8/10/11

Relato del desamparo: Nos dieron la espalda



Eial Raz  /  Especial para Gramscimanía
¿Habéis estado alguna vez en un linchamiento?  ¿Habéis presenciado alguna vez una multitud desenfrenada que os golpea, persigue, y golpea nuevamente -a vosotros y a vuestros compañeros?  ¿Soportasteis alguna vez violencia salvaje frente a los ojos cerrados de la policía, que se desentiende de vuestras desesperadas llamadas de ayuda?  ¿Os habéis sentido alguna vez desamparados?
Vista panorámica de Anotot, asentamiento judío en territorio palestino, al norte de Jerusalem
El siguiente relato comienza con sangre, pero su aspecto fundamental es el desamparo, el dar las espaldas. Lo que ocurrió el pasado sábado a la tarde a la entrada de Anatot [asentamiento judío en los territorios ocupados al norte de Jerusalén] fue un pogrom.  Un linchamiento.  No hay otra palabra para el incidente en el que cientos de hombres corpulentos golpean furiosamente y persiguen durante una larga hora a un grupo no violento de activistas, mujeres y varones.  No hay forma de transmitir, a aquel que no lo presenció, la oscura sensación de intimidación que se siente.  No con palabras, no con fotografías, ni acaso con vídeos.

Ellos vinieron con intención de hacer estallar, de destruir, tal vez de matar.  Utilizaron las manos, las piernas y los dientes.  Utilizaron piedras, tubos y cuchillos.  Le apuntaron a los fotógrafos, a las mujeres, a los jóvenes y a los adultos.  Ellos dieron a tierra y golpearon a los pocos que rodeaban y miraban.  Ellos arremetieron contra quienes trataron de retirarse; persiguieron a los golpeados.
Y todo esto se hizo frente a los ojos de la policía, que no hizo nada para evitar daños a nadie.  Todo esto ocurrió, en general, en demacrado silencio.  Quienes desampararon a la familia palestina que el viernes en la tarde vino a trabajar su tierra, no fueron los salvajes que enviaron a miembros de la misma familia al hospital.
Quien le permitió a la muchedumbre hacer estragos con los activistas de “Solidaridad Sheij-Yara” y “Ta’aiush”- que se presentaron en el sitio la tarde de viernes- se encuentran fuera del círculo de los agresores.  Ellos hicieron su parte, pero ellos mismos son solo una capa de una estructura multi-estratificada.
¿Cómo explicar la indiferencia de los policías presentes en el lugar?  ¿El hecho de que no supieron -no pensaron- que su función era la de detener el pogrom?
Tal vez contribuyó el hecho de que los habitantes de Anatot no son ultra-ortodoxos extremistas.  Los que habitan Anatot no son de la “juventud de las colinas” (grupo judío religioso extremista) o “manzanas podridas”.  Allí viven israelíes comunes.  Ex habitantes de Jerusalén que buscan en los asentamientos “calidad de vida”.  Miembros de la policía que se beneficiaron al recibir condiciones de compra preferenciales en los territorios ocupados.  Una parte de los matones –según la sospecha que se desprende de testimonios y evidencias acumuladas en los últimos días- son policías que en esos momentos no estaban en actividad.
O tal vez es el odio, profundamente tallado hacia los “árabes”, hacia los “izquierdistas”.  Tal vez el odio fue lo que les facilitó a los policías de guardia en la estación de policía del Distrito de Samaria y Judea, que recibieron la llamada de ayuda, no apurarse en dirigir hacia allí fuerzas policiales.  Incluso, cuando finalmente llegaron al lugar dos patrullas, la mayor parte del esfuerzo de los policías se invirtió en comunicar a los activistas golpeados que se había dictado una orden de declarar la zona como territorio militar cerrado, y que ellos (los activistas) estaban en violación del mismo.
Hay que tener en cuenta que esas estaciones de policía son las mismas en las que los heridos deberían presentar sus denuncias.  A una de ellas, por ejemplo, se dirigió ayer un compañero a hacer una denuncia exigiendo que le repararan su coche vandalizado.  Este compañero finalmente no hizo la denuncia, por temor a enfrentarse a sus propios atacantes.
Hoy no existe protección a quien no está del lado del régimen o de los grupos derechistas.  Ante esta falta de protección por parte de los cuerpos que deberían guardar la ley, la responsabilidad se extiende a los medios de comunicación, quienes transmiten información al público.
Un medio de comunicación que decide no informar acerca de un pogrom de esta magnitud, es cómplice de la política oficial, o cómplice por omisión del desamparo [de ciudadanos].  También aquellos medios que definen esto como “enfrentamiento”, “riña”, u otras palabras blanqueadas que expresan reciprocidad, o quien renuncia a su función de revisar y verificar los hechos, y se da por satisfecho con “confrontar versiones”, o quien escoge desestimar la información, que en otras circunstancias él sabe muy bien que se transformaría de inmediato en titular de prensa.
[El obispo sudafricano] Desmond Tutu escribió: “Permanecer neutral frente a la injusticia es elegir el lado del opresor”.
Este relato comienza con sangre, pero su aspecto fundamental es el de dar las espaldas.
El dar las espaldas posibilita hoy los derramamientos de sangre futuros.  Todo aquel que no eleva su grito de clamor le es cómplice.
El escritor es activista del movimiento “Solidaridad Sheij-Yara”
Fuente: blog “Solidaridad Sheij-Yara”:
http://www.justjlm.org/1604 (hebreo e inglés)
En dicho blog se puede ver un vídeo aficionado documentando los hechos de violencia mencionados en este artículo, actualizaciones y llamados a la acción.
Traducción del hebreo: Rolando “El Negro” Gómez