18/10/11

Datos sobre Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura


Eduardo Jordá 
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La concesión del premio Nobel a un poeta siempre suele provocar la misma reacción de desconcierto. Aún recuerdo las bromas que se produjeron en una tertulia radiofónica cuando alguien leyó la noticia de que se le acababa de otorgar el premio Nobel a Seamus Heaney (“¿Pero quién coño es ese tío?”, dijo un periodista especializado en información parlamentaria). También recuerdo los penosos juegos de palabras que hicieron algunos periodistas sobre Wislawa Szymborska en otra tertulia de la radio (“¿Sin vodka? ¿O es sin boca? A ver, repite ese nombre, que no lo he entendido bien”). Y estoy seguro de que las mismas bromas desdeñosas se produjeron cuando ganaron el Nobel Czeslaw Milosz, Joseph Brodksy, Derek Walcott o Jaroslav Seifert. “¿Pero quién coño es este tío?”. “A ver, repite ese nombre, que no lo he entendido bien”.
Imagino que eso es más o menos lo que ha ocurrido en España con la concesión del Premio Nobel de Literatura al poeta sueco Tomas Tranströmer. En España calculo que había quinientas personas –mil, si nos ponemos optimistas- que hubieran leído alguno de sus poemas o que conocieran su nombre. Ni una más. Pero eso es lo habitual cuando se trata de poesía, de buena poesía, se entiende. La poesía interesa poco al lector medio porque no distrae ni permite pasar el rato, sino que exige un alto esfuerzo de atención y de concentración, un esfuerzo que no es muy distinto del trabajo de atención y concentración que exige componer un poema. El buen lector de poesía debe participar con sus cinco sentidos en la lectura de un poema, y de alguna forma debe recomponerlo en su interior y revivirlo y reconstruirlo con la ayuda de su memoria y su imaginación y su experiencia vital. Se dirá que eso es lo mismo que hace un buen lector con una novela o un relato, y es cierto, solo que el poema exige mucha más contribución por parte del lector: mucha más atención ensimismada, mucha más vibración interior, mucha más memoria estremecida. Sin esas aportaciones que surgen de lo más profundo del lector es imposible entender la buena poesía. Un lector mediocre puede disfrutar con Joaquín Sabina, pero solo el buen lector puede disfrutar con Tomas Tranströmer. Es tan simple como eso.

La Democracia como proyecto emancipatorio en Cornelius Castoriadis

Cornelius Castoriadis

Luis Roca Jusmet
El movimiento de los indignados está planteando un cuestionamiento de la supuesta democracia de los paises que se reclaman de ella. El movimiento se justifica por sí mismo pero merece la pena retomar teorías democráticas radicales que pueden darlos instrumentos para esta demanda de democracia real. Agradezco a Jordi Torrent, gran conocedor de Castoriadis, sus interesantes comentarios y puntualizaciones sobre el artículo.
Uno de los grandes teóricos de la democracia como proyecto emancipatorio es Cornelius Castoriadis (1922-1997). Presento aquí una introducción al autor y a su propuesta.
Cornelius Castoriadis nace en Constantinopla el año 1922. A los 15 años se afilia a las Juventudes Comunistas. Estudia Derecho y Economía y participa en la resistencia antinazi desde la ocupación de abril de 1941. Este mismo año funda un grupo clandestino para reformar el PC griego, aunque al año siguiente optará por el troskysmo, adhiriéndose a la organización liderada por Spiros Stinas. El año 1945 llega a Francia, se afilia al PCI troskysta pero pronto funda con Claude Lefort una tendencia disidente.. En 1948, después del V congreso, rompen con el partido y fundan el grupo “Socialismo y barbarie”, activo hasta el año 1967. Los análisis teóricos del grupo serán muy innovadores en el campo de la izquierda, ya que optan por un socialismo autogestionario, criticando el papel dirigente de los partidos. Y cuestionan el papel del Estado, al que presentan como una estructura burocrática y antidemocrática. El grupo se autodisuelve y Castoriadis abandona la práctica política directa para dedicarse a la filosofía y al psicoanálisis, mientras ejerce de profesor de Filosofía en la École des Hautes Études en Sciencies Sociales entre 1980 y 1995. Murió el año 1997, a los 75 años.

Los dardos apuntan contra Pakistán


Sergio Rodríguez Gelfenstein  /  Especial para Gramscimanía
Contrario a lo que se podía suponer, todos los indicios apuntan a que el próximo golpe de Estados Unidos y la OTAN, no será en Siria o Irán. Los dardos ahora están enfilados contra Pakistán, otrora gran aliado de Estados Unidos en el Asia Central. En esa decisión podemos adivinar causas de origen coyuntural y otras que tienen que ver con las contradicciones entre las potencias en el escenario global.
El presidente Obama acuñó la idea de llamar el escenario de guerra de esa región como Af-Pak. Con ello ha pretendido legitimar la superación del conflicto en territorio afgano al situarlo simultáneamente en el de Pakistán. El resentimiento causado por Estados Unidos en ese país por las violaciones constantes a su soberanía y los miles de civiles asesinados por los aviones sin pilotos llamados zánganos, vino a tener su colofón con el asesinato de Osama Bin Laden en ese país sin que las autoridades del mismo supieran de su realización.

China se hace la desentendida con la crisis


No debería esperarse una ayuda adicional del gigante asiático a la delicada situación por la que atraviesan los países desarrollados
Javier Alvaredo
Como venimos describiendo, los últimos meses estuvieron marcados a fuego por la volatilidad hacia el interior de los mercados financieros internacionales, principalmente en las economías centrales, aunque desde hace dos meses esa inestabilidad se ha trasladado también a los mercados emergentes. Si bien hoy los ojos de los analistas están mayormente posados sobre la crisis europea, más de fondo sobrevuela el interrogante acerca de la capacidad de las economías desarrolladas, principalmente Estados Unidos y Europa, para consolidar un proceso de crecimiento robusto durante los próximos años.
En esta misma columna quedó dicho que la sucesión de piezas informativas negativas, acerca de la dinámica de las principales economías avanzadas, redujo considerablemente las perspectivas de crecimiento venidero, en un contexto donde los activos de riesgo habían descontado tasas de crecimiento más elevadas, registrándose luego descensos generalizados en sus cotizaciones.

Argentina necesita un voto inteligente


Claudio Katz  /  Especial para Gramscimanía
Quiénes votan al gobierno con expectativas progresistas experimentan sensaciones contradictorias. Satisfacción por el juicio a los genocidas, la ley de medios, el matrimonio igualitario o la nacionalización de las AFJP. Desengaño por la destrucción de los ferrocarriles, la minería con cianuro y la regresividad impositiva. También hay irritación con los gobernadores que deforestan el monte y con los jerarcas sindicales que manejan patotas.
Estos votantes habrán notado, además, que los logros democráticos y las mejoras sociales aparecen cuando hay conflictos con la derecha. En los momentos de estabilidad prevalece el reencuentro con el establishment. Todos se preguntan qué curso asumirá el próximo mandato de Cristina. Los confiados apuestan a la “profundización del modelo” y los realistas toman nota de las advertencias presidenciales contra las demandas callejeras.
El contexto es muy fluido. Ha resurgido la politización de la juventud y los movimientos sociales cuentan con capacidad de movilización. La derecha no logra reponerse del ánimo popular que emergió con el bicentenario. Pero se avecinan los nubarrones de la crisis global, con menos cartuchos oficiales para repetir las acciones del 2008-09. Si irrumpen situaciones más traumáticas, los antecedentes más añejos no son promisorios. El primer peronismo recurrió al ajuste para lidiar con la crisis externa (1952) y segundo reforzó esta receta (1975), embistiendo contra los intentos de radicalización que desafiaban el liderazgo presidencial.