9/1/12

Algunos datos revelan recesión en Alemania

Circulan desde la semana pasada cifras relativas al PIB, particularmente en la mayor economía de la Eurozona. En efecto, Berlín orilla un retroceso y quizá necesite armonizar soluciones con Francia, Italia, Holanda y Austria.

Por supuesto, las cifras de desempleo no son aún un indicador pleno de actividad económica. Su relación con el PIB es variable y no siempre expresa lo mismo, como quedará claro en la inminente reunión de la canciller Angela Merkel con Mario Monti, el primer ministro italiano. Si se examinan los índices que tradicionalmente anticipan la evolución del PIB, el cuadro resultante ofrece una Alemania donde, desde mayo, cede la reactivación iniciada en 2010. Como ocurre con Italia, las estimaciones en danza apuntan este año a un primer trimestre de crecimiento negativo. Vale decir, alrededor de cero.

Por ejemplo, la Organización de Cooperación pro Desarrollo (OCDE, París), un club ortodoxo que agrupa veinticuatro países ricos, abandonó de pronto el optimismo exhibido hasta noviembre. Ahora, torna la crisis de confianza, por ende la proyección sobre Alemania y la Eurozona oscila alrededor de cero en ambos casos.

¿Qué significa eso? Que las ventajas competitivas germanas, obtenidas por la reciente depreciación del euro (este lunes abrió en apenas US$ 1,273) han surtido hasta el momento escasos efectos en el PBI. Esto implica que esas ventajas quedan neutralizadas, dentro y fuera de Alemania, por los programas de austeridad fiscal –como habían previsto Joseph Stiglitz o Paul Krugman-, la crisis de deuda soberana y los aprietos de la banca privada regional.

Dicho sin ambages, Berlín arriesga compartir la suerte económica y financiera de la Eurozona, inclusive la periferia. En tal contexto, la primera economía de la zona (y de la Unión Europea) afronta costos adicionales en el corto plazo. Pero resta un detalle: ¿cómo es posible que la productividad teutona pierda velocidad sin consecuencias en el empleo? Según consignan la OCDE y Eurostat, en ese plano parece irrelevante el PBI, una dicotomía que lleva diez años. Sin embargo, los ajustes sistémicos detectados en diciembre indican que esas contradicciones están agotándose.
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