20/1/12

Antonio Gramsci, la hegemonía y la política exterior de Estados Unidos


Daniel Nemser


El 8 de noviembre, 1926, fue detenido en Roma por la policía fascista de Mussolini Antonio Gramsci, un pensador italiano comunista y activista, por haber violado ciertas "Leyes Excepcionales," que prohibían las actividades en contra del régimen. Fue condenado a veinte años en la cárcel, pero sólo vivió diez - el 27 de abril, 1937, murió de una hemorragia cerebral. Durante el juicio, el fiscal dijo que "por veinte años, debemos impedirle a esa mente que funcione," pero los años en la cárcel a la postre fueron los más productivos, desde una perspectiva filosófica - en sus Cuadernos de la cárcel Gramsci desarrolló teorías que siguen siendo útiles para explicar el mundo actual.(1)


Una de éstas es su concepto de la hegemonía, la cual es especialmente útil para analizar la coyuntura del mundo caracterizada por la dominancia unipolar de los Estados Unidos encabezado por el presidente George W. Bush. Para Gramsci, la hegemonía es una forma de dominación que consta de "fuerza y consentimiento, los cuales se equilibran entre sí, sin que la fuerza predomine excesivamente sobre el consentimiento."(2) Es decir, el poder dominante consigue y mantiene su control no sólo mediante la coerción (utilizando instituciones como las fuerzas armadas, la policía, etc.) sino también mediante el "liderazgo," con lo cual crea una cultura que apoya sus maniobras dentro de esa sociedad. Bajo este concepto del poder, la fuerza sola no es suficiente para dominar un sistema - aparte de este brazo bélico, se necesita un lado más benévolo (no necesariamente menos insidioso) que fortalezca su apoyo y así logre el consentimiento. Este concepto nos puede ayudar a entender la visión actual de la política exterior de EU. Luego de las invasiones de Afganistán y de Irak, las cuales demostraron el poder ilimitado de sus fuerzas armadas, la administración Bush busca este mismo consentimiento, que es el talón de Aquiles del dominio estadounidense.


La "carta más fuerte"

No hay duda de que el ejército estadounidense es el más poderoso del mundo. Hasta los intelectuales que creen que el dominio de EU está de capa caída admiten que el país "dispone del aparato militar más formidable del mundo," y que su "ventaja sobre el resto del mundo es mucho más grande hoy" que hace sólo diez años. Las fuerzas armadas no son solamente su "carta más fuerte; de hecho, son su única carta."(3) Aun antes de las invasiones de Afganistán y Irak se aceptaba como verídica esta idea, pero ahora ni siquiera se cuestiona. La confianza de los consejeros militares de Bush, mientras discuten entre sí cuál de los regímenes del "eje del mal" será el próximo a derribar (¿será Irán, Siria o Corea del Norte? O tal vez ¿su vecino del patio trasero Cuba?), así como la exaltación del nuevo doctrina de guerra preventiva, demuestran no sólo que esta fuerza existe sino que también es cada vez más probable que se utilice.

El poder de las fuerzas armadas estadounidenses reside no sólo en el sentido de que pueden vencer a cualquier enemigo, sino también en su dirigentes intelectuales. Los halcones tienen el control. La administración Bush está poblada mayoritariamente de pensadores neoconservadores, muchos de los cuales son integrantes del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNSA), un think tank dedicado a, entre otras cosas, mantener y extender la Pax Americana "aumentando el gasto de defensa considerablemente" para "modernizar nuestras fuerzas armadas" y prolongar el dominio militar de EU. (4)Una breve lista de los miembros de la organización y su función en el gobierno de Bush debería aportar una idea de cuán influyentes son sus ideas: el vicepresidente Dick Cheney; Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa; John Bolton, subsecretario de Estado para Control de Armas y Seguridad Internacional; Eliot Cohen, Mesa de Política de Defensa; I. Lewis Libby, jefe de Estado del vicepresidente; Dov Zakheim, subsecretario de Defensa y Principal Oficial de Finanzas del Pentágono; Stephen Cambone, jefe de la Oficina de Análisis de Programas y Evaluación en el Departamento de Defensa; y Elliott Abrams, jefe de la Política del Medio Oriente en el Consejo de Seguridad Nacional. Los que están familiarizados con la historia reciente de América Latina se acordarán de Abrams como uno de los operativos infames del escándalo Irán-contra en Nicaragua. Se integra a la burocracia de Bush al lado de otros veteranos del Irán-contra como Otto Reich, el coordinador de "iniciativas políticas a largo plazo" en el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional; Richard Armitage, subsecretario de Estado; John Negroponte, embajador a las Naciones Unidas; y John Poindexter, el director del proyecto de Información Total del Pentágono.

Con tantas posiciones de alto nivel ocupadas por xenófobos neoconservadores, resulta natural que se note su influencia en la política exterior. Basta con repasar brevemente la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Bush en el contexto de las recomendaciones del PNSA para reconocer no sólo las similitudes retóricas sino también lo parecido de sus visiones obsesivas. En su influyente informe, "Rebuilding America´s Defenses" (Reconstruyendo las defensas de EU), el PNSA argumenta que EU debe enfrentar los "estados delincuentes" de "Corea del Norte, Irán, Irak, o otros parecidos;" mientras la ESN de Bush dice, "tenemos que prepararnos para impedirles a los estados delincuentes [como Irak y Corea del Norte] y sus clientes terroristas antes de que puedan amenazarnos o usar armas de destrucción masiva en contra de EU y nuestros aliados y amigos." El PNSA sugiere que EU "aborde las realidades de múltiples misiones policíacas, las que exigirán una distribución permanente de las fuerzas estadounidenses;" mientras la ESN reconoce que "ya es hora de reafirmar el rol imprescindible de la fuerza militar americana," dedicada a su "fuerza sin comparación y una presencia adelantada." El PNSA dice, "Estados Unidos debe defender la patria;" la ESN, "defender nuestra Nación contra sus enemigos es el compromiso principal y fundamental del gobierno federal." Y el PNSA propone que EU "proteja y extienda las zonas de paz democrática;" mientras la ESN declara que el EU "trabajará activamente para llevar a cada rincón del mundo la esperanza de la democracia, el desarrollo, los mercados libres y el libre comercio." (5)

De hecho, una de las pocas diferencias notables entre las recomendaciones del PNSA y la ESN es que el primero idealiza a la acción unilateral de EU, mientras que el segundo reconoce la importancia de cooperación multilateral efectiva ("Hay poco a largo plazo que EU pueda lograr en el mundo sin la constante cooperación de sus aliados"). Desde luego que esta noble intención fracasó frente a la primera señal de resistencia, cuando EU desdeñosamente ignoró a la ONU y a la opinión mundial y invadió Irak sin apoyo internacional.

Por lo tanto, un componente de la hegemonía estadounidense - la fuerza - parece estar bien sólido, dado que el país dispone no sólo de un ejército incomparable sino también de una base ideológica sobre la que puede desarrollarse una estrategia que utiliza al mismo ejército al máximo. Pero, volviendo a Gramsci, la hegemonía verdadera depende de más que únicamente la fuerza. ¿Cómo anda, entonces, el estado del "consentimiento" en EU?

Solidaridad ignorada

Los ataques del 11 de septiembre crearon un nivel de solidaridad con EU que jamás se había visto antes. Los viejos aliados de Washington, como los integrantes europeos de la OTAN, quienes a las 35 horas de los ataques invocaron el Artículo V de los estatutos de la alianza (que dice que un ataque en contra de un miembro equivale a un ataque en contra de todos), no fueron los únicos que externaran su apoyo. En todo el mundo, en Asia, África y América Latina, los gobiernos y los pueblos manifestaron su simpatía y solidaridad. También Irán y Cuba condenaron los ataques, a pesar de su supuesta integración al "eje del mal."

Pero la administración Bush rápidamente gastó esta reserva de buena voluntad. Con una aplastante combinación de fuerza unilateral, retórica autofelicitante y críticas ad hoc contra los países que consideraba adversos a prestar apoyo, Washington ha demostrado no sólo su rechazo a transigir sino también la determinación de lograr sus caprichos. Desafortunadamente, esta intransigencia ha tenido el efecto previsible de enervar los sentimientos internacionales de solidaridad y, de hecho, generar sentimientos anti-EU en todo el mundo. Incluso los países que antes se unían con EU están perdiendo la fe. Como escribe Immanuel Wallerstein, "la aquiescencia hosca cultiva un resentimiento creciente... Hoy en día, los Estados Unidos están gastando este crédito hasta más rápido que gastó su superávit de oro durante los 60."(6)

Gramsci explicaría este fenómeno de apoyo decreciente al señalar que la hegemonía no es estática, sino fluida - constantemente enfrentará desafíos. Un poder hegemónico inevitablemente enfrentará una "crisis de autoridad... [que] crea situaciones peligrosas a corto plazo... La clase dirigente tradicional [en este caso, EU dentro del contexto mundial]... con más rapidez que la de las clases subordinadas, reafirma el control que se iba de las manos. Tal vez haga sacrificios, y se exponga a un futuro incierto con promesas demagógicas; pero retiene el poder, lo refuerza por el momento, y lo usa para aplastar a sus enemigos y dispersar a sus cuadros dirigentes." (7) Tal explicación es aún más útil cuando la "unidad dialéctica de fuerza y de consentimiento" se toma en cuenta.(8) Si la hegemonía se basa en una relación dialéctica entre la fuerza y el consentimiento, entonces cuando se emplea más fuerza, resulta que se necesita y se desea más consentimiento. Así, luego de la invasión estadounidense de Irak (fuerza), ¿cómo va a responder Washington a su "crisis de autoridad?" ¿Qué está haciendo para lograr el consentimiento que necesita para alimentar sus fantasías hegemónicas neoimperiales?

"O estás con nosotros o estás en contra"

En un nivel internacional, hay dos "escenarios de consentimiento" para explorar.(9) El primero es consentimiento pre-Irak - es decir, el respaldo a la guerra en Irak. Todos recordarán que, en noviembre 2002, EU trató de intimidar a la ONU a que apoyase una acción militar contra el régimen de Sadam Hussein. Estas estrategias aguerridas llevaron a terminaron en la aprobación unánime de la Resolución 1441, la cual, sin embargo, no respaldó el militarismo de Bush, sino que buscó más tiempo para los inspectores de la ONU para que encontraran las supuestas armas de destrucción masiva. Tal arreglo, sin embargo, no satisfizo a Bush. Harto de esperar a que terminasen su trabajo los inspectores y con ganas de emprender su guerra, en marzo EU otra vez intentó intimidar al Consejo de Seguridad a que votase por la acción inmediata. El Consejo, integrado por cinco miembros permanentes (EU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China) y diez miembros no-permanentes (actualmente Alemania, Angola, Bulgaria, Camerún, Guinea, Pakistán, Siria y dos países de América Latina, México y Chile), se vieron ante la una presión intensa de "la zanahoria y garrote" de los negociadores estadounidenses. Pero al final, estas presiones también fallaron, y los tres principales partidarios de la nueva resolución, EU, Gran Bretaña y España (con el apoyo también de Bulgaria), recularon frente a la fuerte resistencia de los otros once miembros.

Sin embargo, Bush estaba decidido a invadir, así que EU fue formando una "coalición de los dispuestos" para fabricar el consentimiento a pesar de la falta de una resolución de la ONU a favor. Pisando los acuerdos y leyes internacionales, Washington decidió por la guerra primero, y sólo entonces, cuando ya era inevitable, trató de conseguir apoyo. Y hubo apoyo, de cierta forma. Pero a pesar de contar con el apoyo de 45 naciones (más que durante la primera Guerra del Golfo), la realidad era mucho más problemática de lo que los números implican. La lista incluía, por ejemplo, a seis países que ni siquiera tienen fuerzas armadas (Palau, Costa Rica, Islandia, las Islas Marshall, las Islas Salomón y Micronesia), y 18 países que, paradójicamente (dado el nombre de la misión: "Operación Libertad Iraquí"), han sido criticados por el Departamento del Estado estadounidense por tener situaciones de derechos humanos "pobres y extremadamente pobres" (inclusive varios casos de tortura y asesinatos). Por lo tanto, Johann Fritz, el Director del Instituto Internacional de Prensa, describió al grupo como "más una... ´coalición de los pecadores´ que una de ´los dispuestos.´"(10) Parecería, entonces, que tal coalición variopinta no aporta el suficiente consentimiento para justificar la invasión.

Lo cual nos lleva a considerar el segundo "escenario de consentimiento," el de consentimiento pos-Irak. Como se decía arriba, EU enfrenta una "crisis de autoridad," que consiste en no sólo la falta fundamental de apoyo sino también la hostilidad creciente hacia sus políticas. El trabajo de Washington en el mundo pos-Sadam es reconstruir su prestigio de antes de la guerra y fabricar el consentimiento necesario para seguir con sus planes de expansión neoimperial, sean político-militares (mediante invasiones futuras de países del "eje del mal") o económico-culturales (mediante iniciativas de libre comercio y la extensión de capital estadounidense). Pero la pregunta es, en los dos casos: ¿Cómo lograr esto?

De zanahorias y garrotes

A través del siglo XX, EU utilizó tanto la zanahoria como el garrote para conseguir sus objetivos. Los que están familiarizados con el contexto político de América Latina quizás recordarán el garrote más claramente. En Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Argentina, Brasil y Chile, por citar algunos ejemplos, Washington financió, tanto económica como militarmente, a dictaduras brutales y sus guerras de contrainsurgencia contra los movimientos populares de resistencia. Últimamente tal apoyo directo para estos regímenes es ahora más difícil de justificar ante la comunidad internacional y el público estadounidense. Surge una nueva estrategia basada más en la zanahoria, y que depende menos de intervención directa - lo cual no significa, sin embargo, que implique menos coerción. Aquí se describirán tres escenarios recientes de América Latina.

Escenario Uno: Bolivia y Nicaragua. En junio 2002, Washington enfrentaba la posible elección a la presidencia del candidato socialista Evo Morales, el líder del partido Movimiento al Socialismo y un crítico declarado de EU. Morales había ganado el segundo lugar en la primera ronda de la elección durante la cual ningún candidato ganó una mayoría, de tal manera que el socialista enfrentaría al ex presidente derechista Gonzalo Sánchez de Losada en la segunda ronda. Ya que Morales representaba una amenaza a sus intereses, EU decidió entrometerse en la elección, y mandó a su embajador Manuel Rocha declarar que "si votan por los que quieren que Bolivia siga exportando la cocaína, pondrán en mucho riesgo la ayuda financiera de los Estados Unidos." Contradictoriamente, esta intervención sólo le aumentó la popularidad a Morales. Aunque al final perdió la elección, Morales tildó a Rocha su "mejor jefe de campaña."(11)

Bolivia no es más que el último ejemplo de tal intervención. El año anterior, EU había intervenido en las elecciones presidenciales en Nicaragua en contra del líder sandinista, Daniel Ortega. Duncan Campbell de The Guardian reporta que un oficial del Departamento de Estado de EU "animó a los partidos conservadores que postularon varios candidatos frente al Sr. Ortega a que se unieran para derrotarlo." Ortega perdió, pero es probable que hubiera perdido de todos modos.

Este tipo de manipulación de los procesos democráticos de un país soberano demuestra los fuertes intereses que tenía EU en asegurarse de que los dos candidatos izquierdistas perdiesen. Tanto por razones de seguridad nacional (la categoría con la que Washington concibe la problemática de la droga), como por razones financieras, había un fuerte interés para entrometerse. De este modo, Washington esperaba fabricar el consentimiento (si algo ficticio) estableciendo regímenes pro-EU que respaldarían sus iniciativas.

Escenario Dos: Venezuela. El 11 de abril, 2002, Hugo Chávez, el presidente populista democráticamente elegido, fue depuesto en un golpe de estado encabezado por los intereses comerciales derechistas. Casi toda Latinoamérica se unió para condenar la toma de poder como antidemocrática. Pero Washington alabó a los instigadores y reconoció inmediatamente su gobierno ilegítimo, culpando a Chávez por su propia destitución. Y la administración Bush se apresuró para ofrecer su apoyo - los oficiales conceden que, pocas horas después del golpe, Otto Reich telefoneó al presidente recientemente instaurado Pedro Carmona con sugerencias para su programa político. (12)

Muchos analistas sospechan que Washington estaba metido en la planeación del golpe, (13)lo cual implicaría una intervención mucho mas directa y insidiosa que las acciones tomadas en Bolivia y Nicaragua, semejante al golpe del General Pinochet, financiado por EU en contra de Salvador Allende en Chile hace treinta años. Incluso si EU no estaba detrás del golpe, la respuesta oficial hipócritamente desechó su supuesto compromiso con la democracia en la región. La decisión tuvo la clara intención de promover los intereses de EU en la región, otra vez fabricando "consentimiento" a costa de la democracia venezolana. De todos modos, está claro que "cuando la política de su patio trasero se interpreta como una amenaza a la Pax Americana, EU recurre a las necesidades del imperio, tratando a las naciones de la región no de socios sino de peones." (14)

Escenario Tres: Chile y México. Todos los países (tal vez desafortunados) que integran este cuerpo élite, desde luego, enfrentaron la presión exagerada durante la campaña de Bush para agenciarse apoyo para su invasión de Irak. En el caso de sus vecinos latinoamericanos, la estrategia de Washington coincidió con el hecho de que se encontraba negociando acuerdos políticos con ambos. Chile estaba en el proceso de celebrar un tratado bilateral de comercio libre con EU, mientras el presidente mexicano buscaba cumplir con su promesa de campaña y firmar un acuerdo sobre la migración. La estrategia fue una modificación del acuerdo simbiótico "Hoy por ti, mañana por mi," que convirtió un acuerdo entre iguales en una relación asimétrica de poder: "Tú votas por nosotros en el Consejo de Seguridad, y tal vez consideremos cumplir los compromiso que te hemos hecho." Laura Carlsen del Centro Interhemisférico de Recursos escribe que "aunque los negociadores estadounidenses insistían que no ejercían presión de ningún tipo, el ex embajador chileno Gabriel Valdés se quejó de que la presión era tangible... ´Hablar con EU es como hablar con un elefante. Es muy grande, pesado y generalmente antipático.´"(15)

Un paréntesis interesante se puede hacer aquí. Resulta que Gabriel Valdés es hoy el ex embajador chileno a la ONU precisamente por la intervención de Washington. Chile se encontraba entre la espada y la pared - por un lado, la opinión pública chilena estaba totalmente en contra de la guerra en Irak, y por otro, el tratado de libre comercio hacía deseable apaciguar a EU. Así que el presidente Ricardo Lagos le encargó a Valdés oponerse a la guerra de manera tal que no enojara al hegemón continental. Desafortunadamente (para Valdés), era demasiado franco y determinado en sus discursos - los embajadores a la ONU de EU y España se quejaron de su retórica agresiva - y, con algo de previsión, declaró Valdés que preferiría retirarse que votar por la resolución bélica de EU. Eso hizo que Washington empezara a postergar el tratado de libre comercio - el Representativo de Comercio estadounidense Robert Zoellick dijo que "hay personas decepcionadas... Esperábamos un apoyo en un momento en que sentíamos que era muy importante." (16) El 7 de mayo Lagos reemplazó a Valdés con Herald Muñoz, quien, como antiguo compañero de clase con Condoleeza Rice, la Consejera de Seguridad Nacional de Bush, parecía menos ofensivo y más aceptable. (17)Notablemente, apenas instalado Muñoz, Washington otra vez cambió su política y emprendió las negociaciones del tratado, y se firmó exactamente un mes más tarde.

La situación mexicana es distinta sólo porque ha habido menos apaciguamiento hacia Washington y, consecuentemente, menos avance en el acuerdo. El aire de amistad y cooperación y la aparente intimidad de los dos presidentes que estaban presentes al principio del mandato de Bush cambiaron considerablemente después del 11 de septiembre. Pero el voto contra la guerra de México en el Consejo de Seguridad no ayudará a las políticas de Fox, y ahora es muy improbable que se llegue a un acuerdo en un futuro próximo.(18)

El tratamiento de Washington a estos países que se negaron a apoyar sus decisiones recuerda a un domador de animales del circo, que distribuye premios a los complacientes y castigos a los recalcitrantes. Por tanto, queda claro que la administración Bush, aunque por lo general menosprecia la opinión internacional, reconoce la necesidad de mantener cierto consentimiento "Gramsciano" para solidificar su poder.

Intercambiando comercio... por consentimiento

Estos escenarios tomados de América Latina son unos pocos ejemplos que revelan el funcionamiento del juego punitivo de Bush. (19) Parece ser que el instrumento preferido para ganar este consentimiento (la zanahoria) es el libre comercio. Premiar y castigar a países soberanos por sus maniobras a través de una política económica no es nuevo para EU (sólo hay que pensar en los embargos de comercio mantenidos en contra de Cuba y Irak para darse cuenta del papel de la economía). La diferencia es que ahora esta política forma parte del canon oficial de la administración. Se ha aprobado y - visiblemente - se ha escrito en el libro del imperio.

En un discurso el 8 de mayo, Robert Zoellick dijo que los países que buscan firmar tratados de libre comercio con EU tendrán que demostrar cercanía a EU en áreas más allá de la economía. Trece criterios distintos se han seleccionado para guiarle a Washington al tomar sus decisiones, aunque por lo visto no hay "reglas formales" en cuanto a estas decisiones. Queda claro, sin embargo, que se basarán no sólo en asuntos relacionados con el comercio (como el apoyo del programa político de EU en la OMC) sino también en lo estrictamente político. Como afirmó Zoellick, "estos países deben cooperar con EU en sus objetivos de política exterior y seguridad nacional." Un ejemplo reciente fuera de América Latina es la decisión a no ofrecer a Nueva Zelanda un tratado de libre comercio, dado que el país se ha negado a permitir la entrada a sus aguas soberanas a los navíos estadounidenses impulsados por energía nuclear.(20) Otro es el tratado bilateral que se firmó rápidamente con Singapur, mientras que en las mismas fechas Washington postergaba el tratado con Chile.(21)

Durante mucho tiempo, América Latina ha enfrentado el desafío del libre comercio procedente de EU, y actualmente está enfrentando el Área de Libre Comercio de las Américas, el plan de Washington para unir a todo el hemisferio bajo un solo techo neoliberal y crear el mercado común más grande del mundo - un mercado para los productos estadounidenses. Como el ejemplo de Chile - el TLCAN, el propuesto Tratado de Libre Comercio de América Central y el Plan Puebla-Panamá - nos demuestran, el libre comercio es un asunto de primer orden en la agenda de EU para la región. A pesar de tener una sociedad civil crítica, los gobiernos de estos países por lo general están comprometidos con el éxito de estos acuerdos. Unas excepciones notables son Brasil, Venezuela y, desde luego, Cuba, los tres que, por cierto, fueron calificado por el presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Diputados, el Republicano Henry Hyde, como un nuevo "eje del mal" hemisférico - y por tanto, mucho más peligroso.(22) El hecho de que estos países han sido denostados demuestra claramente que Washington considera muy eficaces sus instrumentos económicos y comerciales. Los que amenacen la eficacia de estos instrumentos, por lo tanto, son amenazas en otros áreas.

Para Gramsci, también, la hegemonía es al menos en parte un fenómeno económico. La hegemonía, escribe, es "económica, debe necesariamente basarse en la función decisiva ejercida por el grupo dirigente en el núcleo decisivo de la actividad económica." Continúa argumentando que "sin duda el hecho de que la hegemonía presupone que se tomen en cuenta los intereses y las tendencias de los grupos sobre los cuales la hegemonía va a ejercerse, y que un cierto equilibrio de arreglo debería formarse - es decir, que el grupo dirigente debe hacer sacrificios de carácter económico-corporativo. Pero tampoco hay duda de que tales sacrificios y tales arreglos siquiera tocan lo esencial." (23)Conforme con el análisis de Gramsci, EU ha hallado un asunto eficaz para granjearse el respeto y la aquiescencia. El libre comercio cabe perfectamente en su categorización, puesto que, al menos teóricamente, elimina las ventajas "injustas" acumuladas por el proteccionismo - en otras palabras, los mismos "sacrificios de carácter económico-corporativo" a los que se refiere Gramsci - y nivela a los países involucrados. Aunque conseguir el consentimiento hegemónico - comprar la lealtad - requiere que el soñador imperial pierda algo de sus propios intereses, nunca perderá la ventaja general voluntariamente. Hay que recordar nomás los subsidios agrícolas que proporciona el gobierno estadounidense, que abiertamente contradicen los acuerdos del TLCAN y condenan a los campesinos mexicanos a la miseria, para entender que lo anterior es cierto.

Pues ¿cómo puede enfrentarse la hegemonía estadounidense? Obviamente hay mucho por hacer, y no hay una sola vía. Pero quizás una manera de empezar es negándole consentimiento. Sin este componente clave, la hegemonía no funciona - Bush sí es capaz de invadir a Irak más o menos solo, pero ¿cuántos Iraks más será capaz de desafiar? Los países individuales (y por supuesto las personas como individuos) que actúen individualmente y critiquen la hegemonía - como Chile y Gabriel Valdés, por ejemplo, pero igual de notable son los millones de manifestantes por todo el mundo que protestaron contra la guerra - contribuyen al movimiento antiimperial en todo su conjunto. Gramsci utiliza la metáfora de una sinfonía para describir este fenómeno: "Una orquesta ensayando, con cada instrumento tocando por sí mismo, da la impresión de una cacafonía horrorosa. Pero estos ensayos son necesarios para que la orquesta viva como un ´solo instrumento.´" (24) Tal vez si los gobiernos de América Latina y a través del mundo dejan de convalidar el programa bélico de Washington, y dejan de picar el cebo del libre comercio, comenzará a derrumbarse el monolito.

Notas

1] Frank Rosengarten, "An Introduction to Gramsci´s Life and Thought" (http://www.marxists.org/archive/gramsci/intro.htm).
2] Antonio Gramsci, "Notes on Italian History," en Selections from the Prison Notebooks, trad. Geoffrey Smith y Quintin Hoare, 1971:59.
3] Immanuel Wallerstein, "The Eagle Has Crash Landed." Foreign Policy,, julio/agosto 2002 (
http://www.foreignpolicy.com/issue_julyaug_2002/wallerstein.html).
4] Statement of Principles, Project for the New American Century (
http://www.newamericancentury.org/statementofprinciples.htm).
5] Véase "Rebuilding America´s Defenses: Strategy, Forces and Resources For a New Century," septiembre 2000 (
http://www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf); "The National Security Strategy of the United States," septiembre 2002 (http://www.whitehouse.gov/nsc/nss.pdf); y Tom Barry, "A Strategy Foretold," Foreign Policy in Focus, 14 octubre, 2002 (http://www.fpif.org/pdf/reports/PRforetold.pdf).
6] Véase Wallerstein, citado arriba.
7] Gramsci, "Observations on Certain Aspects of the Structure of Political Parties in Periods of Organic Crisis," citado arriba, 80.
8] Gramsci, citado arriba, 169.
9] Hay mucha literatura acerca de la fabricación del consentimiento y apoyo para la guerra en Irak dentro de un contexto estadounidense. Véase, por ejemplo, el discurso de Arundhati Roy del 13 mayo, 2003, "Instant-Mix Imperial Democracy (Buy One, Get One Free)" (http://www.commondreams.org/views03/0518-01.htm).
10] Véase el análisis maravilloso de los países de la "coalición de los dispuestos" publicado por el Institute for Policy Studies: "Coalition of the Willing or Coalition of the Coerced? Part II," 24 marzo, 2003 (http://www.ips-dc.org/COERCED2.pdf); "Many Willing, But Few Are Able," Washington Post, 25 marzo, 2003 (http://www.globalpolicy.org/security/issues/iraq/attack/armtwist/2003/0325manywill.htm).
11] Duncan Campbell, "Bolivia´s Leftwing Upstart Alarms U.S.," The Guardian, 15 julio, 2002 (
http://www.guardian.co.uk/international/story/0,3604,755325,00.html).
12] Véase, por ejemplo, "U.S. Works Closely with Coup Leaders," (
http://www.americas.org/News/Features/200205_Venezuela_Coup/20020501_US_Role.htm).
13] Ed Vulliamy, "Venezuela Coup Linked to Bush Team," The Observer, 21 abril, 2002 (
http://www.observer.co.uk/international/story/0,6903,688071,00.html).
14] Tom Barry, "Our Backyard Pax Americana," Americas Program Discussion Paper, 17 febrero, 2003 (
http://www.americaspolicy.org/reports/2003/0302paxam.html).
15] Laura Carlsen, "Latin American Security Council Members and the American Elephant," 5 marzo, 2003 (
http://www.americaspolicy.org/commentary/2003/0303latamun_body.html).
16] Coletta Youngers, "The U.S. and Latin America After 9-11 and Iraq," Foreign Policy in Focus, 1 junio, 2003 (
http://www.foreignpolicy-infocus.org/papers/latam2003.html).
17] Sarah Anderson, "Payback Time," 12 mayo, 2003 (
http://www.ips-dc.org/iraq/paybacktime.pdf); Comunicado de prensa del Council on Hemispheric Affairs, "Lagos Humiliates Chile by Not Standing Tall Over its Iraq Vote," 26 mayo, 2003 (http://www.coha.org/Press_Releases/3.24%20-%20Largo%20Humiliates%20Chile%20by%20Not%20Standing%20Tall%20on%20the%20Iraq%20Vote.html).
18] Susan Purcell, "Vecinos y... ¿amigos?," América Economía, 31 marzo, 2003:46 (http://207.21.242.176/coa/publications/America%20Economia%2003-31-2003.html).
19] Para una lista completa, véase Anderson, citado arriba.
20] Jock Nash, "Zoellick Says FTA Candidates Must Support U.S. Foreign Policy," 16 mayo, 2003.
21] Anderson, citado arriba.
22] Barry, 17 febrero, 2003, citado arriba.
23] Gramsci, citado arriba, 161.
24] David Forgacs, The Antonio Gramsci Reader, 2000: 245.

http://www.ciepac.org/boletines/chiapasaldia.php?id=352