16/12/11

Unidad en la diversidad


Especial para Gramscimanía
Gustavo Márquez Marín

El silencio mediático nacional e  internacional, secundado por una oposición interna huérfana de mensaje político y sentido de estado, no logró eclipsar  la relevancia histórica que tiene  la constitución de la CELAC.  El que haya nacido en Caracas es un desagravio a Bolívar, quien murió viendo derrumbar el sueño de la unión, torpedeada por quienes conspiraron para privilegiar la relación colonial con el imperio naciente de EEUU. Es también un reconocimiento al liderazgo de Venezuela y del Presidente Chávez como el principal propulsor contemporáneo del proyecto bolivariano de la unidad regional.

En poco más de una década,  con constancia y tesón,  el Presidente Chávez fue abriéndole paso a esta iniciativa, batallando contra el ALCA e impulsando la construcción de  PETROCARIBE, del ALBA y la  UNASUR, empero,   también de TELESUR y el BANCO DEL SUR. Fue una escalada paciente, con respeto a la soberanía de cada país,  tolerante y respetuosa de las diferencias políticas, buscando la unidad en la diversidad. Se logró, sin prisa pero sin pausa, aun cuando queda mucho camino que andar hasta su consolidación.

La CELAC ha sido posible porque existen condiciones objetivas derivadas de la crisis sistémica del capitalismo y de la decadencia del imperialismo. También,  de la existencia de  condiciones subjetivas evidenciadas en los cambios que ha tenido el mapa político de ALC, resultantes del  viraje progresivo de sus gobiernos hacia una izquierda democrática, antiimperialista,  pluricultural y libertaria. La urgente necesidad de crear mecanismos mancomunados de defensa de las secuelas de la crisis periódicas del capitalismo y del contagio de los descalabros financieros que estas conlleva, ha originado una tendencia entre países de economías altamente dependientes,  a protegerse mutuamente de las vorágines recurrentes que desencadenan  la economía de “casino” con epicentro en Wall  Street.

De nuevo ha crecido el protagonismo de  los pueblos y,  los regímenes dictatoriales, abiertos o encubiertos a través de democracias representativas formales, están quedando atrás. Con el declive del neoliberalismo, brilla otra vez en Nuestra América la luz de la independencia, la soberanía y la democracia.