13/9/11

Josep Termes, Sacristán, Andreu Nin y el dogmatismo

Foto: Josep Termes

Salvador López Arnal  / Especial para Gramscimania
El historiador catalán Josep Termes falleció el pasado 9 de septiembre de 2011. Autor de obras tan significativas e influyentes como Anarquismo y sindicalismo en España: La primera Internacional (1864-1881), Federalismo, anarcosindicalismo y catalanismo, Las raíces populares del catalanismo, Historias de la Catalunya trabajadora, Josep Termes fue un investigador documentado, uno de los primeros estudiosos del movimiento obrero catalán de los siglos XIX y XX y de sus vinculaciones con el catalanismo político popular. Antes del pasado verano publicó su síntesis de la historia del anarquismo español: Historia del anarquismo en España. 1870-1980 (RBA / L'Avenç).
Ni que decir tiene que toda persona interesada por el movimiento obrero catalán tiene en Termes un referente indiscutible. Más allá de diferencias marginales, los familiares de cenetistas represaliados, es el caso del que suscribe, hemos tenido y tenemos por él el máximo reconocimiento. Así, pues, no se trata con esta nota de realizar ninguna aproximación corvina ante un fallecimiento reciente. Una mera aclaración.
 El Periódico publicó el pasado 10 de septiembre la que fue seguramente su última o una de sus últimas entrevistas. Está fechada en junio o julio de 2011. Termes, ya enfermo, conversó sobre su libro-testamento en su piso de la calle de Nàpols. Una de sus tesis: más de cien años de historia del movimiento han rebrotado, en sus maneras de hacer, en las movilizaciones de las plazas españolas de los últimos meses. Algunas de las preguntas formuladas en la entrevista versan sobre el contenido del libro –“Desde cuándo lleva trabajando en esta historia?”, “Usted explica que la evolución ideológica del anarquismo tiene menos importancia que la acción”, “¿Qué cuota de responsabilidad se le debería adjudicar al anarquismo en el fracaso de la República?”,…- y algunas van más allá: “Demos un salto a la transición. ¿Por qué fracasa la reconstrucción del movimiento anarquista?”.
Interesa aquí comentar lo señalado por Termes al ser preguntado por no complacencia de su ensayo, por su perspectiva crítica. Su respuesta: “No, [el ensayo] es crítico. Parto de un fondo de simpatía por ese mundo obrero que es el mío. Nací a cincuenta metros de aquí y vivo aquí, mi vida está entre Nàpols 275, 270 y 268. En cambio, muchos de mis amigos progres, mucho hablar de las raíces pero viven en Pedralbes [2]. Pero describo las barbaridades que hacen porque mi oficio de historiador me obliga a buscar la objetividad y la verdad y huir de la politiquería y el tópico. Yo entré en el PSUC en 1957 y me fui peleado con Manuel Sacristán, que era un retórico, porque me decía que no se podía hablar del asesinato de Andreu Nin porque no había una resolución del Comité Central. Así no podía ser historiador” [la cursiva es mía].
No parece que, en principio, el autor de Pacifismo, ecologismo y política alternativa tenga que ver directa o incluso indirectamente con la perspectiva no complaciente del ensayo de Termes, ni tampoco con la ubicación del historiador en La ciudad de los prodigios ni con las posibles inconsistencias sociales de sus amigos progres. Huir de la politiquería y el tópico, apostar por la objetividad y la verdad, ¿tiene una relación de oposición con la forma de estar en el ámbito de la política y con los procedimientos de trabajo teórico y los resultados del que fuera su compañero de partido? No lo parece.
No es fácil entender que la causa principal -tal vez la desencadenante- por la que Termes dejara de militar en el PSUC fuera por una discusión con Sacristán en torno a la figura de Andreu Nin. Probablemente, lo más razonable es pensar que sus desacuerdos políticos con el autor de Sobre Marx y marxismo se sumaran a multitud de otras causas.
Termes, es una entrevista, no estamos frente a un ensayo, no cita ninguna fecha pero ¿es probable que Sacristán dijera en alguna ocasión que no se podía hablar de Nin porque no existía una resolución del Comité Central del PSUC al respecto? Todo el mundo tiene su mal día, nadie está libre de decir alguna sandez, los tiempos eran duros en aquellos años, pero si algo caracterizó la práctica política de Sacristán durante sus más de dos décadas de militancia en el partido de los comunistas catalanes no sólo fue su actitud nada servil ni sumisa ante las instancias dirigentes de la organización sino su firme apuesta por la veracidad y por romper tópicos no documentados del Partido y de la tradición marxista comunista. Los ejemplos de agolpan: su mirada crítica de Lenin, su aproximación a Gramsci y a Lukács, su posición ante la invasión de Praga, sus críticas al eurocomunismo,…
Josep Termes, como es inevitable, no siempre acuñó bien la moneda de sus recuerdos. Así fue, por ejemplo, en el caso de su aproximación a las relaciones entre Vázquez Montalbán y Sacristán, comentadas años después del fallecimiento de ambos [3]. Un periodista, amigo y discípulo suyo, Francesc-Marc Álvaro, tomó sus comentarios como única fuente, arriesgándose a transitar por caminos de alta tensión y con pendiente escasamente documentada.
Salvo error por mi parte, Sacristán se refirió públicamente al asesinato de Nin en una única ocasión. Fue en 1978, en el coloquio de una mesa redonda, compartida con Manuel Vázquez Montalbán, “Sobre el estalinismo” [4]. En el transcurso del coloquio se le preguntó sobre si las nuevas generaciones de dirigentes soviéticos habían seguido la política iniciada por Stalin. Su respuesta –repito: fechada en 1978, en la época Brézhnev- fue la siguiente: “Me parece que estoy obligado a decir: sí, yo creo que la Unión Soviética, el régimen que existe ahora, es un régimen, como he dicho, de naturaleza estalinista suavizado. Esto es lo que yo creo y lo que he dicho”. Interrumpido por el mismo interlocutor -“Un inciso. Luego entonces como se justifica que aquellos “chavales””-, Sacristán prosiguió: “Puedes estar seguro, si lo piensas un rato, que el camino para la unidad del movimiento obrero consiste no en que cada cual se empeñe en defender las injusticias que él lleva a cuestas, y sus errores y sus falsedades, sino en darse cuenta de que ha cambiado la época, de que no se puede superar la división del movimiento obrero sin un baño de todo el mundo en la verdad y en la autocrítica. Es mucho más útil para la unidad del movimiento obrero que los que venimos del estalinismo examinemos qué ha sido el estalinismo y lo autocritiquemos, que sigamos empeñados en defender algo que significa, te repito, el asesinato de Bujarin, de Zinoviev, de Kamenev, de Trotski”. Y, según los datos más modestos, añadió con énfasis partiendo de la documentación de la época, de muchos millones, de sesenta millones de rusos.
Varias personas del público asistente exclamaron: “Y de Andreu Nin”. Sacristán no apuntó objeción alguna después de pedir disculpas por el olvido: “De Andreu Nin, perdón, en este mismo país. Y de tantos otros”.
No ha sido el único comentario crítico formulado sobre Sacristán estos días pasados. Andreu Mayayo, catedrático de historia contemporánea de la UB, gran conocedor de la historia del PSUC, colaborador usual de Público, discípulo de Termes, de quien reconoce su magisterio (“Gràcies per tot, mestre”) público el pasado sábado, 10 de septiembre, una breve aproximación a la obra del historiador catalán
Inicia su artículo Mayayo recordando una ponencia que Termes presentó en 1974 y que marcó, según el biógrafo de Josep Solé Barberà, un antes y un después en los estudios sobre el catalanismo. Tras presentar brevemente la polémica, no sólo académica, con las tesis defendidas en aquellos por Jordi Solé Tura sobre el catalanismo político, Mayayo escribe: “[…] Sin embargo, en 1974, Josep Termes y Jordi Solé Tura se encontraban en lugares opuestos en la puerta giratoria del PSUC: el historiador se iba del partido harto del dogmatismo de Manuel Sacristán y el politólogo entraba en el PSUC con la mayoría de los Bandera Roja, que finalmente desplazarían a los sacristanistas de la federación universitaria”.
Es muy probable que Mayayo tenga razón en su consideración histórica sobre la federación universitaria del PSUC (para desgracia del PSUC, en mi opinión), pero parece de nuevo muy extraño que Termes se fuera del PSUC únicamente por causa de Sacristán y que la razón fuera, además, su hartazgo por el dogmatismo del traductor de Gramsci, Marx y Quine.
No sé en qué acepción de dogmatismo está pensando Mayayo, pero, sea la que fuere, choca muy mal con el Sacristán de aquellos años. Dos ejemplos entre mil posibles. El 23 de abril de 1970 el entonces expulsado profesor de la Universidad de Barcelona dictó una conferencia inolvidable en la Autónoma con el título “El filosofar de Lenin”. Fue publicaba cinco años más tarde como prólogo a Materialismo y empiriocriticismo. Se abría, golpeaba inicialmente con las siguientes palabras: “La insuficiencia técnica o profesional de los escritos filosóficos de Lenin salta a la vista del lector. Para ignorarla hacen falta la premeditación del demagogo o la oscuridad del devoto” [6]. ¿Dogmático alguien que, en aquellos años en los que casi todo el mundo cantaba complacido salmos leninistas los domingos y fiestas de guardar e incluso en días laborables, hablaba, con esa frescura y limpieza teórica, de la oscuridad del devoto, la premeditación del demagogo, de la insuficiencia filosófica de Lenin?
Años después, precisamente en 1974, el año de la marcha de Termes, Sacristán escribía una entrada para la enciclopedia Universitas sobre Karl Marx [7]. En sus compases finales, el causante del hartazgo del historiador apuntaba: “[…] Pasiones, entusiasmo y sufrimientos no están al margen de la obra científica de Marx. Sin duda no hay que confundir el estímulo de un esfuerzo con sus resultados. Pero en el caso de Marx el resultado mismo es una síntesis. Síntesis de filosofía (formulación de los fines), economía (estudio de la realizabilidad de los fines) y política (estudio y realización de la práctica inmediata al servicio de los fines). Si en vez de esta síntesis, nunca perfecta, siempre en realización, se toma el sistema perfecto de tesis filosóficas, económicas y político-científicas de Marx y se entiende que esto es el marxismo, el sarcasmo de Marx repetirá: “Yo no soy marxista” [la cursiva es de Sacristán]”. No parece que esta aproximación, este recuerdo del sarcasmo marxiano que Sacristán siempre consideró asunto metodológico destacado, tenga mucho que ver con el dogmatismo.
¿Entonces qué? Hay otras explicaciones sobre el muy probable desencuentro político entre Termes y Sacristán que apuntan en otras direcciones: formas de entender la tradición marxista revolucionaria, concepción de la política, tarannà de uno y otro, y otros vértices sociales y académicos que podrían delimitarse. Por lo demás, Sacristán había dimitido en 1970 del comité ejecutivo del PSUC y en 1974, el año del que Mayayo habla, su innegable influencia entre sectores de las bases del Partido, no sólo universitarias, de contrapesaba con su alejamiento de la dirección del PSUC, e incluso con alguna mala jugada de los dirigentes de la organización en citas para reuniones congresuales.
Fueron también esos años cuando el traductor de Lukács y Zeleny estudió la vida y lucha de Gerónimo y cuando habló de dar batallas que se sabían perdidas. El dio una que no perdió: una renovación de los procedimientos, conceptos y finalidades de la tradición marxista y comunista que pocos autores, incluyendo clásicos de renombre, fueron capaces de emprender. Gran parte del eco-conomunismo ibérico y europeo , consciente o inconscientemente, con reconocimiento o sin reconocimiento explícito, bebe de sus fuentes y de sus aportaciones. Véase para ello un libro que es todo un clásico: Pacifismo, ecologismo y política alternativa [8].
Notas
[1] http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/oficio-obliga-huir-politiqueria-1145487
[2] La calle Nápoles está ubicada en el ensanche barcelonés (el número indicado por Termes tocará al bario de Gràcia probablemente). Pedralbes es un barrio de gente adinerada de Barcelona.
[3] Salvador López Arnal, “La veracidad de una información. A propósito de Manuel Vázquez Montalbán, Manuel Sacristán y el PSUC”, El Viejo Topo, nº 218, marzo 2006, pp. 103-111.
[4] Manuel Sacristán, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005 (edición de Salvador López Arnal).
[5] Andreu Mayayo, “Un heterodox lúcid e entranyable”. Público, 10 de septiembre de 2011, p. 6.
[6] Manuel Sacristán, Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, p. 133.
[7] Ibidem, p. 307.
  [8] Publicado recientemente en la colección Pensamiento crítico de Público.