4/2/11

Lo que podías ver como turista en Egipto

Vista de El Cairo

María Vacas Sentís

Hace poco visité Egipto como turista convencional, justo una semana antes de las elecciones parlamentarias de noviembre, cuyos resultados serían amañados por enésima vez a mayor gloria del faraón Mubarak. Allí me alojé en sus hoteles de cinco estrellas de camas algodonosas y balcones con vistas al Nilo, viajé al amanecer hacia los templos de Abu Simbel en una guagua escoltada por el Ejército (tras el atentado terrorista de 1997 protegen con mimo la seguridad del sector que les aporta un diez por ciento del PIB), fotografié mil veces la tremenda desmesura de las Pirámides, me conmoví con la calidez de los habitantes del poblado nubio y realicé el consabido crucero fluvial entre Luxor y Asuán. Allí rocé apenas los contornos de un país bellísimo y profundamente insatisfecho, cuyas gentes lo más que se atrevían a decir en petit comité era que Mubarak llevaba ya muchos años en el poder.

Egipto, de gendarmes y revoluciones populares

Pedreira

Augusto Zamora

El 1º de febrero de 1979, tras meses de revueltas populares reprimidas brutalmente, regresa a Irán el ayatolá Ruhola Jomeini. Su arribo sellaba el derrocamiento del régimen dictatorial y pro-occidental de la familia Pahlevi, instaurado en el país tras el golpe de estado organizado por la CIA contra el gobierno nacionalista de de Mossadeq. El 1º de abril, después de un referéndum, Jomeini proclamaba la República Islámica de Irán, bajo signo antiestadounidense. Pocos meses después, el 19 de julio de ese año 1979, otra revolución popular, ésta encabezada por guerrilleros sandinistas, tumbaba a la dictadura más antigua de América, impuesta también por EEUU en 1934. A contrapelo de los análisis de sus servicios secretos y oficiales políticos, Washington contemplaba impotente el derrumbe de dos de sus regímenes gendarmes, en regiones consideradas de vital importancia: el golfo Pérsico y Centroamérica.

Sáhara: tierras y pueblos sin soberanías

Explotación de las minas de fosfatos

Eva Torremocha

La condición del Sáhara Occidental, que Marruecos se anexionó controvertidamente en 1975, es una cuestión delicada a los ojos de las autoridades marroquíes, que continúan mostrando muy poca tolerancia hacia quienes expresan públicamente opiniones en favor de la independencia del territorio; y un conflicto que la comunidad internacional, especialmente la Unión Europea y el Estado español, no parecen muy decididos a abordar. Como es habitual en este ‘vistazo y muchas aristas’ se recogen y engarzan declaraciones y  comentarios que ayudan a desvelar como se vulneran las soberanías [también la soberanía alimentaria] de todo un pueblo por los intereses de unas pocas corporaciones