29/10/11

Anécdotas de Camilo Cienfuegos, un hombre legendario


Guillermo Cabrera
Si inventáramos un nombre
Camilo es una figura legendaria, es la idea que yo tengo de Camilo, hasta de su mismo nombre nada común, lleno de fuerza y de poesía al mismo tiempo. Si nosotros inventáramos un nombre para un personaje de leyenda le podríamos poner el nombre de Camilo Cienfuegos. La misma muerte de Camilo, perdido en el mar, la manera de conmemorarla, echando una flor al agua y todas aquellas, sus hazañas, son acciones de leyenda. (Narrado por Vilma Espín, guerrillera)
Su sombrero
Un día llegué yo a caballo a donde ellos estaban: era el día que llevaba el animal para ensillárselo a Camilo, para que se trasladara de un lado a otro, y él coge y se pone mi sombrero y me dice que a mí no me lucía ese sombrero, que le lucía, por ejemplo, al capitán Camilo, y se lo pone, se miró en un espejito y me dice:
- ¿Qué chico? Ponte la gorra esta.
Le digo:
- Bueno, me la llevaré para la casa y me pondré otro sombrero que tengo allá, que inclusive es mejor que este que tengo puesto, que tiene unos cuantos años ya.
Él se quedó con el sombrero y yo lo miraba y me reía y él luego miraba que yo le estaba mirando el sombrero y él se reía y guiñaba un ojo y les hacía señas a los otros compañeros. Y él luego les hacía señas a ellos que yo estaba mirando el sombrero; parece que él pensaba que yo quería el sombrero, pero era mirando que le lucía bien. Ese sombrero que Camilo traía era mío. Era mío y a mí era un orgullo que a él le luciera bien, [que] lo trajera, y que Camilo con ese sombrero luce más bonito todavía. Ese sombrero se lo regalé yo, se lo regalé yo en el sentido que él lo cogió y se lo puso y le quedó bien, me miró y me dijo que le lucía más a él que a mí y se quedó con él. (Narrado por Rafael Verdecía Lien, campesino de Sierra Maestra, colaborador del Ejército Rebelde)

El Coronel ha tenido quien lo filme (+ Video)


Nechi Dorado
El mundo andaba despatarrado, sufría una crisis brutal no sólo en lo económico, sino hasta en lo moral. Se debatía el planeta dentro de márgenes indescriptibles, ya que las bestias eran las que decidían. Quienes debían realmente hacerlo, si nos situáramos dentro de los parámetros de la normalidad del raciocinio, debían acatar las órdenes corruptas y escandalosas que nacían en la cueva abominable donde históricamente germinaron las semillas de la tirria más absurda.
Las bestias se adueñaron hasta de la historia y lo hacían porque sí, porque les daba la gana. Las suyas eran órdenes de alimañas bípedas muy difíciles de desacatar ya que eran impuestas a fuerza de pólvora y estruendo.
Sonido arrojado desde muchos miles de kilómetros de altura por aviones no tripulados, medio fantasmas, medio invisibles, medio silenciosos, totalmente espantosos. Aparecían ronroneando, apenas, por la antesala del crimen sobre un cielo que se iba desgajando lentamente.
Vea el video del horror
Babeaban colmillos venenosos bien torneados, comparables a perlas. De no ser por la ponzoña que contenían, uno hasta hubiera podido pensar que eran dientes humanos. Estaban enmarcados en rostros plastificados donde los músculos estáticos atrofiaron la posibilidad de dibujar sonrisas.

Apuntes para la lectura de El arpa y la sombra de Alejo Carpentier


Vanessa Márquez Vargas
Es de suma importancia tener presente que para todo pensamiento crítico ―más aún para aquel que dilucida acerca de conceptos, vagos y generales en distintas ramas del saber, buscando definir la Historia, mostrándola como una preocupación filosófica, en primera instancia y en el marco de procesos de asimilación cultural, cuanto se diga conduce a seguir pensando en nuevos problemas y por tanto nunca hay un comienzo desde cero, o un comienzo único del cual se parta para dar sentencias definitivas.
En tal sentido cuando decimos que Historia y Literatura están en una dimensión vinculante, lo hacemos siguiendo las reflexiones e interpretaciones que críticos y filósofos se han planteado sobre la evolución y representación discursiva en cada uno de los espacios mencionados. Son de especial interés para este trabajo los aportes del Hans Georg Gadamer,  Paul Ricoeur y Hyden White (1).
Gadamer, por ejemplo, al plantearse el problema de la definición de la Historia desde el pensamiento filosófico afirma: “el horizonte de nuestra propia conciencia histórica no es el desierto infinito…esto significa que la historia es lo que fuimos y lo que somos. Es la dimensión vinculante de nuestro destino”(2), lo cual puede entenderse como un efecto de continuidad incesante que de inmediato nos remite a los enigmas del tiempo, y desde luego nos advierte sobre la conciencia y la importancia del lenguaje como campo expresivo en el que se manifiesta la esencia del pensamiento del hombre, su hacer en la historia.

Los advertidos


Alejo Carpentier
 …et facta est pluvia super terram…
I
El amanecer se llenó de canoas. Al inmenso remanso, nacido de la invisible confluencia del Río venido de arriba -cuyas fluentes se desconocían- y del Río de la Mano Derecha, las embarcaciones llegaban, raudas, deseosas de entrar vistosamente en esbeltez de eslora, para detenerse, a palancazas de los remeros, donde otras, ya detenidas, se enracimaban, se unían borda con borda, abundosas de gente que saltaba de proas a popas para presumir de graciosas, largando chistes, haciendo muecas, a donde no los llamaban. Ahí estaban los de las tribus enemigas -secularmente enemigas por raptos de mujeres y hurtos de comida-, sin ánimo de pelear, olvidadas de pendencias, mirándose con sonrisas fofas, aunque sin llegar a entablar diálogo. Ahí estaban los de Wapishan y los de Shirishan, que otrora -acaso dos, tres, cuatro siglos antes- se habían acuchillado las jaurías, mutuamente, librándose combates a muerte, tan feroces que, a veces, no había quedado quien pudiera contarlos. Pero los bufones, de caras lacadas, pintadas con zumo de árboles, seguían saltando a canoa en canoa, enseñando los sexos acrecidos por prepucios de cuerno de venado, agitando las sonajas y castañuelas de conchas que llevaban colgadas de los testículos.

Datos sobre el ritmo del África subsahariana (+ Sonidos y videos)


Las diferencias entre la música europea y la practicada por los pueblos del África subsahariana son tales que, en el pasado, se pensaba que nada tenía que ver con nuestros conceptos artísticos. Un músico africano puede tocar con el tambor un ostinato que, en términos europeos, utilice un compás de tres por cuatro, mientras canta una melodía que fluctúa entre dos por cuatro y seis por ocho. Al mismo tiempo, los demás participantes seguirán haciendo sonar sus propios ritmos, sin que coincidan las partes fuertes de cada compás, manteniendo únicamente un tiempo común. El conocimiento de la música africana se ha ensanchado en los últimos años y hoy se reconoce su valor artístico y su influencia en la música occidental, pero no solo por las mezclas a las que ha dado lugar (jazz, música caribeña, brasileña, etc.), sino también por las coincidencias entre el modo africano de entender la música y las inquietudes que en las últimas décadas han demostrado los compositores occidentales.
La música tradicional africana suele ser funcional por naturaleza. Las interpretaciones pueden ser largas y hacer a la audiencia partícipe de ellas. Entendida de esta forma "práctica", la música consistir en diferentes tipos de canción de trabajo, piezas que acompañan el nacimiento, boda, caza y actividades políticas, música para ahuyentar a los malos espíritus y rendir tributo a los buenos, la muerte y los ancestros. Ninguna de estas formas musicales se interpreta fuera de su contexto y en su mayoría está asociada con un tipo de danza particular. Buena parte de ella, interpretada por profesionales, es música sacra o ceremonial y en ocasiones se toca en cortes reales.

La vigencia de Orlando Letelier

Foto: Orlando Letelier

Mauricio Becerra
Un reciente libro de Lom Ediciones publica por primera vez en Chile un desconocido análisis de quien fuera el canciller de Salvador Allende sobre los primeros pasos del modelo neoliberal que hoy agobia a casi todo el mundo. El escrito intuye antes que nadie que la brutal represión pinochetista y la ‘libertad económica’ prometida son dos caras de una misma moneda. Un esclarecedor escrito de Orlando Letelier, el economista chileno que inspiró la doctrina del shock de Naomi Klein.
“Parece inevitable que en los asesinatos los protagonistas sean finalmente los criminales. Las víctimas se pierden en la trama sangrienta del delito y en los recovecos de los preparativos y el ocultamiento”. Así lo expresa el periodista Héctor Soto en ‘Orlando Letelier: el que lo advirtió’ (Lom Ediciones), dando cuenta de que la figura de un intelectual agudo y ministro del presidente Allende, esté en la memoria como una de las víctimas de la dictadura de Pinochet.