16/9/11

Libia después de Gadafi: ¿Y si el tiro sale por la culata?

Vista aérea de Tpoli

Foto: Abdel Hakim Belhaj
En La Libia post-Gadafi, el político más influyente bien puede ser Ali Sallabi que, sin ningún título oficial, impone un amplio respeto como un erudito islámico y orador populista que jugó un papel decisivo en la conducción del levantamiento de las masas. El jefe militar más poderoso es por estos momentos Abdel Hakim Belhaj, el exlíder de un grupo de línea dura que se creía estaba alineado con Al Qaeda, según publica The Wall Street Journal.
La creciente influencia de los islamistas en Libia plantea preguntas difíciles acerca de las verdades características del gobierno y la sociedad que se erigirá de las cenizas de la autocracia del coronel Muamar al Gadafi.
Tanto USA como los nuevos líderes de Libia dicen que los islamistas, un grupo bien organizado en un país mayoritariamente moderado, están enviando señales de que están dedicados al pluralismo democrático. Dicen que no hay razón para dudar de la sinceridad de los islamistas.
Pero, como en Egipto y Túnez, la última batalla de la Primavera Árabe ha depuesto a un dictador que había suprimido a los islamistas de núcleo duro, y hay algunas señales preocupantes sobre el tipo de gobierno que se viene.
Lejos está de ser claro por qué modelo se terminará decantando Libia en un abanico de posibilidades que van desde el modelo turco de pluralismo democrático a la confusión de Egipto o, en el peor de los casos, la teocracia chiíta de Irán o los modelos sunitas como los talibanes o Al Qaeda misma.
Las milicias islamistas en Libia reciben armas y financiación directa de benefactores extranjeros, como Qatar; una figura de la Hermandad Musulmana, Abel al-Rajazk Abu Hajar, lidera el Consejo de Gobierno Municipal de Trípoli, donde los son mayoría; en el este de Libia, el asesinato en julio del líder de los militares rebeldes, el general Abdul Fattah Younes, permanece sin resolución en lo que muchos sospechan es el trabajo de los islamistas.
Belhaj se ha convertido en una persona clave, tanto que últimamente está tratando de desbancar a Mahmud Jibril, el economista formado en USA que es el ministro principal nominal del gobierno interino, luego de que Jibril indirectamente criticase a los islamistas.
Para un levantamiento que presenta una cara liberal y occidentalizada al mundo, la influencia creciente de los islamistas -los activistas fundamentalistas del Islam, que quieren una sociedad regida por los principios islámicos- está siendo seguida de cerca por USA y sus aliados de la OTAN.
"Creo que es algo que todo el mundo está mirando", dijo Jeffrey D. Feltman , secretario de Estado adjunto para Asuntos del Cercano Oriente, este miércoles (14/09). "Primero, es el propio pueblo libio quien está hablando de todo esto". El funcionario estadounidense de mayor rango en visitar Libia desde la caída de Gadafi, Feltman se mostró optimista de que Libia tomará el camino de la moderación.
"Sobre la base de nuestras conversaciones con los libios hasta ahora", dijo, "no estamos preocupados de que un grupo vaya a ser capaz de dominar las consecuencias de lo que ha sido una lucha compartida por el pueblo libio".
Sallabi, en una entrevista, dejó en claro que él y sus seguidores querían construir un partido político basado en los principios islámicos que llegaría al poder en elecciones democráticas. Pero si el partido no lograse atraer un amplio apoyo, dijo, pues que así sea.
"Es la revolución del pueblo, y todas las personas son musulmanes, los islamistas secularistas, son nuestros hermanos y ellos son libios", dijo Sallabi.
"Ellos tienen el derecho de presentar sus propuestas y programas", dijo, "y si el pueblo libio los elije no tengo ningún problema. Creemos en la democracia y el intercambio pacífico del poder".
Muchos libios dicen no estar preocupados. "Los islamistas se organizan de modo tal que parecen más influyentes de lo que realmente son", dijo Usama Endar, un consultor de gestión que fue uno de los ciudadanos ricos que ayudó a financiar la revolución. "Ellos no tienen un amplio apoyo, y cuando el polvo se asiente, sólo aquellos con grandes poderes de convocatoria, sin la estrechez de los islamistas, ganarán".
Sin embargo, un mitin anti-islamista y anti-Sallabi en la Plaza de los Mártires el miércoles (14/09) sólo atrajo a una docena de manifestantes.
Muchos, como Aref Nayed, coordinador del equipo de transición de la Asamblea Nacional Transitoria y un prominente erudito religioso, dicen que la revolución había demostrado que los libios no aceptarían otra cosa que una sociedad democrática y que los islamistas tendrán que adaptarse a eso.
"Habrá intentonas de distintas personas para hacerse cargo, pero ninguno de ellos tendrá éxito porque los jóvenes saldrán a las calles y los sacarán", dijo Nayed. A algunos les preocupa que los islamistas ya ejercen demasiado poder, particularmente en relación con su apoyo en la sociedad libia, donde la mayoría de la gente, si bien devotos, practican una forma moderada del Islam en el que las libertades individuales son respetadas.
Sallabi desestimó esos temores diciendo que los islamistas no impondrán sus puntos de vista tradicionalistas sobre los demás. "Si la gente elige a una mujer para liderar, como presidente, no tendremos ningún problema con eso. Las mujeres pueden vestirse como les gusta, son libres".
Adel al-Hadi al-Mishrogi, un prominente hombre de negocios que comenzó a recaudar dinero para los insurgentes anti-Gadafi a principios de la revolución, no está convencido de las declaraciones de los islamistas prometiendo fidelidad a los principios democráticos. Señaló a un grupo islamista “paraguas” bien organizado, Etilaf, que habría alejado a las agrupaciones más seculares.
"La mayoría de los libios no son fervientes islámicos, pero los islamistas se organizan con fuerza, y ese es el problema", dijo Mishrogi. "Nuestras reuniones suelen prolongarse durante horas, sin decisiones. Sus reuniones son disciplinadas y directas al grano. No son muy populares, pero están organizados".
Se queja de que Etilaf y Sallabi son los que ahora están realmente manejando las cosas en Libia. Otros dicen que la imagen es mucho más diversa y caótica que la que sugiere Mishrogi, si bien es cierto que Etilaf, sin dirección fija y al parecer todavía en operaciones en el campo de batalla, continúa emitiendo decretos de todo tipo como si fuera una especie de guía revolucionario.
"Todas las oficinas de aquí deben asegurarse de que están encabezadas por una persona aceptable dentro de los 7 días de este aviso", decía un panfleto pegado a las puertas de las oficinas en el Hospital Central de Trípoli, de fecha 3/09 y firmado, simplemente, Etilaf.
"Ellos están detrás de todo", dijo Mishrogi.
Youssef M. Sherif, un destacado escritor e intelectual de Libia, dijo: "Todos los días los islamistas se hacen más fuertes. Cuando haya un parlamento, los islamistas obtendrán la mayoría".
"Abdel Hakim Belhaj es en efecto el gobernador de Trípoli, sólo porque él fue elegido por una milicia islámica", dijo Sherif. Haciéndose eco de los debates en Egipto, Sherif abogó por una transición más larga antes de las elecciones previstas para dentro de 8 meses, de manera de dar a los liberales una mejor oportunidad de organizarse. La creciente influencia de los islamistas se refleja en su mayor disposición a desempeñar un papel político. Hasta hace poco, los islamistas habían mantenido un perfil bajo, e incluso muchos funcionarios libios seculares habían expresado su reticencia a opinar, diciendo que deberían centrarse en el enemigo común, mientras que el coronel Gadafi siga en libertad.
Eso parece estar cambiando. Después de que el primer ministro interino, Jibril apareciese recientemente en Trípoli, e indirectamente criticase la politiquería de los islamistas por prematura, con una guerra en curso, Belhaj y Sallabi comenzaron una campaña para que este sea sustituido.
"Jibril se irá pronto", dijo un ayudante de Belhaj.
Y Sallabi dijo que Jibril, junto con el ministro de Petróleo auspiciado por USA, Ali Tarhouni, estaban dando comienzo a "nueva era de tiranía y dictadura", informa Al Jazeera. Durante los 42 años de gobierno del coronel Gadafi, organizaciones clandestinas como la de Belhaj -Grupo de Combate Islámico- y la Hermandad Musulmana fueron la única oposición. Aunque fuera de la ley y perseguidos, también contaban con una red a través de mezquitas que los opositores del gobierno secular no podían igualar.
Esa situación les ha dado una ventaja inicial en la organización política actual, y parecen no estar perdiendo el tiempo.
"Habrá intentos de algunos partidos para hacerse cargo, es natural", dijo un funcionario prominente del Consejo Nacional de Transición, que habló de manera anónima para no alienar a los islamistas. "Y definitivamente Etilaf está tratando de aumentar su influencia. Estamos escuchando mucho más de los islamistas en los medios de comunicación, ya que están más organizados y son más elocuentes".
Nayed admitió que podría ser verdad, pero que no le importaba. "Mi respuesta a cualquier persona que se queja es: debe ser tan o más articulados y tan organizados como son ellos", dijo. "Y creo que eso lo estamos empezando a ver que entre los diversos grupos de jóvenes".
Fathi Ben Issa, exmiembro de Etilaf que se convirtió en un representante temprano del Consejo de Trípoli, dijo que renunció a su puesto tras enterarse de que los miembros de la Hermandad Musulmana, que dominan ese cuerpo, quería prohibir el teatro, el cine y las artes como la escultura de las actividades humanas.
"Eran como los talibanes", dijo. "Nosotros no nos deshicimos de Gadafi para que lo sustituya esa gente". El golpe final, dijo, fue cuando comenzó a circular una propuesta de fatwa (decreto religioso) de Etilaf, para impedir que las mujeres puedan conducir.
La mayoría de los libios son rápidos para salir al cruce de las sugerencias de que sus propios islamistas algún día seguirán el camino de Irán, donde tras la caída del Shah Mohammed Reza Pahlavi, el ayatolá Ruhollah Jomeini pisoteó a un gobierno liberal de corta duración, denunciando la democracia como no-islámica.
Sallabi dijo que esperaba que los libios puedan encontrar un líder en el modelo de George Washington, sobre quien había estado leyendo en los últimos tiempos. "Después de su lucha, volvió a su granja, a pesar de que el pueblo estadounidense quería que fuera presidente", dijo Sallabi. "Era un gran hombre".
Refiriéndose a Sallabi, Ben Issa, quien dijo que ha recibido amenazas de muerte desde que rompió con los islamistas, respondió: "No hace más que ocultar sus intenciones. Dice una cosa a la BBC y otro a Al Jazeera. Si usted le cree, entonces usted no sabe de que van los Hermanos Musulmanes".