29/10/11

Apuntes para la lectura de El arpa y la sombra de Alejo Carpentier


Vanessa Márquez Vargas
Es de suma importancia tener presente que para todo pensamiento crítico ―más aún para aquel que dilucida acerca de conceptos, vagos y generales en distintas ramas del saber, buscando definir la Historia, mostrándola como una preocupación filosófica, en primera instancia y en el marco de procesos de asimilación cultural, cuanto se diga conduce a seguir pensando en nuevos problemas y por tanto nunca hay un comienzo desde cero, o un comienzo único del cual se parta para dar sentencias definitivas.
En tal sentido cuando decimos que Historia y Literatura están en una dimensión vinculante, lo hacemos siguiendo las reflexiones e interpretaciones que críticos y filósofos se han planteado sobre la evolución y representación discursiva en cada uno de los espacios mencionados. Son de especial interés para este trabajo los aportes del Hans Georg Gadamer,  Paul Ricoeur y Hyden White (1).
Gadamer, por ejemplo, al plantearse el problema de la definición de la Historia desde el pensamiento filosófico afirma: “el horizonte de nuestra propia conciencia histórica no es el desierto infinito…esto significa que la historia es lo que fuimos y lo que somos. Es la dimensión vinculante de nuestro destino”(2), lo cual puede entenderse como un efecto de continuidad incesante que de inmediato nos remite a los enigmas del tiempo, y desde luego nos advierte sobre la conciencia y la importancia del lenguaje como campo expresivo en el que se manifiesta la esencia del pensamiento del hombre, su hacer en la historia.
La Historia como concepto reúne una amplia gama de significados en función de toda disciplina o actividad representativa de un valor individual o colectivo, lo que de inmediato nos confirma que hay, sin duda, necesidad de la Historia como fuente alimentaria de la memoria, y viceversa, ya que la Historia deviene de la experiencia del sujeto en instancias temporales.
El tiempo hace su aparición y se instala como el regidor de las acciones del sujeto para matizar la definición de una Historia que “no es el pasado, ni el tiempo; son los hombres en el tiempo”(3). En este sentido, es el tiempo, edificante y destructor, el que delimita la Historia, rige los espacios de la memoria y también, el encara la lucha ardua del “Ser” contra el olvido.
Y es precisamente la batalla contra el olvido lo que nos mueve a penetrar regiones tan vastas como el imaginario puesto de manifiesto en un texto literario, con el fin de reconocer la existencia del “Ser” a través de la palabra escrita. De esta manera la literatura se ve integrada al amplio espectro que abarca la Historia y adquiere mayor importancia en cuanto objeto de estudio.
La Historia, entendida como la relación de hechos significativos, huella de la vida de los pueblos del mundo en el tiempo cronológico, entendida también como hechos distintivos que justifican, en muchos casos, la conducta del sujeto social apuntando hacia una conformación identitaria, ve a la Literatura como un espacio de confluencia de dos o más realidades, donde es posible que el lector se encuentre con historias y personajes que le son familiares a partir de su conocimiento de la cultura, pero que son matizados por la ficción. A partir de estas interpretaciones un estudioso como Hayden White comienza a reflexionar sobre cuestiones fundamentales referentes a las interrelaciones entre los universos de sentido creados a partir del entendimiento de la narrativa ―narrativización― como “metacódigo universal humano sobre cuya base pueden transmitirse mensajes transculturales acerca de la naturaleza de una realidad común”(4). Bajo esta premisa también se plantea la ficción, específicamente el carácter ficcional del texto, como una problemática de la tipología textual por medio de la cual se busca aclarar la relación interdiscursiva de la Historia y la Literatura.
En primera instancia se entenderá por ficción un universo de autoreferecialidad del lenguaje en cualquier orden de la vida y el arte, un acto de representación. En palabras de Benjamín Harshaw “la ficción puede describirse como aquel lenguaje que ofrece proposiciones sin pretensión de valores de verdad en el mundo real”(5). Sin embargo, en la literatura la ficción se establece a partir de la ficcionalidad —cualidad del texto literario— como “representación formal de la creatividad humana”(6) que expresada en la escritura, involucra todo proceso creativo —manifestado en forma de texto—, con la realidad empírica del escritor y del lector, estableciendo en la construcción narrativa estructuras de sentido paradójicas, en cuanto a las distintas posibilidades de significación y representación de temas y motivos que resultan, para el lector, un punto de interés.
Asumimos de igual forma, como una propuesta fundamentada en la cuestión que nos interesa, la interpretación de Walter Mignolo(7) sobre los postulados de Martínez Bonati respecto a los fundamentos de la ficción y las situaciones comunicativas imaginarias.
Para Mignolo los textos se clasifican, entre otras cosas, por su carácter ficcional, lo cual los define como situaciones comunicativas con un doble sentido. Por una parte representaciones de una situación comunicativa imaginaria; y por otra parte como descripciones de tales situaciones hasta el punto de representar un mundo habitado  por “entidades que crea el productor de un discurso ficcional, también por entidades que existen independientemente de tal discurso”(8).
En  atención a lo expuesto, el texto ficcional, en tanto que  universo de sentido, se ve comprometido como alternativa de un discurso serio, oficial, ese que detenta en todo caso la Historia. Discurso alternativo cuyo propósito es la creación de mundos paralelos, nuevos; la creación de un estado de cosas posibles, desde la verosimilitud, donde esas entidades que lo habitan pueden depender, o no, de los prototipos reales —sujetos que a pesar de ser mera representación del imaginario, se hacen sujetos posibles por habitar el mundo ficcional del texto—.
Esta creación de mundos posibles o de ficción, como los denominara Pavel(9), es ilimitada, variada y accesible desde “el mundo real”, frente a la posibilidad de establecer relaciones intermundos y de crear nuevos espacios ficcionales a partir del “llenado de huecos”. Término postulado por las teorías fenomenológicas de la lectura, según  Iser(10), para determinar que a partir de un texto ficcional, o de acontecimientos relevantes en la “Historia oficial”, pueden surgir nuevos textos de carácter ficcional, según los intereses de los autores por complementar ciertos detalles de una obra, o un contexto que ha servido de inspiración en otra; al mismo tiempo que reafirma las nociones de transtextualidad e intertextualidad propuestas por  Genette(11) que nos sirven de apoyo al momento de estudiar las estéticas narrativas de la  Novela Histórica y la Nueva Novela Histórica en América Latina.
Estéticas estas que han generado polémica entre los investigadores de la Historia y la Literatura, pues al momento de comparar la historia ficcionalizada con la “Historia oficial”, en muchos casos la primera tiende a ser más verosímil que la segunda. Esta situación ha llevado a los investigadores a buscar en los propios textos, características que marquen diferencias entre lo real y lo ficcional, estableciendo clasificaciones: Novela Histórica y Nueva Novela Histórica.
Cuestión que nos remite una vez más a Hyden White, a su discernimiento sobre el valor de la narrativa en la representación de la realidad de la Historia y en la ficción, narración en el marco de la creación propiamente literaria.
Tanto en la “Historia oficial” como en la historia ficcionalizada, existen marcas discursivas que hacen distintivas estas narraciones unas de otras; la crónica por ejemplo, según el autor, sólo es comentario de ciertos acontecimientos mientras no se narrativice
Al narrativizar  los acontecimientos —que la crónica sólo comenta—, valiéndose de la farsa y las alegorías, se produce:
Un  desplazamiento de los hechos al terreno de las ficciones literarias o, lo que es lo mismo, mediante la proyección en los hechos de la estructura de la trama de uno de los géneros de figuración literaria. Por decirlo de otro modo, la transición se efectúa mediante un proceso de transcodificación, en el que los acontecimientos originalmente transcritos en el código de la crónica se retranscriben en el código literario de la farsa…(12)
De esta manera bajo el código literario de la ficción, la historia de los acontecimientos narrados supone una trama, lo cual  a su vez también supone la configuración del texto narrativo que recrea todo un imaginario sobre un personaje o acontecimiento histórico reconocido por la “Historia oficial” Universal. Tal es el caso de El arpa y la sombra —en medio de las discusiones sobre Nueva Novela Histórica—, novela que ficcionaliza la figura del legendario Almirante Cristóbal Colón, mostrándolo como una pobre alma errante en busca de redención, perdón y reconocimiento por parte de la iglesia católica.
La novela construye la trama en base a la singularidad de un sujeto real, figura divisoria de  la Historia en un antes y un después, mostrando a este personaje en sus facetas más humanas, cotidianas, desde la mirado de los “otros” jugando a romper la cronología, el ordenamiento sistemático de la Historia, creando una temporalidad propia. Para White —siguiendo a Ricoeur—, “la trama es lo que perfila la «historicidad» de los acontecimientos: la trama  nos sitúa en el punto de intersección de la temporalidad y la narratividad”(13). En vista de esto, un elemento singular, único, reseñado como histórico se hace parte de una trama en tanto que contribuya a su desarrollo y permita crear y recrear nuevos y múltiples universos de sentido, establecido como una condición mucho más significante que el simple gusto del autor por ficcionalizarlo en el texto. Así lo señala White acercándose a Ricoeur:
De acuerdo con esta concepción, un acontecimiento específicamente histórico no es un acontecimiento que pueda introducirse en un relato cuando lo desee el escritor; más bien es un tipo de acontecimiento que puede «contribuir» al «desarrollo de una trama». Es como si la trama fuese una entidad en proceso de desarrollo antes del suceso de cualquier acontecimiento determinado, y cualquier acontecimiento determinado pudiera dotarse de historicidad sólo en la medida en que pudiera demostrarse que contribuye a este proceso. Y, en efecto, esto parece ser así, porque para Ricoeur, la historicidad es un modo estructural o nivel de la propia temporalidad(14).
De esta forma el carácter narrativo de un texto ficcional cuya trama se fundamente en un hecho o sujeto de la Historia se organizará estructuralmente en un nivel temporal propio, dando cuenta de lo que Ricoeur denomina la intratemporalidad  de la historicidad, al momento de representar un universo de sentido en el cual “la narrativa representa los aspectos del tiempo en los que los finales pueden considerarse ligados a los inicios para formar una continuidad diferencial”(15).
En El arpa y la sombra, desde la perspectiva de narradores múltiples que aparecen y desaparecen dando cuenta de una imagen absuelta y redentora del Almirante, se muestran los códigos literarios de nuestra cultura, la historia conocida a través de la farsa a la cual hace tanta referencia White, al momento de establecer paralelos entre las formas narrativas, tanto de la Historia como de la ficción, con el propósito de desvanecer las barreras que han querido distancias ambos discursos.
Las diferentes voces narrativas de la novela contribuyen a formar el carácter dialógico y polifónico de la narración bajo un marco estructural que puede ajustarse a las estructuras de representación temporal que evocan el pasado, el presente y hasta el futuro de los acontecimientos conformadores de la trama desde perspectivas diversas sobre un mismo sujeto-personaje. Con lo cual se logra, en la novela, crear un clima de ambigüedades y escepticismo desmitificador de la imagen de Colón que algunos capítulos de la “Historia oficial” han querido resaltar. Del mismo modo también se logra seguir avivando los cuestionamientos y las reflexiones que se suscitan en la narración de la Historia y la ficcionalización de la Historia en el texto literario.
A modo de conclusión
La literatura latinoamericana está marcada por episodios claves reconocidos como parte de la Historia Universal. Los importantes estudios literarios realizados, han demostrado que en la narrativa latinoamericana existe una notable recurrencia en los temas y motivos que refieren a los grandes mitos fundacionales y al proceso histórico gestado a partir de la llegada de Cristóbal Colón a nuestras tierras.
La reinterpretación de documentos tan importantes como las Crónicas de Indias, cartas y diarios personales de Almirantes y colonizadores europeos, durante todo el siglo XX, ha permitido detenerse a reflexionar sobre “la más reciente realidad latinoamericana” sobre todo en cuanto procesos de creación y estéticas narrativas; reconociendo que América Latina se reinventa una y otra vez, desde los discursos que la contienen y que “procuran entenderla, explicarla, cuestionarla, negarla, desconocerla o parodiarla”(16).
En este sentido América Latina, toda, es un complejo constructo discursivo capaz de sorprender y maravillar a quienes cuestionan y responden acerca de los procesos de reinvención histórica y literaria. Por tanto resulta altamente pertinente seguir revisando y cuestionando conceptos e interpretaciones sobre los discursos de la “Historia oficial” de Latinoamérica y la presencia de referentes y personajes históricos ficcionalizados en las novelas de autores latinoamericanos, como es el caso de El arpa y la sombra(17) de Alejo Carpentier. Sin llegar a un conclusión definitiva, seguiremos indagando acerca de las relaciones entre el discurso historiográfico y el discurso literario, y entre historia y ficción, que dan sentido a nuestra propuesta de investigación y análisis, ver la Historia y la Literatura como un espacio o dimensión vinculante entre lo “real” y ficcional.
Bibliografía
CARPENTIER, Alejo. El arpa y la sombra. México. Siglo XXI Editores, 1979.  227P.
FUMERO, Patricia. “Historia y literatura, una larga y compleja relación”. En: Istmo. Revista interdisciplinaria de las literaturas y culturas centroamericanas. http://collaborations.denison.edu/istmo/n06/proyectos/historia2.html. Artículo publicado 24/07/03. Consultado el 5/03/10.
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HARSHAW, Benjamín. “Ficcionalidad y campos de referencia”. En: VARIOS. Teorías de la ficción literaria. Madrid. Arco Libros, 1997. pp. 123-157.
ISER, Wolfgang. “la ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones literarias”. En: VARIOS. Teorías de la ficción literaria. Madrid. Arco Libros, 1997. pp. 43-65. ______________. “El proceso de lectura. Una perspectiva fenomenológica”. En: Rainer Warning. Estética de la recepción. Madrid. La balsa de la Medusa, 1989. pp. 149-164.
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PLATA RAMÍREZ, Enrique. Al Acecho de la Postmodernidad: El Caribe cuenta y canta. Mérida. Universidad de Los Andes, Fondo de Publicaciones de la Asociación de Profesores APULA, 2004. p. 154
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______________. “El valor de la narrativa en la representación de la realidad. En: El contenido de la forma. Barcelona. Paidos, 1992. 207
Notas
[1]Cfs: Hans Georg Gadamer. “La continuidad de la historia y el instante de la existencia”. En: Verdad y Método. 2 Tomos. 10ma Ed., Salamanca. Sígueme, 2003.pp. 133-143; Paul Ricoeur. La memoria, la historia, el olvido. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 2004. 670 P; Hyden White. El contenido de la forma. Barcelona. Paidos, 1992. 207 P.
[2]Hams Georg Gadamer. Op. Cit.  p. 136.
[3]Paul Ricoeur. Op.Cit. p.220.
[4]Haydem White. “El valor de la narrativa en la representación de la realidad”. En: Op. Cit. p.17
[5]Benjamín Harshaw. “Ficcionalidad y campos de referencia”. En: VARIOS. Teorías de la ficción literaria. Madrid. Arco Libros, 1997. pp. 123-157.
[6]Wolfgang Iser. “la ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones literarias”. En: VARIOS. Teorías de la ficción literaria. Madrid. Arco Libros, 1997. pp. 43-65.
[7]Walter Mignolo. “Género literario o tipología textual”. En: Teoría del texto e interpretación de textos. México. UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, 1986. pp. 57-112.
[8]Ibd. p. 68
[9]Thomas Pavel. Mundos de ficción. Caracas. Monte Ávila Editores, 1995. 173 P.
[10]Wolfgang Iser. “El proceso de lectura. Una perspectiva fenomenológica. En: Rainer Warning. Estética de la recepción. Madrid. La balsa de la Medusa, 1989. pp. 149-164.
[11]Gerad Genette. Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Madrid. Taurus, 1989. 502P.
[12]Hyden White. “Figuración narrativa”. En: Op. Cit. p. 166.
[13]Ibid. p. 177
[14]Ibid. p. 178
[15]Ibid. p. 184.
[16]Enrique Plata Ramírez. Al Acecho de la Postmodernidad: El Caribe cuenta y canta. Mérida. Universidad de Los Andes, Fondo de Publicaciones de la Asociación de Profesores APULA, 2004. p. 154
[17]Alejo Carpentier. Op. Cit.
Vanessa Márquez Vargas  (Mérida, 1985). Licenciada en Letras, Mención: Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana por la Universidad de Los Andes. Estudiante activa de la Maestría en Literatura Iberoamericana, Universidad de Los Andes, Becario Académico de la Universidad de Los Andes, en la Cátedra Literatura Hispanoamericana para estudiantes de Educación Básica Integral. Vértigo y Escepticismo. Poemas publicados por la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAES) en la compilación Ganadores del XVIII Concurso de Cuento, Ensayo y Poesía. Mérida, 2006. Una selección de sus poemas fueron publicados en la II Antología Poética Entre Eros y Tánatos, de la Asociación de Escritores de Mérida. 2006.
Fuente: http://www.redesalba.org/?p=446