16/12/11

Nacionalismo e izquierda


A propósito de un artículo de Iñaki Urdanibia. Exabruptos, descalificaciones y críticas no fundamentadas

Salvador López Arnal

Especial para Gramscimanía
Conozco al profesor Félix Ovejero Lucas desde hace más de 30 años. Fui alumno suyo ocasional en las clases de Metodología de las Ciencias Sociales que él impartió en la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona en los años ochenta del pasado siglo y, como muchos otros ciudadanos y ciudadanas de izquierda barceloneses, he participado en algunos de sus seminarios –menos de los que he deseado- y en muchas de sus conferencias. Le he presentado en algunas de estas intervenciones; he compartido mesa -¡en una sola ocasión! ¡lástima!- en unas jornadas sobre la obra de Manuel Sacristán, maestro, compañero y amigo suyo; le he entrevistado en tres o cuatro ocasiones, y he leído una buena parte de sus escritos. No sería honesto ocultar que, como el presidente bolivariano Hugo Chávez, he aprendido mucho de sus aportaciones y reflexiones críticas, nunca triviales ni talmúdicas, sobre la tradición socialista, la transformadora, la que se mantiene en pie de lucha, justicia y paz, no la entregada a los caballos desbocados del neoliberalismo irracionalista e insaciable. Además, hemos coincidido en muchas intervenciones políticas ciudadanas a lo largo de los años y, concretamente, en actos convocados por el movimiento 15M y por los trabajadores y trabajadoras de Telefónica.

Todo lo anterior, desde luego, no es obstáculo para que mis opiniones políticas no siempre coincidan con las suyas. No tengo ninguna dificultad en señalar que sus posiciones sobre la cuestión nacional en Sefarad no siempre –más bien pocas veces- me parecen convincentes y equilibradas, que algunos de sus compañeros políticos en este nudo en absoluto me parecen recomendables para compartir un café o para caminar por un mismo sendero político y que estimo que algún apoyo puntual suyo –que ignoro si sigue existiendo- a formaciones políticas como Ciutadans/Ciudadanos es fuertemente inconsistente con una parte sustantiva de sus aportaciones político-filosóficas a la cultura de las izquierdas.

Viene esto a cuento del artículo de Iñaki Urdanibia –“Nacionalismo e izquierda”- publicado en Gara.

IU inicia su texto con una consideración sobre nombres y definiciones que le lleva a hablar al poco de nacionalismo y clases sociales y a formular interrogantes como el siguiente: “En el caso hispano desde luego existe un serio problema en lo referente a la aludida izquierda que hace que uno se pueda interrogar de inmediato: ¿dónde está? ¿a qué juegan los partidos que se autodefinen de tal forma?”. Sigue IU con una consideración sobre argumentaciones, lógicamente muy pero que muy discutible –“si se comienzan las argumentaciones con premisas falsas cualquier cosa se puede seguir”-,  para añadir una afirmación que, afirme lo que afirme IU, es todo menos clara y evidente: “es claro hasta la más obvia obviedad que si uno se siente español es un republicano cosmopolita y no un despreciable nacionalista, esto último se deja para las nacionalidades periféricas en las que sentirse catalán o vasco es ser un paleto que solo piensa en su parroquia y sus parroquianos”. ¿Qué izquierda transformadora piensa una cosa tan soez, tan injusta, tan extravagante y tan inconsistente a un tiempo?

Prosigue IU con temas sindicales y con críticas, no siempre desacertadas ni injustas, a lo que llama, impropiamente desde mi punto de vista, “frente nacionalista hispano”, para aclarar finalmente que sus “atropelladas líneas, que se balancean entre la rabia y el cansancio aburrido”, están motivadas por un ensayo de Félix Ovejero que acaba de publicar la editorial Montesinos: La trama estéril. Izquierda y nacionalismo, libro que, es necesario destacar, yo no he podido leer hasta el momento.

La razón que motiva estas líneas es la forma en que Iñaki Urdanibia despacha el texto de FOL. El libro en cuestión, señala, es el enésimo texto de combate “contra el peligro disolvente del reaccionario nacionalismo periférico que no tiende más que a desvertebrar la España vertebrada como dios manda, por «españoles sin complejos y moderados», que reclama el izquierdista Bono”. Añade que hojeando u ojeando el volumen –parece, pues, que no lo ha leído con atención o incluso sin atención- “basta (¿basta?) para ver que estamos ante un beligerante dardo, en forma de fogoso manual de formación del espíritu nacional hispano, dirigido a la izquierda que hace concesiones a los nacionalistas -no hispanos-“. IU extiende su crítica a Félix de Azúa, recordando su paso por la facultad de Zorroaga, sin citar un paso, un fragmento, un argumento del ensayo de FOL que merezca una crítica o un comentario.
No se para IU en este punto. Añade que el “pertinaz combate continuado ahora por Félix Ovejero trata de acabar con el cáncer que corroe a la una, grande y libre, lo que hará que se pueda cantar... ‘volverá a reír la primavera que por cielo, mar y tierra espera...”. La –con perdón- pueril e injusta infamia es de tal calibre que no merece casi ni comentario pero IU debería saber, por si no lo sabe, que no hay nada –“nada” es nada- en la obra de FOL que abone un simple átomo, aunque sea un quark, de la cosmovisión franquista de España ni, claro está, las melodías, letras y finalidades de un movimiento fascista como el del falangismo español (que, como es sabido, perdóneseme la pequeña maldad, incluía a aguerridos partidarios vascos en sus filas). Jamás FOL ha bebido de ese cáliz criminal.

IU finaliza su -digamos generosamente- aproximación señalando que una pregunta inevitable brota de su reflexión: “¿no es propio de cualquier tradición de izquierdas que se precie el respeto a la voluntad popular, a la libertad, a la federación y la defensa de la justicia?”. Lo es, desde luego. Hace pocos años así lo era, como él señala, y ahora mismo lo sigue siendo y, ni que decir tiene, no hay que aceptar en absoluto que la defensa de esos valores, y del derecho a la autodeterminación de los pueblos, sea “utopía, locura, egoísmo, etnicismo, puro espíritu fenicio”, de la misma forma en que era -y debería seguir siendo una valor de la izquierda-, auque no sólo de la izquierda en este caso, aproximarse sin descalificaciones sumarias y fundamentando nuestras críticas a textos y autores que merecen, sin atisbo para ninguna duda, nuestra mirada crítica después de ser leídos, no simplemente ojeados u hojeados, sin necesidad de ubicarlos sumariamente en ninguna tradición política reaccionaria, despótica y asesina.