15/10/11

Roberto Calasso se escribe con K


Javier Aparicio Maydeu
Aventura alguna que otra conjetura, sí, pero en realidad el incontestable interés que reviste K. reside en su voluntad de glosar los textos de Kafka de la mano de una exégesis que haga las veces de aparato de notas al pie que iluminen la obra kafkiana sin necesariamente interpretarla. El propósito esencial de Calasso en esta ocasión no es otro que el de evitar cualquier sobreinterpretación de unos textos que, por su ambigüedad semántica tanto como por su falta de apoyaturas espacio-temporales, invita a la especulación y a la defensa a ultranza de lecturas desaforadas, interpretaciones cautivas de tal o cual escuela crítica o devaneos y hermenéuticas que azuzan la imaginación más de la cuenta.
Calasso llama al sentido común del lector competente y lo invita a disfrutar con una lectura ad litteram de las principales obras del autor de La metamorfosis, que por otra parte se movió siempre en escenarios cotidianos de la vida doméstica, más obsesionado con trascender su realidad diaria en los textos que con sacar baldíos frutos de la fantasía ("nombrar lo mínimo y en su pura literalidad. Era necesario limitarse a lo más cercano, circunscribir el área de lo nombrable. En aquello que se nombra —una taberna, una diligencia, una oficina, una habitación— se concentraría una energía inaudita"). Fijémonos en la obsesión por el detalle, en la reiteración, en el uso del espacio como signo y ya no como decorado, sugiere Calasso, quien recuerda cargado de razón que el narrador checo leyó con deleite a Dickens y a Dostoyevski, que no debiera caer en saco roto que su interés por relatos fantásticos como los que concibió Poe fue nulo, y que escribió El castillo (1922) con un estilo que los preceptistas más puntillosos adscribirían todavía a un realismo más o menos canónico despojado, eso sí, de la tiranía de la mímesis. Que el lector lea a Kafka no dejándose tentar, en fin, por lecturas sesgadas constituye el empeño principal de K., última entrega de esa suerte de tetralogía que nació en 1983 con Las ruinas de Kash, un ensayo sobre el poder con hechuras de relato cuya forma experimental y transgenérica vienen a compartir los demás títulos, y que ha continuado con su libro más aclamado y más novelesco, Las bodas de Cadmo y Harmonia (1988), eruditísimo paseo por la mitología griega, y Ka (1996), aquel espeso tratado en torno a las religiones hindúes que disuadió a muchos de sus lectores de acompañarlo en una aventura que algunos llegaron a tildar de complacida chinoiserie, pero que, tras la lectura de La literatura y los dioses (2000) y ahora de K., adquiere una coherencia palmaria en el conjunto de su obra, que persigue por encima de todo una lectura transversal e interdisciplinar aún sumamente escasa en nuestro ámbito, si bien imprescindible a la hora de entender el alcance de textos complejos como los de Kafka, por ejemplo, para los que dice que resultan "mucho más importantes los textos indios que los occidentales, mucho más que Hegel".

Las controversias en torno a la teoría de la alienación y su tratamiento en la filosofía tardía de György Lukács

Georgy Lukács por David Levine

Martín Salinas
Resumen
El filósofo húngaro György Lukács ha sido uno de los pioneros en reinstalar el análisis de la alienación como fenómeno social general, y propio del ámbito del mundo del trabajo en particular, con su influyente Historia y conciencia de clase (1923); sin embargo, tanto en su sistemática obra tardía (su Estética -1963-, o en Ontología del ser social –pub. póst. 1984-), como en los ensayos o en diversas intervenciones del mismo periodo (El hombre y la democracia -1968-, Pensamiento vivido -1971-) se advierte un renovado interés, que no se limita ya a rastrear aquellos aspectos fenomenológicos de la alienación, como a reconocer la base ontológica, categorial, de un fenómeno que ha mutado históricamente. La crítica de la manipulación (tanto la “brutal” del bloque soviético como de la “sofisticada”, propia de las sociedades capitalistas), como crítica de las diversas formas en que se efectúa la alienación social del individuo moderno, se erige como antesala del proyectado “renacimiento del marxismo” al que Lukács se abocó en su vejez, en tanto superación de una humanidad “muda” respecto de su esencia genérica, y en procura de una “democracia de la vida cotidiana”.
Las controversias críticas a las que dio lugar la publicación de los escritos de juventud de Marx, en 1932 (sobre todo, con la aparición de los Manuscritos económico–filosóficos de 1844), en torno a la unidad y a articulación de su obra, guardan una estrecha relación con el denominado “renacimiento del marxismo” y la relevancia asignada al concepto de alienación. De acuerdo con György Márkus, la meta de este „renacimiento de Marx estaba dirigida en primer lugar contra el marco completamente petrificado de un marxismo institucionalizado (…) 

Louis Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología

Foto: Louis Althusser

Santiago Castro-Gómez

Desde hace meses, cuando algunas personas se enteran de que estoy leyendo de nuevo a Louis Althusser y de que me gusta lo que leo, he venido escuchando comentarios que oscilan entre la perplejidad y el desasosiego. ¿Althusser? –!Sauve qui peut, sálvese quien pueda! - Pocos filósofos han tenido el “honor” de ganar tantos enemigos con su obra como Louis Althusser. Los casos pueden contarse con los dedos de una mano: Maquiavelo, Spinoza, Marx, es decir, aquellos justamente a quienes el mismo Althusser recurrió una y otra vez durante su carrera. ¿Para qué leer a un autor identificado con la mácula de un pasado político que muchos quisieran no tener que recordar? ¿Qué tiene que decirnos hoy día un filósofo hipersensible, admirador de Lenin, militante incondicional del partido comunista, homosexual, por lo menos, en El porvenir es largo el propio Althusser no confiesa ser homosexual; era todo lo contrario, salvo que se hable de una homosexualidad latente que buscaba ansiosamente una entrevista con el Papa y que terminó estrangulando a su mujer en un ataque de locura? ¿No tendrá, más bien, algo de necrofílico este interés por resucitar a un “perro muerto”, sobre todo cuando este perro tiene un inconfundible color rojo?
Ciertamente no son sus concesiones teóricas a la ortodoxia del partido, ni su convencimiento en la cientificidad del marxismo, ni tampoco sus repetidas y paradójicas “autocríticas” lo que me interesa rescatar de Althusser. Más interesante resulta examinar su figura en el contexto de las relaciones Nietzsche-Freud-Marx durante los años cincuenta y sesenta en Francia, con el objeto de profundizar en su crítica al humanismo y a las ciencias humanas. Pero éste no será el tema de mi exposición de hoy. Lo que quisiera resaltar es la asimilación del legado de Althusser por los Estudios Culturales británicos, pero no para mirarla como una simple curiosidad histórica, sino porque estoy convencido de que ese legado puede servirnos todavía para repensar lo que significan los Estudios Culturales a comienzos de siglo en un país como Colombia.

Otro comentario sobre La Folie Baudelaire de Roberto Calasso

Edouard Manet / Olympia

Jordi Corominas i Julián
Charles Baudelaire soñaba, pero sólo escribió una de sus experiencias oníricas. Roberto Calasso la recoge y sus ansias ensayísticas consiguen que esa excusa ayude a trazar un magnífico cuadro de revolucionarios desdeñados en su época, hombres incomprendidos entre calamidades y éxitos que leían demasiado deprisa para lo que era su tiempo, figuras del Panteón que suscitan curiosidad y forman parte de la cultura popular, que por desgracia, algo lógico en una época de síntesis, recuerda clichés y olvida lo importante de sus aportaciones.
La Folie Baudelaire, última obra del escritor italiano, parte de ese viaje dormido del poeta de Las flores del mal hasta sumergirse en algunos detalles de su interior para trazar un cuadro completo del nacimiento de la modernidad en la Francia decimonónica. Algunos dirán que bien, que eso se ha hecho siempre y constituye una tradición teórica casi inexpugnable, repetida mil veces con sus consabidas variantes. No les quitaremos razón, están en lo cierto porque los tópicos se repiten y parece que ya se haya escrito todo sobre el tema, que sin embargo, y ese es el crédito inicial que merece Calasso, merece actualizarse y adquiere sentido en función de la cronología, individual y colectiva.
Tengo muchos recuerdos de la Universidad, fueron años divertidos en los que me dieron una base que luego exploté a mi antojo. Tuve la desgracia, transformada en suerte porque soy un tipo positivo, de suspender cuatro veces la asignatura de francés, y quizá por ello dediqué un verano a recrearme en la literatura del Hexágono. Stendhal fue el primero que cayó en el saco y luego ya me aventuré con Baudelaire, con quien sufrí un flechazo que me instigó a investigar sus circunstancias biográficas, igual de importantes que su legado escrito. En sus observaciones se percibe una clara conciencia de finitud, por eso la decadencia es una visión de los que aún no han entendido que el alba está por aparecer y luce colores insólitos.