20/10/11

Incertidumbre por dominio colonial en el mar de las Antillas

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Jesús Dávila
La actualización del dominio de decenas de islas del archipiélago de las Antillas por parte de Holanda, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, con las que se controlan las principales rutas marítimas del Mar Caribe, ha entrado en una fase crítica debido a la posibilidad de que Puerto Rico -la mayor de ellas- repudie su presente condición colonial el año próximo.
La encrucijada se produce en momentos en que los nuevos arreglos para los territorios dependientes no ha logrado eliminar los reclamos por la independencia que se registran en islas como Curacao, parte del Reino de Holanda, los departamentos franceses de Guadalupe y Martinica, las Islas Vírgenes Británicas y hasta en las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
De hondas implicaciones geopolíticas, el cuestionamiento del sistema de fronteras artificiales con el que potencias distantes a miles de kilómetros en otras latitudes reclaman límites territoriales dentro de esta zona estratégica plantea también otras incertidumbres. En particular, están por verse sus efectos sobre el proceso emergente de protagonismo por parte de América Latina y con respecto a la presencia cada vez más influyente de países como China, Rusia e Irán.
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El proceso de actualización ha incluido el llamado status aparte para las antiguas Antillas Neerlandesas, de las que previamente se había separado Aruba, con la conversión formal en 2010 de Curaçao y San Martín como países autónomos dentro del Reino de Holanda mientras Bonaire, Saba y San Eustaquio pasaron a ser municipios holandeses. También en el 2010, Guadalupe y Martinica votaron para mantener su condición de departamentos de Francia luego de que ante los disturbios del año anterior recibieran la oferta de acceder a regímenes coloniales formalmente más autónomos con menos acceso político a la potencia metropolitana.
Ya en 2007, Inglaterra otorgó mayor autonomía a las Islas Vírgenes Británicas en tanto que Estados Unidos rechazó recientemente la constitución autonómica que tras varios años de una asamblea constituyente aprobaron las Islas Vírgenes Estadounidenses.
Pero despachos noticiosos y de prensa de opinión procedentes de todos esos enclaves coloniales indican que siguen los llamados a la independencia. Estos van desde la proclama de independencia el verano pasado firmada por el líder de un partido que forma parte de la coalición de gobierno en Curacao, los planteamientos por la independencia real -a diferencia de la independencia bajo ocupación extranjera en Haití- por parte de los comunistas de las islas francesas, la persistencia de la discusión pública sobre la independencia en las islas vírgenes británicas y el dramático llamado en columnas periodísticas en las islas vírgenes de Estados Unidos de que ante el fracaso de la gestión autonómica lo que procede es romper los lazos coloniales con la metrópoli empezando por los vínculos económicos.
Ahora le toca el turno a Puerto Rico, que ocupa el 68 por ciento de los 13.280 kilómetros cuadrados que cubren estas islas en el arco oriental y parte del sur del Mar Caribe y tiene el 71 por ciento de los poco más de 5,2 millones de seres humanos que viven bajo dominio colonial en las Antillas.
La Casa Blanca expresó a principios de este año su “preferencia marginal” por un plebiscito en el que los puertorriqueños votaran si querían mantenerse bajo Estados Unidos o, por el contrario, la separación, con lo que se eliminaban la independencia y la libre asociación en una primera ronda para después escoger entre seguir con el actual régimen autonómico denominado Estado Libre Asociado o convertirse en un estado de Estados Unidos. La propuesta fue acogida con entusiasmo de inmediato por la jefatura del autonomista Partido Popular Democrático, cuyo presidente, Alejandro García Padilla, es el favorito del presidente Barack Obama.
Pero el pequeño aunque influyente Partido Independentista Puertorriqueño logró que el gobernante Partido Nuevo Progresista, que busca la anexión como estado de Estados Unidos, adoptara su propuesta alterna para un primer plebiscito en el que los puertorriqueños podrán expresar si prefieren continuar bajo la presente condición política sometida a los poderes plenarios del Congreso o si prefieren un status “no colonial y no territorial”. De ganar el repudio a la colonia, en una segunda ronda el año próximo se escogería entre convertirse en estado, la condición de estado asociado o la independencia.
Un voto masivo contra la condición colonial en Puerto Rico podría provocar una onda expansiva hasta ahora no medida en los demás territorios coloniales de la zona, por la que discurren el Canal de Anegada, principal ruta del comercio marítimo del Atlántico hacia el Canal de Panamá y el norte de América Latina, el Canal de la Mona y el paso que bordea las islas francesas. Los otros dos canales son el de Yucatán entre México y Cuba y el de los Vientos, entre Cuba y Haití.
Los autonomistas, que no han logrado el grado de gobierno propio que llegó a conceder España a finales del siglo XIX, se enfrentan a un plebiscito en el que no podrían incluir ninguna de sus aspiraciones para mejorar la condición política. Además, están bajo presión de sectores con gran presencia en los medios de comunicación, como el Nuevo Movimiento Independentista y el Movimiento Unión Soberanista, que denuncian todo el proceso como una trampa de los anexionistas y piden boicot.
La reacción hasta ahora de la jefatura autonomista ha sido robustecer su cuadro de candidatos conocidos como conservadores o de derecha para los comicios de 2012. Pero todavía no se ha anunciado si ese partido buscará descarrilar el plebiscito en Washington o en los tribunales, si irá al retraimiento o si intentará ganarlo, con lo que Estados Unidos recuperaría el consentimiento formal para su dominio sobre Puerto Rico que quedó en suspenso cuando en el plebiscito de 1998 ganó la alternativa de “ninguna de las anteriores”.
A ese cuadro se suman sectores más radicales y vinculados a la vertiente armada, que se notan inclinados a rechazar cualquier participación electoral para promover la confrontación y el alzamiento popular contra una condición política, económica y social en crisis.
Título original: “Incertidumbre sobre posesiones caribeñas de Europa y Estados Unidos”
Fuente:
http://www.argenpress.info/2011/10/incertidumbre-sobre-posesiones.html