5/12/11

Actualidad de Marx en un mundo caótico y a la orilla de la barbarie

Marx por G. González
Miguel Urbano Rodrigues

Para apoderarse del petróleo y del gas libios los nuevos cruzados de Occidente fabricaron una rebelión en Benghasi y satanizaron a Gaddafi. Ponencia presentada en el VI Foro de Filosofía, Maracaibo, diciembre 2011

Una campaña de ámbito mundial desencadenada por intelectuales de grandes universidades de los EEUU y de Europa, ampliamente divulgada por el sistema mediático controlado por el imperialismo, proclamó, después de la disgregación de la URSS, el fin del marxismo.

Para esos epígonos del capitalismo, el neoliberalismo señalaría el fin de la Historia como ideología definitiva. En el marxismo identificaban un arcaísmo obsoleto.

Esas profecías no tardaron en ser desmentidos por el caminar de la Historia. En lugar de la era de progreso, abundancia y democracia anunciada por George Bush (padre) después del fin de la URSS y la transformación de Rusia en un país capitalista, una crisis de civilización se dejo sentir sobre la humanidad. La concentración de riqueza fue acompañada de una ampliación de la pobreza.

Hambrunas cíclicas asolaron países de Asia y África. Al iniciar el milenio, el capitalismo se sumergió en una crisis estructural. Sin soluciones, porque la Ley de la acumulación no funciona más de acuerdo con la lógica del capital, los EEUU, presentándose como faro de la democracia y la libertad, desencadenaron agresiones monstruosas contra los pueblos del Tercer Mundo, alegando que defendían a la humanidad contra el terrorismo.

El Imperialismo colectivo

No obstante las contradicciones de intereses entre los EEUU y los otros países del G-7 hayan persistido, esas contradicciones no son más antagónicas por lo que es hoy mínima la probabilidad de que irrumpan guerras interimperialistas como aquellas que provocaron decenas de millones de muertos en la primera mitad del siglo XX. Al imperialismo clásico lo sucedió aquello que el economista argentino Claudio Katz define como el imperialismo colectivo.

Bajo la hegemonía de los EEUU cuya superioridad militar es aplastante, países como Reino Unido, Francia, Alemania y otros se tornaron cómplices de una estrategia de dominación mundial. Invocando pretextos falsos como la existencia de armas de extinción masiva y la lucha contra la fantasmagórica Al Qaeda, Washington invadió y ocupo Iraq y Afganistán y sus fuerzas armadas practicaron ahí crímenes contra la humanidad que solamente encuentran precedente en los cometidos por el Reich nazi.

Goebbels decía que una mentira a fuerza de ser repetida aparece como verdad. No podía imaginar que la perversa propaganda hitleriana aparece como un juego comparado con el siniestro engranaje de desinformación montado para servir a la estrategia imperial. En la época de la información instantánea, una gigantesca máquina mediática científicamente montada y controlada por laboratorios ideológicos del imperialismo bombardea los pueblos con un discurso e imágenes que deforman la realidad.

Promover la alienación de las masas, manipular la consciencia social es un objetivo permanente del imperialismo. Esa ofensiva mediática busca anular la combatividad de los pueblos mediante la robotización progresiva del hombre, meta facilitada por la contracultura alienante exportada por los EEUU. Es en ese contexto que las actuales guerras neocoloniales son precedidas de una masacre de las consciencias concebida para neutralizar eventuales reacciones a las agresiones militares, presentándolas como iniciativas inseparables de la defensa de la democracia y de la paz.

La satanización de líderes transformados en verdugos de sus pueblos se volvió rutina en esas campañas. Así paso con Gaddafi. El líder libio, que el año pasado era aún recibido con abrazos por Sarkozy, Cameron, Berlusconi y Obama, paso de repente a ser calificado de monstruo acusado de crímenes contra la humanidad. Para apoderarse del petróleo y del gas del país los nuevos cruzados de Occidente fabricaron una rebelión en Benghasi e hicieron aprobar por el Consejo de Seguridad de la ONU una Resolución sobre la “exclusión aérea” –con la complicidad, después de vacilaciones, de Rusia y de China- luego además no respetada cuando comenzaron a estallar misiles y bombas en Trípoli.

Más de seis meses duro esta guerra repugnante, en la cual la OTAN funciono como instrumento de una agresión definida por la ONU como “intervención humanitaria”. Expulsar a China de África fue uno de los objetivos de esa agresión concluida con el asesinato de Muamar Gaddafi.

Más de 300.000 chinos, técnicos y trabajadores, fueron retirados del país donde trabajaban. China tenía ahí voluminosas inversiones como en otros países del Continente. Cabe señalar que Angola es actualmente el segundo proveedor africano de petróleo a China.

La creación de un ejército permanente de los EEUU en África fue preparado con años de anticipación. El Comando permanece por ahora instalado en Alemania, pero Washington pretende transferirlo para un país africano “amigo”. La reciente intervención militar en Uganda, anunciada por Obama para combatir una secta religiosa minúscula calificada de terrorista, es una etapa de ese proyecto. El presidente norteamericano ya informo además que los EEUU enviaran tropas para “combatir el terrorismo” para el Congo, Sudán del Sur y la República Centro Africana si los gobiernos de esos países piden “ayuda”. En el ámbito de esa escalada, aviones de la USAF bombardean periódicamente a Somalia para combatir movimientos tribales “aliados de Al Qaeda”.

Cabe preguntar ¿quién será la próxima víctima del imperialismo colectivo? El comportamiento de los EEUU trae a la memoria el de la Alemania de Hitler. Primero fue la anexión de Austria; después Múnich y la posterior destrucción de Checoslovaquia; finalmente la exigencia de entrega de Dánzig, la invasión de Polonia, la guerra mundial.

No pretendo establecer analogías. Pero el desprecio por los pueblos y por su derecho a la independencia es el mismo. Primero fue Afganistán, después Iraq, en seguida Libia, ahora es Uganda. Siria está en la mira. Pero Irán es el gran “enemigo de la democracia” a derrotar.

La Alternativa

El agravamiento de la crisis del capitalismo simultáneamente financiera, económica, social, energética, militar, ambiental –colocó en la orden del día el debate en torno del combate al sistema.

Hay consenso entre las fuerzas progresistas en lo tocante a condenar al neoliberalismo. Pero las divergencias surgen cuando la discusión incide sobre la temática de las alternativas y las estrategias antiimperialistas.

El Foro Social Mundial generó inicialmente una gran esperanza con su slogan romántico “Otro mundo es posible”. Pero las sucesivas reuniones del Foro y de los Foros Europeo, Africano, Asiático y otros hicieron evidente la existencia de posiciones incompatibles. El Foro proyecta hoy la imagen de una caja de resonancia de discursos humanistas inocuos que se agotan en la búsqueda de una alternativa teórica. Para muchos de sus dirigentes el objetivo principal sería una reforma humanizada del capitalismo, una imposibilidad por su esencia inhumana. Además, el imperialismo se infiltro entre los organizadores a través de ONGs de fachada antineoliberal. Es significativo que un político reaccionario como Mario Soares, el ex presidente de Portugal, haya aparecido como director del boletín diario de uno de los Foros, en Porto Alegre.

Michel Chossudovsky afirmó en un ensayo que los viajes de destacados dirigentes del Foro Social Mundial son financiados por fundaciones con vínculos sospechosos.

Me incluyo entre aquellos que niegan prioridad a la formulación consensual de una alternativa al capitalismo. Es inviable. La tarea inmediata de las fuerzas revolucionarias anticapitalistas debe ser, en mi opinión, el combate al imperialismo, lo que no excluye el indispensable debate teórico.

La Historia nos enseña que el imperialismo es más vulnerable en el corazón del sistema y en las áreas donde concentra su poder militar en acciones de terrorismo de Estado.

Las guerras perdidas de Iraq y de Afganistán no fueron solamente desgastantes, absorbiendo centenas de millares de millones de dólares –y provocando inclusive la separación de generales que criticaron al Presidente Obama- sino que contribuyeron para el despertar de la consciencia del propio pueblo de los EEUU.

El imperialismo no se siente amenazado por los críticos que pretenden reformar el capitalismo. Los tolera bien. Pero cuando Estados soberanos en países de Ásia, de África o de América Latina no se someten al sistema, u opta por la guerra (Libia), o fija como objetivo su destrucción, a corto o largo plazo, por implosión o violencia.

Es el caso de Venezuela Bolivariana, objeto de dos golpes de Estado frustrados. Washington recuerda el precedente de Cuba. No acepta que un país del Hemisferio decida su futuro libremente y opte por la construcción del socialismo.

El movimiento de los indignados, nacido en España, se expandió por Europa y llegó a los EEUU, polo del sistema. Ellos no saben definir lo que quieren, pero saben lo que rechazan. La consigna “Ocupen Wall Street” y el movimiento “99%” expresan bien el rechazo por el engranaje capitalista que frente a la crisis de su responsabilidad se esfuerza por salvar a los banqueros y a las grandes trasnacionales en tanto empobrece más a la clase media y a los pobres. La brutal represión desencadenada contra los ocupantes de la Liberty Place, en Manhattan y en el puente de Brooklyn confirma que el gran capital entró en pánico.

Compañeros:

El mundo está al borde del caos, enfrentando el peligro de una dictadura mundial del capital, de contornos neofascistas. Más soy optimista.

Grandes luchas sociales están en curso en Europa y otras se esbozan en el horizonte. Los trabajadores responden con gigantescas manifestaciones de protesta en Italia, España, Portugal, Francia contra las políticas de los gobiernos que pisotean la voluntad popular, promueven el desempleo, reducen salarios, suprimen derechos constitucionales, sobrecargan al pueblo de impuestos, en el cuadro de una estrategia concebida en beneficio del gran capital, y dirigida con arrogancia y sin pudor por la canciller Merkel y por el presidente Sarkozy.

Luchar contra esa política que amenaza con desembocar en la barbarie, paso a ser una tarea revolucionaria. El pueblo de Grecia está asumiéndola con coherencia y coraje ejemplares. En estos días combate por la humanidad entera. Veinte huelgas generales en un año y centenas de huelgas sectoriales son testimonio de ese espíritu de resistencia popular.

En América Latina, ¡Cuba resiste, Bolivia resiste, Venezuela Bolivariana resiste! La desesperación del capitalismo no tiene el poder de ocultar que está condenado a desaparecer, aunque su fin no tenga fecha en el calendario. La opción es entre civilización y barbarie.

En este contexto dramático, releer a Marx, estudiar su obra ayuda a comprender la irremediable decadencia del capitalismo. Nadie como él analizó y comprendió el sistema de explotación del hombre que entonces oprimía a la clase trabajadora y que hoy continúa oprimiéndola.

Es reconfortante registrar que las campañas de satanización del socialismo y destacadamente del pensamiento marxista no produjeron los efectos pretendidos. Estamos asistiendo al renacimiento de la palabra del marxismo.

Para esa realidad es especialmente valiosa la contribución de filósofos de Europa y de América Latina, cuya reflexión creativa tiene como complemento el trabajo militante de pensadores revolucionarios en el desmontaje de los engranajes del capitalismo y en la denuncia de los crímenes del imperialismo. Me permito citar entre muchos al italiano Doménico Losurdo, al húngaro Istvan Meszaros, a los franceses Georges Labica y Jean Salem, a los estadounidenses James Petras y Noam Chomsky, al canadiense Michel Chossudovsky, a los cubanos Martínez Heredia y Osvaldo Martínez, al argentino Claudio Katz.

Compañeros:

Mikis Theodorakis, el gran artista griego, afirmó hace días que si Grecia se sometiese a las exigencias de los llamados “socios europeos” sería su fin tanto como pueblo tanto como nación”

Enunció una evidencia válida para otros pueblos. ¿Qué hacer entonces? Lenin afirmó que no hay revolución victoriosa sin teoría revolucionaria.

Creo, compañeros, que para todos nosotros, reunidos en esta ciudad de Maracaibo, en la República Bolivariana de Venezuela, vanguardia de la lucha antiimperialista en América Latina, la única alternativa válida a la barbarie capitalista es el socialismo.

Realista, me permito terminar con palabras del gran filósofo marxista español [y mexicano] Adolfo Sánchez Vázquez:
“El socialismo del futuro solamente llegará a ser realidad si, a partir de la densa neblina de tergiversaciones y confusiones, permanece como objetivo estratégico para el cual hay que avanzar, sean cuales fueran los pasos intermedios, rodeos o recodos con los que haya que contar”.
Miguel Urbano Rodrigues es escritor portugués, ex diputado al Parlamento del Consejo de Europa.
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