31/10/11

Funes, Gramsci y el periodismo mosaico

Julio Le Parc [Argentina] Luz

Walter Barboza
En su cuento “Funes, el memorioso”, Jorge Luis Borges describe a Irineo Funes como un personaje capaz de acumular datos inútiles e innecesarios. Funes puede recordar la información más intrascendente que alguien pueda imaginar, por ejemplo la cantidad de lluvia caída en una tarde de verano y cosas por el estilo. Sin embargo Borges, que narra esta historia en primera persona, arriesga que Funes es incapaz de pensar y que solo es un personaje que acopia datos para repetirlos a quien quiera escucharlo.
Antonio Gramsci fue un innovador del pensamiento marxista. Cuando introdujo en el desarrollo de su pensamiento político el concepto de hegemonía, su aporte fue trascendental para problematizar la cuestión del poder y la dominación en las sociedades modernas.
Gramsci explica a través del concepto de hegemonía el modo en el que una clase social domina a otra sin que esta última cuestione esa dominación. La explicación, o respuesta, que encuentra para dar cuenta de este problema es la construcción del sentido común. Según Gramsci, este sentido común que opera sobre la cultura permite naturalizar la dominación como tal, de modo que los sectores sociales que son víctimas de la dominación la aceptan sin ningún tipo de crítica, resistencia o problematización.
El periodismo del siglo XXI sabe de estas prácticas, quizás la lógica del desarrollo industrial y tecnológico haya tenido mucho que ver en ello, pues hoy las prácticas profesionales hacen de la realidad un mosaico inconexo de difícil armado.
Entiende, Ignacio Ramonet, ex Director del diario Le Monde Diplomatique, que efectivamente la información funciona así: “Hoy un fragmento, mañana otro… Pero el ciudadano no va a poder hacer el trabajo de reunir el mosaico. Tiene que haber especialistas de lo general”.
Hay entonces un punto en común, un lugar de encuentro entre Funes el memorioso, Antonio Gramsci y el periodismo mosaico. Ese lugar común es la construcción de la realidad a través de la información. Los periodistas, ante la necesidad de atender la inmediatez se convierten en meros acumuladores de datos, hechos y sucesos que en ningún momento se articulan. Como “Funes el memorioso”, esos datos muchas veces se tornan inútiles para comprender la complejidad del mundo en el que transitamos. Ese “mosaico” que, según Ramonet, se nos presenta fragmentado e imposible de ensamblar para entender mejor qué es lo que sucede y por qué. El periodismo, al igual que Funes, es incapaz de pensar, con la diferencia de que Irineo Funes desde la soledad de su morada no afecta en nada a la sociedad, solo aburre a un Borges sorprendido por la eficacia de su memoria pero no de su talento para pensar.
En cambio los medios masivos de información deberían asumir la responsabilidad de explicar lo que pasa, cómo y por qué pasa. Por el contrario esa forma vertiginosa de contar la realidad en busca de la primicia, o la espectacularidad de la información, ha logrado naturalizar una forma de contar los hechos y sucesos que impide tener una visión panorámica de lo que ocurre. Es allí donde empieza a tallar lo que Gramsci definía como la constitución de una hegemonía a partir de la construcción del sentido común. Hay detrás de ello, obviamente, intereses económicos, corporativos, vinculados a las empresas periodísticas constituidas como actores sociales.
El espectador asiste a un escenario fragmentado que lo entiende como natural e impide la posibilidad de su interpelación. ¿Entonces para qué cambiar lo que siempre sucedió así? ¿Para que indagar en las verdaderas raíces de los problemas? ¿Cuál es el sentido de plantear una agenda distinta a la de los medios de información? ¿Para qué trabajar el contexto?
Decía Rodolfo Walsh, en el semanario de la CGT de los argentinos, durante los sucesos del cordobazo: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
Walsh sintetizaba, y anticipaba, lo que más de cuarenta años después ocurriría con la información y que, de algún modo, es preocupación de los periodistas comprometidos con la posibilidad de construir nuevas realidades, nuevos escenarios. Porque como dice Ignacio Ramonet: “Quizás el ciudadano está esperando que le pongan la información en contexto. Eso lo impide la urgencia, lo perturba la inmediatez”. Una inmediatez que obtura la posibilidad de buscar sentido a los procesos comunicacionales e informativos.