2/9/11

Los peores enemigos de EEUU


Isaac Bigio  /  Especial para Gramscimanía
A 10 años del 11-S Nueva York padece de grandes tormentas. Sin embargo, ésta debe estar preparada por qué tiene aún 2 peores enemigos externos, cualquiera de los cuales puede matarle más gente que Al Qaeda o Hitler.
El primero de ellos reside en el noroeste africano donde los españoles hace medio milenio exterminaron a su población nativa mora.  Esta no es una organización política que funciona bajo cierta racionalidad, sino el volcán de la Cumbre Vieja de La Palma, una de las islas Canarias, que ha de estallar sin respetar a nadie y en cualquier momento. Pese a encontrarse a miles de kilómetros de distancia de la costa este de EEUU, una erupción suya no va a ser como las que se dan hoy en Islandia, que solo alteran drásticamente nubes y vuelos, pues generará el mayor tsunami que haya visto cualquier civilización.
Los maremotos producidos por sismos (como el de Chile 1960 o Indonesia 2004) pueden producir olas de hasta algunas decenas de metros de alto. En cambio, los mega-maremotos ocasionados por el desprendimiento de una montaña o volcán pueden desatar olas de más de 500 metros de altura, como el que se vio en Lituya (Alaska, EEUU) en 1958.
La futura e inevitable explosión en La Palma echará 1.500.000.000.000 de toneladas de roca y tierra al mar ocasionando un mega-tsunami 30 veces mayor al de Indonesia, cuyas descomunales olas (que inicialmente tendrán un kilometro de altura) arrasarán Boston, Nueva York, Washington y Miami.
Otro enemigo mortal de los EEUU está fuera de la atmósfera.  No son satélites espías sino asteroides. En efecto, hace 65 millones de años la caída de uno de ellos en el Golfo entre México y EEUU exterminó a todos los grandes animales y dinosaurios. Aunque un impacto como ése poco ocurre, cada año caen unas 4,500 piedras y miles de toneladas de material estelar sobre nuestra Tierra.
El 30 de junio de 1908 un meteoro estalló sobre Tunguska (Siberia) destruyendo 80 millones de árboles en un radio de 2,150 kms2. Su potencia fue mil veces mayor a la de la bomba de Hiroshima, aunque el cuerpo que cayó puede que solo haya tenido 7 ó 20 metros de alto.
Un impacto de esos ocurre al menos una vez cada siglo y de darse sobre una de las grandes metrópolis ocasionaría millones de muertos. Hace 13,000 años, un fenómeno tipo Tunguska habría causado el exterminio de unas 30 especies de animales grandes en Norteamérica.
Si éste no se hubiese dado, hoy  en ese continente habría mamuts, mastodontes, tigres dientes de sable y megaterios y sus habitantes nativos serían los descendientes directos de los Clovis (quienes según muchos estudios fueron europeos que llegaron en kayaks contorneando los témpanos de hielo que unían a los dos extremos del Atlántico).  Tras esa catástrofe, la fauna de Norteamérica cambió y ésta fue repoblada fundamentalmente por cobrizos que provinieron desde Asia.    
EEUU debería concentrar sus recursos de defensa para ello y no seguir produciendo la mitad del presupuesto bélico global.