16/12/11

La izquierda del Partido Comunista chino postula a Bo Xilai a la Secretaría General

Foto:  Bo Xilai
El 09 de febrero de este año, escribí en este mismo blog bajo el título “Bo Xilai se perfila como gran líder en China”, lo siguiente: "Para quienes gustan de las apuestas, les sugiero anotar el nombre de Bo Xilai y aprendérselo de memoria. Es hijo de Bo Yibo, uno de “Los Ocho Inmortales”. Pero también les menciono a Xi Jinping y Li Keqiang, que pueden ser sus más cercanos contrincantes. Los ocho inmortales fueron Deng Xiaoping, Chen Yun, Peng Zhen, Yang Shangkun, Bo Yibo, Li Xiannian, Wang Zhen y Song Renqiong. Jiang Zeming inició a principios de la década de los 90s la tercera gran generación de líderes chinos. Como protegido de Deng Xiaoping, Jiang ocupó la secretaría general del Partido Comunista y extendió la mano a la gente allegada a su liderazgo desde que fungió como alcalde de Shanghai en 1985."

Foto: Vista panorámica de la ciudad de Chongqing
En varios análisis nuestros precedentes hemos observado con mucho interés los fenómenos revolucionarios que ocurren en la ciudad china de Chongqing de 32 millones de habitantes bajo la dirección del Partido Comunista local que tiene a su frente a Bo Xilai, alcalde y ex ministro. Los pueden repasar aquí: "La izquierda del Partido Comunista chino a la ofensiva en la ciudad de Chongqing, "La megapolis de Chongqing nuevo modelo de desarrollo socialista" ,"Ejecutado el  principal corrupto de la ciudad de Chongqing" .

¿Fin de la Historia o fin del Capitalismo?

Lizardo Salazar Tibau

Cuando en 1992 Francis Fukuyama publicó su famoso libro El fin de la Historia y el último hombre, no fueron pocos los entusiasmados que cantaron victoria y lanzaron campanas al vuelo; y no fue para menos: el proyecto de construcción del socialismo soviético y de Europa Oriental se había venido abajo. Aquel primer intento de construir lo que los clásicos llamaron “sistema cualitativamente superior”, llamado a sustituir al agonizante capitalismo, que había comenzado con la expropiación de los medios de producción en posesión de la clase dominante por parte del valeroso pueblo ruso en un proceso revolucionario que comenzó el 7 de noviembre de 1917, vio su dramático final a comienzos de la última década del siglo XX, solo 73 años después.

¿Pero realmente el derrumbe del modelo euro-soviético significa el fin de la historia? ¿Tienen razón los teóricos burgueses que ponderan el carácter eterno del capitalismo? Un vistazo a los últimos 20 años de una era post-soviética pone en duda tales afirmaciones.

El Partido Comunista de España en la guerra civil

Especial para Gramscimanía

“El PCE interpretó la guerra como una guerra total, en la que la intensidad del esfuerzo para su sostenimiento habría de ser máxima, y su duración, prolongada” [1*]

Salvador López Arnal

Doctor en Historia contemporánea por la UNED, miembro de la Asociación de Historiadores del Presente y colaborador del Centro de Investigaciones Históricas de la Democracia Española, Fernando Hernández Sánchez es profesor asociado de la Universidad Autónoma de Madrid y de Enseñanza Secundaria. Preside actualmente la Asociación “Entresiglos 20-21: Historia, Memoria y Didáctica” dedicada a la investigación sobre la enseñanza escolar de la historia reciente.

Las investigaciones de FHS se centran en la historia del movimiento comunista en España. Autor de numerosos artículos sobre el tema en revistas como Historia 16, La aventura de la Historia, Historia del Presente, Cuadernos Republicanos o Ebre 38, es autor de Comunistas sin partido. Jesús Hernández,  ministro en la Guerra Civil, disidente en el exilio (2007) y coautor, junto a Ángel Viñas, de El desplome de la República (Crítica, 2009)

Unidad en la diversidad


Especial para Gramscimanía
Gustavo Márquez Marín

El silencio mediático nacional e  internacional, secundado por una oposición interna huérfana de mensaje político y sentido de estado, no logró eclipsar  la relevancia histórica que tiene  la constitución de la CELAC.  El que haya nacido en Caracas es un desagravio a Bolívar, quien murió viendo derrumbar el sueño de la unión, torpedeada por quienes conspiraron para privilegiar la relación colonial con el imperio naciente de EEUU. Es también un reconocimiento al liderazgo de Venezuela y del Presidente Chávez como el principal propulsor contemporáneo del proyecto bolivariano de la unidad regional.

En poco más de una década,  con constancia y tesón,  el Presidente Chávez fue abriéndole paso a esta iniciativa, batallando contra el ALCA e impulsando la construcción de  PETROCARIBE, del ALBA y la  UNASUR, empero,   también de TELESUR y el BANCO DEL SUR. Fue una escalada paciente, con respeto a la soberanía de cada país,  tolerante y respetuosa de las diferencias políticas, buscando la unidad en la diversidad. Se logró, sin prisa pero sin pausa, aun cuando queda mucho camino que andar hasta su consolidación.

La CELAC ha sido posible porque existen condiciones objetivas derivadas de la crisis sistémica del capitalismo y de la decadencia del imperialismo. También,  de la existencia de  condiciones subjetivas evidenciadas en los cambios que ha tenido el mapa político de ALC, resultantes del  viraje progresivo de sus gobiernos hacia una izquierda democrática, antiimperialista,  pluricultural y libertaria. La urgente necesidad de crear mecanismos mancomunados de defensa de las secuelas de la crisis periódicas del capitalismo y del contagio de los descalabros financieros que estas conlleva, ha originado una tendencia entre países de economías altamente dependientes,  a protegerse mutuamente de las vorágines recurrentes que desencadenan  la economía de “casino” con epicentro en Wall  Street.

De nuevo ha crecido el protagonismo de  los pueblos y,  los regímenes dictatoriales, abiertos o encubiertos a través de democracias representativas formales, están quedando atrás. Con el declive del neoliberalismo, brilla otra vez en Nuestra América la luz de la independencia, la soberanía y la democracia.

Reflexiones ecosocialistas sobre capitalismo y crisis ecológica


Jorge Riechmann

El trabajo y la naturaleza no deben ser mercancías

Desde la Antigüedad han existido mercados de bienes (severamente limitados con toda clase de medidas político-sociales); pero bajo el capitalismo los mercados adquirieron cada vez más importancia, y sobre todo se puso en marcha el proyecto utópico de un mercado global autorregulador. Con la Revolución Industrial arrancó un expansivo proceso de mercantilización que amenaza con extenderse a todos los factores de la vida social y económica, con gravísimas consecuencias. La advertencia de Karl Polanyi en La gran transformación, publicado hace casi setenta años, debería seguir resonando en nuestros oídos:
“La idea de un mercado que se regula a sí mismo era una idea puramente utópica. Una institución como ésta no podía existir de forma duradera sin aniquilar la sustancia humana y la naturaleza de la sociedad, sin destruir al hombre y sin transformar su ecosistema en un desierto.” [1]

Una nota sobre el Manifiesto del Partido Comunista


Félix Adargoma

Cuando Carlos Marx y Federico Engels escribieron la obra el Manifiesto del Partido Comunista, uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848,  y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848, hay en la misma un lema que es lo más importante de todo el tratado, que es: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Dicho lema iba, y continúa, dirigido a todos los trabajadores avanzados, con conciencia de clase, ideologizados y politizados, para que unidos y organizados orgánicamente en una organización internacional, partiendo de sus respectivas organizaciones y realidades concretas de la lucha de clases en sus correspondientes países, organizaran y unieran a todos los trabajadores de sus respectivas naciones o Estados en una Confederación Internacional de trabajadores comunistas, disciplinada y combativa en la lucha de clases por lograr la sociedad socialista y después la sociedad comunista.

Nacionalismo e izquierda


A propósito de un artículo de Iñaki Urdanibia. Exabruptos, descalificaciones y críticas no fundamentadas

Salvador López Arnal

Especial para Gramscimanía
Conozco al profesor Félix Ovejero Lucas desde hace más de 30 años. Fui alumno suyo ocasional en las clases de Metodología de las Ciencias Sociales que él impartió en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona en los años ochenta del pasado siglo y, como muchos otros ciudadanos y ciudadanas de izquierda barceloneses, he participado en algunos de sus seminarios –menos de los que he deseado- y en muchas de sus conferencias. Le he presentado en algunas de estas intervenciones; he compartido mesa -¡en una sola ocasión! ¡lástima!- en unas jornadas sobre la obra de Manuel Sacristán, maestro, compañero y amigo suyo; le he entrevistado en tres o cuatro ocasiones, y he leído una buena parte de sus escritos. No sería honesto ocultar que, como el presidente bolivariano Hugo Chávez, he aprendido mucho de sus aportaciones y reflexiones críticas, nunca triviales ni talmúdicas, sobre la tradición socialista, la transformadora, la que se mantiene en pie de lucha, justicia y paz, no la entregada a los caballos desbocados del neoliberalismo irracionalista e insaciable. Además, hemos coincidido en muchas intervenciones políticas ciudadanas a lo largo de los años y, concretamente, en actos convocados por el movimiento 15M y por los trabajadores y trabajadoras de Telefónica.