6/11/11

Entre asesinos te veas

 Especial para  Gramscimanía

Luis Britto García  
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En el documental de Errol Morris The Fog of War, Robert McNamara, ex Secretario de Defensa de Estados Unidos, confesó sin ambages que “si hubiéramos perdido, todos hubiéramos sido juzgados como criminales de guerra”. Noam Chomsky candidatea para tal juicio a todos los presidentes norteños. No exagera: el documento del gobierno de Estados Unidos de 1960  Selective Assassination as an Instrument of Foreign Policy, ISBN 1-58160-296-0  consagra el asesinato como instrumento de su política exterior. Lawrence Davidson testimonia que  durante la Guerra de Vietnam el programa Phoenix de la CIA asesinó a sangre fría 23.369 presuntos miembros del Vietcong. Esa cifra es superada por la hecatombe de más de medio millón de comunistas en 1965 en Indonesia, según listas preparadas por la CIA y utilizadas por militares entrenados en Estados Unidos. Obama proclama el genocidio en Libia como “el modelo de las relaciones internacionales”. Preguntaba Cantinflas: ¿Hablamos como caballeros, o como lo que somos? Vivimos el imperialismo humanitario, o sea la caída de las máscaras.

Las obsesiones de Domenico Losurdo, quien suele presentarse como devoto seguidor de Gramsci


Según Moscato, Losurdo revela una falta de un conocimiento profundo que lo lleva a un uso escandaloso, aunque tal vez inconsciente, de la terminología estaliniana y un conocimiento deficiente del contexto histórico, lo que explica varios deslices y no pocos anacronismos. Los límites del conocimiento histórico de Losurdo se observan cuando atribuye a Trotsky y al conjunto de la oposición una visión mezquina y tiene un escaso conocimiento de la URSS. Resulta molesto ver cómo se presenta el debate posterior a la muerte de Lenin como fruto de una lucha por el poder y de ambiciones personales. A Losurdo no le da que pensar el hecho de que fuera aniquilada casi la totalidad de la dirección de la revolución rusa.
Antonio Moscato
Mi reseña del libro “Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra” (Editorial El Viejo Topo, 2011), de Domenico Losurdo, fue tal vez un poco precipitada, probablemente porque me sorprendió la novedad de un cambio de orientación parcial de Luciano Canfora en el ensayo publicado en el apéndice. Sin duda señalé un elemento importante: Losurdo ignora completamente la inmensa literatura soviética y rusa sobre el Gulag (ignora a Soljenitsin y a Salámov, a Grossman y a Rybákov, a Ginzburg, Mandelstam y muchísimos más que sufrieron el estalinismo en propia carne o en la de sus seres queridos), y siempre se ha apresurado a confrontar la supuesta “leyenda negra” con lo que escribió Stalin o algún cortesano suyo, contraponiéndolo después a cualquier frase, sacada de contexto, de un “denigrador” posiblemente poco avezado y no muy digno de confianza. La fuente principal con respecto a las críticas a Stalin es el “Informe secreto” de Jrushchov al XX Congreso del PCUS, que Losurdo asimila descaradamente a Trotsky y al movimiento trotskista, ignorando que éste formuló de inmediato una crítica radical a la metodología utilizada. Ernest Mandel, por ejemplo, ya sostuvo en 1956 lo que Losurdo presenta ahora como descubrimiento suyo: Jrushchov concentraba todas las responsabilidades del estalinismo en una sola persona, Stalin, justamente para exculparse a sí mismo y a todo el grupo dirigente de la prolongada complicidad con el tirano. Añadiré que el método de Jrushchov era prácticamente el mismo que el de Stalin.

La Tercera Guerra Mundial: Parte de guerra

Especial para Gramscimanía

Víctor M. Sáenz
Los libros de Historia mencionan infinidad de conflictos armados, ya entre países, ya entre comunidades, ya entre religiones, ya entre ideas, ya por intereses económicos, ya por amor… Las hubo cortas y largas, desiguales y disputadas, con cambios de fronteras y con cambios de gobiernos, las hubo geográficamente inexplicables, las hubo de frentes amplios y también concentradas en una ciudad, se desarrollaron por tierra, por mar y por aire… Pero por encima de todas estas circunstancias, todas las guerras sin excepción, tuvieron dos cosas en común, a saber: 1.- Incontables víctimas civiles inocentes y 2.- Ambos bandos eran conscientes de estar envueltos en un conflicto.
Pero hete aquí que la Tercera Guerra Mundial es distinta a todas las guerras anteriores, porque aunque sí cumple la condición de contar con víctimas civiles inocentes no cumple con la segunda condición, la de que ambos bandos sean conscientes de estar envueltos en un conflicto.
De hecho, casi nadie sabe aún que la Tercera Guerra Mundial ya dio comienzo hace algunos años, aunque eso sí, nadie podría precisar cuántos, ni tampoco cuando dio comienzo, y menos aún dónde.

La obsolescencia programada


Es un deliberado acto de diseñar productos que fallen pronto, incrementar el desperdicio y destruir y envenenar el medio ambiente
Adán Salgado Andrade
Hace poco, presencié un estupendo documental español llamado “Comprar, tirar, comprar”, producido en el 2010. Comienza el documento fílmico con un hombre que llega a su casa, prende su computadora, y se dispone a imprimir su trabajo, pero a la tercera copia, aparece en la pantalla un mensaje avisando que la impresora presenta un problema en sus partes internas, no puede seguir funcionando, y se debe de recurrir al servicio técnico para su reparación. Eso es algo con que muchos de nosotros nos enfrentamos frecuentemente. En el documental, el hombre acude a varios centros de ventas y servicio y en todos le sugieren que le sale más barato comprar una nueva impresora, a que reparar la vieja
Y eso es por lo que también se opta aquí, en México, a pesar de contar con un menor ingreso por habitante que en España o en cualquier otro país de los llamados “ricos” (que ahora, con la brutal hecatombe económica que enfrentamos, esa acepción queda muy en duda, con países, como los mismos EU, de plano quebrados). Esto responde simplemente a la actual tendencia que en todo el mundo ha impuesto el capitalismo salvaje de emplear técnicas que nos lleven a consumir, si no compulsivamente, sí a hacerlo porque se deba de reponer un producto que inesperadamente falla, como es el caso de la impresora.