6/12/11

Jürgen Habermas, el último europeo

Foto: Jürgen Habermas
El filósofo alemán ha dejado su mesa de trabajo para salvar la idea de Europa de sus dirigentes políticos incapaces y del poder oscuro de los mercados.

Georg Diez

Jürgen Habermas está cabreado. Muy cabreado, tan cabreado que se lo toma como un asunto personal. Da un golpe en la mesa y grita: "¡Basta ya!". Simplemente no quiere ver cómo Europa acaba en el cubo de la basura de la historia mundial. "En este caso hablo como ciudadano", afirma. "Preferiría quedarme sentado en mi casa, en mi despacho, créanme. Pero esto es demasiado importante. Todo el mundo tiene que entender que nos enfrentamos a decisiones críticas. Por eso me implico personalmente en este debate. El proyecto europeo no puede seguir en manos de una élite".

¡Ya está bien! Europa y su proyecto, es un proyecto de su generación. A sus 82 años, Jürgen Habermas entra en campaña. Tomando protagonismo en la escena del Instituto Goethe, en Paris.

Se sobrepone a la ira.

En la mayoría de los casos, aconseja, avisa, “El pliegue, en esta crisis, a los requisitos del choque funcional y sistemático” haciendo referencia a las deudas soberanas y a la presión de los mercados.

A veces, consternado, niega con la cabeza y dice: "Es sencillamente inaceptable, sencillamente inaceptable", refiriéndose al dictado de la UE y a la pérdida de soberanía nacional de Grecia.

Y entonces vuelve a enfurecerse: "Condeno a los partidos políticos. Hace tiempo que nuestros políticos son incapaces de aspirar a algo más que a ser reelegidos. No tienen en absoluto fundamento político ni ninguna convicción".

Por la naturaleza de esta crisis a veces la filosofía se pone al mismo nivel que los debates de los bares.

Habermas quiere difundir su mensaje. Por eso su presencia. Por eso ha escrito recientemente para el Frankfurter Allgemeine Zeitung un texto en el que critica el cinismo de políticos europeos y su “alejamiento de los ideales europeos”. También acaba de publicar un libro, un "pequeño folleto", como él lo denomina, que el reputado semanario alemán Die Zeit se apresuró a comparar con el ensayo "Hacia la paz perpetua" de Kant, escrito en 1795. Pero ¿tiene respuesta a la pregunta sobre qué camino deben emprender la democracia y el capitalismo?

La obra que toma la forma esencial de un ensayo, se titula, "Zur Verfassung Europas" ("Sobre la constitución Europea"), consiste básicamente en un largo ensayo en el que describe cómo ha cambiado la esencia de nuestra democracia bajo la presión de la crisis y la histeria de los mercados.

El poder se ha escapado de las manos de los pueblos y ha acabado en organismos de cuestionable legitimidad democrática, como el Consejo Europeo. Básicamente insinúa que los tecnócratas desde hace tiempo han perpetrado un golpe de Estado silencioso.

“El 22 de Julio del 2011, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy establecieron un compromiso, vago y dejando mucho espacio para la interpretación, entre el liberalismo alemán y el estatismo francés” escribe.

Un fenómeno raro en Alemania.

Habermans habla de post-democracia para designar lo que Angela Merkel y Nicolas Sarkozy están en trance de hacer. Consiste en un parlamento de influencia limitada.

La Comisión Europea ocupa "una posición extraña, en suspenso", sin responsabilizarse realmente de lo que hace. Sin embargo, señala ante todo al Consejo Europeo, al que se le otorgó una función central en el Tratado de Lisboa, algo que Habermas considera una "anomalía". Considera al Consejo como "un organismo gubernamental que actúa en política sin tener autorización para ello".

Cuando Habermas no se caracteriza por ser una persona, pesimista ni fatalista ni visionario sino que es un optimista inquebrantable y eso es lo que le convierte en un fenómeno tan poco habitual en Alemania.

Habermas cree realmente en la racionalidad de las personas. Cree en la democracia ordenada y de toda la vida. Cree realmente en una opinión pública que trabaja para mejorar las cosas. Es por lo que está satisfecho de su audiencia, esa tarde, allí en Paris.

Mientras los porreros, los enrollados, y los marginados del movimiento "Occupy Wall Street" se niegan a formular una sola exigencia clara, Habermas explica con detalle precisamente por qué ve a Europa como un proyecto de civilización que no podemos permitir que fracase y por qué la emergencia de una “sociedad global” no es solamente posible sino igualmente necesaria para reconciliar el capitalismo y la democracia.

Por otro lado, después de todo tampoco se diferencian tanto los cyber-revolucionarios de los intelectuales y filósofos. Se trata básicamente de una división entre las formas de trabajar, entre lo analógico y lo digital, entre el debate y la acción.

"En algún momento después de 2008", comenta Habermas con una copa de vino blanco tras el debate, "comprendí que el proceso de expansión, integración y democratización no avanza automáticamente de forma espontánea, que es reversible, que por primera vez en la historia de la UE, estamos experimentando realmente un retroceso de la democracia. No lo quiero creer. Nos encontramos en una encrucijada".

"La élite política en realidad no tiene ningún interés en explicar a la gente que se están tomando decisiones importantes en Estrasburgo: lo único que temen es perder su propio poder", afirma.

Un asunto personal

Esto es importante para entender por qué se toma el asunto de Europa de forma personal. Tiene que ver con la Alemania maligna del pasado y la Europa buena del futuro, con la transformación del pasado en el futuro, con un continente que una vez estuvo roto por la culpabilidad y ahora está destrozado por la deuda.

Su visión es la siguiente: "Los ciudadanos que se vieron obligados previamente a aceptar la redistribución de la carga de la deuda más allá de las fronteras, podrían, como ciudadanos, ejercer su influencia democrática ante los gobiernos que operan en una zona gris desde un punto de vista constitucional."

Este es el argumento principal de Habermas y lo que falta en la visión de Europa: una fórmula que no funciona en la construcción actual. No ve la UE una federación de estados, ni un estado federal, más como una cosa nueva, una comunidad jurídica que han acordado los pueblos de Europa junto con los ciudadanos de Europa, es decir nosotros con nosotros mismos excluyendo a nuestros gobiernos respectivos. Como es lógico, con esto se acaba la base de poder de Merkel y Sarkozy, pero este es también el fundamento de su objetivo.

Existe otra alternativa, afirma, existe otra vía distinta al progresivo cambio en el poder del que somos testigos actualmente. Los medios de comunicación deben ayudar a los ciudadanos a comprender la enorme influencia que ejerce la UE en sus vidas. Los políticos sin duda comprenderían la gran presión que sufrirían si Europa fracasara. La UE debe democratizarse.

“Si fracasa el proyecto europeo, afirma, entonces surgirá la pregunta de cuánto tiempo se tardará en volver a llegar al statu quo. Recuerden la Revolución alemana de 1848: cuando fracasó, tardamos 100 años en volver a lograr el mismo nivel de democracia de antes".