23/10/11

Interrogantes de la historia


Miguel Manzanera Salavert   /   Especial para  Gramscimanía
La portada de El País del 21 de octubre de 2011, merece un análisis detallado, pues es un excelente ejemplo de las técnicas de manipulación de la opinión pública. Bajo el título en letras grandes, El fin del terror, la fotografía en pequeño de los encapuchados de ETA, y al lado una fotografía a media página del cuerpo de Gadafi. Otros titulares de la página se refieren a El final de una pesadilla y Los rebeldes matan a Gadafi con el apoyo de la OTAN. La portada del periódico catalán La Vanguardia utiliza una estrategia de presentación parecida, con los titulares ETA deja las armas y El final de la escapada –que se refiere a Gadafi-; y el ABC también, pero reduce el espacio de Gadafi, etc. En el extranjero el italiano Corriere della Sera también asocia ambos hechos en su primera página, si bien da primacía a la muerte de Gadafi. Ninguno de ellos alcanza el virtuosismo de El País.
Lo primero que salta a la vista es la equiparación de ambos hechos: Gadafi y la guerra de Libia, por un lado, y la lucha armada de ETA por la liberación de Euskadi, por otro. Y en efecto, ambos escenarios remiten a la guerra contra el terrorismo en el ámbito mediterráneo. La prensa española y europea nos presenta esos hechos como una victoria del Estado español y el sistema democrático liberal contra sus enemigos violentos. No podemos menos de recordar la frase de Arnaldo Otegui al hilo del 11M: ‘ahora el Estado español debe combatir dos terrorismos, uno externo y otro interno’. Hoy Otegui ha recibido su respuesta.
  Es tan evidente el uso propagandístico de la noticia, que uno se pregunta si ha sido una coincidencia que la muerte de Gadafi haya sucedido el mismo día que la declaración de ETA. ¿Estaban orquestados esos acontecimientos para poderlos mostrar triunfalmente a la opinión pública? Y si es así ¿quién ha organizado esa operación?, ¿no está ETA manipulada por el Estado español?
No. Sin duda, hay contactos y condiciones entre la organización euskalduna y la policía española –apoyada por la CIA-, un diálogo subterráneo y encubierto, intuido por todos, pero negado por los interlocutores. ETA está acorralada y en ese sentido se puede afirmar que está manipulada hasta cierto punto; pero desde otro punto de vista tal vez se pueda decir que está vencida, pero todavía es autónoma, imprevisible para los manejos del poder. Por eso, las clases dominantes del mundo libre respiran con alivio al oír ese último parte de guerra: el final de una pesadilla. En momentos de crisis económica como el actual, cuando el futuro inmediato se hace incierto, más vale tener el frente militar controlado.
La guerra de Libia se estanca, la guerra de civilizaciones presenta un final dudoso a largo plazo. A pesar del despliegue de tropas contra los países musulmanes y la ofensiva diplomática entre los regímenes aliados del mundo árabe –semi-fascistas la mayoría de ellos-, todavía hay resistencia en numerosos puntos. Los costes económicos, políticos y morales, aquí en Libia y en otros lugares en conflicto, serán tan grandes proporcionalmente como los de la guerra de Irak, y aumentarán constantemente. En Oriente Medio podría desarrollarse una violencia impredecible. En esas condiciones más vale terminar con el enemigo interno. El armisticio en Euskadi se facilita,  porque el Estado español y el imperialismo de la OTAN necesitan tranquilizar la retaguardia. Sinceramente espero que las contrapartidas para los revolucionarios vascos por haber entregado las armas, merezcan la pena y que el editorial de Gara haya acertado: Ahora hay que demostrar que sin violencia todo es posible.
Si ésas son las circunstancias, hay que aplaudir la decisión de la organización armada vasca. Pues ante el panorama de una rotunda victoria de la derecha en el Estado español en las próximas elecciones generales, los vascos deben cubrirse las espaldas: los 900.000 euskaldunes constituyen una de las pocas poblaciones europeas donde hay una cultura crítica contra el capitalismo y con suficiente cohesión para desafiarlo. Saben que para mantener su lucha revolucionaria no pueden contar apenas con nadie en Europa entera, y están prácticamente sitiados en sus caseríos y sus montañas. Euskadi es un poco de los lugares del mundo que está a la altura de la República de Cuba en la vanguardia de un futuro distinto.
  Replegarse ahora hacia un pacifismo inconquistable -que ya viene siendo practicado por los elementos más conscientes de la sociedad vasca-, puede ser la táctica adecuada ante el cansancio por la violencia continuada, y con la perspectiva de la incorporación a la lucha política de nuevas generaciones de jóvenes que no vivieron el franquismo y no pueden entender por eso las causas de la lucha armada. De una manera inconsistente todavía y con una conciencia política inmadura, vemos surgir importantes movilizaciones en el Estado español. En Europa se están produciendo procesos revolucionarios en Islandia y Grecia. Es claro, y ha sido subrayado por la declaración de la izquierda abertzale, que la lucha política no se ha acabado y se va a desarrollar en los próximos años con la entrada en escena de nuevas capas sociales golpeadas por la crisis capitalista. Una crisis va a llevarse por delante muchas seguridades que hasta ahora parecían inamovibles. Estamos en el inicio de una fase de cambio político y la decisión de ETA facilita que Euskal Herria pueda situarse ante ese panorama cambiante. Esperamos que Bildu pueda convertirse en la fuerza más votada de Euskal Herria, comenzando un nuevo periodo histórico para el pueblo euskaldún.
Pero hablar de la paz, cuando se las humanitarias tropas de nuestro democrático Estado cooperan masacre tras masacre en la guerra contra el terrorismo en Libia o Afganistán, es cuando menos ingenuo. Hablar de ‘paz en Euskal Herria’ parece un eufemismo clerical para disfrazar el carácter imperialista del Estado español. Mientras el Estado español se prepara cada vez más intensamente para participar en la ‘guerra de civilizaciones’ -planificada por el Pentágono hace varias décadas y que se prevé duradera-, intelectuales de la izquierda bien pensante nos recuerdan que matar civiles constituye un acto terrorista. Esa manera de hablar abstrae la realidad histórica en la que vivimos en nombre de la piedad burguesa. Pero los periódicos burgueses no son ni mucho menos tan ingenuos; prefieren hablar del final de una pesadilla: su discurso es para policías y militares -y para un país que vira a la derecha.
Es irónico que esos comentaristas nos presenten la decisión de ETA como un triunfo del pacifismo. Intelectuales que se felicitaron por la intervención de la OTAN en Libia, se felicitan ahora del final de ETA. Esas tomas de posición apenas merecen más comentario, para mostrar la inconsistencia de los bien pensantes militantes de una izquierda piadosa. Ellos también han triunfado con el Estado liberal de derecho y suscriben la portada de El País. Mañana votarán por el PSOE, para evitar el triunfo de la derecha.
Pero frente a sus argumentos quedan todavía muchas preguntas: ¿es la misma guerra contra el terrorismo la que se hace en Libia y en Euskadi? Los muertos civiles que resultan de las acciones armadas de la OTAN, ¿constituyen delito de terrorismo o solo daños colaterales? Las víctimas del franquismo, ¿han prescrito o debemos olvidarlas para no ser rencorosos? La tortura parece necesaria para salvaguardar los beneficios capitalistas, pero ¿es también necesaria para salvaguardar el Estado de derecho y las libertades cívicas?
No puede entenderse la inconsistencia de tantos pregoneros de esa paz ficticia, que el Estado español no nos garantiza. El Estado español, como los demás estados miembros de la OTAN, son organizaciones terroristas al servicio de las empresas capitalistas que esquilman el globo. ¡Que no nos hablen del final del terrorismo! Hoy el terrorismo está más presente que nunca en la política española. ¿O no es terrorismo el asesinato de miles de civiles en Libia por los bombardeos de la OTAN? ¿O no nos hemos integrado en el escudo anti-misiles y en la guerra nuclear, para seguir explotando impunemente las riquezas del globo en aras de un consumismo irresponsable?
¡Qué no nos hablen de paz cuando nuestros gobernantes están preparando la guerra! Son nuestros ejércitos los que expanden el terror sobre los pueblos en todo el mundo. La política imperialista de la OTAN es la causa de crímenes horrendos en los pueblos recolonizados por las empresas transnacionales en África, en Asia y en América Latina, y también en Europa. ¿Qué tenemos pues que celebrar?  ¿Que no tenemos valor para reconocer los genocidios de los que los europeos –y en especial los españoles- somos responsables? ¿Que no tenemos memoria histórica y nos hemos olvidado de nuestros muertos republicanos? ¿Que podemos disfrutar de nuestro alto nivel de vida a costa de la miseria de miles de millones de seres humanos?