30/12/11

No hay que cambiar el clima

Especial para Gramscimanía 
Gustavo Márquez Marín

Ante el Congreso de EEUU en 2008, con nuevas y más contundentes evidencias científicas,  el experto en clima de la NASA James Hansen reiteró lo que dijo 20 años antes: “… el calentamiento global potencia ambos extremos del ciclo hidrológico, es decir, incendios forestales y sequías más pertinaces por una parte, pero también lluvias más intensas e inundaciones”. Se quedó corto frente a las terribles secuelas del cambio climático que están sufriendo millones de familias pobres principalmente en ALC, Asia y África.

El Dr. Hansen sentenció: “Si las emisiones siguen dependiendo de la lógica habitual del beneficio económico, es probable que el nivel del mar suba al menos dos metros en este siglo”…con todas sus consecuencias catastróficas. Vale decir, si no cambia el modelo económico que antepone el lucro individual al interés colectivo y promueve el consumismo desenfrenado destructor de la naturaleza, para favorecer la acumulación de riquezas por una minoría privilegiada, es inexorable la marcha hacia la destrucción del planeta.

La XVII Cumbre de la ONU para el Cambio Climático realizada en Durban, Suráfrica, fracasó,  porque no  logró arrancarles a los principales países emisores de CO2,  liderados por EEUU, el compromiso de disminuir sus emisiones para viabilizar una reducción total de éstas hasta en 50% para el 2050. El retroceso ha sido de tal magnitud que además de EEUU, ahora también Rusia, Canadá y Japón, todos grandes emisores de CO2, no formarán parte del tratado de Kioto, con lo cual éste salió de la Cumbre con un misil en el ala.

Los anuncios “eufóricos”  de la UE sobre los grandes “logros” de la entente, es un pote de humo  para ocultar la verdad, porque lo único que hubo allí fue el diferimiento  hasta 2013 del debate. Si bien se aprobó la creación del  “Fondo Verde para el Clima”, el cual a partir del 2020 teóricamente  debería facilitarle USD 100.000 millones anuales a los países afectados por el cambio climático, éste fue solo un saludo a la bandera porque  quedó en el aire sus fuentes de financiamiento. Estos magros resultados reafirman la actualidad del llamado del ALBA en la cumbre de Copenhague: “No hay que cambiar el clima, hay que cambiar el sistema”.