11/1/12

Beatriz Sarlo sobre Walter Benjamin

José Luis Bobadilla

Con elocuencia, Beatriz Sarlo despliega sus ideas sin prisa. Su libro Siete ensayos sobre Walter Benjamin (2011) se opone a todo rechazo contra el género en nuestros países latinoamericanos, y se inserta en la mejor tradición de éste en su país, desde luego, pero también en la literatura de nuestra lengua. Sarlo expresa de modo caleidoscópico y desde una perspectiva personal su admiración por Benjamin en los trabajos que componen su libro. Su relación con la obra del intelectual europeo es bastante conocida y ha sido expuesta a lo largo de varias décadas. La edición de Siglo XXI reúne algunos trabajos organizados anteriormente en otro tomo publicado en el año 2000 por el Fondo de Cultura Económica. Algunos de ellos aparecieron en periódicos y en la excelente revista ya desaparecida Punto de Vista de la que Sarlo fue directora. Esta nueva edición agrega un trabajo más, “Una ocurrencia”, que amplía la de por si honda aproximación de la escritora argentina.

Walter Benjamin sigue importándonos porque su problematización buscaba explicarnos hoy. Su proyecto de reconstruir y materializar el Paris del siglo XIX pretendía entender en la conformación de todo aquello que teje la vida cotidiana eso que hemos llamado “lo moderno”. La historia es bastante conocida. Benjamin no escribió ese libro prometido: Paris, capital del siglo XIX.


Dejó en cambio una suma de papeles con las citas que pensaba utilizar y algunas anotaciones y glosas personales. Dejó también un listado que permite ver cierto ordenamiento. En “El taller de la escritura”, uno de los ensayos del libro, Sarlo copia esta lista que a su vez forma el índice del Libro de los pasajes. Apuntes y materiales -publicado en Alemania por Surhkamp en 1983 y en español en la editorial Akal en el 2005-, título con que se han publicado los fragmentos de Benjamin sobre “su Paris”, y que dado el carácter descriptivo del pensamiento del escritor alemán, copio yo aquí también: “Pasajes y grandes tiendas, moda, Paris arcaico, catacumbas y demoliciones, el spleen y el eterno retorno, Haussmann y la lucha de barricadas, construcciones de hierro, exposiciones, publicidad, Grandville, el coleccionista, el interior, la huella, Baudelaire, ciudad onírica y arquitectura onírica, soñar con los ojos abiertos, nihilismo antropológico, Jung, arquitectura onírica, museos, termas, el flâneur, teoría del conocimiento y teoría del progreso, prostitución y juego, las calles de Paris, panoramas, espejos, pintura, Jugendstil, novedad, sistemas de iluminación, Saint-Simon, ferrocarriles, conspiraciones, Fourier, Marx, la fotografía, la muñeca y el autómata, movimientos sociales, Daumier, historia de la literatura, Hugo, la bolsa, historia económica, técnica de la reproducción, litografía, la Comuna, el Sena, el viejo Paris, ocio, materialismo antropológico, historia de sectas, escuela politécnica”. 

Lo que muestra el grado de ambición de Benjamin y también en parte como indica Sarlo su “método”, es decir, la acumulación de materiales que como las raíces, tronco y ramas de un árbol, lo construyen. Sarlo dice: “Su mirada es fragmentaria no porque renuncie a la totalidad sino porque la busca en los detalles casi invisibles”. Y esta demorada pesquisa de astillas nos dice mucho de los mecanismos compositivos que Walter Benjamin. Sarlo continúa: “Construye un conocimiento a partir de citas excepcionales y no sólo de series de acontecimientos parecidos.  Cuando lo raro o la excepción son significativos, remiten a lo general por el camino del contraste iluminador. La forma de la evidencia histórica, piensa Benjamin, se encuentra en las imágenes que condensan, como la iluminación poética, elementos muy lejanos, cuyo vínculo era secreto pero no inmotivado”. Y esta cita no sólo ilustra lo que Benjamin buscaba, además, nos permite ver el tipo de prosa que Beatriz Sarlo practica. Hay claridad en la exposición y un tono que evita lo pretencioso. Benjamin es sin duda complejo y sin embargo, gracias a la aparente sencillez con que se nos habla de esta obra, nos sentimos invitados a ir hacia esa ella más allá de la conocida dificultad. Los buenos ensayos allanan el camino para otros. Los trabajos de Sarlo sobre Benjamin poseen una concentración y hondura particulares que los hacen cumplir rebasadamente esta promesa. Cumplen también, con aquella definición que Robert Musil daba para el ensayo: “Ensayo es: en un terreno en que se puede trabajar con precisión, hacer algo con descuido… O bien… el máximo rigor accesible en un terreno en el que no se puede trabajar con precisión”.  La obra inconclusa de Benjamin es un enigma en muchos sentidos. Sarlo aprovecha la oportunidad para completarla de un modo personal. Al ser inconclusa está abierta y a pesar de que Benjamin sintiera una enorme frustración por no cerrarla, de un modo curioso lo que podemos leer se adhiere de múltiples formas a su estrategia del conocimiento mediante la cita y el fragmento, a la estructura de collage que intentaba.

Los ensayos de Sarlo nos informan además de detalles de la vida de Benjamin, de su afición al coleccionismo, de la trágica confiscación de su biblioteca, de su rechazo al mundo académico, de su desgraciado final en Port-Bou, en la frontera entre España y Francia. Siete ensayos sobre Walter Benjamin, al igual que todo libro que importa, estimula nuestra imaginación y activa nuestro pensamiento crítico, volviendo la especificidad de su asunto, solamente otro pretexto para seguir avanzando en el reconocimiento de nuestras más valiosas capacidades.
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