22/9/11

La golondrina que no hace verano: Chile y la situación económica internacional


Pablo Valenzuela
El […] Banco Central [de Chile] dio a conocer el índice mensual de actividad económica del mes de julio, que alcanzó un 4%. Frente a esto, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, dijo que una golondrina no hace verano, el crecimiento de un mes no determina el crecimiento de un año. Pero, ¿qué tal si hiciéramos esa afirmación a la inversa? Los meses de alto crecimiento que hemos tenido en 2010 y 2011 pueden ser el reflejo de un cambio en la tendencia económica del país, pero también puede que se deban sólo a un escenario económico particularmente favorable durante un par de años que hoy parecen haber sido sólo el ojo del huracán económico que afecta al mundo al menos desde el año 2008.
Durante 2010, particularmente a partir de abril o mayo, y lo que va de 2011 hemos visto cifras que bien puede ser atribuidas primero al proceso de recuperación por la recesión de 2009 y luego al proceso de reconstrucción de capacidad productiva de algunos sectores afectados por el terremoto de febrero de 2010. Bases de comparación bajas ayudaron a tener cifras particularmente altas para una economía con indicadores macroeconómicos y fiscales relativamente maduros. La política de balance estructural actúa como un agente contracíclico, evitando caídas muy profundas de la actividad –como sucedió en 2009– pero además atenuando los ciclos expansivos, esto fundamentalmente pues pone un límite al crecimiento del gasto fiscal. Esto lleva a que durante gran parte de la década del 2000 las cifras de crecimiento de Chile hayan sido más bajas que las que vimos en los 90, pero también más estables, como sucede en economías más desarrolladas. Para algunos economistas esta era señal del agotamiento de las políticas de crecimiento y fue parte central del programa de Sebastián Piñera la idea de volver a crecer, prometiendo –de manera irresponsable a mi juicio– un crecimiento promedio de 6% durante su periodo, aun cuando hay variables del crecimiento que no pueden ser controladas por el gobierno.
Y hasta ahora los indicadores iban mostrando que efectivamente la promesa de Piñera iba bien encaminada… hasta julio.
Y es que no se trata sólo de un mes en que la actividad económica se ha desacelerado, sino más bien de una combinación de factores que nos llevan a pensar que el bienio 2010-2011 ha sido un mero interregno en el escenario económico tradicional del país. El informe de política monetaria del Banco Central de septiembre de 2011 nos da algunas señales para entender un cambio en el comportamiento de las variables económicas que lentamente ha entrado en el discurso del gobierno. En primer lugar, el informe señala un cambio en el escenario externo, el cual hemos podido advertir por el comportamiento volátil de las bolsas mundiales, los datos económicos que muestran que Estados Unidos se ha estancado –algunos economistas hablan de la década perdida del país del norte (Thenation.com, 31/08)– y un escenario europeo aún más complejo donde ya no sólo las economías periféricas de la UE están contagiadas. A esto habría que sumar un dato que puede ser más perjudicial para América Latina que los otros tres factores combinados: China enfrenta un escenario inflacionario que si bien ha menguado el último mes, aún no está completamente superado, según lo que ha señalado el presidente del Banco Mundial (Eleconomista.com.mx, 05/09) y eso ha llevado a subidas de tasas de interés. Para el gobierno chino probablemente es más importante controlar las alzas de precio sacrificando algunas décimas el crecimiento. Con todo, el equilibrio es complejo pues una desaceleración significativa en China podría hacer subir el desempleo –y además afectar a varios países, incluido Chile– y generar un escenario social interno complejo, el mismo al que el gobierno de Pekin quiere escapar acotando la inflación.
El segundo elemento que menciona el IPOM es la convergencia de las cifras de crecimiento al nivel de tendencia. El banco central ha calculado el PIB tendencial en un 5%, en línea con la política monetaria que ha venido siguiendo para mantener a raya la inflación y acotar un posible sobrecalentamiento de la economía nacional. En tanto, la dirección de presupuestos calculó el crecimiento del PIB de tendencia en un 4,8% en octubre de 2010 con ocasión de la elaboración del informe de finanzas públicas para la ley de presupuesto del presente año. El banco central estima que es probable que el crecimiento de la economía nacional se mantenga sobre el nivel de tendencia y eso repercutiría en presiones inflacionarias, sin embargo, frente a un escenario externo con alta incertidumbre, el manejo de la política monetaria sería un factor capital en el equilibrio entre mantener el crecimiento económico y acotar la inflación al rango meta del Central.
Sin embargo, el cierre de la brecha entre el PIB de tendencia y el PIB efectivo va acompañado de una moderación en la demanda interna en los últimos dos trimestres. Mientras en el primer trimestre de 2011 la demanda interna se expandió un 15,1%, en el segundo trimestre la expansión de esta variable fue de un 9,4%. En el mismo periodo el consumo –otra variable significativa del crecimiento– pasó de crecer un 13,3% a un 9,6%. Finalmente, la formación bruta de capital fijo pasó de un 20,4% en el primer trimestre a un 11,3%. Estos datos nos permiten concluir que el crecimiento que el país experimentó en julio no es “la golondrina”, no representa la excepcionalidad, sino más bien, representaría la normalidad de la economía chilena para los últimos 10 años y que el periodo abril 2010 a junio 2011 fue la excepción. Un periodo de golondrinas, un corto verano económico para las promesas del gobierno de Sebastián Piñera.
Pero se supone que Chile está preparado. En realidad, las economías latinoamericanas en general han demostrado un comportamiento más sólido que las economías desarrolladas y para la crisis de 2009 no fue Chile el país con mejor desempeño. Brasil, Argentina y Perú, sólo por nombrar tres casos cercanos, crecieron aún en época de recesión. Efectivamente Chile tendría la capacidad tanto de emitir deuda como de acudir a los fondos soberanos, para apuntalar la economía tal como se hiciera en 2009. Sin embargo, es probable que aún sea prematuro aventurar algún diagnóstico. Algunos apuntan a que la probabilidad de recesión está en torno al 50% y que la debilidad de Estados Unidos y Europa contagiará China y de ahí se esparcirá también a las economías emergentes (La Tercera, 29/08) Empero, falta ver el comportamiento del plan de empleos que ha propuesto el gobierno de Obama (Clarin.com, 09/09) y la evolución de las economías europeas, particularmente España, Francia y Alemania.
Efectos políticos para Sebastián Piñera
Una de los estandartes más notorios de la campaña de Sebastián Piñera fue el crecimiento económico. El programa de gobierno señala que uno de los objetivos centrales de la administración de Piñera es devolverle al país su capacidad de crecer a tasas elevadas y sustentables para crear más empleos y aumentar los ingresos, alcanzando el nivel de país desarrollado en 2018. En otras instancias he criticado estas ideas (Chile, más allá del PIB; Crecimiento sano, sólido y sustentable) sin embargo, sería bueno reiterar el escenario actual donde con cifras económicas positivas –aunque como ya hemos argumentado, no sustentables bajo las actuales condiciones estructurales– y cifras de desempleo notablemente bajas, el apoyo al presidente y al gobierno es el menor en la historia de las dos encuestas más confiables: la CEP y la Adimark.
Me permitiré esbozar dos hipótesis. La primera es que la economía estable y el desempleo bajo se convirtió en un elemento dado en el escenario del país. Lo que ocurrió en 2009 se entendió como un fenómeno pasajero por parte de la opinión pública y más allá de eso se valoraron los esfuerzos del gobierno por mitigar los efectos de la crisis. Como consecuencia de esto, las cifras económicas positivas han dejado de ser una variable significativa para la evaluación política de los gobiernos pues es un elemento que ha estado presente de manera estable en el país durante los últimos 20 años. En otras palabras, Chile crece, lleva haciéndolo 20 años de forma sostenida con un par de interrupciones puntuales, por lo tanto es posible que se asuma que si Chile crece no tiene tanto que ver con el mérito del gobierno de turno sino con una condición un poco más estable. Con cifras de crecimiento menores y un desempleo relativamente más alto, Michelle Bachelet tuvo cifras de aprobación mayores.
La segunda hipótesis es que después de 20 años de crecimiento económico donde el PIB se ha más que duplicado, las demandas de las personas son más sofisticadas que una situación económica sana que debería chorrear a los sectores más bajos. Si Chile crece es una noticia positiva, pero no es relevante pues ese crecimiento no viene a solucionar las demandas que hoy tienen los chilenos. Al contrario, pues al ver las millonarias utilidades de las Isapres, de los Bancos y del retail, la imagen que se genera es que ese alto crecimiento se queda en unas pocas manos y, como es esperable, jamás se ha chorreado para cerrar las brechas de inequidad. De ahí que altas cifras de crecimiento y creación de empleos precarios puedan generar un efecto contrario para el gobierno, pues mientras unos concentran en sus manos millonarias riquezas, tantas que cualquier trabajador necesitaría varias vidas para acumular, otros ven la precariedad de la salud, la educación y la vivienda y el sentimiento de injusticia social e inequidad se profundiza.
Pero si el desempleo empieza a subir y la economía a desacelerarse, cayendo el consumo ¿será posible que como ocurrió en 2009 la gente vea en el gobierno a un protector frente a las dificultades económicas? A diferencia de Michelle Bachelet, las encuestas muestran que la ciudadanía no confía en Sebastián Piñera, no lo ven como alguien creíble o cercano –aunque se diga que el presidente no tiene por qué ser cercano– entonces es probable que cualquier esfuerzo del gobierno vaya a tener un efecto marginal en su aprobación, pues son otras las demandas que hoy están más presente en la opinión pública y otras las dimensiones que se están evaluando del gobierno.
Finalmente, cualquier variación económica con tendencia negativa que ocurra durante el periodo de Sebastián Piñera –una mera desaceleración que lleve a la economía a su nivel de tendencia o por debajo de éste– revelará la irresponsabilidad del gobierno al prometer una situación económica que no puede controlar del todo. Es probable que el crecimiento promedio en estos cuatro años esté cerca del 6%, pero más por los dos primeros que por los dos últimos, donde es probable que la economía se vuelva menos dinámica, como ya ha anunciado el banco central.
Para terminar quisiera dejar planteada dos preguntas. La primera, ¿el gobierno podrá mantenerse apegado a la responsabilidad fiscal en los dos últimos años de administración que le restan, generando escenarios económicos posibles y no aquellos que se ajusten a sus motivaciones electorales? Y la segunda, ¿cómo interpretará la gente un eventual fracaso en la cifra de crecimiento promedio del país a fines de este gobierno? ¿Irá a ser relevante esta variable en la campaña de 2013 o los políticos podrán interpretar el sentimiento ciudadano frente a elevadas cifras económicas que parecen lejanas para el ciudadano común?