2/5/11

La inteligencia emocional y la corrupción en Colombia



María Luisa Rodríguez Peñaranda

Siempre me pareció extraña la inusitada fama que el libro La inteligencia emocional de Daniel Goleman tenía en el contexto colombiano. Bajo la premisa de que el éxito laboral no sólo se explica por las capacidades cognitivas de las personas y que la habilidad para autocontrolar nuestras emociones y orientarlas hacia la eficacia del trabajo personal y las relaciones con otras personas podían llegar a jugar un rol mucho más importante que la misma inteligencia para conseguir el anhelado fin; el mensaje caló con fuerza en una sociedad en la que una buena parte de la población está dispuesta a hacer cualquier cosa para sobrevivir y destacarse.

 De repente cualquier ciudadano recitaba la versión vulgarizada del texto como cápsulas de buen comportamiento laboral, frases como “hay que ser adaptativo”, “usted está aquí para facilitarle las cosas al jefe y no para complicárselas” y la muy coloquial “no hay que pataer la lonchera”, en donde la lonchera es la provisión de alimentos que no se puede poner en riesgo, independientemente de los motivos que tuviese el trabajador, servían como pretexto para el conformismo y la disciplina laboral. Así poco a poco, y bajo el autoritarismo exhalado por el expresidente Uribe, se creó un clima en el que disentir laboralmente era visto por los colegas como inoportuno e impertinente, y evidencia de un carácter inconforme, de un liderazgo negativo, la rueda suelta que no se acomoda al unanimismo imperante, en suma: falta de inteligencia emocional.

La batalla por el puerto de Misrata marcará el futuro de Libia

La batalla por Misrata

Alberto Pradilla

“Si cae el puerto, Misrata está perdida”. Mohammed, trabajador del embarcadero de la villa rebelde, explica así la principal preocupación de la población insurrecta. Muammar al-Gadafi ha cambiado de estrategia en la ciudad sitiada y ha colocado al puerto como principal objetivo, amenazando con cortar su única vía de comunicación. 

Si las continuas embestidas del Ejército libio tienen éxito, no podrán evacuar heridos ni recibir ayuda humanitaria. Aunque, en realidad, el mayor temor para los sublevados es que se corte el grifo de las armas y la munición que llegan desde Bengasi. Por eso, perder el control que mantienen sobre el muelle supondría la defunción de facto para el islote rebelde, convertido en el principal foco bélico en Libia.