30/10/11

Libia no es una fiesta de la democracia sino un nuevo dolor de cabeza para la OTAN

Desolación, muerte, destrucción... es la herencia de la OTAN 

Dmitri Kósirev
La mayor parte de novedades que llegan de Libia describen las atrocidades cometidas por los insurgentes que llegaron al poder. Además de la exhibición del cuerpo del dictador libio derrocado, Muammar Gadafi, en el frigorífico de un supermercado en la ciudad de Misrata, salieron a la luz pública otros detalles relacionados a la revolución en Libia.
Los representantes de la organización internacional de derechos humanos Human Rights Watch descubrieron cadáveres de 53 presuntos partidarios de Muamar Gadafi ejecutados la semana pasada en la ciudad de Sirte por los rebeldes de Misrata que hacen la vista gorda ante las ordenes del Consejo Nacional de Transición (CNT) de Bengasi. Algunas de las víctimas tenían la manos atados detrás de la espalda cuando les asesinaron.
Entretanto, el presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, declaró que de aquí en adelante Libia vivirá de acuerdo con las normas de la ley islámica. Pero parece aún más interesante observar cómo reaccionan a estas noticias los gobiernos de los países que participaron en la operación de la OTAN. Hoy en día, los medios noticiosos de estos países empiezan a manifestar menos entusiasmo respecto a la situación en Libia.
Islamistas de Bengasi
El público general interpreta los últimos acontecimientos que sucedieron en Libia a través del prisma del derrocamiento de un dictador por los revolucionarios. Recordemos cómo reaccionaron la semana pasada a la muerte de Gadafi la Unión Europea y EEUU.
"La muerte de Muamar Gadafi marca el fin de una era de despotismo y represión durante la cual el pueblo libio sufrió mucho tiempo", afirmaron los dirigentes europeos en un comunicado conjunto. Y el presidente estadounidense, Barack Obama, afirmó que la muerte del dictador libio pone fin a un capítulo largo y doloroso para Libia.
Pero los expertos siempre calificaron como complicada la situación en Libia y creen que hoy por hoy ya se ha agravado aún más.
Por ejemplo, el pasado 24 de octubre, ex ministro de Justicia durante el gobierno de Gadafi y actual presidente del CNT, Mustafá Abdel Jalil, declaró que Libia adoptará la Sharia y abolirá cualquier norma contraria a la ley islámica durante un acto celebrado por motivo del fin del régimen de Muamar Gadafi.
Durante los últimos meses, la revista Foreign Affairs, portavoz de la Comisión de Relaciones Exteriores de EEUU, publicó una serie de artículos sobre el factor islámico en Libia. Estos materiales hicieron recordar que Abdel Hakim Belhaj, el jefe militar del CNT, fue emir del Grupo Islámico Combatiente Libio establecido en Afganistán en la década de los 90.
Después de los atentados del 11-S, varios compañeros de Belhaj fueron encerrados en la cárcel de Guantánamo y otras prisiones ilegales para supuestos terroristas donde asimismo estuvieron muchas personas inocentes. Hoy en día, este asunto generó una polémica acalorada en EEUU.
Los resultados preliminares de las elecciones a la Asamblea Constituyente de Túnez, escenario de otra revolución en África del Norte, confirmaron una amplia victoria de los islamistas moderados.
Las revoluciones en el Oriente Próximo se convierten en una pesadilla para EEUU y la UE que decidieron poner al mal tiempo buena cara y expresar verbalmente su apoyo a los “luchadores contra las dictaduras”.
Pero tras la muerte de Muamar Gadafi, el llamado “perro loco de Oriente Próximo”, empieza un juego nuevo y por ahora es difícil pronosticar cómo será la reacción de los países que particiaparon en la operación de la OTAN en Libia.
A juzgar por todo, las declaraciones optimistas que se hacen para el público en las capitales europeas no tienen nada que ver con la realidad, porque la noticia sobre la implantación de la ley islámica en Libia es muy desagradable para los que ayudaron al CNT a tomar el poder. 
Operación de la OTAN sienta un precedente
Los expertos analizaron minuciosamente las lecciones y consecuencias de la operación militar en Libia, pero no está claro qué acciones se debe emprender ahora.
Ex embajador británico en Libia, Richard Dalton, opina que “el futuro de este país árabe es incierto, pero esto no quiere decir que deberíamos preguntarnos si tuvimos razón al hacer lo que hicimos”.
En otras palabras, todos los pasos fueron correctos. Además, Richard Dalton determina los principales criterios para la intervención de la OTAN en similares conflictos hipotéticos en el futuro. Se trata de la “legalidad, apoyo regional y posibilidad de lograr éxito”. Asimismo existen otros artículos que comparan las guerras libradas por EEUU y la OTAN en Kosovo, Afganistán e Iraq.
Es difícil calificar estas operaciones como brillantes, por varias razones. Pero el problema principal no radica en la posibilidad de justificar la intervención extranjera sino en la necesidad de gastar enormes recursos y fuerzas, incluidas las militares, para reconstruir el país al término de la guerra.
Es evidente que estos gastos superan los gastos en las propias operaciones de combate.
Hoy en día, la OTAN busca la solución oportuna eligiendo entre la posibilidad de dejar a Libia en manos de los triunfantes, o sea el CNT y otros dos grupos de insurgentes, o de participar en el restablecimiento del país. Las perspectivas parecen negativas por ahora.
Los expertos de la anunciada Comisión de Relaciones Exteriores analizaron la situación en Libia tras la muerte de Muamar Gadafi y revelaron los principales problemas en el país.
Se trata de relaciones complicadas entre los ciudadanos de Trípoli, que creen que desempeñaron el papel principal en la guerra contra Gadafi, y numerosas unidades provenientes del desierto o provincias del país que afluyen a la capital libia.
Otro problema consiste en una amenazante combinación de tres factores, es decir, las fuerzas leales a Muamar Gadafi o su hijo, enormes reservas incontrolables de armas y la postura más activa de los islamistas radicales dentro del CNT.
No se debe forjarse ilusiones. La OTAN se verá obligada a involucrarse en varios procesos en Libia, concluyeron los expertos.