8/9/11

Regreso (nipón) al pasado


Salvador López Arnal  /  Especial para Gramscimanía
Naoto Kan, el hasta hace muy poco primer ministro japonés, parecía abonar la senda del gobierno Merkel. Tras Alemania, Japón iba a abandonar definitivamente la era nuclear. Todo un hito en la historia del movimiento antinuclear mundial. Empero, los vientos antinucleares han girado de dirección. Kan se posicionó con claridad a favor de un abandono progresivo de la energía nuclear sin embargo su visión no parece compartirla quien le ha sustituido al frente del Gobierno japonés.
Yoshihiko Noda, el nuevo primer ministro, tomó posesión de su cargo a principios de septiembre. Fue elegido el martes 30 de agosto por el Parlamento, junto con sus 17 ministros [1]. La posición económico-energética del gabinete del nuevo primer ministro es la siguiente: como resulta obvio, es muy difícil construir nuevos reactores nucleares en Japón tras la hecatombe nuclear de Fukushima (el pueblo japonés no permanecería mudo ante un disparate que poderosas fuerzas siguen alentando), sin embargo Noda es favorable a la reactivación de las centrales paradas “en cuanto se garantice la seguridad”. 

Dicho de otro modo: es difícil, es imposible construir los 14 reactores que habían sido proyectados por la industria nipona antes de marzo de 2011, pero Noda pidió comprensión a la ciudadanía “para volver a poner en marcha las plantas que han superado las pruebas de resistencia”. Las corporaciones del sector, TEPCO entre ellas, felices hasta el cansancio, siguen abriendo botellas; se impone una buena celebración. ¿Quiénes, y con qué procedimientos y finalidades, han maniobrado e intervenido en la elección del nuevo primer ministro?
La situación actual de la industria nuclear en Japón es conocida. Del total de sus 54 reactores nucleares, un 20% está actualmente en funcionamiento. ¿Se puede confiar en los resultados de las nuevas pruebas -resistencia a catástrofes naturales- a las que serán sometidos? No hay razones favorables para ello, sería absurdo y pueril. Un ejemplo destacado que recojo de una interesante información aportada por David Brunat. Hablaba de ello a principios de agosto [2].
El Gobierno japonés, con Kan aún de primer ministro, permitió que miles de personas se expusieran a dosis de radiación extremas durante los días posteriores al tsunami que destrozó la central de Fukushima-Daiichi. Lo peor, apunta el periodista de Público, es que el gobierno nipón no hizo nada para evitarlo. “Mientras los evacuados de la ciudad de Namie, a escasos 8 kilómetros de la central, se refugiaban en la región de Tsushima, considerada por todos un lugar seguro, lo que en realidad hacían era colocarse justo en la dirección en la que el viento transportaba millones de partículas radiactivas” [3]. ¿Por qué? Porque todo el mundo estaba entonces convencido de que el viento soplaba hacia el sur. Tsushima está al noroeste del país. ¿Todos tenían ese convencimiento?
No todos. “Todos salvo Tokio, que supo gracias a sus sistemas de medición que el viento giraba hacia Tsushima y no dijo nada”. ¿Por qué? Para “ahorrarse los enormes gastos de tener que ampliar mucho más el radio de evacuación y para impedir que surgiera una nueva oleada de críticas”. Durante las semanas posteriores a la catástrofe de marzo de 2011, miles de personas hicieron pues vida normal, “sin que Tokio llegara nunca a abrir la boca. Como si se tratara de cobayas humanas o un simple daño colateral, un peaje que hay que pagar para conservar la imagen del Gobierno”.
¿Cuál fue el problema básico? Según Brunat, “la falta de confianza del Gobierno en el sistema de predicción de radiación en el aire, conocido como Speedi por sus siglas en inglés”. El ministro encargado de la crisis nuclear aseguró que los datos ofrecidos eran "incompletos" e "inexactos" y que era demasiado arriesgado confiar en el sistema en una situación de vida o muerte como aquella. El propio ex primer ministro aseguró que jamás tuvieron ni pidieron acceso a los datos del Speedi, “a pesar de que el sistema ya en 1986 costó cien millones de euros y cuenta con puestos de supervisión en todo el país”.
Nadie entiende, prosigue Brunat, el motivo de semejantes dudas o del total desprecio por el sistema, “sobre todo después de ver que el Speedi predijo al milímetro los movimientos de las corrientes de aire y los lugares más expuestos a la radiación”. Según una investigación de la agencia Associated Press, basada en transcripciones parlamentarias, las indicaciones del Speedi sí llegaron a las oficinas gubernamentales. Pero los encargados de tomar decisiones ni siquiera sabían cómo interpretar esos datos. Cuando se dieron cuenta de su importancia ya era demasiado tarde para admitirlo.
¿Se puede confiar sensatamente en instancias que obran de ese modo, con esos criterios, con ese rigor? El movimiento antinuclear japonés debe incrementar sus esfuerzos para que la senda del disparate y del desarrollismo desenfrenado no inicie de su nuevo su arriesgada, falsaria e irracional andadura. Fukushima, sus terribles consecuencias y el comportamiento de las grandes corporaciones y de gobiernos serviles deben enseñarnos a todos sin permitir que el olvido habite en nuestra siempre frágil memoria. 
Notas
[1] http://www.gara.net/paperezkoa/20110903/288673/es/Noda-ve-dificil-construir-nuevos-reactores-apuesta-reactivar-unidades-paradas
2] David Brunat, “Tokio ocultó que miles de personas recibían radiación de Fukushima”
http://www.publico.es/internacional/390832/tokio-oculto-que-miles-de-personas-recibian-radiacion-de-fukushima
[3] El despropósito del Gobierno japonés fue tal que se escogió la escuela primaria Karino (Namie) como centro de evacuación temporal para más de 400 niños y adultos. Esa escuela, tal como había predicho el sistema, señala Brunat, “se ubicaba justo en la ruta del vapor radiactivo que surgía a borbotones de los reactores de Fukushima.”