7/9/11

La clase obrera en la industria atómica japonesa


Salvador López Arnal  /  Especial para Gramscimanía
No es ninguna singularidad laboral japonesa. Francia, la primera potencia nuclear civil del mundo, tiene su propia historia [1]. Suvendrini Kakuchi [SK] informaba recientemente de la situación de los trabajadores nucleares japoneses tras la hecatombe de Fukushima. Esta breve aproximación toma pie en su trabajo [2].
Según Minoru Nasu, portavoz del Sindicato de Jornaleros de Japón, la industria nuclear nipona funciona en gran medida gracias a trabajadores no cualificados. El país permite su reclutamiento como obreros atómicos a subcontratistas, algunos de ellos con antecedentes delictivos según Nasu. Los obreros se reúnen de madrugada en parques públicos “y allí son seleccionados por matones que los llevan a las plantas nucleares”. El escenario no nos es desconocido.
Las cifras son escandalosas. Según la mismísima Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial, una institución pública de ámbito nacional, de los más de 80.000 trabajadores de los 18 centros nucleares de Japón, el 80% trabajan en contratas. Más en concreto: en 2010, un año antes del accidente del 11 de marzo, casi el 90% de los 10.000 trabajadores de la planta de Fukushima (unos 8.900) trabajaban en subcontratas, esa infamia abisal del capitalismo postmoderno. 

Sin ser personal cualificado, estos trabajadores realizan durante meses trabajos peligrosos en las plantas nucleares y no tienen garantía alguna en caso de accidente. Tampoco, desde luego, un seguro de salud a largo plazo contra enfermedades como leucemia u otras formas de cáncer, que, como es sabido, pueden surgir años después de estar expuesto a las radiaciones. En palabras, en duras y certeras palabras del sindicalista japonés: "Cuando terminan su trabajo se espera que simplemente desaparezcan. No le importan a nadie".
Un ejemplo: Seizi Saito, un ex trabajador nuclear, tiene 71 años. Trabajó como plomero durante 15 años reparando filtraciones en las cañerías de refrigeración de la planta nuclear de Tsuruga, otro reactor accidentado [3]. Así describió su trabajo en Tsuruga: "Las condiciones laborales en la planta eran aterradoras, demandantes y peligrosas. Pero lo peor era la falta de protección para los trabajadores". Saito sobrevivió a un cáncer de tiroides.
¿Por qué no hay más denuncias? ¿Por qué los trabajadores no se alzan en pie de justicia y seguridad? Mikiko Watanabe, del Centro Ciudadano de Información Nuclear [4], sugiere una respuesta, evidente para casi todos: “Los trabajadores tienen demasiado miedo para denunciar la situación… Temen perder sus empleos y ser discriminados en una sociedad que menosprecia a las víctimas de la radiación". Principal consecuencia de la situación: a los subcontratistas les resulte más fácil explotar a los trabajadores e ignorar totalmente sus derechos. El ser humano no es su capital más preciado.
Mitsuo Nakamura, de la Unión de Trabajadores Corporativos, explica una de las claves de la situación -"el salario en la industria nuclear es más alto que en la construcción. Esto es un atractivo, especialmente para los hombres mayores que no pueden hallar otros trabajos"- y se ha aventurado con un pronóstico: la rápida reducción en la cantidad de trabajadores dispuestos a asumir riesgos inaceptables, después de conocerse públicamente las verdaderas condiciones laborales en Fukushima. ¡Que la suerte y la veracidad le acompañen!
No sólo es falso, pues, que sea una energía barata, segura, limpia y pacífica, sino que la industria que la produce se desarrolla en el marco de unas condiciones laborales donde la explotación, el maltrato e incluso la criminalidad laboral son moneda corriente, parte sustantivo del aire contaminado y radiactivo en el que se desenvuelve.
Notas
[1] Un ejemplo entre mil más. Philippe Billard es un técnico nuclear que fue despedido por la firma francesa Endel, una de las cuatro grandes empresas subcontratadas de las centrales nucleares administradas por EDF (Electricité de France). Billard se negó a ser un nómada del sector, uno de los 18.000 trabajadores que son obligados a cambiar semanalmente de destino y central en Francia. El Tribunal Laboral de Ruán empezó a examinar su caso el 1 de junio de 2010. El juicio era previo a otro más importante, el segundo ante la justicia penal. Además de técnico nuclear, Billard es sindicalista y fundador de la  asociación “Salud-Subcontratistas”, cuya finalidad es conseguir que el país más nuclearizado civilmente del mundo reconozca que más de 20.000 trabajadores no son asalariados de las centrales nucleares controladas por EDF, sino contratados por subcontratistas en cascada. Los trabajadores de las empresas subcontratistas, los obreros que no casualmente están a cargo de las tareas más peligrosas con la correspondiente absorción extra de radiaciones, no tienen seguimiento médico fijo. Estas poderosas instituciones antidemocráticas que llamamos “empresas” se encargan -o encargan- de poner piedras piramidales en el camino. En los alrededores de este escenario se ubican las razones del despido de Billard: se implicó sindicalmente para que los asalariados que trabajan para las subcontratas denunciaran a las autoridades… ¡los accidentes de trabajo que sufrían! Todo un crimen, un pecado imperdonable.
[2] Suvendrini Kakuchi, “La explotación laboral estalla en Fukushima”. 
http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99024
[3] Se produjo un derrame de agua contaminada que expuso a varios trabajadores a la radiación.
[4] Asesora a los guardias de seguridad de la central nuclear de Fukushima.