3/12/11

Datos sobre el acorazado Potemkin. Su paso por Rumania (+ Fotos)


El 20 de junio de 1905 atracaba en la bahía de Constanta, Rumania, el Acorazado Potemkin, cuya tripulación se había rebeleado contra el gobierno del zar unos días antes, en el puerto de Odessa. Llevaba enarbolada en el mastil la bandera roja de la revolución. Será la segunda vez que el heroico barco ruso entre en este puerto rumano en pocos días. 

Nadie imaginaba entonces que Constanza llegaría a ser durante la Rumanía Socialista el puerto principal de de la septima flota mayor del mundo, la rumana, en los años 80 del siglo XX (el actual presidente del país, Basescu, anterior ministro de transporte durante los primeros años de salvaje neoliberalismo en los años 90, se encargo de venderla a un precio ridiculo para destruir, como también se hizo con la industria y la agricultura, la capacidad comercial rumana).
En 1905 Bucarest tenía que hacer frente a multitud de conflictos sociales, que estaban al orden del día, y como explica Cristian Rakowsky "una verdadera epidemia de huelgas tuvo lugar en Rumania", en protesta contra las condiciones de trabajo y la extrema pobreza que se vivía en el país, muy similares a las de Rusia. Además, está a punto de estallar la Guerra de los Balcanes, donde Rumania se enfrentara a los intereses de Rusia, que sin participar apoyara a Bulgaria en esta guerra entre países expansionistas.

En este contexto, se suceden los acontecimientos revolucionarios de Rusia, que son observados con preocupación, por su significado en la guerra de clases, pero a la vez con felicidad por los enemigos del imperio zarista, entre ellos Rumania.
El 14 de junio de 1905 los marineros del Potemkin, acorazado ruso de la flota del Mar Negro, se alzan contra sus oficiales, en un contexto en el que toda Rusia era un hervidero de movimientos sociales y revolucionarios. Su rebelion fue vista posteriormente como un paso inicial hacia la Revolución rusa de 1917, y se convirtió en la base histórica para la espectacular y emotiva película muda de Serguéi Eisenstein "El acorazado Potemkin".

En 1905 el Comité Central de la Organización Socialdemócrata de la Flota del Mar Negro habia iniciado los preparativos para varias rebeliones simultáneas en todos los buques de la flota, aunque la fecha estaba sin precisar. Sin embargo, en el momento en que se planificaba el alzamiento, el Potemkin estaba en mar abierto, en unos ejercicios de tiro en la isla de Tendra, y la rebelión terminaria estallando en este barco por cuenta propia.

La situación en Rusia en 1905 era caotica: los conflictos sociales tenian en jaque al autoritarismo del zar, y este no cedia ni un apice su postura represiva. La guerra contra Japon estaba siendo un desastre, y la marineria era el cuerpo del ejercito donde los motines eran mas habituales y donde la lucha proletaria prendió con mayor fuerza.

La chispa que hizo estallar el motín del Potemkin fue iniciada por el segundo de abordo, Ippolit Giliarovsky, quien amenazó con tomar represalias contra varios miembros de la tripulación que se negaban a comer carne en la que se habían descubierto gusanos (una forma habitual por aquel entonces de tratar a la marinería en todos los países imperialistas) tras ser embarcada desde la torpedera N267, que actuaba como buque de enlace y correo. El tal Giliarovsky reunió a dichos marineros frente al alcázar para proceder a algunos fusilamientos, momento en el cual los marineros se rebelaron y tomaron el control del acorazado.

La oficialidad del barco trató de reprimir el motín, y en el tiroteo subsiguiente murieron siete de los dieciocho oficiales del Potemkin, incluyendo al Capitan Evgeny Golikov, el segundo oficial Ippolit Giliarovsky, y el oficial médico, que había certificado la carne como apta para el consumo a pesar de la evidencia de su putrefacción. Los oficiales supervivientes fueron arrestados, así como los del torpedero N267. El marinero Grigory Vakulenchuk resultó herido mortalmente durante el motín. Los marineros procedieron entonces a organizarse en una Comisión, liderada por Afanasi Matushenko.

La noche del mismo día, el acorazado arribó al puerto de Odessa ondeando una bandera roja. En la ciudad se había declarado ya una huelga general, y la llegada del buque rebelde contribuyó a aumentar la inestabilidad y la esperanza de los trabajadores. Sin embargo, los representantes de la comisión de contacto de los partidos socialdemócratas en Odesa (en 1903 se habian dividido entre bolcheviques y mencheviques) fueron incapaces de convencer a los marineros sublevados de que desembarcasen grupos armados para ayudar a los obreros a conseguir más armas y actuar de forma conjunta. Al final no se logró la coordinacion necesaria.

El 16 de junio, el funeral del marinero Vakulenchuk se convirtió en una manifestación política en toda regla. Los manifestantes se acumularon en la escalinata que lleva desde la zona del puerto al centro de la ciudad, donde sufrieron disparos por parte de unidades de caballería, una escena que luego sería el punto álgido de la película de Eisenstein. 

Existe controversia acerca de la existencia o no de ese tiroteo en las escalinatas, pero tanto el corresponsal del London Times como el cónsul británico residente confirmaron de enfrentamientos entre manifestantes y soldados por toda la ciudad, con grandes pérdidas de vidas humanas.

La noche siguiente, el Potemkin disparó dos proyectiles de su armamento principal a la parte de la ciudad donde se encontraba el cuartel general de las autoridades militares zaristas, el teatro de Odessa. La tarea fue planeada y orquestada por Constantine Feldmann –delegado ante el Comité Revolucionario del Partido Social Demócrata en Odessa–. Feldmann contaba que en el teatro estaría reunida la oficialidad zarista en pleno, incluido el mismísimo general Kokhanov. Muerto Kokhanov, pensaba el delegado, las tropas se sumarían a la causa, y con Odessa a los pies de los insurrectos ya nada detendría a la Revolución.

La escena del bombardeo del teatro de Odessa es tambien uno de los puntos centrales de la pelicula de Eisenstein, que se representa con la caida de uno de los leones del edificio tras los cañonazos.

El ejército imperial envió refuerzos a la ciudad con órdenes de suprimir el desorden civil. El gobierno además emitió una orden con el fin de, o bien obligar a la tripulación del Potemkin a rendirse, o bien hundir la nave.

La revuelta del Potemkim tuvo un importante valor para la Revolución, puesto que era uno de los barcos más poderosos de la marina rusa, y una de las pocos que había sobrevivido después del desastre de Tshushima, del 21 y 22 de mayo de 1905, en la guerra contra Japón.
El Comité Central del Partido Laborista Socialdemócrata Ruso intentó apoyar la revuelta del Potemkin. Sin embargo, Mikhail Vasilyev-Yuzhin, que había sido enviado a Odesa por Lenin para liderar la revuelta, se encontró a su llegada con que el barco había abandonado el puerto.

El Potemkin sale de Odessa

El nerviosismo del zar se basaba en que el ejemplo del Potemkin podía extenderse por toda la marina rusa, por lo que era esencial acabar con él. Dos escuadrones de la Flota del Mar Negro fueron enviados a Odessa para destruir el acorazado rebelde. Se reunieron en la isla de Tendra el 17 de junio. El Potemkin, acompañado del N267, se dirigió hacia ellos, y - negándose a rendirse - navegó a través del escuadrón.

Esta "batalla silenciosa" acabó con un enorme éxito para el Potemkin; los marineros del escuadrón combinado se negaron a abrir fuego contra sus ex-camaradas, y uno de los acorazados - el Georgiy Pobedonosets - se unió al Potemkin. El resto del escuadrón combinado se dirigió a Sebastopol, mientras los tres buques rebeldes ponían rumbo de vuelta a Odessa.

Krieger, vicealmirante de la escuadra zarista, a bordo del Rotislav, en Sebastopol, solo necesitaba tres buenos buques que pueda enviar a la bahía para terminar con el Potemkin. Pero la flota no le responde como debería. En el Catalina II, la tripulación canta el “Ave María” y el “Padrenuestro”, pero se niega rotundamente a entonar el “Dios salve al zar”. La tripulación del Alexander II, anclada en Kronstadt, desacata las órdenes, mientras que en los astilleros de Nikolayev se escuchan tiros desde muy temprano, sin que nadie tenga la menor idea de quién los dispara.

Finalmente, Krieger ordena que el Santa Trinidad, el Jorge el Conquistador y el Los Doce Apóstoles zarpen inmediatamente con instrucción de acabar con el Potemkin antes de que a otro buque se le ocurra enarbolar la bandera roja en lugar del pabellón con la cruz de San Andrés.

Ante la persecución, los marineros del Potemkin toman la decisión de navegar hasta un puerto donde se puedan reponer municiones, carbón y alimentos. La elección de Constanza (Rumania) tuvo que ver con dos activos participantes de las deliberaciones que tuvieron lugar a bordo, Constantine Feldmann y Kirill, dos dirigentes de la socialdemocracia ucraniana que se sumaron a la tripulación del Potemkin desde un principio. Tanto Feldmann como Kirill aportan el barniz ideológico del que carece la tripulación. Afanasy Matushenko, protagonista del film de Eisenstein, es, como la mayoría de sus compañeros, un campesino casi analfabeto sin ninguna experiencia política y –lo que es mucho peor– apenas experiencia marinera.

Al igual que Fyodor Mikishhin, Josef Dymtchenko y los otros 667 marineros, Matushenko había sido arrancado de los surcos de Basarabia para revitalizar las tropas diezmadas en el Lejano Oriente. Son campesinos forzados a enrolarse para gloria del zar y para el sufrimiento y pobreza de sus familias. Sin la intervención de Feldmann, es probable que los amotinados se hubieran quedado a enfrentar los refuerzos que venían de Sebastopol –con lo cual Eisenstein se habría tenido que conformar con un cortometraje– y hubieran navegado a la deriva hasta que los encontrara Krieger, o hacia el Bósforo, donde los esperaban los turcos para mandarlos igualmente al fondo del mar.

En Constanza podrían reaprovisionarse y darle tiempo a la Revolución para que ganara adeptos entre la marina. Asi que Feldmann entendía que era cuestión de aguantar, que tarde o temprano otros buques iban a sumarse. El objetivo nunca fue huir, sino utilizar el Potemkim como arma de guerra revolucionaria

La orden de poner motores a toda máquina fue impartida por Matushenko al piloto Alexeev, uno de los tres suboficiales que habían sobrevivido al 27 de junio, día del motín. Durante la primera noche de navegación en fuga, el Comité Revolucionario –formado por los líderes del alzamiento y los militantes de Odessa– redacta un comunicado (el primero de varios) dirigido a la humanidad: “Ciudadanos de todos los países y de todas las nacionalidades, el gran espectáculo de la gran guerra por la libertad está ocurriendo frente a vuestros ojos”.

En otro párrafo, los amotinados piden al zar a que concluya la guerra contra Japón y abdique sin más, “convocando a una asamblea internacional constituyente sobre las bases del sufragio universal, directo, secreto e igualitario”. El comunicado concluía diciendo que la tripulación del Potemkin estaba dispuesta a “triunfar o perecer en el intento”.

En la madrugada del 2 de julio, el guardia de turno anuncia que están frente al puerto de Sulina, en la desembocadura del Danubio. Por el momento no habia noticias de la flota y el horizonte estaba libre de obstáculos. Llevaban varios días navegando a tres cuartos de máquina y las calderas pedian agua a gritos. En Constanza esperaban poder reaprovisionarse de carbón y agua dulce para saciar la sed.

Llegada a Constanza

En primer lugar, hay que decir que los revolucionarios del Potemkim no esperaban recibir las provisiones gratis de Rumania. No se trataba de un acto de pirateria, sino que en el barco tenian suficientes fondos como para comprarlas. No contaban, sin embargo, en un ingenuo ejercicio de fe en la humanidad, con que Rumania era entonces un pais reaccionario, donde los camaradas obreros y campesinos vivian en condiciones de explotacion iguales o peores a los de Rusia, y en ningun momento el gobierno de los boyardos (grandes terratenientes) iba a apoyar a un barco con la bandera roja en su mastil (a no ser como estrategia puntual contra su enemigo el zar).

El Potemkin llegó a Constanza cerca de medianoche y fondea a milla escasa del muelle. El comandante Negru, responsable de las operaciones navales de la flota rumana, ignora el saludo de dieciocho cañonazos que sí pone en alerta a todos los vecinos. Negru decide esperar a que aclare. La base de Constanza disponía de un sistema de comunicación más sofisticado que el Potemkin, y estaba al tanto de lo que sucedía y de las advertencias de la flota que perseguia al Potemkin. Pero Constanza no era Rusia, y Rumania iba a jugar sus propias cartas en el asunto. Al fin y al cabo, si la vida de sus propios trabajadores no tenia valor alguno salvo como productores de riqueza para que los parásitos de la oligarquía vivieran sin trabajar, ¿por qué iban a tenerlo la de unos marineros rusos comunistas?

Un acorazado como el Potemkim, sin embargo, podía de verdad destruir toda la ciudad, y por eso no se trataba de un asunto facil de enfrentar su presencia en el puerto rumano, ademas con la bandera roja de la revolucion y que tanto ponia en riesgo los privilegios de los capitalistas en el mastil.

En la madrugada del 3 de julio se presentaron a bordo unos oficiales en representación de Negru. Los rumanos fueron recibidos cordialmente en el camarote que había sido del capitán Golikov, donde había una buena provisión de vodka y vinos moldavos. Poco antes del mediodía, las partes acuerdan que el Potemkin puede permanecer anclado y que un contingente de los amotinados desembarque para comprar alimentos y contratar a un médico que asista a heridos y enfermos.

Pero cuando Matushenko pide carbón y agua potable, el oficial con más medallas trata de desentenderse del asunto, argumentando que debe consultarlo con sus superiores. En las arcas del Potemkin había cerca de 20 mil rublos (casi 6 mil libras) destinados a esos efectos. La negociación no iba a ser fácil.

La tercera visita del día fue de una delegación del crucero rumano Elisabeta, anclado en las proximidades. Matushenko y Feldmann aprovecharon para llevarse a cubierta a un par de peces gordos con medallas y estrellas con la idea de comprarles por debajo de la mesa provisiones de carbón y agua dulce. Pero los oficiales doblaron la apuesta: ofrecieron derecho de asilo, pasaportes rumanos e inmunidad a cambio de que les vendieran el Potemkin.

Sin embargo, los marineros rusos no eran piratas, y ser tratados como tales les hizo reaccionar con indignacion. Matushenko devolvió la gentileza preguntándoles a los oficiales cuánto querían ellos por el Elisabeta. Esa misma tarde llegó un comunicado de tierra que advirtió a la tripulación que el Potemkin ya no era bienvenido, y que no habría para ellos ni agua ni carbón ni provisiones. Rumania parecía quitarse de encima a lo que seguramente considera unos "bandidos revolucionarios".

Vuelta al mar

Parece que a propuesta de Feldmann, se elige commo destino el puerto de Theodosia, que además de puerto carbonero estaba en ruta al Cáucaso. Feldmann y Matushenko habían discutido la posibilidad de iniciar un foco revolucionario en la Caucasia en caso de que, como parecía, la flota no se sublevase para acompañarlos en su marcha a San Petersburgo para colgar al zar Nicolás.

Levaron anclas con los motores en marcha cuando un lanchón se arrimo a babor con un mensaje del rey Carol I: una invitación a rendirse. Pero esta vez el tono era diferente, y además la peticiónestaba firmada por el mismo rey de Rumania, que les garantizaba que no habría represalias y tampoco les entregaría a los zaristas, aunque nada se decía de qué pasaria con el goloso acorazado. La oferta era interesante, pero Matushenko la juzgó tardía. 

¿Qué esperaba el rey Carol con este cambio de actitud? No se sabrá nunca, pero suponemos que el Acorazado Potemkim era una pieza demasiado atractiva como para renunciar a ella tan facilmente, y sobre todo para asi privar a Rusia de su uso. Al final, el rechazo de los lideres rebeldes a venderlo desbaratara los planes de Carol I y, como se verá, el barco terminará de nuevo en manos del zar.

El Potemkin llegó a Theodosia en la madrugada del 5 de julio, apenas unas horas después del mensaje de San Petersburgo advirtiéndoles de las consecuencias que sufrirían si llegaban a ceder a los pedidos de la tripulación amotinada. Asi que el puerto solo ofrecera a los marineros sublevados carne y aceite para motores a combustión, tabaco, fósforos, vodka, pan y harina, vendajes y periódicos. Matushenko, que junto a Feldman era el lider del grupo, rechaza la oferta si, ademas, no traen carbon y agua, que eran lo que más necesitaban para continuar su lucha sobre el acorazado. Asi que se dieron 24 horas a los goberantes de la ciudad para que les suministraran estas dos materias esenciales para poder continuar viaje, y utilizar el acorazado en la lucha contra el zar. 

En la madrugada del 6 de julio, las noticias circulaban de hamaca en hamaca entre los marineros del Potemkin: los habitantes de Theodosia estaban abandonado la pequeña ciudad llevándose todo lo que podían.. Era la única alternativa que les dejaban los cañones del Potemkin y las amenazas del zar. Aprovechando el éxodo, Matushenko y Feldmann mandaron un contingente a tierra, pero fueron recibidos a balazos por un reten que había permanecido vigilante. Es la gota que colma el vaso. Tres de los marineros mueren en el intento y esto supone una desmoralización definitiva.

Ese día hubo quien habló de volver a Sebastopol y entregarse. La mayoría seguía sosteniendo que era una locura. Pero seguir a la deriva también era insensato, y la falta de agua y alimentos causaba estragos. Al final se decidio aceptar la oferta del monarca rumano, que ya no les parecía tan despreciable.

Final en Rumania (y mucho más lejos)

El Potemkin entró por última vez en la bahía de Constanza a las 2 de la madrugada del 8 de julio. A poco de haber llegado, una delegación mínima se presentó a bordo y confirmó los términos de la oferta. Al amanecer, los tripulantes del Potemkin comenzaron a desembarcar, agotados después de trece días sin pisar tierra firme, mal alimentados, sedientos. En las pequeñas embarcaciones que los acercaban a la costa cargaban con todo: vajilla, ornamentos, sanitarios, muebles, herramientas, toallas, herrajes,libros. Una vez en tierra firme, Matushenko distribuye equitativamente los 20 mil rublos que no les habían servido para comprar carbón ni agua dulce.

Los lideres de la sublevación. Matuchenko en el centro con camisa blanca
En el acuerdo los marineros insisten en que no sean entregados al zar, y en principio las autoridades rumanas estan de acuerdo (al fin y al cabo Rumania y Rusia eran enemigos políticos -aunque sus gobierno fueran a aliados de clase). Rusia insistió en que los rebeldes debían ser juzgados en su país, pero Rumania se negaba invocando a la opinión pública del país, favorable a los marineros, y que no existía tratado de extradición entre ambos estados. Solo existía entonces una convención de reciprocidad, pero que no puede ser invocada en este caso, porque "no se puede afirmar que toda la tripulación del Potemkin sean criminales", escribe en Viena el marqués Palavacini, embajador de Austria-Hungría en Bucarest. La mayoría de los amotinados decidieron permanecer en Rumanía en 1905, por lo menos hasta la revolución de febrero de 1917. De los que volvieron a Rusia inmediatamente después del motín, siete fueron ejecutados como cabecillas del motín, mientras otros 56 fueron serian sentenciados a diversas penas de prisión. Algunos suboficiales del Potemkin lograron argumentar que se habían visto obligados a amotinarse temiendo por sus vidas, mientras que la tripulación del Viekha, el barco de apoyo implicado también en el motín, fue puesta en libertad sin cargos tras determinarse que lograron convencer a los sublevados de que liberasen a sus propios oficiales.

Monumento a los héroes del Potemkin, en Odessa
Unos seis centenares de tripulantes del Potemkin permanecieron en Rumanía en 1905, mezclándose con la población local. Entre ellos se encontraba su líder, Afanasy Matushenko. Este, junto con cuatro compañeros, volvió a Rusia con la promesa de una amnistía en 1907, pero sería arrestado y colgado nada más entrar en el país (la típica y traicionara justicia zarista -o de cualquier régimen fasciocapitalista). Otro de los cabecillas, Joseph Dymtchenko, huyó de Rumanía en 1908 junto con otros 31 marineros, y se establecieron todos en Argentina, tras pasar un tiempo invitados por la socialdemocracia inglesa en Liverpool, dando charlas sobre la revolución.

 Al menos un marinero, Iván Beshov, logró llegar a Irlanda vía Turquía y Londres (donde según se afirma conoció a Lenin). Moriría el 25 de octubre de 1987, a los 102 años de edad, siendo probablemente el último sobreviviente de la tripulación.

El navío seria custodiado por las autoridades rumanas, hasta su entrega a Rusia, permaneciendo en el puerto de Constanta, bajo bandera rumana. Esto creó un conflicto diplomático entre Bucarest y Moscú, y el agregado de negocios rusos en Rumania, señor Lermotov, protestaría formalmente ante el rey Carol I por lo que consideraba un apropiamiento ilegal. 

Sin embargo, el general Lahovari, ministro de exteriores rumano, no aceptó la protesta, puesto que la nave tenia que estar custodiada por soldados rumanos mientras estuviera en puerto de su soberania, y estos no podrían hacer su trabajo ni bandera rusa ni bajo la bandera roja (en especial bajo esa, no fuera a ser que les hiciera pensar en cómo luchar como acabar con los privilegios de sus generales y oficiales sostenidos en sus penurias y las de campesinos y trabajadores rumanos).

Fue una respuesta habil, que lograría mantener la apariencia de la neutralidad, y que haria que la actitud rumana fuera alabada mas tarde tanto por el zar Nicolas, en una carta enviada al rey Carol I, como por el mismo Lenin (primero por el retorno de la nave, y segundo por el acuerdo con los marineros). Esta seria la unica vez, han señalado los historiadores rumanos, que Lenin habló bien de Rumania, que en aquella epoca era un pais dominado por la gran burguesia capitalista y los grandes terratenientes y en la cual las las condiciones de los trabajadores y campesinos eran tan nefastas como en la propia Rusia.

El Acorazado Potemkim seguiría después navegando, e incluso lucharía en la Primera Guerra Mundial. En  octubre de 1905 sería rebautizado por el zar como Panteleimon (campesino maleducado o despreciable). En abril de 1917 la nave fue renombrada de nuevo como Potemkin-Tavrícheski. Sin embargo, en mayo del mismo año se cambió de nuevo el nombre a Borets za svobodu ("luchador por la libertad"). En 1918 la nave fue capturada por los alemanes, y recapturada luego por los rusos blancos mencheviques. En abril de 1919, los blancos destruyeron el acorazado mediante una explosión provocada mientras se encontraba en el puerto de Sebastopol, para evitar que cayera en manos de los bolcheviques durante la Guerra Civil. Tras la victoria de los trabajadores y los soviets, los restos del Potemkin fueron reflotados y desmantelados definitivamente, a causa de los daños irreparables sufridos.

Lenin escribió que la rebelión del Potemkin fue muy importante por ser el primer intento de crear el núcleo de un ejército revolucionario, especialmente debido a que una parte apreciable de las fuerzas zaristas que se le opusieron habían acabado sumándose a la rebelión. Lenin llamó al Potemkin un "territorio invicto de la revolución".

El recuerdo del levantamiento tuvo una significativa influencia en el proceso revolucionario del ejército y la flota rusos en 1917. Recordemos que sería también un acorazado, en este caso el Aurora, el que iniciaría con sus cañonazos la triunfante Revolución Bolchevique el 7 de noviembre de 1917, de la cual nacería el único estado de los trabajadores de la historia de la humanidad, que lograría ser la primera potencia mundial, militar, científica, industrial y, sobre todo, social durante mas de 70 años.

Que mejor que terminar esta entrada con el lema que acompaña a la película de Eisenstein y que dice así:

"¡Gloria a los Héroes del Pueblo del Potemkin¡"