12/12/11

La crisis revive los estereotipos negativos entre los países europeos


Andy Robinson

"There must be more to life than stereotypes", cantaba el grupo de britpop Blur a mediados de los noventa cuando Europa aún era un ideal y el euro se esperaba con ilusión. Quince años después, tras un breve descanso en el que se estrenó una identidad europea políticamente correcta, el estereotipo nacional vuelve a la carga.

Y, las caricaturas más grotescas, hasta la fecha, se ven en las percepciones de Grecia desde Alemania y viceversa. En diarios amarillos alemanes como Bild Zeitung, el griego es el mediterráneo vago, despilfarrador, dependiente de un Estado clientelista, retratado en dibujos cómicos bajo títulos como "Griegos en quiebra: ¡que vendan sus islas!". Una portada de la revista alemana Focus con una Venus de Milo enseñando el dedo al contribuyente alemán provocó indignación en Grecia el año pasado. "Griechen- Hetze –meterse con los griegos– es el deporte predilecto ahora", dijo Günter Quaisser del Grupo Memorándum en Frankfurt. "Para Bild, gastan demasiado y no trabajan" (En realidad, según la OCDE, el griego medio trabajó 2.119 horas en el año 2008 frente a 1.390 en Alemania).

Mientras, la percepción de lo alemán que se tiene en Grecia vuelve a su propio arquetipo. Ya es habitual ir a las manifestaciones en Atenas vestido de nazi con máscara de Angela Merkel. ¡Bienvenido a la nueva Europa forjada en la histórica cumbre de Bruselas de diciembre del 2011!

Petros Márkaris, el veterano autor de novela negra nacido en 1937 en Estambul y residente en Atenas, es de los pocos comentaristas griegos o alemanes que ve el fenómeno desde ambos lados. Según su propia definición, es "de cultura germánica”. Tradujo Goethe y Brecht al griego y visita Alemania cada mes. Es más, Márkaris es el maestro de la caricatura irónica del arquetipo griego en su realismo policiaco.

En Con el agua al cuello/Amb l'aigua fins al coll (Tusquets, 2011), la última novela de la serie del detective Kostas Jaritos –un éxito de ventas en Alemania–, Márkaris ironiza con humor negro sobre los estereotipos del griego y del alemán. "No entiendo por qué los alemanes no aprovechan nuestros logros en lugar de machacarnos!", comenta el detective Kalopoulos de la Brigada antiterrorista. "¿Por qué no reivindican ellos también trece pagas al año en vez de quitarnos la decimocuarta?".

Los británicos y los holandeses no se salvan. Tras el asesinato del banquero británico Richard Robinson, un policía comenta: "Es la tacañería de los ingleses; nosotros, por lo menos, hemos ido a pique por derrochadores, pero ellos, con lo míseros que son, ¿cómo demonios han podido ir a pique?". El segundo financiero del Norte decapitado por el asesino antibanca es el director holandés de una agencia de calificación de deuda que muere poco después de haber respondido de manera thatcheriana en una entrevista en televisión: "La sociedad a la que usted alude es un invento".

Con el agua al cuello es la primera de una trilogía de novelas del detective Jaritos ambientada en la crisis económica en los que los asesinos son banqueros, financieras o evasores de impuestos. "Mis asesinos suelen caer bastante bien; y estos aún más", dijo Márkaris en una entrevista concedida a La Vanguardia la semana pasada en Berlín.

Márkaris escribe novelas de Jaritos desde mediados de los noventa. Pero en estos momentos de elevada sensibilidad cultural, algunas representaciones de griegos en sus noveles levantan ampollas en Atenas . "Márkaris hace el juego de los neoliberales", dijo Aris Chatzistefanou, director de la nueva película Catastroika. "Es novelista; no es historiador pero me preocupa que lectores en Alemania pueden ver la imagen que da de Grecia como la única verdad", dice Vula Papagianni, del Instituto de Educación Intercultural de la Universidad de Kapodistriako, que hace parte de su trabajo en Alemania.. "Me da miedo la categorización de europeos del Sur y del Norte; habitualmente acaba en frases como '¡Siempre han sido así!', o 'Su cultura no es compatible con la nuestra'. Lo oigo mucho últimamente en Alemania".

Márkaris reconoce: "Muchos alemanes leen mis novelas porque creen que justifican sus percepciones negativas de los griegos. Sienten que mis novelas son de la misma línea". ¿Le preocupa? "No demasiado. Porque la sociedad alemana es mucho mas matizada en sus lecturas de Grecia que las portadas de Bild". "Hay alemanes que leen las novelas de Jaritos porque encuentran la diversidad de Grecia". Y hay un tercer grupo, continúa: "Los que van mucho a Grecia, y les gusta Grecia y casi ya son parte de Grecia".
"Los griegos se sienten muy ofendidos en estos momentos. Pero históricamente sentían más simpatía hacia los alemanes que hacia sus libertadores, los ingleses y los norteamericanos. En Creta, tras las barbaridades que cometieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, la gente acogió a los alemanes con gran simpatía", dice. "Es una de las contradicciones de los griegos; si hubiesen sido más reservados antes, como lo fueron los polacos, quizás los alemanes serían más respetuosos con ellos ahora".
Tampoco se debería hacer una lectura simplista de las caricaturas alemanas en Grecia. En una imagen que circula por internet esta semana, un grupo de políticos van vestidos de uniformes de SS. Pero no son alemanes sino el nuevo Gobierno tecnócrata de Lukas Papadimos. Detrás de los estereotipos "existen relaciones de poder", dice Márkaris. "Una mujer en Nuremberg la semana pasada me preguntó por qué el contribuyente alemán debería pagar la deuda griega. Los alemanes jamás han entendido que el poder tiene un coste".