28/9/11

Lo que dejó el 11-S

Gustavo Márquez Marín  /  Especial  para Gramscimanía
A 10 años  del atentado terrorista a las torres gemelas, cuya autoría aún se discute,  se inició una nueva etapa en la expansión imperialista de EEUU. 4 días después del 11S,  Bush culpó a Bin Laden del hecho y ordenó  su persecución en las montañas de Afganistán, anunciando el inicio de la primera guerra del siglo XXI. Ante el pedido que EEUU le hizo para que entregase al líder de Al Qaeda, el gobierno afgano ofreció negociar su entrega si presentaba  pruebas que lo vinculasen con ese repudiable acto. Bush rechazó la propuesta e inició con sus aliados la invasión a Afganistán.
En una segunda fase –ésta vez sin el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU- la emprendió contra Irak. Cómo no pudo probar los vínculos de Sadan Husein con Al Qaeda,   lo  acusó   de poseer  armas de  destrucción masiva que hoy sabemos nunca existieron. La tercera fase de esta guerra sin fin se ha venido escenificando en Pakistán, Yemen, Somalia y últimamente en Libia, amenazando con expandirse a Siria e Irán y cualquier otro país que se resista a entregarle el control de sus recursos naturales y energéticos.  Sus verdaderas intensiones imperiales se esconden detrás de la fachada de la “guerra contra el terror”,  justificación fabricada en los laboratorios de la CIA y el Pentágono como sucedáneo de la “guerra contra el comunismo” agotada con la caída de la URSS.
En el informe “Watson” de la Universidad Brown, el costo al 2010 de las intervenciones  en Afganistán, Irak y Pakistán conservadoramente se estimó en  4.0 billones de dólares,  registrando 236.000 muertos y 7.5 millones de desplazados. Aunque la ONG “Irak Body Count” con sede en Londres,  ha computado más de 1 millón de pérdidas humanas solo en Irak.
Además de los más de 6.000 soldados muertos y  el impacto en la actual crisis económica, la guerra le ha dejado al pueblo estadounidense un país y un mundo más inseguro. También,  un régimen macartista -a través de la ley patriota- restrictivo de sus libertades y derechos humanos, que da luz verde al gobierno de Washington para monitorear la vida privada de los ciudadanos. En nombre de la lucha contra terror, el “hermano mayor” está implantando el terror.