23/5/11

La burocracia, un enfoque gramsciano

Antonio Gramsci por David Levine

Guillermo Almería

Hace 70 años, en una inmunda clínica de la Italia fascista murió el más colosal de los continuadores de la teoría marxista: Antonio Gramsci. Nuestro humilde homenaje (un poco tarde)presentando un artículo muy significativo por su profundidad y originalidad, que dirime muchos aspectos respecto a la burocracia y su relación con el Estado y la sociedad.
"Sobre la burocracia. 1) El hecho de que en el desarrollo histórico de las formas políticas y económicas se haya venido formando el tipo del funcionario de "carrera", técnicamente adiestrado en el trabajo burocrático (civil y militar), tiene una importancia primordial en la ciencia política y en la historia de las formas estatales.
¿Se trató de una necesidad o de una degeneración, con respecto al autogobierno (self-government), como pretenden los liberalistas "puros"? Es cierto que toda forma social y estatal tuvo sus problemas de funcionarios, un modo propio de plantearlo y resolverlo, un sistema de selección, un tipo de funcionario a educar.
Reconstruir el desarrollo de todos estos elementos es de una importancia capital. El problema de los funcionarios coincide en parte con el problema de los intelectuales. Pero si es verdad que toda forma social y estatal nueva tuvo necesidad de un nuevo tipo de funcionario, es verdad, también, que los nuevos grupos dirigentes jamás pudieron prescindir, al menos por un cierto tiempo, de la tradición y de los intereses constituidos, es decir, de las formaciones de funcionarios ya existentes y constituidos antes de su advenimiento (esto sobre todo en la esfera eclesiástica y militar).

Kissinger y la posible guerra India-Pakistán


Kissinger advierte sobre una nueva guerra mundial a partir de Pakistán e India
Alfredo Jalife
Obligado por la trascendente entrevista de corte nihilista a Henry Kissinger por el historiador Simon Schama –Financial Times, 21/5/11–, tuve que dejar en el tintero la nueva correlación de fuerzas en el FMI (ver Bajo la Lupa, 18/5/11), así como la excepcional entrevista a Emmanuel Todd por Der Spiegel (20/5/11) sobre las revueltas árabes.
No sólo el tiempo histórico aceleró su ineluctable marcha, sino que, por encima de todo, se nota el nerviosismo disfuncional de los tomadores globales de decisiones cuando se percatan de su catatonia frente a la mayor crisis multidimensional desde la Gran Depresión que refleja la decadencia de “Occidente”, al unísono de su inservible “civilización” que acabó en montajes hollywoodenses y en la instalación de regímenes policiaco-judiciales maquillados de “democráticos” por el neototalitarismo orwelliano de los multimedia y su flamante extensión de “redes sociales” controlados por Estados Unidos (EU).

Arte revolucionario en China: ¿simple nostalgia o necesidad real?


Chen Chenchen

En el mercado de antigüedades de Panjiayuan en Beijing hay esculturas lustrosas del presidente Mao Zedong, viejas estampillas y periódicos amarillentos que representan la etapa revolucionaria de China. Muchos de los visitantes que se detienen a preguntar por los precios son personas de edad. Disfrutan adquiriendo esos recuerdos, tanto como añoran los años de la efervescencia revolucionaria.

En los álbumes de fotos disponibles en los clubes de bodas, se pueden ver hoy instantáneas de parejas de jóvenes vestidos como Guardias Rojos de la época de la Revolución Cultural (1966-76). Los elementos imprescindibles son un uniforme bien planchado, una estrella roja en la gorra y un distintivo con la efigie de Mao. Tales imágenes de bodas, al igual que las camisetas y las tazas con lemas maoistas, están de moda entre la juventud china.

El patriotismo es otro tema importante en la denominada cultura roja. Muchas de las viejas canciones alaban la belleza del país, o nos recuerdan los peligros posibles del imperialismo extranjero, que China debió enfrentar cuando era débil. Algunas de estas canciones, como “Mi patria,” siguen siendo populares y se entonaron nuevamente durante crisis tales como el terremoto de 2009 en Wenchuan.

Cuatro lecciones del derrumbe de la Unión Soviética


Liu Shulin
Una oleada de reformas se diseminó por los estados socialistas en los años 80. Sin embargo, como siempre habrá mayor riesgo de caer cuando se corre que cuando se camina, las reformas en los países socialistas pronto demostraron su vulnerabilidad intrínseca.
Las lecciones derivadas de los errores cometidos por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) tienen valor para China, que hoy está experimentando su propia reforma.
En primer lugar, el Partido no debe renunciar a su liderazgo del país durante las reformas. El PCUS, aunque había estado plagado por la corrupción en alto grado, habría podido resucitarse. Pero al calor de la “Glasnost,” el PCUS había perdido su control sobre la intelectualidad, los círculos académicos y la prensa.
En segundo lugar, la reforma no debe abandonar el principio de la propiedad pública como fundamento económico. La propiedad pública socialista ha determinado la naturaleza del socialismo y garantizado el autosostenimiento de la población. Es también la parte más sustancial del sistema socialista. En tanto se mantenga la posición de la propiedad pública, perdurará la base de los países socialistas, sin importar cómo procedan las reformas.
El 1 de julio de 1991, el Soviet Supremo de la Unión Soviética aprobó una ley de privatización, según la cual las empresas propiedad del gobierno se podrían convertir en empresas colectivas o de accionistas, y podrían ser vendidas o subastadas.

Doctrinas imperiales (II)

Gustavo Márquez Marín  /  Especial para Gramscimanía

La doctrina de la “Seguridad Humana” surgió de la crítica al concepto clásico de seguridad fundado en la defensa de la soberanía, la independencia y la territorialidad del Estado frente a posibles agresiones externas. Al concebirse la seguridad centrada en el ciudadano y sus derechos, con alcance global y multidimensional –seguridad física, social, económica, política, alimentaria, sanitaria, ambiental- se creó una nueva perspectiva geopolítica para mirar el tema. Esta supone la subordinación de la soberanía de los Estados y su integridad territorial, a la voluntad de la “Comunidad Internacional” la cual según ella,  podría intervenir a discreción   países cuyos Estados o gobiernos “no garanticen la seguridad a sus ciudadanos”. 
Este nuevo enfoque tomó fuerza al final de la guerra fría, con el reacomodo de las grandes potencias que gobiernan el Consejo de Seguridad (CS) de la ONU, compelidas por las políticas intervencionistas impulsadas por EEUU con sustento en su poderío mediático y militar global. El imperio estadounidense y sus aliados, suelen actuar unilateralmente cuando no logran imponer su voluntad por la vía del chantaje político o económico, tal como ocurrió en el caso de la invasión a Irak, en el contexto de una intensa campaña de desinformación de la opinión pública mundial. En la realpolitik, la  “Comunidad Internacional” que aplica sanciones, avala guerras,  genocidios e intervenciones tras la mampara de la “seguridad humana”, se personifica en los cinco del CS.
La ampliación de los DDHH al ámbito socioeconómico y ambiental, propulsado en el seno de la ONU por los países del sur, buscando un equilibrio mundial a través de la cooperación, terminó siendo metabolizada por el imperialismo neocolonial, quien  hipócritamente la exhibe como emblema de su política intervencionista. La brutal intervención militar de la OTAN  a Libia bajo el liderazgo de EEUU,  con el estandarte de garantizarles la “seguridad humana” a los ciudadanos de ese país, además de responder a un plan para recolonizar África y frustrar la revolución democrática árabe, busca crear un precedente para consolidar  la “legitimación” de ésta novel doctrina imperial.