11/1/12

Argentina, 2001 – Grecia, 2011: Dos momentos de una crisis

Desde el estallido de la crisis de la deuda a finales de 2009, las comparaciones entre la terrible situación económica a que ha llegado Grecia y la crisis económica en la Argentina hace justo 10 años, se han multiplicado, con el énfasis dado más en las asombrosas similitudes y menos en las diferencias.

Por otra parte, de acuerdo con la evaluación general de la investigación sistemática del Centro de Estudios de Política Europea, en relación con el paralelo de los dos países una década antes del inicio de la crisis de la deuda, así como durante el período de su gestión, un mínimo de acciones estructurales económicas y políticas son factibles para evitar la repetición de la quiebra histórica de Argentina, pero a una escala mayor en el caso de Grecia.

Αργεντινή 2001, Ελλάδα 2011. Η ιστορία επαναλαμβάνεται

http://www.igraphics.gr/economy/gr-c/argentini-ellada-omoiotites-diafores

Una década de Unión Monetaria parcial

Desde principios de 2010, una gran parte de observadores independientes hizo hincapié en que Grecia se enfrentaba con un problema de solvencia económica, en lugar de un problema de liquidez económica, como en el caso de la Argentina hace una década.

En 1991, a fin de estabilizar la inflación, Argentina invirtió en el resultado de un experimento radical: En la adhesión a la unión monetaria parcial con los EE.UU., un paso antes de la sustitución completa de la moneda nacional y la política monetaria argentina por el dólar de EE.UU. y la política del Banco Federal de EE.UU.

Al principio, el nuevo ajuste funcionó bien. La tasa de crecimiento se movió hacia arriba, ganando la confianza de los inversores extranjeros, lo que resultó en un ingreso inmediato de capital extranjero a través de inversiones, principalmente en el sector bancario.

Diez años más tarde, es decir, en el año 2001, la economía griega tuvo una experiencia similar, adhiriéndose a la Unión Monetaria Europea. Abandonó la soberanía monetaria y la divisa de la dracma, a fin de superar, entre otras cosas, los problemas financieros y la desinflación. Por un período de aproximadamente nueve años, según parecía, hubo un equilibrio presupuestario, la inflación estuvo controlada y el desarrollo mostró un importante crecimiento, impulsado por ingresos continuos de capital barato, debido a la convergencia financiera europea.

Para Argentina, las primeras tendencias negativas aparecieron y evolucionaron a lo largo de toda la década de los ´90. Una serie de choques externos políticos y económicos, como la crisis mejicana de 1994, la alta evaluación del dólar en 1995, la crisis de Asia oriental en 1997, la bancarrota rusa en 1998 y la crisis monetaria en Brasil en 1999, llevaron la moneda nacional a un estado de grave sobrevaloración, dependiendo del estado de equivalencia con el dólar, lo que resultó en la aparición y el empeoramiento constante de los déficit externos y la desaceleración paulatina del desarrollo. Mientras tanto, los desequilibrios fiscales acompañados por el aumento de la corrupción, así como los gastos públicos excesivos, empeoraron a tal punto la situación, así que poco antes del 2000 los inversionistas comenzaran a preocuparse por el futuro económico del país (o sea de los intereses de las élites económicas griegas y extranjeras en el país) en relación directa a su solvencia, lo que condujo al descenso del valor de los bonos del Estado.

Al igual que en Argentina, los problemas griegos comenzaron a surgir bajo la presión de los acontecimientos externos. Después de la crisis financiera internacional de 2008, la noción del riesgo económico en los mercados financieros internacionales cambió drásticamente, el ingreso de capital a Grecia se redujo significativamente, y junto con él se redujo la tasa de desarrollo. En relación con las denuncias sobre las estadísticas falsificadas y la enorme deuda pública y externa acumuladas, en breve los nuevos datos hicieron huir a los inversores internacionales, por lo que el spread de los bonos emitidos por el gobierno griego aumentó dramáticamente en un período de casi un año.

Enfrentándose a la crisis: La austeridad fiscal

A pesar de un crecimiento positivo en la economía durante la década de 1990, la deuda de la Argentina casi se duplicó (de un 34% a más del 60% del PIB), debido principalmente al aumento de las necesidades de fondos para cubrir los gastos fuera del presupuesto (por ejemplo, para las deudas preexistentes, tales como las deudas vencidas a pensionistas y proveedores), y debido a gastos excesivos en un sistema tributario caracterizado por los analistas como opaco. A partir de 1999, principalmente bajo la presión del FMI y de las condiciones de los tres programas consecutivos de apoyo financiero, el gobierno adoptó una serie de leyes (cuatro en un período de dos años) a fin de controlar el déficit público y recuperar la confianza, en el mercado.

El último conjunto de leyes más duras, conocida como “Legislación de Déficit Cero”, aprobada en julio de 2001, tenía como fin poner en práctica los compromisos a un presupuesto equilibrado, desde el cuarto trimestre del mismo año, apuntando, al mismo tiempo, a causa de la corta duración de las medidas, a apaciguar las reacciones sociales. Pero a finales de 2001, el déficit no fue cero, de acuerdo con los objetivos, sino que había alcanzado el 6% del PIB, mientras que la tasa de crecimiento oscilaba por el -4,5, si el objetivo era un 3,5%, dando lugar al estallido de violentas protestas por todo el país.

La experiencia griega del control de los gastos corrientes no es muy diferente. Desde el período del inicio de los intensos problemas financieros, el gobierno griego propuso y validó tres diferentes planes de “saneamiento” de la economía. En enero de 2010 (justo antes de la primera intervención del FMI), el recientemente electo gobierno de Papandreu anunció las reformas del presupuesto para reducir el déficit presupuestario, del 12,9% del PIB a menos del 3% en 2012. A pesar de la adopción del plan de reforma por la Comisión Europea, en breve la implementación del plan resultó imposible.

A principios de mayo de 2010, después de la aprobación del paquete oficial de “apoyo” económico a Grecia por el FMI, el plan de saneamiento fiscal amplió el objetivo de la reducción del déficit por debajo del 3% hasta 2014. Sin embargo, durante la tercera revisión en junio de 2011, los objetivos intermedios del proyecto fueron evaluados y resultó que estaban lejos del objetivo, Entonces el FMI impuso la planificación de un programa de emergencia adicional como una condición para la aprobación del nuevo plazo. Como resultado de ello, el gobierno griego se vio forzado a presentar un nuevo plan de austeridad para el período 2012-2015, para procurarse 28,6 millones de euros en el períodode 2012 a 2015.

Una diferencia notable entre Argentina y Grecia es el hecho de que Argentina no tuvo la oportunidad de recurrir a privatizaciones de organismos públicos para reducir la deuda, ya que casi todos los bienes del Estado se habían vendido en la década de los ´90.

El apoyo externo: El FMI y los otros

En el caso de Argentina, donde los acreedores extranjeros comenzaron a poner en duda la capacidad del país para reducir la deuda bajo control, la comunidad internacional intervino proponiendo grandes paquetes de ayuda financiera. En marzo de 2000, el FMI aprobó un programa “preventivo” de tres créditos de 7.200 millones dólares, destinados a recuperar el crecimiento y reducir el déficit presupuestario (fiscal), principalmente a través de reformas estructurales. A pesar de que, a continuación los objetivos fueron revisados ​​y se limitaron, al final ninguno de ellos no fue alcanzado.

Dada la dificultad prolongada de financiación externa y la incapacidad del país de acceder a los mercados internacionales capitalistas, en enero de 2001, el FMI acordó en un aumento del acuerdo “preventivo” a la cantidad de los 13.7 millones de dólares, mientras que, al mismo tiempo, después de su mediación, fue promovido un plan de financiación adicional por fuentes oficiales y privadas. Por lo tanto, un plan de rescate de alrededor de 40 mil millones de dólares fue presentado por el gobierno argentino como parte de un sistema de protección adicional de los préstamos concedidos (excepto el del FMI) por el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el gobierno de España, en combinación con las garantías de financiación procedentes del sector privado, que podrían “proteger” Argentina de su incapacidad de acceder en los mercados internacionales.

No obstante, el fracaso de la consecución de los objetivos fiscales (de acuerdo con los resultados negativos de la tercera revisión realizada por el FMI), resultó un factor catalizador para el aumento del contrato de préstamo de unos 8 mil millones de dólares, el 7 de septiembre de 2001, (llegando así el total a los 22 mil millones de dólares) por el FMI.

Una vez más, el caso de Grecia se asemeja notablemente al caso de Argentina, pero a una escala mayor. En mayo de 2010, el FMI y unos Estados miembros de la Unión Europea acordaron en un paquete de medidas de emergencia, con el fin de ayudar a resolver los problemas de liquidez, al tiempo que impusieron un programa de ajuste de los datos económicos muy duro, con el objetivo de reducir el déficit. A pesar de las acciones a las que procedió el gobierno griego, de acuerdo con los dictados del FMI, del BCE y de la UE, los objetivos intermedios no se alcanzaron reiteradas veces. Ante el riesgo claro de incumplimiento con sus obligaciones, fue propuesto un nuevo paquete de alrededor de 80 mil millones de dólares, bajo la condición de la imposición de un nuevo programa de austeridad más duro.

La ola de retiros

En Argentina, en 2001 la situación se había deteriorado hasta un grado irreversible y la perspectiva de la quiebra parecía inevitable, al punto de que decenas de miles de personas acudieron a los bancos para hacer retiros de sus depósitos. En este mismo momento la convergencia monetaria con el dólar llegaba a su punto final. También, los sucesivos acuerdos de préstamos por el FMI, con sus condiciones consecuentes de imposición de duras medidas económicas que habían afectado principalmente a los bajos ingresos, habían reducido a la clase media, habían aniquilado las tasas de crecimiento y habían disparado las tasas de desempleo, compusieron los detalles del peor guión posible que pronto se convertiría en realidad.

El 30 de noviembre de 2001, comenzó la llamada “corrida bancaria” (bank run). Las reservas del Banco Central disminuyeron en 2 mil millones de dólares en un solo día. En respuesta, el presidente De la Rúa impuso una amplia gama de restricciones a las transacciones bancarias, conocida como “el corallito”, que incluía un límite de retiro de 1.000 dólares por mes.


Unos fenómenos parecidos de retiros masivos de depósitos personales se registraron en Grecia, bajo el miedo de la repetición de la medida restrictiva de Argentina y el miedo a un posible retorno a la dracma. Dentro de sólo 2 años, a partir de octubre de 2009 la reserva de depósitos en Grecia se estima que ha disminuido en alrededor de 50 mil millones de dólares, mientras que, por ejemplo, en septiembre de 2011 se estima que se han realizado retiros de alrededor de 5,5 mil millones de dólares y en octubre de 2011 se retiraron unos 6,8 billones de euros.
Título original: “Similitudes y diferencias entre la Grecia de 2011 y la Argentina de 2001”
http://verba-volant.info/es/similitudes-y-diferencias-entre-la-grecia-de-2011-y-la-argentina-de-2001/