimiento del Perú.

La obra de Arguedas, inseparable de la justicia social y la paz colectiva en el Perú, constituye un mundo por descubrir. Rodrigo Montoya, antropólogo y discípulo de Arguedas, reconocido docente en las universidades del Brasil y otras muy importantes; en los tiempos del fujimorismo el BID fue mezquino en el Perú para promover la cátedra sobre Cultura Peruana, así como el trabajo de Carmen Pinilla, de Alonso Cueto, Alfonsina Barrionuevo y otros intelectuales, bajo el sofisma que provocarían debates políticos que se podían obviar, en tanto desde Washington su departamento de relaciones culturales prefería convocar la pintura abstracta y ocasionales charlas de intelectuales de ultramar menos “radicales”.

El libro de la investigadora Carmen Pinilla, que aparece casi al cierre de los festejos en memoria del primer centenario de nacimiento de JMA, es una ocasión para conocer más el Yawar Fiesta, Ríos Profundos, Todas las sangres y otras novelas, no leídas por la gran mayoría, pero que la sociedad las identifica de manera intuitiva por ser parte de su mundo real.

En esta ocasión, damos a conocer algunos de los Misterios de Arguedas en la voz de Rodrigo Montoya Rojas, en un auditorio ocasionalmente lleno, donde Luis Peirano, actor, cineasta, docente de la PUCP, y ahora Ministro de Cultura, cargo que también ejerció Arguedas, ratifica el valor real de la prédica integradora no solo de la vida andina sino ahora de la gran Amazonía.

-¿Porqué considera que es más grande la presencia de Arguedas?

RMR. El primer misterio es la belleza y la calidad literaria de su obra. Sin esa obra tan extraordinaria no habría tenido tanta repercusión.

Su obra no solo es buena por la investigación y recopilación sino por la extraordinaria virtud de combinar el saber académico con su realidad, de esa capacidad de circular con gran frecuencia en mundos que no siempre se tocan. Hay académicos que conocen muy poco al pueblo. JMA daba pequeñas y grandes conferencias en asociaciones de migrantes y tenía la posibilidad de llevar la antropología a espacios que no son exclusivamente académicos, sino al mundo de migrantes de Lima y provincias.

Esa actividad empezó como una defensa personal. Arguedas que no era físicamente parecido a Manco Capac sino blanco de ojos casi azules, pero profundamente despreciado por ser serrano. Y por serrano, independientemente de la cara que tenía, por la manera como hablaba el castellano, del serranito recién bajado, como en el mismo caso de Rodrigo Montoya: serrano, queso, vicuña, guano, olluco, calificativos con una fuete agresión.

La defensa comenzó a ser privada y personal, y luego JMA sufrió, lo que para él no era un gran problema. El ser marginado, con un par de golpes y un par de veintes que los profesores calificaban su rendimiento, ya estaba resuelto.

Pero los indígenas que llegan a Lima, que no tienen el cabello y los ojos azules y no pueden sacar 20 de nota, siguen con el problema gravísimo al hablar el castellano. Para ellos, la marginación no es al empezar los estudios de primaria o universitaria. La marginación es peramente.

JMA, a lo largo de su vida, hizo una defensa por la diversidad de la cultura, por la capacidad de su gente, por el trabajo combinado con la fiesta. Por otro lado, su queja y acción inmediata siempre con la prensa y con un artículo, era una militancia intelectual, no una militancia política, sino una militancia en el sentido de reaccionar rápidamente frente a una agresión.

Fue un gran promotor de ideas. Reaccionaba con inmensa alegría cuando algo particular estaba pasando, como por ejemplo, el envío de una carta a Francisco Igartúa, de la Revista Oiga, solicitándole un espacio para un artículo enviado de Chile, dos meses antes de su suicidio:

Dicho artículo, era una carta dirigida al presidente Juan Velasco para agradecerle por la Reforma Agraria y para decirle que se sentía feliz, y que se alegraba tremendamente porque esa tragedia del país comenzaba a ser superada y aunque esa reforma no había sido propiciada desde la izquierda, lo importante era que los cambios se hicieran.

-¿Se puede decir que practicó una militancia intelectual, y que es uno de los grandes argumentos sobre el valor de la obra arguediana?

RMR. Su trabajo fue la del gestor de la cultura. La Casa de la Cultura, de la cual fue su director, concedió un carnet de identidad a cada uno de los músicos y artistas. En la serenata por aniversario de Lima del 2010, se presentó un conjunto de la comunidad de Santa Ana de Lucanas con una danza en la que una señora de unos sesenta años bailaba y cantaba con una notoria vital y que avivaba a Arguedas.

Después del gran carnaval, a eso de las 2.30 de la madrugada, se le preguntó de cómo tenía ese recuerdo tan vivo de Arguedas. Era evidente que no lo había leído. Ella contestó en quechua diciendo que nunca se olvidaría de ese señor llamado Arguedas porque él le dio a su papá un carnet de músico – artista.

En un lugar, en un país tan hostil, que desde el Estado, desde el poder, se le reconozca a una persona en su condición de artista, era como una flor en un ojal. Y allí está el secreto del porqué a Arguedas se le recuerda tanto en todo grupo musical de todas partes del Perú y por extensión a todos los grupos teatrales.

Arguedas en la obra reciente aparece con una cronología, fotografías y su propio pensamiento. Es un acierto para deleite del lector. Es como una versión de esa escuela académica francesa: Arguedas por Arguedas.

-¿Cuáles son los grandes temas que aborda Arguedas?

La realidad y la verdad. En un texto de 1996 de Abelardo Oquendo, dice que Arguedas fue un comunicador de verdades. Le interesaba más lo que había visto y lo que había vivido. Frente a una literatura de su gente, creía conocer el mundo andino y no lo conocía. Su vida se confundió con el pueblo. Su obra es esencialmente autobiográfica y no hay dudas y serias razones para pensar así. También hay serias razones para pensar que no.

Arguedas tuvo la astucia y sabiduría para hacernos creer que todo lo que estaba diciendo era la verdad que había visto y vivido.

-¿La historia de Cayetana?

-Cayetana lo crió con su ternura en una casa hostil y ajena y JME convenció a todos que Cayetana era la cocinera de la casa hacienda y que ella era quien le daba de comer y quien le hacía dormir en la batea que sustituye a una cama.

En otra lectura, se descubre que la señora Cayetana era un personaje que combina la realidad y la ficción. La señora tenía su casa y su perro. ¿Cómo era posible pensar que una doméstica de una casa hacienda, cocinera, al mismo tiempo, tuviese su casa. En los términos de la realidad eso no era factible. Arguedas nos hizo pensar que así era.

Luego ha habido autores que en una tesis terriblemente falsa se afirma que Arguedas era monolingüe quechua, que aprendió el castellano a los 8 y 10 años y que recién pudo hablar cuando llegó a la Universidad de San Marcos. Versión que no tiene ningún sentido. Los hijos de los mestizos hablamos castellano con los padres y quechua o aymara con el “mundo de abajo”. Y somos bilingües naturales porque no hemos realizado estudios, no hay una condición previa de monolingüe primero, y bilingüe después.

-¿Realidad y ficción de Arguedas?

RMR. La famosa Revolución de las Chicheras. Esta nunca se produjo. En “Los Ríos Profundos” es un tema central de la novela. Entre los chicos que fueron estudiantes de la época, nadie afirma ni recuerda alguna rebelión de las chicheras. Arguedas insertó el tema dentro de una historia personal y esta comunicación maravillosa con su padre, para compensar la ausencia de la madre.

Arguedas confesó más tarde que su intención al escribir la novela había sido tocar un tema que podía ser importante después: una rebelión andina que podría tener sentido. Un estudio indica que esa novela tenía ese encargo, ese mensaje subliminal.

-¿Y la canción a Túpac Amaru?

RMR. Arguedas escribe un poema evocando a la historia y al mito de Túpac Amaru, quien era un personaje histórico y una suerte de sacerdote indígena, Arguedas valiéndose de esta figura mítica presenta la imagen de un movimiento indio ocupando Lima. Los migrantes y los que están en proceso de migración tanto en Lima como en resto del país son el mensaje, en serio, de que Arguedas estaría en la historia del país y también en ese poema y en la novela “Todas las sangres”.

Arguedas escribe una historia, absolutamente, de su cabeza: el gran conflicto minero y los hacendados modernos, junto con los comuneros. Es una gran confrontación y todo el eje de esa novela. Arguedas no está contando nada real, está imaginando el conflicto y resolviéndolo de una manera más inesperada, porque no hay un personaje central, termina diciendo que le preocupa la policía y describe un río de sangre. Solo quiso contar la verdad, lo que habría visto y oído y su capacidad literaria pudo inventar literalmente un mundo para mostrar de manera clara y precisa los conflictos que la sociedad andina tenía.

Arguedas ha dejado una especie de precedente, de lo que más tarde podría suceder. La estructura está, la cronología está, una gran parte de los temas arguedianos están. Las fotos están. Falta esa biografía del país que no soportó, que aceptó y que vivió alegrías y grande dolores. Este país con sus errores, palabra arguediana, tendrá que aparecer en una larga etapa de acumulación de fuerzas al trabajo y estoy seguro que más temprano que tarde habrá una biografía completa del sueño de Arguedas.
http://www.argenpress.info/2012/01/el-peru-infinito-segun-jose-maria.html