3/9/11

Sombras y luces en el peronismo de hoy


Bajo el nombre de peronismo en los últimos 20 años, hemos vivido situaciones claramente denigrantes y de las mejores que ha transitado el país
Mirta Ventura
El peronismo en los 90
Pensamos en los fines de los 90 que ya no había más lugar para el peronismo. Menem se había convertido en el mejor representante del neoliberalismo. En lo económico, se había entregado completamente a las solicitudes de los Estados Unidos. La deuda externa creció de tal modo que nos volvimos cada vez más dependientes. En lo social, las leyes laborales nunca estaban a favor del trabajador. En lo ético, la farándula menemista se convirtió en un oprobio no soportable. En todo ese período no se enarboló ni una de las banderas constitutivas del peronismo. Tampoco se fomentaba la unión de los países latinoamericanos.
Vale recordar que muchos peronistas resistieron al menemismo. El Grupo de los Ocho, El Frente Grande y el sindicalismo de Moyano, son ejemplos de ello. Por su parte, Cristina Fernández, era expulsada del bloque del PJ en el senado por oponerse a muchas de las medidas impulsadas desde su seno.
Sombras
Como ceniza perdurable del peronismo de los 90 tenemos hoy en 2011, como mayor exponente, a Eduardo Duhalde.
En perfecta concordancia, se pretenden reinstalar desde este peronismo federal opositor, concentrado en el Frente popular, las transformaciones neoliberales ejecutadas en ese período. Se oponen a las medidas más progresistas del actual gobierno, como la recuperación del sistema previsional a manos del estado, la intervención del estado para activar la inversión, el uso de reservas excedentes para desendeudarse, que permite a la Argentina no estar sumergida en el sumidero financiero internacional.
Después de conocerse el resultado de las elecciones primarias, intentan sembrar un ambiente de peligro y caos. Uno de los temas elegidos ha sido el “fraude” como tentativa de alterar el humor electoral. También pronostican la decadencia económica que viene por la recesión y la caída de la competitividad. Intentan instalar el peligro que significa darle tanto poder al oficialismo.
Eduardo Duhalde fue más allá, rompió las barreras de la pobre chicana para desmerecer un triunfo muy valioso en las urnas del kirchnerismo. Habló de banderas de organizaciones subversivas. Una negligencia no permitida en un país que ha sufrido en manos de los que así llamaban y catalogaban a cualquiera que no acordara con la feroz dictadura militar.
Todas las banderas en la actualidad que flamean libremente, pertenecen a todos los que se han asociado con libertad a las usanzas políticas argentinas, kirchneristas, radicales, socialistas, izquierdistas, de asociaciones barriales, sociales, gremiales.
Han montado un discurso anti gobierno que incluye la defensa de los genocidas de la última dictadura militar. Pretenden conservar la identidad peronista que el kirchnerismo les disputa desde los genuinos valores de un gobierno nacional y popular. El lugar del peronismo histórico, el de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política está representado en la actualidad por el kirchnerismo.
Este peronismo de los 90 tiene en el Frente Popular, aún una llama encendida. Desde el macrismo hay quienes lo apoyan. El corte de boleta Pinedo-Duhalde fue importante e ilustrativo. La farándula macrista, también lo representa.
Luces
En 2003, asume Néstor Kirchner. No se lo conocía mucho, es difícil saber qué se esperaba de él. Se lo ha mencionado como “un presidente inesperado”. Sin embargo, él tenía una idea fundacional previa al considerar que el peronismo era la insuperable identidad política capacitada para establecer una correlación de fuerzas que priorizara los intereses de los sectores nacionales y populares. A la política llega por convicción y actitud. Se había propuesto desde muy joven construir poder independiente y a no subordinarse a él. 
Desde el inicio pudo verse que consideraba indispensable fundar un espacio nacional plural. Un espacio nacional, popular, progresista que incluyera a peronistas y a muchos otros defensores del campo popular. Se apostaba a conseguirlo con la transversalidad, con lo más progresista del peronismo, radicalismo, lo más popular del socialismo, con los movimientos sociales y gremiales, con la izquierda no atada al todo o nada (entonces, nada). Se esperaba incluir en este espacio “transversal” a todos aquellos que compartían la necesidad de enfrentar y terminar con el neoliberalismo de la década anterior. 
Parte de la clase media se fue involucrando cuando se toma como prioridad la razón de los Derechos Humanos y no como mero eslogan. De gran emoción fue el acto en donde se anuncia la conversión de la ESMA en el Museo de la Memoria. Los que allí estuvimos íbamos comprendiendo que algo diferente estaba comenzando y no ha cesado hasta ahora. 
A muchos nos fue enamorando que el gobierno vaya construyendo un espacio representativo del campo nacional, en oposición a la oligarquía cómplice del imperialismo, con inclusión poli clasista. Otros, componentes de las clases medias, rechazan la estética popular. No les gusta ni las concentraciones, ni los gremialistas, ni la hermandad con los pueblos latinoamericanos, nos prefieren europeos. Sin embargo, con el tiempo van reconociendo que este país es un país mucho más vivible que el de la década pasada. Hay conflicto porque todos pueden expresar y pelear por sus derechos con todas las libertades, entonces bien venido el conflicto. Eso es la democracia viva, en acción.
La economía en general es beneficiosa. El modelo productivo se propone imponerse al especulativo. Se baja la deuda y se aumentan las reservas. Se fomenta a la industria nacional frente a las importaciones. Se utilizan reservas excedentes para pagar deuda. Se trabaja por la soberanía. Se recuperan algunas empresas privatizadas por manos, increíblemente, peronistas. Se trabaja en el fortalecimiento del vínculo con los países de la región, en lo económico, en la conversión del mercado interno latinoamericano y en lo soberano: en Mar del Plata vencen al ALCA, y se afianza la UNASUR. Se prioriza la unión para poder enfrentarse con fuerza al imperialismo. 
Se establece la Ley de Medios dirigida a romper el monopolio de la información y dar lugar a múltiples voces. No se reprime la protesta social de ningún origen. Medidas todas encaminadas a fortalecer la democracia y la pluralidad.
Esto es el kirchnerismo, al que podríamos llamar el peronismo de hoy, o solamente kirchnerismo, sin olvidar, como ya dijimos, que proviene del peronismo. Sin base peronista hubiera sido imposible, pero solamente con peronismo también es irrealizable.
Punto de partida 
Como punto de partida, el momento actual es promisorio. Nadie debería pensar que es un pleito terminado. Si en la etapa que viene no se profundiza se vuelve para atrás. La detención no es una posibilidad admitida en este espacio. Se trata de construir una acumulación capaz de conducir al país a un estadio superior. No es trivial ganar elecciones con amplitud para tener la fuerza suficiente para avanzar en asuntos pendientes. 
Lo son el mayor progreso en la distribución de la riqueza con propuestas realizables desde la política y la economía que induzcan un avance social continuo. En 2008 con la resolución 125 de las retenciones móviles que tocaba la renta agraria diferencial, se intentó dar el paso fundamental, pero no se tuvo la fuerza necesaria para lograrlo. 
Si bien en esta fase se va produciendo una disminución considerable de la exclusión y desocupación, se debe afianzar esta tendencia, hasta que los márgenes de desigualdad sean realmente estrechos. La participación de los trabajadores en el ingreso nacional también debe ampliarse. La nacionalización del comercio exterior está aún pendiente.
Es también un punto de partida sólido, el movimiento obrero que en estos tiempos están representados por la CGT y la CTA. Estos dos grandes eslabones sustentan hoy al gobierno nacional cumpliendo a la vez el rol que les corresponde: defender los intereses de los trabajadores. Parecen haber comprendido que este gobierno les da respuestas a lo que ellos demandan y van, como todos, por más. No necesitan para parecer combativos enfrentarse a este gobierno que se ocupa especialmente del sector. Como dato promisorio ha surgido la juventud sindical que también debe progresar en los tiempos venideros en la profundización de este camino. 
Indicios 
La actualidad en Argentina y en toda Latinoamérica es especial. Los ciudadanos están motivados, se expresan, se movilizan. Es un buen indicio para asegurarse que el rumbo del gobierno no cambie por los intereses monopólicos. Los votos indicarían que se apoya a este gobierno porque se va por más. 
Desde el lugar de la oposición se pretende frenar los avances del gobierno. Los opositores han quedado en la discusión formal acerca de la boleta única. Sin despreciar la importancia que pueda tener, no parece la tarea prioritaria a menos de dos meses para las elecciones nacionales. Sugieren que el triunfo en las primarias está ligado al formato de la boleta. Las experiencias en Santa Fe y Córdoba, que usaron distintas “boletas únicas”, no dejan claro, todavía, cual es el mejor método. El argumento de que la boleta única es más democrático no tiene sustento. Querría decir que el individualismo tiene más crédito en la democracia que la formación de partidos políticos o que la unión por ideas. De haber ganado en Santa Fe el candidato a gobernador Del Sel, que quedó a menos de tres puntos del candidato socialista Binner, habría sido un gobernador que no tenía ni un intendente, ni un parlamentario propio. Qué idea política de gobierno puede esperarse en esas condiciones. Discutir para perfeccionar la democracia es valorable, pero si se parte de conceptos reñidos a la política democrática, difícilmente mejoremos.
Desde el oficialismo se intenta hacer caso omiso del embate electoral de la oposición, y se va por más, llevando al parlamento el tratamiento de la ley de tierras. Argentina junto a otros países latinoamericanos se enfrentan a la política de compra de tierras para el desarrollo agropecuario en manos de extranjeros que aparecen como personas individuales de poderosos recursos, pero que se sabe responden a la vieja política de extranjerización estimulada en el neoliberalismo. 
Se tiene la posibilidad de seguir incluyendo en el camino más pasos fundamentales para la soberanía junto a los demás países de la región. El trabajo que queda es de todos. La participación y acción son los mejores gendarmes para asegurarse continuar en avance. La consigna como siempre es seguir el rumbo para adelante. Queda mucho por hacer, pero lo hecho es un gran indicio.