16/12/11

Una nota sobre el Manifiesto del Partido Comunista


Félix Adargoma

Cuando Carlos Marx y Federico Engels escribieron la obra el Manifiesto del Partido Comunista, uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848,  y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848, hay en la misma un lema que es lo más importante de todo el tratado, que es: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

Dicho lema iba, y continúa, dirigido a todos los trabajadores avanzados, con conciencia de clase, ideologizados y politizados, para que unidos y organizados orgánicamente en una organización internacional, partiendo de sus respectivas organizaciones y realidades concretas de la lucha de clases en sus correspondientes países, organizaran y unieran a todos los trabajadores de sus respectivas naciones o Estados en una Confederación Internacional de trabajadores comunistas, disciplinada y combativa en la lucha de clases por lograr la sociedad socialista y después la sociedad comunista.

Carlos Marx y Federico Engels “no fueron” ni leninistas, ni trotskistas, ni maoístas, ni tampoco anarquistas, como no lo fue tampoco Bakunin antes de romper con Marx y Engels por un tema más de táctica política e ideológica --y por qué no decirlo--, también por “empute personal”, que por temas estratégicos en conseguir el final de la lucha de clases, el último Estadio de la sociedad comunista.

La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista, traducido por Bakunin, fue hecha a principios de la década del 60 (1860-70) en la imprenta de Kólokol (1), en Moscú. En aquel tiempo, una edición rusa de aquella obra podía parecer a Occidente tan sólo una curiosidad literaria. Hoy, semejante concepto sería imposible.

Se trata de la «Imprenta rusa libre» (1), en la que se imprimió el periódico democrático-revolucionario "Kólokol" ("La Campana"), que editaban Alexander Herzen y N. Ogariov. La imprenta, fundada por Herzen, se encontró hasta 1865 en Londres y luego fue trasladada a Ginebra. En esta imprenta se imprimió en 1869 la mencionada edición del "Manifiesto".

 Se trata de la primera edición rusa del "Manifiesto del Partido Comunista", aparecida en 1869 en Ginebra, traducido por Bakunin. Al traducirlo, éste tergiversó en varios lugares el contenido del "Manifiesto". Las faltas de la primera edición fueron corregidas en la que apareció en Ginebra en 1882, traducida por Plejánov. La traducción de Plejánov puso comienzo a la vasta difusión de las ideas del "Manifiesto" en Rusia.

Una página manuscrita del Manifiesto del Partido Comunista
 Todo lo arriba expuesto lo traigo a colación para hacer una reflexión que quisiera compartida por todos aquellos y aquellas que se reclaman comunistas, tengan el icono que tengan en su mesilla de noche con las velitas encendidas al “santo” o a los “santos” revolucionarios de su devoción a los que “adoran”, aunque dichos “santos”, ya fallecidos, se indignarían si estuvieran vivos por tanta “devoción mariana y devota” a sus figuras, ya que les hubieran gustado que cogieran sus ejemplos de luchar por la unidad de los comunistas que por “adorar” su imagen o su icono, y andar a la greña con eso tan manido de “yo soy más marxista leninista que tú”, o lo otro de “ustedes son unos reformistas y nosotros unos revolucionarios”, o la de los otros que para distinguirse dicen “nosotros somos comunistas anarquistas”: o los de más allá: “nosotros somos marxistas leninistas independentistas” o “nacionalistas”, etc., etc. En definitiva, una retahíla de auto-nombretes como decimos en Canarias y en Cuba.

 En Canarias, y en España, podemos contemplar, unas veces indignados y otras veces con lastima, cómo la izquierda está fragmentada en reinos de taifas, unas más grandes que otras y otras más pequeñas que las demás… “Y todo porque vemos la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga en el propio”, que disfrazan con lemas y consignas “revolucionarias” para solapar oportunismos, izquierdismos de boquilla, y personalismos de pequeño caudillaje, por no decir de pequeño burgués radicalizado de boquilla para fuera. Lo de “pequeño burgués está un poco manido ya a esta alturas de la película, pero como los llamados “revolucionarios marxistas leninistas” lo emplean mucho, pues se los devuelvo…

 La derecha política, económica y social no tiene los problemas metafísicos que tienen las izquierdas. La Derecha tiene bien aprendida la lección. Sabe que con pequeños partiditos de derecha a nivel Estatal no van a ningún sitio. Y tienen un único lema: el Money Money, el euro, el dólar y el poder absoluto. No se anda con las boberías ni con las tonterías “ideológicas” y “políticas” que tienen las izquierdas, que las tienen en permanente dimes y diretes, en sus “luchas ideológicas y políticas” marxista leninista una y Bakunistas las otras. Y todas se ponen a vender la piel del oso antes de cazarlo. No se ponen de acuerdo ni para ir a hacer pis… (lo de pis lo digo en plan finolis, para que no me critiquen de “mal hablado”…)

Dejando aparte la guasa, las izquierdas comunistas tienen que hacerse una profunda y amplia autocrítica, y reflexión marxista, sobre el papel que objetivamente están jugando cada una de ellas en Canarias y en el Estado español.

Porque esta situación la están sufriendo las clases trabajadoras y los sectores populares, los desprotegidos de la sociedad, y la situación demanda una potente organización de integración de todos los y las comunistas, para hacerle frente al Capital, y a sus organizaciones políticas y sociales, que en estos momentos dichos sectores antes mencionados están demandando para construir la sociedad socialista que ideológicamente y políticamente nos indicaron Carlos Marx y Federico Engels, y Bakunin ante de la ruptura con los dos antes mencionados.

Y si no fuera posible, porque pesa más la “tradición” y las “herencias ideológicas” de cada organización, al menos que la unidad de acción política y social sea una realidad a partir de ahora, y que sean las clases trabajadoras las que juzguen los comportamientos políticos de cada una de la organizaciones en dicha unidad de acción y actuación, y no las peleas entre las organizaciones de las izquierdas, una veces por motivos electoralistas y otras por protagonismos negativos.

Los comunistas marxistas y los comunistas anarquistas tienen que refundar sus ideologías a la lucha de clases en las sociedades del siglo XXI. En su época, hace más de un siglo, estuvieron enconadas y enfrentadas, sus seguidores cometieron muchos errores por dogmáticos en la aplicación de los principios de las obras de sus fundadores, la historia nos sirve en bandeja muchos ejemplos, algunos muy recientes y otros no tantos.

La refundación ideológica de ambos proyectos –-la comunista marxista y la comunista anarquista-- la tiene que alumbrar un nuevo amanecer de unidad y fuerza para unir y organizar a las clases trabajadoras y a los sectores populares en esta época que nos ha tocado vivir de principio del siglo XXI. La lucha de clases demanda la unidad de todos los comunistas, marxistas y anarquistas. “La pelota” está ahora en el tejado de ustedes, y dependen que la recojan o que continúen con los rifirrafes, los dimes y diretes y la fragmentación de las organizaciones sindicales y políticas de las clases trabajadoras y de las izquierdas.

Y mientras la izquierda sindical y política continúa fragmentada, la derecha sigue gobernando y ostentando el poder político, económico y cultural, y recortando y quitando derechos sociales conquistados durante varios siglos de lucha proletaria por el movimiento obrero político y sindical.