28/9/11

Piñera: Un gobierno mediático

Foto: Sebastián Piñera

Álvaro Cuadra  /  Especial para Gramscimanía
Los resultados de la última encuesta CERC están mostrando que la adhesión ciudadana al actual gobierno ha descendido más allá del llamado “piso histórico” de la derecha, esto es, el “voto duro” de este sector político-. La razón de ello se puede atribuir a una serie de desaciertos en la conducción del Ejecutivo, especialmente, frente a las movilizaciones estudiantiles.
Sin embargo, pareciera que hay una razón de fondo: La administración del señor Piñera no se sostiene en un “piso político” que  le atribuye a la derecha – en el mejor de los casos - un tercio del electorado, estaríamos más bien ante un fenómeno inédito, un “piso mediático”, que en el peor de los casos podría seguir descendiendo a niveles de un dígito.
Si nuestra hipótesis es correcta, y hasta aquí los datos parecen confirmarlo, el comportamiento en las encuestas de la actual administración no difiere del llamado “rating” con que se miden los programas televisivos. Como se ha dicho, el quehacer político se inscribe hoy en la lógica de la “videopolítica”, ello significa – entre otras cosas – que la popularidad de un gobierno ya no se funda en convicciones ideológicas arraigadas en determinados sectores sociales sino más bien en la seducción producto de la presencia en los medios de comunicación. En suma, las figuras públicas, los gobiernos, tienden a comportarse como productos mediáticos.

Podríamos afirmar, entonces, que el gobierno encabezado por el señor Piñera, un verdadero “reality”, va perdiendo el favor de sus públicos y, por tanto, desciende en el gusto del público. Sabemos que un mal programa televisivo bien puede aproximarse a valores mínimos. El caso de los  ex presidentes  Bush en Estados Unidos o Toledo en Perú pone en evidencia este fenómeno y resultan paradigmáticos. No debiera extrañarnos, entonces, que las encuestas sigan indicando una caída acelerada en la popularidad del gobierno actual y no resulta aventurado sostener que este descenso va mucho más allá de los límites históricos asociados al llamado “piso político” de un  sector político.
En la era de la “videopolítica”, los diversos discursos van perdiendo su valor de grandes verdades, comportándose más bien como efímeros productos simbólicos expuestos a los cambiantes gustos del público. De suerte que la promesa de campaña que logró encantar a muchos se convierte en expectativa incumplida que se transforma en frustración y demanda. En el caso de nuestro país, ha sido el movimiento estudiantil el encargado de cursar esta demanda incumplida.